Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 10
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Capítulo 10

LUKE

He tardado casi una semana en poner mis asuntos en orden y mudarme a Harper Springs. He viajado en mi coche, un Range Rover de color dorado. Han sido dos días, contando paradas, pero merece la pena si así tengo una forma de moverme por el pueblo.

Cuando mi hermana estuvo aquí, utilizaba la bicicleta de Camille. No me parece lo más cómodo, por eso he optado por las más de treinta horas al volante.

La última vez que vine fue en diciembre.

Los árboles estaban desnudos, la nieve cubría todo y el lago se había congelado.

El corazón se me acelera, emocionado, cuando llego a la carretera del bosque que conduce al Residencial Woods.

Lejos queda el invierno de mi anterior visita.

Ahora predominan los tonos lilas, los amarillos, los verdes.

El paisaje ha florecido y se ha llenado de vida y colores.

Conduzco en silencio. Sin música, sin pódcast, sin ruidos de un mundo exterior que quiero dejar atrás, aunque sea por unos meses. Solo me acompaña el sonido de la grava que cruje bajo las ruedas y el canto de algunos pájaros que se cuela por la ventana.

Las Twin Peaks, ese conjunto de montañas rocosas que se ve desde todo Harper Springs, aparecen al fondo de la carretera cuando salgo de la parte frondosa del bosque.

La cabaña de Cole es la última. También la más grande, y la única que tiene un embarcadero junto al lago. Aparco y me bajo del coche. Dejo por ahora el equipaje, ya lo sacaré más tarde.

Respiro de forma profunda. Lleno los pulmones de un aire puro que huele a néctar y a lluvia, y no a la contaminación de Filadelfia.

La puerta no está cerrada con llave. Nadie las usa en este pueblo. Dicen que tiene un nulo índice de criminalidad, que solo hay vecinos y que no son necesarias. Por si acaso, yo pretendo utilizar el juego que me ha dejado en el recibidor.

El lugar es increíble. Un salón amplio con una chimenea y una biblioteca repleta de libros, una cocina abierta, con la isla en medio del salón. Los muebles son todos distintos, como si cada uno contase su propia historia.

Hay dos dormitorios. El de Cole y mi hermana, que cuenta con su propio baño, y otro al final de la cabaña. Mi amigo me ofreció el suyo, pero decliné la oferta. Ya es más que suficiente con que me deje su casa, no necesito también invadir su intimidad.

Además, esa es la habitación que comparte con mi hermana pequeña. Incluyendo la cama. Prefiero no dormir ahí.

La cabaña está totalmente limpia. Incluso hay una enorme cesta de frutas sobre la isla de la cocina. Me acerco y cojo la nota que la acompaña.

«Bienvenido de nuevo a tu hogar, Luke. Los vecinos te hemos preparado este detalle como recibimiento. Espero que te pases pronto a verme. Te quiero, Maggie».

Sonrío leyendo la nota de la madre de Cole.

Hace tiempo, estas sonrisas iban acompañadas de un sentimiento agridulce porque, por un lado, me gustaba el cariño que me demostraba, pero, por otro, me recordaba que mi propia madre no era así.

Hoy día puedo sonreír de verdad. Aprecio el afecto de las personas que deciden entregármelo y no sufro por las que me lo negaron.

He escogido a mi familia y estoy muy contento con mi elección.

Voy al coche para hacer un primer viaje de equipaje y lo dejo todo en el dormitorio.

Cuando vuelvo a por las últimas cosas, me encuentro a Camille en el porche.

Va vestida con unas mallas y una camiseta ajustada, llena de manchas de lo que parece masilla.

La coleta mal hecha tiene también motas blancas. Viene de trabajar, intuyo.

—Quería asegurarme de que no te hubiese comido un oso —me dice a modo de saludo y me sigue hacia afuera.

—Nos hemos enfrentado antes, pero he ganado yo.

—Me alegro. Hubiese sido mucho más raro que me ayudase el oso a reformar la casa. ¿Qué tal el viaje?

—Ha ido bien.

—Ya imagino. Los kilómetros con ese coche se tienen que sentir de otra manera.

Acaricio el capó de mi Range Rover y sonrío.

—Sí que responde bien.

—¿Quieres que te ayude a meter las cosas? Es lo mínimo que puedo hacer después de que vaya a esclavizarte los próximos meses. No sé si Cole te lo ha contado, pero soy un poco sargento cuando de trabajo se trata.

—Esto es lo último que queda —afirmo señalando la maleta que llevo—. Y no te preocupes, no me molesta un poco de trabajo duro.

—Te recordaré esas palabras más adelante —bromea.

Me acompaña al interior de la cabaña.

Dejo todo en el dormitorio. Al salir, la encuentro sentada en la isla de la cocina, mirando la enorme cesta de frutas.

—Espero que te gusten los melocotones —comenta mientras los mira. Debe de haber más de veinte—. A veces, a los vecinos se les va de las manos.

—La nota es de tu madre.

—Sí, pero estas cosas las prepara Ruth. Es la presidenta del Residencial Woods. Bueno, solo he venido a comprobar que has llegado bien. Te dejo para que descanses. —Baja de un salto y se encamina hacia la puerta—. Llámame si necesitas algo.

Estoy agotado. El viaje ha sido largo, por mucho que mi coche se haya portado. Ahora mismo, solo quiero darme una ducha, tirarme en el sofá y no despertarme hasta mañana. Por eso, no entiendo por qué abro la boca y digo:

—¿Te apetece si cenamos luego en el Rincón de Maggie? Así saludo a tu madre y veo a Caden.

—¿No prefieres descansar?

—No estoy cansado. Lo único que necesito es ducharme.

—Me alegra que te hayas dado cuenta tú solo. No quería tener que informarte de lo mucho que apestas.

—Me parece que es mutuo —le sigo la broma—. El oso al que me he enfrentado antes olía mejor que tú.

Me tira una manzana a la cara. Es un poco bestia, pero solo porque sabe que voy a atraparla. Le doy un bocado cuando la cojo y me la quedo en la mano.

Oigo cómo se ríe mientras se aleja hacia la puerta de la cabaña, dispuesta a irse. Se gira y se apoya en el marco antes de mirarme. Por un segundo, no dice nada.

—Me alegra que estés aquí, Luke.

Me enseña una sonrisa que irradia felicidad. Me gusta. Me deja ver que lo de Nueva York no la ha afectado y sigue siendo ella.

—A mí también, Camille.

Se va sin añadir nada más y me quedo solo.

Aquí pasó Hailey cuatro meses que le cambiaron la vida. Superó su bloqueo escritor, terminó la trilogía de fantasía que estaba escribiendo y, además, conoció a Cole más en profundidad y terminaron enamorándose.

No sé qué me deparará a mí esta casa de madera, pero, por primera vez en mucho tiempo, estoy emocionado ante la idea de descubrir mi futuro.