Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 11
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Capítulo 11

LUKE

El rincón de Maggie está tal cual lo recordaba. El mostrador verde, las plantas por todas partes, colgando incluso de las lámparas del local, el delicioso olor a bizcocho de limón. Hay multitud de gente, como si medio pueblo se hubiese congregado aquí.

Sonrío al darme cuenta de que reconozco a casi todo el mundo.

Varias miradas se centran en mí al verme. Algunos me saludan con la cabeza o con un gesto de lejos, pero otros se levantan para darme la mano y abrazos.

—¡Luke! ¡Cuánto tiempo! —exclama Ruth.

—¡Espero que te quedes el tiempo suficiente como para organizar un par de partidos! —sigue Anthony, como siempre que vengo.

—¡Luke Bedford en este pueblo! ¡Verás cuando lo cuente en el trabajo! —dice alguien que parece un turista.

Saludo a todos, me hago fotos con quien me lo pide y firmo un par de autógrafos. Cuando termino, me fijo en una sonrisa tierna y unos ojos llenos de cariño que me observan tras la barra.

—Tan educado como siempre —asegura Maggie, antes de abrir los brazos para estrecharme con fuerza—. Ven aquí, anda.

Salto por encima del mostrador y la abrazo con ganas.

—Mi hija me ha contado que has venido para echarle una mano con la reforma —comenta cuando se separa.

—Es la intención.

—Eres un buen chico, cielo. Pase lo que pase por esa cabecita tuya, no te olvides de eso.

Esta mujer tiene un sexto sentido porque, aunque no he expresado nada en voz alta, seguro que sabe que hay una vorágine de emociones carcomiéndome por dentro.

Ella sigue la liga. Es forofa de los Bills, claro, el equipo que entrena su hijo, pero sé que una parte de su corazón siempre estará con los Eagles.

Tiene que haber escuchado todas las cosas que han dicho sobre mí, y con esa intuición que no pasa nada por alto, imaginará que estoy en el pueblo no solo para ayudar a una amiga, sino también para desaparecer del panorama público.

—Gracias, Maggie. Lo tendré en cuenta —le digo, aunque no estoy tan seguro como ella.

—Venga, te están esperando, ve con ellos —me insta.

En una mesa algo más apartada, localizo a Cami, Taylor, Adam y Sean. Los chicos son amigos de toda la vida de Cole y, con el tiempo, se han convertido también en amigos míos.

Voy para allá, pero un impacto me detiene. Alguien se ha chocado contra mí a propósito. Bajo la cabeza y descubro a Caden, abrazándome a la altura de la cintura, que es donde llega.

—¡Tío Luke! ¡Ya has venido! —grita emocionado.

Me agacho para cogerlo en brazos y veo una sonrisa a la que le falta un par de dientes.

—¿Pero es que ya se te han caído dos? ¿Cuándo te has hecho tú tan mayor?

—¡Hace una semana! Primero se cayó uno y después, el otro. Se me movían mucho. Sean dijo que me los arrancaría si no se me caían solos, pero mamá amenazó con arrancarle otra cosa a él. No sé el qué. ¿Qué era, mamá?

—Sí, eso —interviene Sean con tono bromista—. ¿Qué ibas a arrancarme, Cami?

—Las ganas de portarte mal con mi hijo —responde ella.

—Yo creo que era otra cosa —comenta el niño—. ¿No te acuerdas, mamá?

—¿Quién quiere patatas fritas? —pregunto para acudir al rescate. Caden las adora, en todas sus formas.

—¡Yo! ¡Con kétchup!

Camille me mira agradecida por haberle salvado de contestar a esa pregunta.

—¡Marchando unas patatas fritas para mi nieto! —grita Maggie y Caden se va corriendo con ella.

Llego hasta la mesa y termino de saludar al grupo. Dejo a Camille para el final, porque la he visto hace apenas un par de horas. Aun así, me da otro abrazo.

—¿Cómo te has dejado engañar para ayudarla en Villa Ruina 2.0? —pregunta Adam—. No sabes dónde te estás metiendo.

