Capítulo treinta y dos
E l día siguiente no jugamos a D estoy segura de que saldrá bien.
—Pero ¿y si pasa algo? ¿Si hace viento o hay barro o alguien se pone enfermo, o simplemente cometemos errores? Podría pasar cualquier cosa. No puedo controlarlo todo.
Contengo la respiración, esperando que diga que estará orgullosa pase lo que pase. Se levanta y rodea la mesa para cogerme de las manos.
—Es normal estar nerviosa —dice—. Ser capitana conlleva mucha presión.
Me acuerdo de cuando yo era líder de la sección de trompeta.
Te está mirando mucha gente y entiendo que te pasen todas esas preocupaciones por la cabeza.
Pero ya sabes lo que tienes que hacer: concéntrate y ensaya más que nunca para reforzar la memoria muscular.
Ahora es difícil, pero al final merecerá la pena. Sé que no nos vas a fallar.
Sonríe para tranquilizarme, pero sus palabras no me calman como esperaba. Al contrario, todo pesa aún más. Solo quiero volver a la cama.
Llego de mal humor al ensayo del lunes por la tarde. Puede que sea la primera vez que de verdad no me apetece estar con la banda. Pero, por lo visto, yo soy la única que se siente así.
—¡Hazel! —grita Rosa en cuanto me ve. Ella y Yori empiezan a bailotear—. ¡Sigo en una nube por la competición! Nunca pensé que me importaría tanto el color guard, pero ahora entiendo por qué eres tan competitiva. ¡Ganar es lo mejor!
Deja y Callie se nos unen.
—Es verdad. No pensaba que pudiéramos sacar calificaciones de superior en el estatal, pero ahora voy con todo —dice Callie.
Esto, justo esto, es lo que llevaba queriendo toda la temporada. Y ahora que lo tengo, no soy capaz de disfrutarlo. No es justo. Me merezco estar feliz con mi grupo, jolines. Pero no quiero arrastrarlos a mi tragedia, así que hago lo posible por poner buena cara.
—Estuvisteis increíbles el sábado —les digo—. Gracias por no rendiros.
—Lo mismo digo —responde Callie—. Sé que no lo puse fácil.
Milord se coloca al frente de la sala y nos llama al orden.
—Antes de nada, enhorabuena a todos por vuestro trabajo y dedicación esta temporada. Nos ha llevado tiempo, pero lo hemos conseguido. ¡Nos vamos al estatal!
El griterío es tan fuerte que me pitan los oídos cuando por fin termina.
—No olvidéis que la votación para los premios a mejor integrante se cierra este viernes, así que votad.
En fin, que vengamos de una gran competición no significa que el trabajo haya terminado.
El campeonato estatal es el próximo sábado y aún hay cosas que podemos mejorar en estos días.
—Se escuchan algunos abucheos y protestas en broma, que Milord ignora—.
Vamos a dedicar la primera parte del ensayo a ver la grabación de nuestra actuación y analizar en qué podemos mejorar.
Pero antes quiero hacer unas menciones más que merecidas.
Eric y Nova, excelente trabajo en vuestros solos.
Sonasteis genial. Y, por favor, un aplauso para nuestro color guard, que no solo consiguió las puntuaciones máximas el sábado, sino que además se llevó el premio a mejor conjunto auxiliar.
¡La última vez fue hace diecisiete años! Es un logro enorme.
Para mi sorpresa, los aplausos de la banda casi igualan a los de hace unos minutos.
Mis chicos me zarandean los brazos, y yo sonrío y saludo con timidez, procurando no mirar en dirección a percusión.
Nadie abuchea, lo cual ya es buena señal, pero no quiero ver sus aplausos tibios.
Ni tampoco quiero ver la cara de Max. No sé si podría soportarlo.
El color guard nos sentamos en un grupo de sillas al fondo mientras Milord prepara el vídeo.
—Ah, ha estado genial —dice Devin.
Li me observa con atención.
—¿Estás bien?
Me encojo de hombros y le dedico una sonrisa con los ojos llorosos.
—¿Estás enferma? —pregunta Addison—. Pensaba que serías la más eufórica de todas. ¿Dónde está ese baile de la victoria? ¿Y las camisetas a juego para proclamar que hemos ganado a percusión?
Me río, aunque de forma un poco forzada.
—¿Os sorprendería si os dijera que anoche estuve trasteando con algunos diseños en Canva?
—No esperaría menos —responde Madisyn.
—Llevamos cuatro años juntos, chica —dice Devin, que me apoya la mano con delicadeza en la rodilla. El esmalte verde que llevaba para la competición está intacto, mientras que el mío ya está mordido y desconchado—. No me digas que así es como reaccionarías de verdad. ¿Qué está pasando?
En la parte delantera de la sala, Milord sigue peleándose con el vídeo y las luces.
—Nada. No os preocupéis.
—«Nada» significa «algo». Somos un equipo. —Devin mira al resto—. No podemos dejar que nuestra capitana se venga abajo. Suéltalo.
—Dejaríais de quererme como líder si os lo contara.
Todos se miran sorprendidos.
—Te vamos a querer igual, Hazel —susurra Li.
Me muerdo el labio. Podría inventar otra excusa o negarme a hablar, pero, sinceramente, ¿qué más da ya?
—Max y yo… estábamos… —Me trago los nervios—. En fin, estábamos juntos y ahora ya no. Estoy intentando asimilarlo.
—¿Max y tú? —chilla Keira tan alto que seguro que lo ha oído más gente. Cierro los ojos, muerta de la vergüenza—. ¡Perdón!
—Lo siento muchísimo, Hazel —dice Li. A diferencia de las demás, no parece sorprendida; más bien resignada.
—¿Te ha hecho algo? —pregunta Yori—. Di una palabra y saco otra vez a mi orca bárbara. Lo dejo KO con un mástil en pleno campo.
—No te merece —dice Callie.
Rosa suspira.
—No se puede confiar en los chicos.
—¡Oye! —protesta Devin—. A ver, después de haber salido con unos cuantos, no puedo llevarte la contraria. Pero me siento ofendido.
—Gracias, de verdad. Estoy bien. Lo que pasa es que… me gustaba mucho. —Parte de la emoción que intento contener se cuela en mi voz, y todos se quedan en silencio.
— ¿Color guard? —dice Milord con una voz severa—. Sé que venís de un gran fin de semana, pero aquí nadie es perfecto. Quiero que prestéis atención al vídeo con el resto de la banda.
Nos enderezamos y clavamos la vista en la pantalla.