Capítulo 5
CAMILLE
Las últimas semanas están siendo una completa locura.
Siento como si me moviera con un piloto automático, siempre con tantas cosas que hacer que no soy plenamente consciente de ninguna, como si viviera disociada de la realidad y la vida no fuera más que un check list en el que ir marcando cosas que por fin he terminado.
Lo del check list es literal, pues vivo a base de hacer listas.
Estoy a tope con el Bed and Breakfast . Eso es bueno, porque quiere decir que tengo clientes y, por tanto, tengo dinero. No solo para vivir, sino también para invertir.
Estoy a tope con la reforma de Villa Ruina 2.
0. Eso es bueno, porque voy dentro del plazo que me propuse para abrir antes de verano.
Quiero aprovechar el lago para ofrecer actividades acuáticas, como pesca, paseos en barca, paddle surf , o simplemente baños.
Estos días me han estado ayudando algunos vecinos del pueblo, sobre todo del Residencial Woods, las cabañas que están alrededor del lago.
Y, por supuesto, estoy a tope con Caden.
Él es la única parte de mi vida donde vuelvo a ser yo.
A veces me siento una persona horrible por no pasar con él todo el tiempo libre del que dispongo, como si fuese peor madre por no dedicar mi existencia a mi hijo.
Quiero a Caden más que a nada en el mundo pero, aunque ser mamá es lo mejor que me ha pasado en la vida, no quiero ser solo mamá.
También quiero ser Cami, una adulta independiente con sueños e ilusiones.
Para compensar, intento que el tiempo con él sea todo de calidad. Hemos hecho cantidad de planes divertidos. La mayoría, relacionados con animales, pues es algo que adora.
Ahora, mientras él duerme tras un día intenso en el que hemos ido de excursión a una granja de alpacas (una de ellas le ha escupido en el brazo), yo estoy en el salón con mis amigos.
¿Me gustaría estar en la cama descansando?
Obviamente. Pero también quiero disfrutar de socializar un rato con personas a las que cada vez veo menos tiempo.
Hemos cenado unas hamburguesas de El Gato con Botas, el otro restaurante del pueblo, y ahora bebemos unas cervezas mientras hablamos y jugamos al Tabú.
Han venido Taylor, Adam y Sean. Echo de menos a Hailey, pero sigue en Nueva York. Pese a que viene a menudo con mi hermano a su cabaña en el lago, no es lo mismo que los meses que estuvo aquí viviendo.
Taylor está roja de tanto reír. Acaba de fallar tres turnos seguidos porque el hecho de que le prohíban explicar paraguas sin decir lluvia debería considerarse una trampa psicológica. Nunca se le ha dado bien este juego, pero las cinco cervezas que se ha tomado influyen también.
Yo intento mantenerme despierta con dignidad mientras gritan cosas del juego.
—¡Callaos un momento! —les pido, aunque yo también alzo la voz. No me he dado cuenta, pero me ha subido el alcohol.
Desde la habitación escucho un ruido. Me acerco corriendo al dormitorio de Caden, que sigue durmiendo.
Su cara refleja una pesadilla. Espero que no esté soñando con la alpaca otra vez.
Bastante trauma ha tenido con la baba pegajosa y el ataque a traición.
«Pero si yo solo quería ser su amigo», me ha dicho con los ojos llorosos.
Pobre, le ha dolido más pensar que no quería estar con él, que la agresión en sí.
Le doy un beso en la frente y le coloco a Tippy a su lado, su osito preferido.
—¿Está bien? —pregunta Sean cuando regreso al salón, mirándome con la cerveza medio levantada.
—Sí, creo que un mal sueño, pero sigue durmiendo. —Me siento de nuevo en el sofá—. Estaba valorando si irme ya a la cama o arriesgarme a que Taylor vuelva a intentar explicar una palabra sin usar sinónimos, gestos, ni la palabra en sí.
Taylor me lanza un cojín.
—¡Eh! ¡Solo ha pasado una vez! ¡Y era murciélago! ¡Murciélago! ¿Cómo se explica eso?
—Batman sin traje —apunta Adam.
Un instante de silencio y luego, una carcajada general.
Los miro a todos, con una sonrisa enorme en los labios. Tampoco me siento disociada en este momento, con ellos aquí y las risas envolviéndolo todo. Quizá mañana lamente no haber dormido más, pero hoy agradezco este ratito. Pasar tiempo con la gente a la que quieres recarga la batería emocional.
Escuchamos un ruido en el pasillo y, cuando me giro, veo una cabecita asomarse tras la puerta.
—¿Hay alpacas aquí? —pregunta Caden medio dormido, con un hilo de voz.
Mis amigos vuelven a reír. Yo me levanto corriendo para darle un abrazo.
—Tranquilo, ha sido una pesadilla. Voy a la cama contigo, ¿quieres?
—Sí, por favor. Me da miedo dormir solo.
—No os vayáis sin recoger —amenazo al resto—, pero podéis quedaros el tiempo que queráis.
Dejo a mis amigos en el salón y llevo a Caden a mi cama, que es más grande que la suya.
Ha sido una buena noche, aunque no estuvieran presentes todas las personas que me importan. Cojo el móvil para revisar las listas que tengo que cumplir mañana. Me encuentro con un mensaje de Hails.
Luke está aquí. Podrías hacer una escapada y venir a vernos, saldríamos todos juntos otra vez. Sé que es complicado, pero te echo de menos.
Después, otro de Cole.
Deja a Caden con mamá un par de días y vente a Nueva York. Te pago el vuelo.
Parece que lo han estado hablando y se han puesto de acuerdo. Tengo la confirmación tras el mensaje de Jenna.
Cógete un vestido bonito y vente para acá. Villa Ruina 2.0 puede esperar. ¡Ya estás tardando!
Sonrío sin poder evitarlo y, estoy a punto de dejar el móvil, cuando entra un último WhatsApp.
¿Te apetece un paseo por Nueva York? Tu hermano, mi hermana, la loca de Jenna, yo… Suena a planazo, ¿no? No te lo pienses. Te queremos aquí.
Una sensación cálida se apodera de mi pecho mientras pienso en ellos. Como sé que están juntos y que se lo va a transmitir a los demás, solo respondo a Luke.
Lo intentaré.
Tengo que hablar con mi madre para que se quede con Caden. A él le encanta dormir con la abuela y «hacer planes de mayores», que consisten sobre todo en cocinar.
Me aferro más a mi hijo para darle un abrazo. Él se remueve, dormido, y me abraza también.
Y me doy cuenta de que, por muy a tope que vaya, por muy disociada que me sienta, soy realmente afortunada por tener esta vida, por tener un hijo tan increíble, unos amigos fantásticos y una red de apoyo enorme que me ayuda con mis sueños.
Y me duermo pensando en eso.
En lo feliz que soy.