Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo treinta y tres
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Capítulo treinta y tres

L a semana y media siguiente se me hace rara.

No debería haber pensado que las cosas cambiarían de un día para otro en el color guard solo porque fuéramos a comer pizza juntos después del ensayo, pero me hacía ilusión que fuera solo el principio de pasar más tiempo juntos.

En vez de eso, a medida que pasan los días, todos están más distantes.

Cuando propongo quedar, ya tienen planes, incluso Li, que siempre parecía la que más ganas tenía de que nos viéramos.

Probablemente les molestó más de lo que dejaron ver en la cena que yo estuviera saliendo con Max a escondidas.

El domingo ni siquiera hay D simplemente se añade tu nombre en una letra diminuta a una placa enorme al fondo de la sala y te llevas otra placa para casa.

Mientras entrábamos en la sala, después del ensayo en exteriores, me fijé en la lista de nombres del fondo.

Dentro de dos días, a nadie le importará la placa de mejor integrante de último curso, pero, si ahora mismo me acercara y retrocediera un montón de años, vería el nombre de mi madre. Y sé que a ella sí le importa.

Nova se ríe y asiente con comprensión.

—Ya no queda nada.

—Ya no queda nada de nada.

Mañana es el último gran ensayo, con celebración incluida para motivarnos antes del estatal; el sábado es la competición y luego…

se acabó. El equipo de fútbol americano no se clasificó para la fase final, así que no va a haber más partidos en todo el curso.

Actuaremos en algunos desfiles locales, normalmente uno navideño a principios de diciembre y otro en mayo por el Día de los Caídos, pero este año nuestra banda no tiene ningún viaje importante como sí tienen otras.

No vamos a ir al desfile de Acción de Gracias ni a Disney World.

De repente me percato de lo rápido que han pasado estos meses y de que está a punto de terminar para siempre una de mis aficiones favoritas del mundo.

Empiezo a entender de verdad lo que mi madre lleva repitiéndome tanto tiempo.

Me da vergüenza notar que se me están llenando los ojos de lágrimas. Parpadeo para contenerlas y espero que Nova no se dé cuenta, pero es mi mejor amiga, así que lo nota al instante y me aprieta la mano.

—Pase lo que pase, todo irá bien. Vamos a arrasar en el estatal.

Sigue entrando gente en el aula. Reconozco a algunos padres, pero, como no es una ceremonia formal y además es en pleno día laborable, apenas hay adultos.

Normalmente solo vienen unos pocos, los que están más implicados: los que nos acompañan en los autobuses, se encargan del puesto de comida y gestionan la asociación de padres para recaudar fondos para los proyectos.

En definitiva, gente como mis padres.

—Mis padres no han podido escaparse del trabajo —dice Nova, sin sonar especialmente afectada. Casi nunca pueden venir a cosas así—. Doy por hecho que los tuyos sí van a venir, ¿no?

Le respondo asintiendo en un gesto de complicidad.

La verdad es que, en el fondo, sería un alivio que mis padres se lo perdieran.

Así podría centrarme en lo que siento yo, en vez de tener que gestionar también sus emociones a la vez que las mías.

Pero eso no va a pasar. No recuerdo ni un solo acto de la banda al que hayan faltado.

Me sorprende y me alegra ver a la madre de Max, Melanie, entrar y colocarse al otro lado del aula con otros dos adultos.

No pensaba que pudiera venir. Me arriesgo a mirar hacia donde está Max.

Se le ilumina la cara en cuanto la ve. Me alegro muchísimo de que haya podido venir, aunque se me viene a la cabeza lo que dijo Addison la semana pasada sobre que lo vio hablando con Milord de malas maneras.

¿Se habrá resuelto el tema? Me muero de curiosidad, pero no tengo ni idea de cómo preguntárselo sin que la conversación sea incómoda a más no poder.

