Capítulo 4
LUKE
En cuanto el avión aterriza y se abren las puertas, cojo mi maleta y salgo disparado. Ya me he despedido de Allie en el baño, no tengo intención de hacerlo de nuevo. No estoy huyendo de ella, sino de la gente en general.
Tardo apenas diez minutos en llegar a la salida del Internacional John F. Kennedy y escapar tan rápido, que parece que me persiga una banda del crimen organizado.
Cojo el móvil y abro la conversación con Cole para ver dónde me espera. Me ha enviado su ubicación en tiempo real para que pudiese localizarlo.
Mi amigo se baja del coche al verme y nos abrazamos. Llevamos un par de meses sin quedar, pero siempre se siente como si fuese demasiado tiempo.
—¿Qué tal estás? —se interesa.
—Deseando llegar a casa. ¿No ha venido Hails? —pregunto por mi hermana.
—Está agobiada con el nuevo plazo de entrega de la novela y, como estaba inspirada, se ha quedado escribiendo. La he obligado yo, ella quería venir a recibirte.
—No hace falta, me gusta que se quede escribiendo —afirmo con una sonrisa.
Después del bloqueo que tuvo hace año y medio, verla tan motivada con sus nuevos libros es una de las pocas cosas que consigue alegrarme últimamente.
Guardo el equipaje dentro del maletero y, al alejarme un poco, Cole suelta una carcajada.
—¿Qué pasa? —indago sin entender.
—Tío, tienes la bragueta bajada. ¿Qué has hecho en el avión?
—A lo mejor solo he ido a mear.
—Sí, y te has peleado con alguien que te ha dejado el pelo como si fueses un león. Oh, bueno —añade y se acerca un poco más. Me toca el cuello y ensancha la sonrisa—, te has peleado con el león, a juzgar por estos arañazos.
—Una leona, sí —admito por fin—. Ha sido solo un polvo, nada más. Vamos a casa, estoy deseando llegar de una vez.
—El vuelo no es tan largo, ¿estás cansado?
—No estoy cansado por el vuelo.
Rodeo el coche para subirme en el asiento del copiloto y doy por finalizada la conversación.
O eso creo, porque en cuanto Cole empieza a conducir, la reanuda.
—¿Seguro que estás bien? —repite la pregunta inicial.
—Claro que sí, ¿por qué no iba a estarlo?
Hay una pausa en la que me mira. Es incómoda, pues él sabe que estoy mintiendo y yo sé que se ha dado cuenta.
Por un momento, pienso que lo va a dejar estar, que no va a insistir con el tema, que ha notado que no quiero hablar sobre ello.
Si lo hiciera, no sería mi mejor amigo, sino algún tipo de extraño al que no reconocería.
—Yo también pasé por ahí, Luke —asegura, los ojos de nuevo fijos en la carretera—. Cuando me lesioné…
—No estoy lesionado —espeto con los dientes apretados, conteniendo la rabia.
Entiendo que algunos periodistas deportivos puedan dudarlo, ¿pero él? Ni de coña. Eso me duele más que las críticas diarias que recibo por haber arruinado la temporada del equipo.
—No me refería a eso, ya sé que no estás lesionado —afirma enseguida—.
Hablo del machaque de la prensa, del miedo a no saber si vas a poder volver a jugar igual.
En mi caso fue permanente, en el tuyo no tiene por qué serlo.
Y, de todos modos, aunque lo fuese, aunque no te apeteciese o no pudieses volver al campo con la misma intensidad, no les debes nada, joder.
Tú les has dado y dado y dado, y la gente se cree que tiene el derecho a reclamarte algo, pero no lo tiene.
—No me importa lo que digan —empiezo y, cuando me fulmina con la mirada, lo intento de otro modo—: Bueno, sí me importa, pero no tanto. El mayor machaque que tengo es conmigo mismo y con mis compañeros.
—¿Ellos te culpan?
—No. Somos un equipo, dicen que es cosa de todos.
Y lo entiendo, de verdad que sí, pero siempre me han considerado el pegamento del grupo, el quarterback perfecto.
He disfrutado de ese privilegio durante años y, ahora que las cosas van mal, no puedo decir que es el equipo.
Ellos me necesitan. Sin mí, la motivación no es la misma.
—¿Eso es lo que te falta? ¿Motivación? ¿O hay algo más?
—No lo sé, Cole, no lo sé. No sé si ha sido una mala racha de la que no he sabido salir y cada vez me he ido hundiendo más, si la edad empieza a pasar factura y ya no estoy tan activo como a los veintidós, si es algo mental que me bloquea…
Solo sé que no termino de concentrarme en el juego, por eso nada me sale bien.
—Tenemos unos meses por delante para que vuelvas a conectar contigo mismo. A mí me ayudó mucho regresar a Harper Springs.
—A ti te ayudó mi hermana —me burlo.
—Fueron las dos cosas —responde él y sonríe, sin percatarse para nada de mi tono.
Es asquerosamente feliz ahora mismo, y está tan asquerosamente enamorado, que su sonrisa refleja todo —.
Si quieres refugiarte allí, mi cabaña es toda tuya, ya lo sabes.
En el pueblo no hay prensa, ni ruido externo molesto.
—Si estuviese buscando eso, no acabaría de aterrizar en Nueva York.
Cole suelta una carcajada y yo lo imito.
Aparca un poco después y bajamos del coche.
Mi hermana vive en Manhattan, en un piso estupendo que comparte con Jenna, su mejor amiga. Mientras Hails escribe una novela, Jen trabaja en su revista soñada.
Cole tiene sus propias llaves del apartamento, así que nos plantamos directamente en el interior.
Hailey está de espaldas, escribiendo en el escritorio que hay en el salón. Se gira nada más escuchar la puerta y viene corriendo hacia mí para darme un abrazo. Se lo devuelvo con ganas, con fuerza.
Mi familia es pequeña. Hubo miembros que salieron porque no querían formar parte de ella, pero a día de hoy ya no me importa. He aprendido que solo quiero conmigo a la gente que me quiere con ella, y los demás sobran.
—Te he echado mucho de menos —me dice sin soltarme.
—Si solo han sido dos meses —replico. A veces pasamos temporadas más largas sin vernos.
—No voy a preguntarte qué tal estás, porque Cole te habrá hecho ya un intensivo —comenta tras separarse.
Miro a mi amigo y me río. De repente, ya no tengo tan claro si Hailey se ha quedado en casa porque estaba inspirada, o Cole ha preferido ir solo para que hablásemos los dos—, pero ya sabes que me tienes aquí para lo que necesites.
—Lo sé.
—¡Luke, ya has llegado! —exclama Jenna. Está en el extremo del pasillo y, a juzgar por sus pintas, parece que ha salido corriendo de donde estuviera para venir a saludarme—. ¿Esta noche se sale?
—Esta noche se sale —confirmo.
Todavía no tengo muy claro qué es lo que necesito. Por ahora, la perspectiva de pasar unos días junto a tres de las personas que más quiero en el mundo me gusta demasiado.
Pienso aferrarme a ellos.