Capítulo treinta y cinco #2
Y eso no es nada comparado con lo que está sucediendo detrás.
Ya no es solo que el color guard haya coreografiado una rutina entera para acompañar la canción, sino que la mayoría de la sección de percusión la está interpretando junto a ellos.
Se me van a salir los ojos de las órbitas.
Con todo lo que estaba ocurriendo, ni siquiera me preocupé de exigir que cumplieran las condiciones de la apuesta.
Pero ahí están, con banderas de distintos juegos, lanzando miradas furtivas al color guard mientras intentan completar una serie de molinos y ochos.
Y lo más increíble es que se están riendo mientras lo hacen.
De verdad parecen contentos haciendo el ridículo delante de todos.
Ni en mil años habría imaginado presenciar algo así.
Me llevo la mano a la boca, intentando memorizar la actuación.
¿Por eso nadie de mi equipo tenía tiempo para quedar?
Miro alternativamente a Nova, Felix y Li, que no pueden parar de reír mientras, unos al lado de los otros, hacen drop spins .
¿Cancelarían la partida de D & D del domingo pasado para poder ensayar?
Max da un paso al frente cuando entran en la última parte de la canción, lo que parece ser la señal para cambiar de formación.
Bajo unos cuantos escalones de las gradas para verle mejor la cara.
No tiene esa expresión de suficiencia u orgullo que suele poner cuando está tocando.
En vez de eso, tiene los ojos clavados en mí con la expresión más esperanzada y dolorosa que he visto nunca.
Me da un vuelco el corazón y bajo otro escalón más.
Las gradas estallan en vítores y suspiros.
Atónita, me obligo a mirar al conjunto entero, no solo a Max, y suelto un grito de sorpresa.
Se han salido de las líneas rectas para formar un corazón.
Apenas tengo tiempo de aplaudir antes de que vuelvan a cambiar de posición para formar…
¿un triángulo? Qué raro. Y, unos segundos después, cambian a otra formación: el número veinte.
Los miro fijamente, confundida, y luego me echo a reír cuando lo entiendo todo.
El corazón es obvio, pero el veinte solo puede referirse a un veinte natural, el número más alto que puedes sacar con un d20.
¿Y qué no falta nunca en nuestras partidas de D & D?
Nachos, cómo no, con totopos triangulares.
Niego con la cabeza, atónita. Esta actuación puede que sea lo más cursi que he visto en la vida, aunque tengo la vista demasiado nublada por las lágrimas de alegría como para estar segura.
A mi alrededor, todo el mundo ríe y aplaude.
Se lo están pasando en grande, aunque dudo que entiendan del todo lo que está pasando.
Pero yo sí lo entiendo.
Lo que tengo con Max ya ha dejado de ser un secreto. Toda la banda lo sabe. Max acaba de anunciar por un puñetero megáfono lo que siente por mí. Al darme cuenta, noto como si me costara respirar.
El grupo toca la última nota y el público estalla en aplausos.
Se inclinan en reverencias exageradas y chocan las manos mientras Max se quita los tirantes de los tambores y echa a correr hacia mí.
Yo bajo los últimos escalones casi a la carrera y, de lo rápido que vamos, estamos a punto de chocarnos.
—Max, menudo… —Niego con la cabeza, incrédula—. ¿La canción del coche? ¿Y esas formaciones? Estoy flipando.
—¿En serio? —Puedo notar cómo le desaparece parte de la tensión—. No sabía si me estaba pasando o me quedaba corto.
—Ha sido todo perfecto, además de escandaloso y desmesurado. —Lo miro, maravillada—. ¿Cómo lo has conseguido?
—Primero le conté la idea a Nova. Estaba bastante cabreada conmigo, como ya sabrás, pero al final se apuntó cuando le expliqué el plan.
Felix y Li aceptaron al instante. Son fieles miembros del grupo hasta el final.
Luego Li me propuso hablar con el resto del color guard, lo cual no me convencía mucho porque, bueno, ya sabes, pero, para mi sorpresa, aceptaron.
Me sometieron a un interrogatorio, eso sí, pero supongo que les gustaron mis respuestas porque lo dejaron todo y montaron la coreografía por su cuenta.
—Sonríe con cariño—. Y los demás son amigos.
A los de percusión les pareció un buen gesto actuar con el color guard, aunque no sea exactamente lo que acordamos en la apuesta.
Pero ahora se llevan mejor. Evidentemente, no todos han querido participar, pero bueno.
—No puedes caerle bien a todo el mundo.
Soy ligeramente consciente de que todos siguen en el campo y en las gradas, mirándonos y murmurando.
—Nos está mirando mucha gente —susurro.
Max pone una mueca.
—Lo sé. Esa era la parte que más me preocupaba. ¿Quieres que vayamos a otro sitio? Podríamos hablar y…
—¡Max! —grita a pleno pulmón una integrante del color guard , no distingo quién, pero creo que es Addison—. ¡Dile que la quieres!
Me quedo paralizada del horror. Miro a Max a los ojos.
—Dios —digo—. Qué vergüenza. No hace falta que…
—Hazel. —Levanta con cautela las manos para enmarcarme la cara.
Imagino que estará nervioso por la multitud que nos rodea, pero en realidad está sereno.
Me acaricia la mandíbula con los dedos cálidos y yo soy pura gelatina entre sus manos—.
Pues claro que te quiero. Llevo obsesionado con conquistarte desde el jueguecito de las miradas en la banda, en el que no quisiste mirarme.
Me tiemblan tanto las piernas que creo que, si me tengo en pie, es solo gracias a él.
—Pero… dijiste que era tu estrategia para ganar.
—No tenía ninguna estrategia. Es que no podía apartar la vista de ti. —Su pulgar me roza la piel sensible de debajo de la oreja y un escalofrío me recorre la espalda—. Necesitaba que me miraras. Solo una vez. Y lo hiciste.
—No puede ser verdad. Jamás te dejarías ganar contra mí.
Max desliza las manos por mi cuello.
—En realidad fui yo el que ganó.
Me esfuerzo por contener la amenaza de las lágrimas.
—Eres mi mejor amiga. No hay nadie que me entienda como tú —susurra—.
No hay nadie con quien prefiera pasar el tiempo, discutir o incluso perder una apuesta.
Subiría ahora mismo a la grada a decírselo a todos los presentes si me lo pidieras.
He sido un imbécil integral y siento muchísimo haberte hecho daño.
Sé que no me merezco tu confianza. —Apoya la frente contra la mía—.
Pero estoy muy enamorado de ti y haría lo que fuera por recuperarte.
—Max —murmuro—. Yo también te quiero. Muchísimo. He estado fatal sin ti.
—¿En serio?
—Sí —susurro—. Todo en mi vida es peor si tú no estás. Pero necesito que hagas una cosa por mí.
Se aparta un poco, con el ceño fruncido por la preocupación.
—Lo que quieras.
—¿Quieres besarme de una vez? —Le suplico con la mirada—. Me estoy muriendo.
Se ríe, en una carcajada nítida y luminosa.
—Es lo que más ganas he tenido de hacer en la vida.
Y entonces me inclina hacia atrás con teatralidad. Noto su sonrisa en los labios cuando los posa contra los míos. A nuestro alrededor estallan gritos y silbidos de alegría.
Por primera vez, los dos hemos ganado al final de una actuación de la banda.