Capítulo treinta y cuatro
M i madre está sentada a la mesa de la cocina cuando entro en casa. Me dedica una débil sonrisa.
—Hola.
No me doy prisa en dejar la mochila en el suelo y quitarme las zapatillas con la punta del pie. Ojalá pudiera pasar de largo y subir directa a mi habitación, pero me seguiría. O quizá no, y entonces llegaría mi padre y nos obligaría a sentarnos a hablar.
Suspiro y me siento frente a ella. Tengo que reconocer que no tiene buen aspecto: los ojos enrojecidos, la cara colorada y el pelo revuelto como se me pone a mí cuando estoy desbordada y no puedo dedicarle el tiempo que se merece.
He evitado mirarme en ningún reflejo de camino a casa, pero estoy segura de que yo tampoco estoy mucho mejor.
—Hazel —dice en voz baja y frágil. No la miro—. Siento muchísimo haberme perdido lo de hoy. Sabes lo ilusionada que estaba por estar allí apoyándote a ti y al resto de la banda. Te prometo que no lo he hecho a propósito.
—Ya lo sé.
Si lo hubiera hecho a propósito, esta conversación sería muy distinta.
Pienso en Max y en lo dolido que estaba cuando se enteró de que su padre no iba a ir al campeonato estatal por decisión propia.
Eso sí que es casi cruel. Lo de mi madre solo ha sido un error, y yo también he cometido unos cuantos.
Aun así, noto la rabia en mi interior. ¿Cómo puede meterme tanta presión y no aplicarse el cuento?
Tiene tiempo para cocinar platos complejísimos para sus partidas de D & D, para asesorar al club de 4-H de Kelsey y para apuntarse a todo tipo de voluntariados, pero ¿hoy no ha podido priorizarme a mí?
Como sigo callada, pregunta:
—Dime, ¿quieres contarme cómo ha ido?
Se me revuelve el estómago y se me cierra la garganta.
No quiero decírselo y ver cómo intenta disimular la decepción.
No quiero escuchar sus palabras condescendientes.
Si al menos hubiera estado en el instituto, quizá me habría perdido su reacción inicial porque habría estado muy ocupada felicitando a Nova.
Pero aquí, en el silencio de esta cocina, no sé si voy a ser capaz de decirlo.
—Pues… Li ha ganado el premio de noveno —respondo con cobardía.
—¡Qué maravilla!
—Se quedó sorprendidísima. —Sonrío por un instante—. Pero no había color. Estaba cantado.
—Como tú en primero.
La miro a los ojos y las lágrimas que estaba conteniendo por fin me resbalan por las mejillas.
—No he ganado, mamá. ¿Vale? Sé que querías que ganara, pero no he ganado. —Trago saliva para contener el sollozo—. Lo siento.
Empujo la silla hacia atrás para irme, pero mi madre se inclina y me agarra la mano.
—Espera, Hazel, por favor. —Se levanta, tira suavemente de mí para ponerme en pie y me envuelve en un abrazo—. No pasa nada —susurra.
Lloro aún con más fuerza y creo que ella también está llorando, pero no estoy segura. Al cabo de unos minutos se aparta y me mira con atención.
—No sabía que lo desearas tanto.
Niego con la cabeza.
—No es eso. No estoy llorando por el premio. A ver, sí, ganar siempre hace ilusión y he trabajado muchísimo con el color guard esta temporada, pero no pasa nada. Lo ha ganado Nova y se lo merecía totalmente. Nunca había ganado nada parecido y yo sí. Me alegro por ella.
—Yo también. Es una chica estupenda.
—Pero sé cuánto lo deseabas tú. Querías que siguiera tu legado, y no lo he hecho. —Vuelvo a tragar para que no se me quiebre la voz—. Te he fallado. Casi mejor que no hayas estado allí para verlo.
—¡No! —Me sujeta la cara entre las manos—. Me da igual el premio. Me dan igual las puntuaciones que saquéis en el estatal. Me da igual si esta noche decides dejar la banda. Lo único que quiero es que seas feliz. Nunca he querido otra cosa.
Niego con la cabeza al oír sus palabras.
—Es verdad. Escúchame bien. —Baja las manos para apretar las mías—. No me importa nada más que tu felicidad. Sí, puede que esta temporada haya estado un poco intensa…
Se me escapa una risa, lo que es una sensación rarísima porque sigo llorando. Mi madre sonríe con pesar.
—Pero esa intensidad no era por los premios ni por las calificaciones.
Es que me acuerdo de lo feliz que fui en la banda, de la alegría de hacerlo bien en el campeonato estatal y de lo especial que fue ganar aquel premio.
