Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo treinta y tres #2
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Capítulo treinta y tres #2

Me reclino contra el respaldo de la silla.

Me zumban los oídos y apenas oigo al resto de la banda.

No ha venido a la entrega de premios. No va a verme ganar ni perder.

Debería… estar contenta. ¿No era esto lo que quería?

Una de las cosas que más me angustiaban era ver su cara cuando se diese cuenta de que había perdido, y ahora no tendré que pasar por ese trago.

Pero, en lugar de alivio, noto el escozor de las lágrimas que me asoman tras los ojos.

—Y, por último, pero no menos importante, tengo el placer de anunciar el premio a mejor integrante de duodécimo —dice Milord.

Su voz me llega como si estuviera bajo el agua—.

Este año hemos tenido un grupo extraordinario de alumnos de último curso y la decisión ha sido muy difícil.

Ojalá pudiera dar cinco premios, pero solo hay sitio para un nombre.

Recorro la sala con la mirada. Todo el mundo está pendiente de Milord.

Todos menos Max.

Me está mirando directamente, y la preocupación en su rostro atraviesa mi fachada de neutralidad. Me seco el ojo izquierdo antes de que me caiga una lágrima y él hace ademán de levantarse.

—¡Nova Walsh!

Los dos nos quedamos clavados y giramos la cabeza hacia Nova.

Ella está rígida, con la postura perfecta y la boca abierta, mientras la sección entera de clarinetes grita y la rodea.

Max y yo salimos corriendo hacia su sección.

Por el rabillo del ojo veo a Brody ponerse también en pie, con una expresión cargada de rabia y decepción.

Durante un instante fugaz siento la satisfacción de que no haya ganado él, pero enseguida se me pasa.

No merece ni un segundo de mis pensamientos.

Aparto todas esas ideas de mi mente y abrazo a Nova en cuanto puedo acercarme a ella.

—¡Nova! ¡Me alegro muchísimo por ti!

Está temblando. Me aparto para que Max también pueda abrazarla.

—¿Cómo he podido ganar? —pregunta.

—Porque te lo mereces —le digo.

Frunce el ceño al mirarme.

—¿Estás triste? Tú lo querías muchísimo.

—Ah, no, qué va. —Hago un esfuerzo por recomponer la cara y apartar a mi madre de mis pensamientos—. No estoy triste porque hayas ganado. Estoy muy feliz por ti, de verdad. —Me inclino y le susurro—: Yo te voté.

Se le escapa un sollozo desde el fondo de la garganta que me humedece los ojos otra vez.

—Y yo te voté ti —dice.

—¡Nos anulamos los votos! —Y ahora estamos riéndonos y llorando a la vez.

—Nova, ¿te importa acercarte a recoger tu premio? —levanta la voz Milord, con un tono de desconcierto.

Todos nos apartamos para dejarla pasar. Milord dice algunas palabras más que no escucho, los ganadores vuelven al frente para las fotos grupales y el resto de la banda comienza a dispersarse. Me encantaría huir con ellos, pero Max se me acerca antes de que pueda escabullirme.

—Siento que tu madre no haya venido —susurra.

Me muerdo el labio inferior.

—Gracias.

Max duda un instante y se da media vuelta.

—Max.

Se gira al momento.

—¿Va todo bien? He oído que pasó algo con Milord. No hace falta que me lo cuentes si no quieres…

Suspira y se pasa la mano por el pelo. Buf, ese precioso pelo del demonio.

—Sí, todo bien. Le dije que fui yo quien te robó la llave, y se la devolví. Estando tan cerca de los premios, no quería que pensara que había sido culpa tuya.

Lo miro atónita.

—Ah. Vale. Gracias. ¿Y qué te dijo?

—Se enfadó bastante. Creo que estuvo a punto de prohibirme tocar en el campeonato estatal, pero al final dijo que no iba a perjudicar a la sección dejándome fuera. —Se ríe sin ganas—. Eso sí, después de esa conversación me quedó bastante claro que no iba a ganar yo el premio.

Abro la boca y la vuelvo a cerrar. Max sabía perfectamente que estaba renunciando a cualquier posibilidad de ganar el premio a mejor integrante cuando habló con Milord. Trago saliva.

Justo en ese momento, se acerca mi padre.

—¿Cómo estáis?

Los miro alternativamente. No quiero dejar de hablar con Max aún, pero tampoco puedo pedirle a mi padre que se vaya cuando ha venido al instituto expresamente para verme a mí.

—Debería ir a ver a mi madre —dice Max en tono de disculpa, y da unos cuantos pasos atrás—. Pero me alegro de haberos visto. —Se vuelve y se pierde entre la gente.

Mi padre lo sigue con la mirada antes de girarse hacia mí.

—Oye, ha estado genial que una de tus compañeras se haya llevado el premio de noveno, igual que tú en su día. Y Nova se ha quedado estupefacta cuando ha ganado.

—Papá, ¿dónde está mamá?

Se le tuerce el gesto.

—Se ha… confundido con la hora. Pensaba que era una hora más tarde y había concertado una reunión. No ha podido salir a tiempo.

Lo miro atónita. Se ha perdido la entrega… del premio con el que lleva obsesionada desde el primer día de la temporada… ¿porque se ha equivocado de hora? Ya no estoy tan preocupada ni triste como furiosa.

—Ya lo sé —dice mi padre en voz baja—, pero intenta no enfadarte demasiado. Está destrozada. Ya sabes lo importante que era para ella.

—Sí, soy muy consciente de lo mucho que le importaba. Se ha asegurado de que no se me olvidase.

Mi padre frunce el ceño.

—Ha sido un error sin mala intención. Ha estado presente en todo lo demás. —Mira el móvil—. Me acaba de escribir para decirme que está saliendo del trabajo. ¿Quieres que venga?

—Dile que se vaya a casa. Ya no tiene sentido que venga.

—De acuerdo. —Me observa un segundo antes de contestar a mi madre.

Me cruzo de brazos y me quedo mirando la pared de hormigón del otro lado del aula.

—¿Estás bien? —Lo noto nervioso. Conmigo no está acostumbrado a lidiar con emociones de verdad.

—Sí. Al menos mamá no me ha visto fracasar en directo. Puedes darle la noticia por mensaje.

—No le he dicho nada sobre el resultado. —Me posa una mano en el brazo—. Y no has fracasado. ¿Me oyes, Hazel? Estamos orgullosísimos de ti.

Vuelvo a encogerme de hombros.

Mi padre se guarda el móvil para poder sujetarme por los hombros.

—No te olvides de que yo tampoco gané el premio a mejor integrante en mi último año. —Alza una ceja—. A mí también me ganó mi mejor amiga.

Casi sonrío al oírlo hablar así de mi madre, pero no estoy preparada para sonreír.

—Y, sinceramente, por mucho que a tu madre le importara ganar ese premio, no es para tanto. No ganarlo no cambió en nada mi futuro. —Me zarandea muy levemente—. Tienes un grandísimo futuro por delante: intenta centrarte en él. Y no te pases con tu madre cuando llegues a casa.

Me abraza y el enfado se me atenúa un poco. Me ha gustado tener un momento a solas con mi padre. A veces la presencia arrolladora de mi madre eclipsa nuestra relación.

—¿Por qué no te vas ya a casa? —añade—. Tengo que recoger a Kelsey del cole y hacer unos recados.

Sé lo que pretende. Va a matar el tiempo para que mi madre y yo podamos hablar a solas. No hay nada que me apetezca menos, pero tampoco creo que pueda seguir evitándolo.