Un minuto después entra mi padre, recorre la sala con la mirada y me saluda con un gesto exagerado de la mano.

Qué payaso es. Nova y yo nos separamos para sentarnos con nuestras respectivas secciones.

El aula está en un extraño silencio. Li me dedica una sonrisa cuando me siento, pero no dice nada.

Parece casi tan nerviosa como yo. Puede que le haya jugado en contra haberle dicho durante la última partida de D & D que habíamos votado por ella.

Ojalá no se le quede mal sabor de boca con la banda si al final no gana.

Los minutos pasan tan despacio que juraría que han debido de manipular el reloj analógico de la pared.

Entran varias personas más, pero mi madre no aparece.

Seguro que está comprando un ramo gigantesco por si gano.

O igual entra con esa camiseta espantosa con mi cara estampada.

Tendría que haberle hecho prometer que hoy no se la pondría.

Milord habla un momento con los padres y luego se dirige al frente. La banda entera enmudece sin que tenga que pedir silencio.

—¡Buenas tardes! —dice, aunque ya hemos ensayado hoy con él—. Antes de nada, quiero dar la bienvenida a quienes habéis podido venir. Sin vuestro apoyo no podríamos seguir haciendo el trabajo que hacemos, así que muchas gracias.

Vuelvo a ojear el grupito de padres por si se me ha pasado la llegada de mi madre, pero no. Está claro que no ha llegado aún.

—Como sabéis, antes de viajar al campeonato estatal, queremos dedicar un momento a rendiros homenaje, sobre todo a quienes os habéis esforzado para que estemos donde estamos. Así que, si pueden ponerse en pie todos los líderes de sección, para que os veamos…

Con algo de pudor me levanto y miro alrededor. Se me encoge el corazón al verlos a todos. Muchos llevamos en la banda desde quinto y casi me entran ganas de ir a abrazarlos a todos. Bueno, a casi todos. Busco la mirada de Nova y me siento especialmente afortunada de poder estar aquí con ella.

—Y ahora, sin más preámbulos, voy a anunciar los premios.

Gracias a todos los que habéis votado. Que sepáis que siempre es una decisión muy difícil y que todos merecéis reconocimiento por vuestro esfuerzo esta temporada.

—Se aclara la garganta y yo vuelvo a mirar hacia la puerta.

Seguro que mi madre entra en cualquier momento—.

Me hace mucha ilusión anunciar que el premio a mejor integrante de noveno es para… Li Xiang.

Estoy tan centrada en lo de mi madre que tardo un segundo en entender lo que está pasando. Li se levanta gritando, y yo hago lo propio.

—¡Lo has conseguido!

A mi alrededor, el resto del color guard salta de las sillas, aplaudiendo y vitoreando. Nova, Max y Felix también se ponen en pie, además de algunos percusionistas, incluido Niko. Li sube al frente para recoger su placa y hacerse fotos con Milord.

La abrazo cuando vuelve a su sitio y nos acomodamos para el siguiente premio, que se lo lleva una trompeta de décimo curso.

Intento escuchar, sonreír y aplaudir como una persona normal, pero por dentro cada vez estoy más de los nervios.

El premio de duodécimo está al caer, pero mi madre sigue sin aparecer. ¿Le habrá pasado algo?

El premio de undécimo es para un tubista que rompe a llorar cuando dicen su nombre.

Miro a mi padre. ¿Habrá tenido mi madre un accidente?

¿Estará Kelsey enferma y habrá tenido que ir corriendo al colegio?

Mi padre no está pendiente de los premios.

Tiene la cabeza agachada y está tecleando en el móvil a toda velocidad.

Lo observo, intentando descifrar qué está ocurriendo.

Al cabo de unos segundos, se le encorvan los hombros.

Levanta la vista hacia mí, con el rostro serio. Entonces niega muy levemente con la cabeza, y entiendo lo que me quiere decir. No está en peligro. Pero no va a venir.