Tras la tormenta de Harper Springs
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Prólogo
La vida no debería medirse en años, sino en instantes. En esos que suceden de pronto, que acontecen en un parpadeo y lo cambian todo para siempre.
El momento en el que materializas un sueño y lo acaricias con los dedos.
La fracción de segundo en la que unas manos se rozan y todo el aire alrededor se vuelve eléctrico.
El suspiro que escapa sin querer cuando alguien dice tu nombre de una manera que te hace sentir único.
El abrazo que no necesita palabras, porque ya lo expresa todo.
El latido preciso en el que miras a una persona y descubres que te has enamorado de ella.
El minuto exacto en el que te das cuenta de que tu vida está a punto de cambiar para siempre y sin retorno, no porque lo planearas, sino porque las circunstancias te han arrollado sin que pudieras evitarlo.
Tengo claro cuál fue el primer instante que marcó mi vida. Estaba jugando en el jardín de mi casa con mis dos hermanas pequeñas. La pelota se fue a la carretera. Lucy fue a cogerla. Yo grité para que se detuviera. Ella lo hizo.
Y entonces un coche se la llevó por delante.
Ese instante terminó con la vida de Lucy, y con todas las de la familia Bedford.
Después de eso, la existencia dejó de tener sentido. Me dediqué a vivir del miedo, de la culpa, de la impotencia. Hasta que llegó un nuevo instante que lo cambió todo. El instante que derrumbó todas mis creencias, que me convirtió en un traidor, en un hipócrita.
El instante que me llevó a descubrir que ella era… Ella .