Capítulo 14
LUKE
Estoy solo en la barra, pidiendo la siguiente ronda porque me he ofrecido a invitar. Necesitaba alejarme un poco para poner en orden mi cabeza y despejarme.
La partida de billar se nos ha ido de las manos. Soy demasiado competitivo, no lo puedo evitar. Creo que es algo que va intrínseco con dedicarte profesionalmente al deporte: siempre quieres ganar.
Cuando Sean me ha propuesto despistarlas para que perdieran lo he visto como una buena idea.
No soy un tramposo en el campo, pero me ha parecido divertido al ser un juego amistoso.
He soltado el comentario sin pensar, sin valorarlo.
El problema ha venido después. Mis ojos han decidido obedecer a mis palabras y me he percatado de lo ciertas que eran.
Sí que tiene un buen culo, y ese pantalón ajustado solo lo resalta más.
Pero es Camille, y yo no debería estar mirándole el trasero.
Por eso he huido a la barra y he puesto distancia, para recuperar un poco la cordura y el sentido común.
—Venga, que te ayudo a llevarlo —me dice Sean, que ha aparecido a mi lado mientras yo estaba ido.
Cojo las cervezas y me encamino a la mesa alta en la que nos hemos colocado.
Las chicas están bailando unos metros más allá.
Suena una canción de Britney Spears de las antiguas, porque los bares de estos pueblos no ponen música de más allá de los 2000.
Cojo mi vaso y doy un trago, evitando mirar a Camille.
No temo volver a fijarme en su culo, aunque con ese balanceo del cuerpo bien podría hacerlo.
Lo que pasa es que me siento avergonzado por el mero hecho de haber tenido ese pensamiento.
—Eh, ¿qué están haciendo esos? —pregunta Adam.
Sigo la trayectoria de su mirada y veo a un par de chicos rondando a Cami y a Taylor.
Uno de ellos se aproxima a la pelirroja y coge un mechón de pelo entre sus manos.
Ella se aparta, incómoda, y frunce el ceño mirando a su amiga.
Desde aquí no podemos escuchar lo que dicen, pero están enfrentándose a esos idiotas.
Reaccionamos los tres a la vez, como movidos por un resorte. Adam es el primero en llegar y acercarse a su novia.
—¿Hay algún problema? —Mira a uno y a otro y le pasa el brazo por la espalda a Taylor.
—Perdón, tío, no sabía que ya estaba pillada —se apresura a decir.
—Aunque no «estuviera pillada» —repite Taylor con desprecio—, no tienes por qué entrarme así. Ni hemos hablado antes.
—Tranquila, tía, ni que te haya metido mano —replica. Noto en su tono que se ha pasado bebiendo.
No quiero entrar ahora en disputas, por eso intervengo de forma pacífica.
—Bueno, no tenéis nada más que hacer aquí. Dejad que bailen tranquilas y no molestéis a nadie.
—Espera, yo te conozco —comenta el otro—. ¡Eres el quarterback de los Eagles!
Miro hacia los lados, nervioso, esperando que nadie más se haya percatado de eso. Estoy acostumbrado a este tipo de situaciones, pero ahora mismo no me apetece que nadie me descubra.
—¡Es verdad! —suelta el primero, el que va más afectado por los efectos del alcohol—.
Luke Bedford en persona. Déjame que te dé las gracias —añade y estira la mano con intención de estrechármela.
No le devuelvo el gesto—. Soy fan de los Chiefs y no serían los favoritos si no les hubieses regalado la temporada, así que gracias por lesionarte y jugar como jugaría yo.
—Quizá deberías probar a ver los partidos sobrio —espeta Cami—, así lo mismo te darías cuenta de que no está lesionado. Pero bueno, está bien que seas realista y sepas que tu equipo no tiene oportunidad de ganar contra Luke Bedford en óptimas condiciones.
El otro chico me dedica una última mirada de arrepentimiento antes de disculparse y llevarse a su amigo con él. Yo no digo nada.
Agradezco la defensa de Camille, pero a mí se me han quedado las palabras atascadas en la garganta, porque han dado justo donde duele.
Sonrío de forma artificial cuando volvemos a la mesa y finjo que estoy bien durante unos minutos más, hasta que pasa un tiempo prudencial para que no sospechen, me invento una llamada telefónica y salgo fuera para que me dé el aire.
Guardo el teléfono en cuanto el viento frío me golpea en la cara.
Me siento en un bordillo alejado de la puerta y apoyo los codos sobre las rodillas.