—Por eso he viajado con mi coche, para huir cuando sea necesario.

—Bien pensado.

—¿Y tu hermana? —se interesa Taylor—. ¿Cuándo nos hará una visita?

—Anda liada con su próximo libro, pero imagino que en cuanto pueda.

—Ya vienen —comenta Sean mirando algo detrás de mí—. Son como sabuesos.

—¡Hola, Luke! ¡Te estábamos esperando!

No necesito girarme para reconocer esa voz. Noto un escalofrío subir por mi espalda y, después, oigo las carcajadas del resto del grupo.

—¿Conoces a mi nieta, Carol? Está soltera.

—Claro que está soltera, Helen, ¿quién va a quererla con esa cara de mustia? Mi nieta, en cambio, es una belleza. Creo que tengo una foto por aquí…

—¿Queréis dejarlo en paz? Acaba de llegar, no lo atosiguéis. Luke, cariño, si quieres venir un día a mi casa, estás más que invitado. ¿Qué te parece comer mañana? Hago una sopa de calabaza y un cordero asado, que están para chuparse los dedos.

—Solo lo invitas porque tu nieto está en casa y quiere chupar otra cosa.

—¡Molly! ¡Un poco de respeto!

Cada vez que vengo al pueblo, alguna de las tres intenta emparejarme con alguno de sus familiares, que no tienen ningún interés en mí, pero eso a ellas no les importa. Ni quiera es algo personal, me consta que lo hacen con mucha gente. Hailey y Cole también han sufrido su acoso.

—Lo siento, chicas, pero tengo novia —miento mientras intercalo la mirada entre una y otra—. Estoy seguro de que vuestros nietos lo entenderán, igual que vosotras.

Veo la confusión en ellas, sobre todo en Molly, que se tapa la boca con la mano de forma exagerada.

—¿Y te has dejado a tu novia en casa para venirte aquí? ¿Cuánto tiempo vas a estar? Sé que ahora se llevan las relaciones a distancia, entre más de dos personas y todas esas cosas modernas, pero antes las parejas duraban más porque el amor era más real, sin todas esas nuevas tonterías.

—También duraba más porque las mujeres no tenían forma de separarse, ya que dependían económicamente del marido —añade Taylor en voz baja.

—Mi novia vendrá a visitarme en un par de semanas, y yo iré a verla a ella. Llevamos años juntos, creo que aguantaremos unos meses distanciados. Además, Meghan conoce a Camille y le parece bien que la ayude con su proyecto. Todos ganamos.

—Sí, sí. Todos ganamos —refunfuña Molly—. Venga, que se nos enfría la cena. Ya nos veremos por aquí, muchachos.

—No olvidéis apuntaros al próximo taller de manualidades. ¡Vamos a hacer tazas!

El trío se retira con la misma velocidad con la que se ha acercado. Para ser tres personas tan mayores, hay que admitir que son rápidas.

—No sabía que tenías novia —comenta Adam.

—No tengo novia, pero ellas no lo saben y me dejarán tranquilo.

—Eres un genio —suelta Taylor y se ríe.

—¡La abuela me ha dado un montón! —exclama Caden, que viene corriendo a nuestra mesa con una fuente enorme llena de patatas fritas. Sean mete la mano para coger una, pero el niño se aparta para que no llegue—. ¡Son mías!

—¿No me vas a dar? ¡Si tienes muchísimas!

—Solo le doy a mamá. Y a Luke también, si quiere.

Le guiño un ojo al pequeño y le pongo la mano para que me choque los cinco.

Y, la verdad, esta no es la vida que esperaba tener ahora mismo. En mi cabeza, iba a estar entrenando a tope para los playoff , con la mente puesta en la Super Bowl , en el ruido del estadio, en las luces, en la gloria.

En lugar de eso, estoy aquí, en este restaurante que huele a bizcocho de limón, con un niño y una madre que no son de mi familia, pero que me quieren como si lo fuese, y con unos amigos que siento reales.

Pienso que tal vez no voy a jugar el campeonato, pero quizá gane algo que ni siquiera estaba buscando.

Y eso tampoco está tan mal.