Fueron de los mejores momentos de mi vida.
Y pensaba que, si tú vivías algo parecido, sentirías lo mismo que yo. Pero está claro que me equivocaba.
—Yo ya era feliz, incluso sin todas esas cosas.
Y no es que no quiera que a la banda le vaya bien, pero es agotador sentir esta presión todo el rato.
Hoy, por ejemplo, quería centrarme en Nova y en Li, pero no dejaba de pensar en que tú no estabas allí y en cómo ibas a reaccionar cuando supieras el resultado.
Mi madre se deja caer despacio en la silla y se seca las lágrimas, y yo hago lo propio.
—No quería que pasara algo así. —Se encoge—. Siento si por mi culpa este año no has tenido la experiencia que esperabas. Es justo lo contrario de lo que quería.
Se la ve destrozada. Desde que me di cuenta de que hoy no iba a venir, he estado enfadada y dolida, pero sobre todo asustada. Me preocupaba que su reacción acabara conmigo, pero al final soy yo quien está haciéndole daño a ella.
Me inclino hacia delante.
—Mamá, he tenido un curso increíble en la banda.
He estado con mi mejor amiga, he tenido un grupo alucinante y le hemos ganado a Oak Grove, que es algo que nadie había conseguido en años.
Puede que nuestros últimos cursos no hayan sido idénticos, pero los dos han sido muy buenos. No tienes que preocuparte.
—¿Seguro? —Alza la mirada, esperanzada.
—Seguro. —Le aprieto la mano—. Y, además, he tenido unos padres que han venido a todas y cada una de las actuaciones, que animaban tan fuerte que los oía desde la otra punta del campo y que llevaban camisetas y chapas humillantes.
Mi madre se ríe entre sollozos y yo hago lo propio.
—Y no todo el mundo tiene unos padres así. Mi último año no habría sido igual de bueno sin vosotros a mi lado en todo momento.
—Ay, Hazel —susurra, y me estrecha otra vez entre sus brazos—. Siento muchísimo no haber ido hoy.
—No pasa nada. —Le devuelvo el abrazo—. Pero hay algo que puedes hacer para compensarlo.
Se aparta y me mira expectante.
—Dime qué es. Haré lo que tú quieras.
—No os pongáis en el estatal las camisetas con esa horrible foto mía.
Mi madre se echa a reír.
—¡Oye, he hecho lo que he podido!
—Has elegido una en la que se me ve perfectamente el grano.
—Ah, ¿sí? No me había dado cuenta. Para mí siempre estás guapísima.
—¡Mamá! Es una foto malísima. —Suspiro—. Vale, podéis ponéroslas, pero solo durante la actuación. Llevaos jerséis o algo para taparlas en el viaje de vuelta.
Se ríe.
—Hecho.
Estoy temblorosa y el corazón aún me late a mil por hora tras la conversación, pero también me siento ligera, como si pudiera salir flotando hacia el cielo si no hubiera techo encima de mí.
Mi madre, en cambio, parece agotada. Si apoyara la cabeza en la mesa, estoy segura de que se quedaría dormida al instante.
—¿Estás bien? —le pregunto—. No es por hurgar en la herida, pero nunca te pierdes nada de la banda.
Se ríe con tristeza.
—¿Nunca has tenido un día o una semana en la que sientes que no das abasto?
—Muchas de mis semanas son tal cual.
Se reclina en la silla.
—¿En serio? Pero si tú siempre lo tienes todo bajo control.
Me quedo boquiabierta.
—¿Que yo lo tengo todo bajo control? Es justo lo contrario. Entre ser capitana y DM por primera vez, además de las clases, me daba la sensación de que no dejaba de pifiarla y defraudar a la gente. La superheroína aquí eres tú.
—Últimamente no. Si alguna vez miraras la aplicación de notas de mi móvil, verías como cinco mil millones de notas a medio completar para intentar organizarme. Pero, aun así, a veces falla. Como hoy.
—Igual lo de hoy ha sido para bien. Si nos ponemos a analizarlo.
—Puede. Me alegro de que hayamos hablado, aunque ojalá hubiera sido en otras circunstancias. Gracias por no evitarme.
—Gracias a ti por dedicarte a hacer unas camisetas escandalosamente vergonzosas con mi cara.
Mi madre se ríe y se levanta.
—De nada.
—¿Necesitas ayuda con la cena? —Normalmente, a media tarde, mi madre ya tiene la olla de cocción lenta o la olla exprés o cualquier otro cacharro en marcha.
—Qué va. Le estoy escribiendo a tu padre: hoy cenamos fuera. Creo que a las dos nos vendrá bien desconectar.