Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 6
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Capítulo 6

LUKE

Cole y yo hemos ido a recoger a Camille al aeropuerto mientras las chicas terminaban sus obligaciones. En el caso de Hails, estaba centrada escribiendo. Supongo que lo de mi amigo cuando llegué yo sí era real y no una excusa para hacerme un interrogatorio.

Jenna, en cambio, está acelerada e histérica por un evento que está ayudando a organizar en Madness , la revista en la que trabaja. La celebración es esta noche y necesita que todo salga perfecto, así que se ha quedado con tres teléfonos llamando a unos y a otros.

A Cole y a mí nos apetece ir a por Camille, pero aunque no hubiese sido así, lo habríamos hecho igualmente con tal de huir de ese caos.

—Por ahí viene —anuncio en cuanto la veo aparecer, lo cual es todo un logro, porque debe de medir alrededor del metro y medio.

Los hermanos se abrazan con cariño y les doy su espacio, esperando mi turno.

Conozco a Cami desde hace más de diez años, cuando ella era todavía adolescente.

A lo largo de este tiempo ha pasado de ser la hermana de mi mejor amigo a convertirse también en una amiga.

La abrazo y, al separarme, la zarandeo un poco, como le hacía siendo más pequeña.

Cami protesta y se peina con las manos. Me lanza una mirada cargada de odio y suelto una carcajada.

Es como ver a una ardilla encantadora enfadada.

—¿Qué tal el vuelo? —pregunta Cole, mientras le coge la mochila con la que viaja y nos ponemos en camino hacia el coche.

—Bien, muy bien. He cerrado los ojos viendo desaparecer los campos verdes de Utah y los he abierto dentro de la contaminación neoyorquina.

—¿Has dormido las cuatro horas? —Su hermano se ríe.

—En mi defensa, apenas he descansado esta noche.

Caden quiso hacer una fiesta de pijamas para despedirnos.

«Nuestro plan», como él lo llama cada vez que propone algo que solo nos incluye a nosotros dos.

Vimos una película de los Minions, comimos palomitas, hicimos una guerra de cojines, horneamos galletas con forma de perro, más o menos, y pintamos botellas recicladas para transformarlas en maceteros.

Él se acostó a las dos de la mañana y yo una hora más tarde entre recoger y prepararme la maleta.

A las seis ya estaba en pie para atender el Bed and Breakfast .

He comido con Caden y me he ido al aeropuerto.

—No sé cómo puedes vivir así —afirmo.

—No queda otra —responde y se encoge de hombros.

Claro que queda otra. Algunas personas hubiesen metido al niño en la cama temprano y hubiesen aprovechado para descansar. Cami se desvive por Caden y busca siempre lo mejor para él. Es una madre increíble, aunque se quite mérito de esa forma.

El trayecto hasta el piso de las chicas lo hacemos hablando de Caden y lo mucho que extraña a su tío Cole.

Las chicas están esperando cuando llegamos. Hails y Jenna se lanzan hacia Camille para abrazarla y saltan y gritan emocionadas sin soltarse.

—Mamá ha salido del nido —bromea Jenna—. ¡Eso hay que celebrarlo!

—Solo por cuarenta y ocho horas.

—Tranquila, vamos a aprovecharlas todas —añade Hails.

—Sí —coincide la pelirroja—. Aquí la amiga se ha hecho una maratón de escritura para tener tiempo libre para salir las mujeres.

—Gracias por la parte que nos toca —suelta Cole.

—¡Excluidos! —exclamo de forma dramática.

—Bueno, a ver, se van a venir, pero no es como si fuesen importante para nosotras —comenta Jen, también con tono bromista.

—Lo que quiere decir, en realidad —interviene Hailey—, es que espera que Cole y yo no nos peguemos el uno al otro y pasemos de los demás. Tranquila, eso no va a pasar. Os tengo aquí a todos y vamos a disfrutarlo.

—¡Así se habla!

—¿Cuál es el plan? —pregunta Camille con curiosidad—. Sea cual sea, necesito ducharme.

—Ponte guapa que os voy a llevar al mejor evento del mes —asegura Jenna.

—¿Qué evento?

— Madness está haciendo una cosa superguay y cada mes dedica un artículo a hablar de una mujer importante del país, en distintos ámbitos.

Luego hace una celebración y la invita. El mes pasado escogieron a Rachel Carson, la ecóloga, y preparamos un evento de concienciación medioambiental.

Este mes han escogido a una prestigiosa chef, así que vamos a comer genial.

