Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 7
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Capítulo 7

CAMILLE

La oficina de la revista se encuentra en un edificio acristalado de treinta y dos plantas. Madness es una más de las empresas que ejercen allí sus actividades, pero Jenna me ha contado que también hay bufetes de abogados, sedes comerciales e incluso una famosa editorial.

Hemos pasado todo por alto para dirigirnos a la terraza, lugar escogido para el evento. En abril, la temperatura de Nueva York sigue siendo fresca. Por suerte, bastante menos que en Harper Springs.

El sitio está atestado de gente, todos acicalados con sus mejores galas.

Hay mesas altas con taburetes repartidos aquí y allá. En un lado, una pequeña cocina portátil que parece haber sido trasladada allí para la ocasión. Una chica con una larga melena morena y un gorro de chef da órdenes a varias personas, que las ejecutan a toda prisa.

La decoración consiste en varias guirnaldas de luces que iluminan la zona de forma agradable. De fondo, percibo una música de ambiente suave. Apenas se nota que está si no prestas atención.

Jenna ha desaparecido en cuanto hemos llegado porque su jefa la reclamaba.

Luke y Cole se han quedado saludando a un periodista que conocen.

Hails y yo hemos cogido de una bandeja un cóctel rojizo coronado por una cereza y nos hemos alejado de la multitud hacia una zona de sofás para sentarnos y charlar con tranquilidad.

—Me siento un poco fuera de lugar —admito.

—Aquí hay gente importante, ¿verdad? —responde ella—. Creo que he visto al cantante de Wandering Souls.

Bebe un sorbo de su copa y yo la imito.

—No me importaría que el polvo de esta noche fuese con él —bromeo y ambas reímos—. Jenna se lo ha currado un montón.

—Sí, lleva dos semanas a tope con este evento. Mira, esa es la mujer del artículo de este mes —me explica. Señala a la cocinera que he visto antes—. Se llama Chelsea Adams, tiene varias estrellas Michelin en distintos restaurantes de San Francisco.

—Los canapés están increíbles —comenta Cole. Él y Luke acaban de llegar y toman asiento también.

—Genial, porque tengo hambre. Pensaba que en estos eventos la comida era más bien escasa —afirmo.

—Y lo son, a menos que sea en honor a una cocinera, supongo —deja caer Luke.

Jenna se pasa a saludarnos, tan acelerada que parece que le va a dar algo.

—¿Estáis disfrutando? ¿Qué tal la comida? ¿Está saliendo bien?

—Todo perfecto —la tranquiliza Hailey—, y tú eres genial.

—Ahora va a subir Marian a presentar a Chelsea y a darle las gracias. Tengo que estar con ella.

—Ve, no te preocupes por nosotros —le dice Cole—. Estamos bien.

Jenna desaparece con rapidez, igual de acelerada.

Durante un rato, nos dedicamos a charlar, a comer y a beber.

Los cócteles son tan dulces que parece que entran solos y, cuando me levanto, me doy cuenta de que llevaban más alcohol del que pensaba y me han subido un poco.

Me voy al aseo y me entretengo más de lo que pretendía, pero necesito despejarme.

Me echo agua en la nuca y también en la cara, con cuidado de no estropear el maquillaje.

—¿Estás bien? —me pregunta una chica que no conozco.

Me fijo en ella y me doy cuenta de que es la cocinera, la homenajeada de la noche.

—Sí, sí. Gracias por preguntar. ¿Chelsea Adams, no? Enhorabuena. He probado los canapés y estaban riquísimos.

—Gracias —responde con una sonrisa—. Cuando acepté el evento me pareció una gran idea ser yo la que cocinase. Es un reportaje a una chef, ¿no? Pero ojalá haberme limitado a venir y disfrutar. Estoy agotada.

—¿No puedes retirarte a descansar?

—Estaría feo irme de mi propio homenaje. Además, ahora va a cantar mi novio.

—¿Tu novio es cantante?

Chelsea sonríe de nuevo y mira hacia el espejo para retocarse el pintalabios.

—¿Conoces a Miles Stones?

El corazón se me acelera y no sé qué cara pongo, pero hace que ella se ría.

—¿Tu novio es el cantante de Wandering Souls? ¡Espera! ¡Acabo de reconocerte! ¡Tú eres la Chels que subió al escenario a cantar con él! ¡Dios mío! ¡He vivido tanto a través de tu historia de amor!

—Guárdame el secreto —dice. Me guiña un ojo y se va del aseo, sin añadir nada más.

Yo me quedo ahí unos segundos más, emocionada, pensando en que acabo de conocer a la chica de una de mis parejas de famosos favoritas, junto con Leighton Meester y Adam Brody y Taylor Swift y Travis Kelce.

Al salir, mis amigos se han movido.

Localizo rápidamente a Hails y Cole, bailando en la pista mientras aprovechan para compartir besos y roces.

Antes han asegurado que no se comportarían así, pero no me importa en absoluto.

Ellos no viven juntos, ni siquiera en la misma ciudad, no se ven todos los días.

Claro que quiero que se disfruten el uno al otro.

Además, me encanta ver a mi hermano tan feliz.

Después de lo que sufrió tras la lesión, se merece todo lo bueno que llegue a su vida.