Tengo que dejar de esconderme, de sentirme mal cuando una persona cualquiera me recrimina por mi juego.
Sin embargo, no puedo evitarlo. Me importa un bledo la opinión que ese borracho tenga sobre mí, lo que me martiriza es que es cierto y eso me afecta a mí, a mi entrenador, a mis compañeros.
¿Y si estoy terminado? ¿Qué voy a hacer ahora?
—¿Puedo quedarme contigo o prefieres estar solo? —pregunta una voz que conozco muy bien.
Camille se agacha frente a mí y me mira desde cerca.
El recuerdo de su culo ahora mismo es algo lejano en lo que ni pienso.
Sus ojos marrones me observan con preocupación y cariño.
Lo noto, aunque intente no devolverle la mirada.
Seguro que se ha dado cuenta de mi paripé desde el principio y solo me estaba dando tiempo para asimilarlo antes de venir.
—Puedes quedarte —digo al final.
—No tienen razón. Esos chicos se sientan en el sofá sin mover un dedo y critican el trabajo de otros como si fueran expertos.
—Sí la tienen —contradigo. Alzo la vista y me doy de bruces contra esa penetrante mirada—. ¿Y si ya estoy acabado? ¿Y si no hay nada extraordinario en mí?
—¿Cómo puedes pensar eso precisamente tú?
—replica—. Sé que te machacas por la temporada, pero no es culpa tuya.
Todos habéis bajado el rendimiento, el entrenador tendría que haberse dado cuenta.
Dotson y DeVonta han jugado fatal como receptores, han fallado más que otros años.
El ataque del equipo ha estado bien, pero, ¿la defensa? Erais un coladero.
A pesar de todas las críticas, se me escapa una sonrisa.
—¿Has visto los partidos?
—Pues claro —responde con naturalidad—. Caden y yo los vemos todos. Sus dos tíos juegan en distintos equipos, así que no nos perdemos ni un partido de los Eagles ni de los Bills.
La sonrisa se me ensancha un poco mientras me imagino al pequeño apoyándome desde el sofá.
—Eres la persona más extraordinaria que conozco, Luke Bedford, y no tiene solo que ver con que ganaras dos Super Bowl y…
—Yo no gané la última. No jugué la final, consiguieron la victoria sin mí.
—Victoria que no hubieran conseguido si no hubieras llevado al equipo a jugarla.
Fue una temporada increíble, batiste varios récords, lo recuerdo.
Y precisamente que no jugaras esa final es lo que te hace más extraordinario todavía.
No conozco a ningún jugador que estuviese dispuesto a perderse el partido más importante de su vida por apoyar a un amigo que lo necesitaba.
Trago saliva al recordarlo. No me arrepiento de no haberla jugado. Incluso aunque hubiesen terminado por echarme del club por mi falta de profesionalidad, habría tomado la misma decisión.
Tras la lesión, Cole terminó destrozado no solo físicamente, sino también a nivel emocional.
Además del deporte, perdió a Shanon, la que era su novia por ese momento, porque lo engañó con Rylie, uno de sus mejores amigos.
Cole me llamó y yo no dudé ni un segundo en ir con él.
Me quedé toda una semana a su lado, hasta que me convencí de que se pondría bien, de que no iba a hacer ninguna tontería.
La llamada fue el mismo día que se jugaba la Super Bowl .
Cole ni siquiera se dio cuenta de que me la había perdido hasta tiempo después, así de profundo era su pozo.
Sé que se odia un poco por todo esto, pero yo no.
Lo otro es un título, importante, sí, pero nada tiene que hacer si lo comparo con el bienestar de mi mejor amigo.
—Eres mucho más que un jugador de fútbol, Luke. Me da pena que no lo veas —me dice Camille y sus ojos se humedecen.
El corazón se me encoge cuando la veo sufrir así por mi culpa. Sin pensar en lo que hago, extiendo las manos y le limpio las lágrimas de las mejillas.
—No llores por mí —casi le suplico—. Por favor. No lo soporto.
Se quita de un manotazo el resto de lágrimas, se pone en pie y esboza una pequeña sonrisa. Me agarra de las muñecas y tira de mí hacia arriba. La ayudo a levantarme, porque es diminuta y no podría conmigo de ninguna de las maneras.
—Pues vamos dentro a pasarlo bien.
—Eso está hecho.
Me olvido de todo lo demás, porque una buena amiga está aquí fuera, preocupada por mí, y eso es más importante que la incertidumbre que me genera mi futuro.