—Tía, adoro tu trabajo —suelta Camille y observa a su amiga con admiración—. Es tan dinámico y divertido.

—También es agotador, pero sí. Madness es un sueño.

La pelirroja entró hace un año y medio en la revista para hacer unas prácticas y gracias a su iniciativa y capacidad de trabajo, la han añadido a la plantilla de la empresa.

—Es como The Bold Type —añade Hails.

—¿Eso qué es? —pregunto con interés.

—Una serie chulísima. Fijaos, chicas, podríamos ser nosotras. Hails sería Sutton, Cami, Jane y… bueno, yo no encajo con Kat.

—No seas simple —replica Camille y se ríe—. ¿Lo dices por el físico? Hails sería Jane, que es la escritora. Tú serías Kat, organizando eventos. Y yo, Sutton, que no me importaría encontrar un Richard madurito.

—¿A qué te refieres con madurito? —pregunta Cole con el ceño fruncido.

—Tú ya contarías como madurito —replica su hermana.

Las chicas ríen. Mi amigo, no.

—No tengo ni los treinta todavía.

—No quiero ligarme a uno de cuarenta, si eso es lo que te preocupa, pero no me importaría echar un polvo esta noche.

—Lo echarás, lo echarás. Podemos ayudarte si no.

Me sorprende la respuesta de Cole. Quiero decir, es su hermana pequeña, ¿de verdad acaba de ofrecerse a ayudarla para que folle?

Miro a Hails, que ya me está observando, con la diversión asomando en los ojos.

Sé lo que está pensando. Yo no soy ese tipo de hermano.

Más bien al contrario. Soy la clase de hermano que sobreprotege hasta el punto de ser asfixiante.

Era, era ese tipo. Estoy trabajando en ello, dando espacio y libertad.

Comportándome más como familia y menos como un capullo integral, pero aún no he llegado al punto de querer ayudarla a echar un polvo con un desconocido.

En su caso ni siquiera haría falta, pues ya tiene a Cole.

Tampoco quiero pensar en mi hermana pequeña teniendo sexo con mi mejor amigo.

El salón se convierte en un caos cuando las chicas empiezan a prepararse. Hay maquillaje desperdigado por todos lados, prendas colgando de las sillas, otras tiradas directamente al suelo, música a todo volumen y unos cócteles que ha preparado Jenna para ir entrando en materia.

Cole y yo hemos elegido un pantalón, una camisa, unos zapatos y nos hemos sentado a hablar mientras ellas terminan.

Les lleva una hora y media, pero el resultado es espectacular. Jenna ha optado por un traje chaqueta negro con un ribete blanco y se ha recogido la melena pelirroja en una coleta. Elegante y profesional, pues ella estará trabajando.

Hails ha elegido un vestido azul y largo, unos tacones bajos y el pelo recogido también.

Camille en cambio… El corazón me da un golpe seco en el pecho.

Un vestido negro brillante, corto, ajustado.

Deja sus piernas a la vista y el sutil escote le enmarca el cuello y los hombros como si hubiese sido diseñado para que yo dejase de pensar con claridad.

Los tacones son altísimos, deben de medir unos diez centímetros.

El cabello, moreno y largo, lo luce suelto.

Lleva los labios pintados de rojo, al igual que sus amigas.

Me quedo unos segundos contemplándola, sin poder apartar la mirada, hasta que consigo reaccionar.

¿Qué diablos acaba de pasar?

Camille es la hermana de mi mejor amigo. Y yo no la veo de esa forma. Nunca la he visto así. Nunca.

Intento convencerme de que ha sido el cambio repentino, aunque ni siquiera es la primera vez que la veo así de espectacular. No recuerdo cómo reaccioné las otras.

Cole silba desde el sofá.

—Estáis espectaculares las tres —comenta. Se pone en pie y da un rápido beso a Hails en los labios. Después, se gira hacia Camille—. Creo que el polvo de esta noche está asegurado.

Todos ríen, excepto yo, que se me ha quedado atascado algo en la garganta. Empiezan a moverse para buscar chaquetas, bolsos, llaves. El caos se reactiva, pero me siento fuera de sincronía.

—Nos vamos —anuncia Jenna.

Consigo reaccionar por fin. Me digo que lo que acaba de pasar es fruto de varias cosas.

De que no esperaba ver a Camille así, de la carga y la presión a la que estoy sometido últimamente, del cansancio mental que acumulo.

Quizá también del cóctel que me he tomado. Ha sido instinto, sorpresa. Nada más.

Pero, por si acaso, me siento lejos de ella en el coche que viene a recogernos y evito mirarla más de la cuenta.