Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 1
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Capítulo 1

CAMILLE

Me dejo caer en el suelo, totalmente exhausta, y me fijo en el exterior.

El sol brilla ya con la poca intensidad de los últimos rayos. Otro día más en el que los minutos corren sin que me dé cuenta. El reloj de la pared marca las siete de la tarde. Es lo único que decora la estancia, aunque no es un adorno en sí, sino que cumple con un fin práctico.

Me miro las manos y las piernas, llenas de polvo, serrín y algunos cortes recubiertos con tiritas. Después, contemplo el fruto de mi trabajo. La pared que estoy reparando ya está casi terminada. Todavía falta lijarla y barnizarla, pero no quedan tablones rotos ni carcomidos.

Cuando compré dos cabañas junto al lago no valoré bien todas las reparaciones que necesitarían.

Reconstruir Villa Ruina y transformarla en mi Bed and Breakfast fue complicado, un proceso largo y lleno de esfuerzo y sacrificio, pero en todo momento conté con la ayuda de mi hermano.

Ahora, Cole vive en Búfalo y el tiempo libre del que dispone lo emplea en viajar a Nueva York para estar con Hailey, su novia.

Estoy feliz por ellos. Llevan juntos más de un año.

Adoro a mi hermano y me alegro por él, pese a que eso implique tener que reformar las cabañas yo sola.

Todavía estamos en abril y quiero abrir para la temporada de verano. Casi tres meses de trabajo duro, que confío en que merezca la pena.

Me aseo con la manguera del jardín delantero, me pongo ropa limpia y espero a subir al coche para llamar por teléfono con el bluetooth conectado.

—Hola, mamá —saludo en cuanto responde—. Ya voy de vuelta. Perdona, se me ha hecho tarde.

—No te preocupes. Caden ya ha cenado.

—¿Se ha dormido?

—No. Ahora mismo está jugando en el salón. Me ha dicho que quería esperarte para que le leyeses el cuento.

—Dile que enseguida llego.

—Te he traído cena del restaurante. Hoy cierra Hannah.

Mi madre regenta el Rincón de Maggie, uno de los dos únicos restaurantes de la zona. Aunque vivir en un pueblo como Harper Springs tiene sus limitaciones, no lo cambiaría por nada del mundo.

Hannah es una chica que llegó hace poco y Maggie la contrató haciendo gala de la hospitalidad local.

Me dijo que estaba cansada de trabajar tanto, que quería dedicarle más tiempo a su nieto.

Creo que fue sincera, pero también estoy convencida de que lo hizo para que yo pudiera centrarme en mi nuevo proyecto.

Mi madre y Caden están en el salón cuando entro. Ella me saluda con una sonrisa. El pequeño se pone en pie nada más verme y viene corriendo para abrazarme. Me olvido del cansancio, lo cojo en volandas y lo aprieto con ganas.

Este niño ya ha cumplido seis años y yo siento que me los han robado, porque tengo la sensación de que ayer mismo era un bebé diminuto.

—¡Has vuelto!

—¡Claro que he vuelto! —le aseguro y me aferro un poco más a él.

A veces me siento una madre horrible por no pasar más tiempo a su lado.

Por las mañanas, cuando él está en el colegio, yo trabajo en el Bed and Breakfast .

La reforma solo puedo continuarla por las tardes, así que las reparto.

Paso tres en las cabañas y el resto con él.

Siempre tengo la sensación de estar fallándole.

—¿Te has cepillado los dientes? —le pregunto una vez lo dejo en el suelo. Caden abre la boca para enseñarme una dentadura blanca. Le falta una de las paletas, que se le cayó hace poco—. ¡Muy bien! ¡Hasta parece que brillan!

—Creo que dentro de poco se me va a caer otro, quiero que el hada de los dientes se ponga contenta cuando se lo lleve.

—Se pondrá contentísima.

—¿Podemos leer ese cuento hoy? ¿El del hada de los dientes?

—Podemos leer todos los que quieras. Vamos a despedirnos de la abuela y a la cama.

Caden le da un abrazo y, después, sale disparado hacia su habitación.

—No quería que se me hiciera tan tarde, perdona —vuelvo a disculparme.

—No pasa nada, cariño, me gusta cuidar de él.

—Pero…

—Lo estás haciendo bien, Cami —me asegura, sin necesidad de que yo diga nada.

Es mi madre, después de todo. Me conoce mejor que nadie—.

Has sacrificado mucho por tu hijo. Tenerlo tan joven hizo que renunciaras a muchas cosas.

No es malo que quieras apostar por tus sueños, ni que te priorices.

Sigues siendo una madre increíble. Yo lo sé. Caden lo sabe. Créetelo tú también.

Los ojos se me llenan de lágrimas. Últimamente estoy más delicada, más sensible. El cansancio, la culpa, las hormonas… Todo influye en cierta manera. Por eso no puedo evitar llorar ante su aprobación, porque sus palabras reconfortantes son lo que necesito.

—Gracias —digo y la abrazo con cariño.

—¡Ya he preparado el cuento! —grita Caden desde su dormitorio.

Me despido de Maggie, me quito los zapatos y me meto en la cama con Caden.

Tengo que hacer un esfuerzo tremendo para no caer antes que él, pues es tumbarme en el colchón y el sueño me invade. Cuando su respiración se relaja y veo que ha cerrado los ojos, me acurruco a su lado y me limito a dormir.

Sé que apostar por mis sueños iba a requerir sacrificios, pero no esperaba que fuese tan duro. No quiero renunciar a ellos. Tampoco quiero pedir ayuda a Cole. Solo necesito una forma de conciliarlo todo.

A la Cami adulta con la Cami mamá.

Algo que parece simple y que a menudo se me antoja imposible.