Miles Stones está subido en el escenario, cantando en acústico algunos de los éxitos de la banda, mientras el público enloquece alrededor. Me quedo contemplándolo unos segundos de más. No es solo que sea guapísimo, es que tiene una voz rota que atrapa e hipnotiza. Lástima que esté pillado.

Vuelvo al sofá en el que estábamos antes y me siento. Aprovecho para mirar el móvil y ver cómo está Caden. Le mando un mensaje a mi madre para que se lo lea, pues ahora mismo sería imposible grabar un audio con tanto ruido.

Dejo el teléfono y busco a Luke con la mirada. Está junto a la barra, con una copa en la mano, riéndose con una chica que parece una supermodelo. Un segundo, creo que, de hecho, lo es. Un ángel de Victoria Secret, para ser más concreta.

Bebo un trago de mi cóctel y me hundo un poco más en el sofá.

No sé por qué he venido. No encajo aquí. Mi sitio está en Harper Springs, con Caden, no en una terraza repleta de gente importante. ¿Quién soy yo, al fin y al cabo?

Hails es una escritora de éxito, Jenna organiza estos eventos en una revista famosa en todo el país. Cole entrena a los Búfalo Bills, el equipo favorito para ganar este año la Super Bowl . Luke es el quarterback de los Filadelfia Eagles.

Y yo… yo soy una madre soltera con un Bed and Breakfast en un pueblo que ni aparece en los mapas.

Quiero mucho a mis amigos y a mi hermano. No es un sentimiento contra ellos. Es contra mí. Porque, mientras ellos hablan con cantantes de rock y chefs con estrellas Michelin, yo solo puedo pensar en que no pertenezco a este mundo.

Y ahí, entre la música y las risas, me doy cuenta de lo sola que me siento.

De lo pequeña que parezco. Ni siquiera sé si antes de Caden tenía grandes sueños.

Tal vez ser cantante country o jugar al fútbol profesional.

Ya ni lo recuerdo. Me levanto antes de que las lágrimas empiecen a caer y voy al baño.

Me apoyo en el lavabo y miro mi reflejo.

No soy ninguna fracasada. No importa si mi vida no se parece a la de las personas que están en la terraza, porque soy feliz así.

Mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida y nada va a cambiar eso nunca.

Hago cuentas mentales y me percato de que tengo el síndrome premenstrual.

Da igual que ocurra una vez al mes desde hace años, las hormonas siempre me hunden y sacan mi lado más miserable.

Me limpio las lágrimas y salgo, no sé con qué intención, pero no puedo seguir escondiéndome aquí. Luke está en nuestra mesa y parece buscar algo.

—Camille —suelta de golpe. Su cara refleja alivio al verme—. No te encontraba, estaba preocupado.

Algo dentro de mí sonríe al notar su inquietud.

—He ido al aseo. ¿Qué tal con la chica?

—¿Lily? Es una vieja amiga, hacía tiempo que no nos veíamos.

Ni siquiera sabía que Luke se codeara con modelos hasta el punto de considerarlas amigas, pero su vida y la mía están a galaxias de distancia.

—¿Estás bien? —me pregunta y toma asiento a mi lado. Inclina la cabeza para mirarme y noto sus ojos azules intentando averiguar todos mis secretos.

—Sí, sí. Me ha subido un poco el alcohol, eso es todo —miento para no preocuparle más.

En ese momento suena mi móvil y me apresuro a mirarlo. No puedo evitarlo. Cada vez que me separo de Caden, estoy en alerta por si me escribe mi madre para decirme que ha sucedido algo. No es él, sino un número desconocido.

Entro en la conversación y el corazón se me detiene.

Hola, Camille. Soy Dylan, ¿qué tal? Oye, lo he estado pensando mucho y me apetece conocer a mi hijo. Avísame cuando puedas hablar del tema, pero no lo demores. Ya he perdido demasiado tiempo.

El mundo se queda quieto.

¿En qué momento se me ha ocurrido pensar que el verdadero éxito reside en ser cantante o modelo? Lo único que a mí me importa en mi vida es mi familia y, dentro de eso, no hay nadie más especial que Caden.

Y Dylan… Dylan no tiene derecho a aparecer ahora. No estuvo durante el embarazo, ni en el parto, ni en las noches en vela. No ha estado nunca.

Cuando el mundo vuelve a girar, yo ya estoy llorando. Salgo disparada de la terraza. No sé a dónde voy, pero no puedo seguir allí ahora mismo.

—¡Camille! —grita Luke detrás de mí, pero no me detengo.

Llego a la calle sin abrigo, temblando. El aire frío me corta la piel.

Intento respirar. Decirme que no pasa nada. Que puedo ignorar el mensaje, borrarlo, fingir que nunca ha existido. Después de todo, Dylan lleva siete años haciendo lo mismo.

Me siento en el bordillo, con la cabeza entre los brazos. El corazón latiendo demasiado rápido, la respiración arrítmica e irregular, las lágrimas desbordándose sin control.

De repente, siento algo sobre los hombros y doy un respingo, asustada. Alguien me ha colocado una chaqueta para que no pase frío. Alzo la cabeza y me encuentro con Luke, que me observa con preocupación.

—No pasa nada si no quieres hablar —dice en voz baja—. Puedo quedarme contigo, en silencio. Pero si te apetece… estoy aquí. Para lo que necesites.