Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 2
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Capítulo 2

LUKE

Es viernes noche, pero estoy tirado en el sofá de mi casa sin ganas de salir.

Sobre la mesa reposan los restos de unos noodles que he devorado.

De fondo, un programa en la tele recibe toda mi atención.

Varios reporteros deportivos están debatiendo sobre el final de la temporada regular.

Debería cambiar de canal, o apagar este trasto y hacer algo menos lesivo, como leer un rato, dormir, o aceptar alguna de las invitaciones a fiestas que me han llegado para este fin de semana.

En su lugar, cojo el mando y subo el volumen.

—Ha sido una temporada nefasta para los Eagles —está diciendo Jim, uno de ellos—, no se han clasificado para los playoff .

—En eso estamos de acuerdo, pero no creo que podamos echarle la culpa únicamente a Luke Bedford. No ha tenido un buen año…

—Ha tenido un año horrible —lo interrumpe el primero.

—El equipo tiene más jugadores y, al final, la culpa recae en el entrenador. Si un jugador no está cumpliendo, por mucho que sea su estrella, ¿no debería retirarlo antes de tirar por la borda toda la temporada? A Sirianni le ha faltado decisión.

—Estamos hablando de Luke Bedford, no sé si es tan sencillo mandarlo al banquillo.

—La edad es un factor a tener en cuenta —interviene un tercero—. Algunos privilegiados consiguen extender su carrera más allá de los treinta y cinco, pero no es para todos. La forma física se va perdiendo.

—Que me lo digan a mí —comenta Jim y se palmea la barriga—. Estos kilos de más antes no estaban ahí.

—Travis Kelce sigue en activo, y ganando títulos.

—Travis es de los privilegiados, y no solo por su carrera. Ese hombre ha cazado a Taylor Swift.

—El verdadero privilegio —bromea otro y todos ríen.

El tema de conversación va desvariando cada vez más mientras hablan de la boda de la cantante y otros líos románticos entre famosos.

Estoy a punto de apagar la televisión, cuando el propio Jim me vuelve a mencionar.

—Lo que es una realidad es que Luke Bedford no está a la altura del jugador que fue y que, quizá, tenga que ir valorando una retirada. Como siempre decimos, más vale irse en lo alto, que después de la caída.

—¿Ha podido sufrir una lesión y que no lo sepamos? —pregunta Olivia, una periodista que suele caerme bien—. Su amigo Cole Jenkins también pasó por ahí.

—Si estuviese lesionado, lo sabríamos.

Apago la televisión.

—¡No estoy lesionado! —le grito a la pantalla ya apagada.

Soy consciente de la mala temporada que he realizado. El hecho de que piensen que he jugado con una lesión, en lugar de completamente sano, habla mucho de mis números.

No quiero tener que dejarlo. Acabo de cumplir treinta años, esperaba poder continuar un poco más. Volver a ganar una Super Bowl , algún título importante. Retirarme en lo alto, como ha dicho Jim.

El teléfono suena de pronto y sé quién es sin necesidad de ver su nombre. Respondo al primer tono, pues va a insistir e insistir hasta que lo coja.

—Hey, tío, ¿qué pasa? —saludo a mi mejor amigo.

Conocí a Cole en la universidad y la conexión fue inmediata.

No tardamos en volvernos inseparables y, cuando ambos firmamos un contrato para jugar de forma profesional con los Filadelfia Eagles, eso solo nos unió más.

Por él haría cualquier cosa, incluso perderme una final de la Super Bowl si me necesita a su lado.

Nuestra amistad ha pasado por un único bache: cuando me enteré de que Cole trataba de ligarse a mi hermana pequeña.

Pensaba que para él era otra chica más que llevarse a la cama durante un tiempo y después alejarse.

Conocía el expediente amoroso de Cole y a eso había que sumar que, mientras él tenía veintiocho años, Hails solo contaba veintidós.

Tras lo que pasó con Lucy, siempre he sido muy sobreprotector con Hailey.

Tengo pánico de que algo malo pueda sucederle, de perderla como perdí al resto de mi familia.

Después de todo, ahora ella es la única familia de sangre que me queda.

Me llevó un tiempo darme cuenta de que lo que había entre ellos era real y yo me había comportado como un imbécil. También, aceptar que el hecho de que Hailey fuese mi hermana pequeña no la convertía en alguien dependiente ni incapaz de tomar sus propias decisiones.

Ellos tienen una relación sana, bonita y formal.

Y yo tengo la suerte de tener un cuñado al que considero un hermano.

—¿Cómo estás? —responde él con otra pregunta—. He visto el programa y sé que tú también. No hagas caso de nada de lo que dicen, esa gente disfruta creando polémica y…

—Tienen razón, Cole —lo corto. No sueno brusco, pero es una realidad que no voy a negar—. Este año he estado como distraído, no he jugado bien. Le he costado la temporada al equipo. Tengo que centrarme de nuevo.

—¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué estás distraído?

—Ni siquiera lo sé —admito—. Siento que no estoy donde tengo que estar.

—¿Por qué no te vienes a Nueva York? Voy a pasar unos días con tu hermana. Podemos hacer planes por la Gran Manzana. Seguro que te vendrán bien.

Lo cierto es que en Filadelfia no tengo nada que hacer, ahora que no hay entrenamientos ni partidos que jugar.

Necesito buscar un entretenimiento para estos meses, algo que me ayude a encontrar la motivación para callar bocas la temporada que viene.

No creo que lo vaya a encontrar en Nueva York, pero unos días con Cole y Hailey suenan mucho mejor que la alternativa de quedarme en el sofá comiéndome la cabeza.

—Voy a mirar vuelos —respondo al final.

—¿Ha dicho que sí? —Oigo la voz de mi hermana—. ¡Ha dicho que sí!

—¿Estáis juntos ahora? —pregunto sorprendido.

—No, me ha llamado a la vez. Estaba preocupada por ti.

—Qué idiotas sois. Nos vemos en unos días. Os quiero.

—¡Te queremos!