Capítulo treinta y uno
L o tenemos. Podemos conseguirlo.
Se me revuelve el estómago mientras nos dirigimos a nuestras posiciones iniciales. Miro a un lado y a otro mientras hago los estiramientos y coloco las banderas en su sitio, buscando la mirada de los compañeros que tenga cerca para dedicarles un gesto de ánimo con la cabeza.
Los jefes de campo nos llaman a firmes, la percusión da la primera nota y mi mente se queda felizmente en blanco.
Los siguientes siete minutos pasan volando, como si estuviera avanzando una serie al doble de velocidad.
Empezamos balanceando las banderas con los rayos para imitar una tormenta en los primeros compases de Una noche en el monte Pelado; luego, clavamos los pop tosses durante el solo de percusión, antes de alzar una enorme bandera con estampado de vidriera en la pose final.
De fondo oigo los vítores y los cencerros que traen mis padres a todas las competiciones. Madre mía, qué exagerados son.
Abandonamos el campo desfilando, con el corazón aún acelerado.
—¿Lo hemos bordado? —le pregunto a Faith en cuanto la veo esperándonos junto a la línea de banda.
—¡Sí! ¡Ha sido espectacular! —Aplaude y hace señas al resto del equipo para que se acerquen—. Me habéis puesto la piel de gallina. Nunca os había visto tan bien.
—¡Yupiiii! —chilla Li, y se lanza a abrazarme. Madisyn y Addison se suman al abrazo, y enseguida todo el equipo se amontona mientras chilla.
—Esto es lo que se consigue con el esfuerzo —dice Faith—.
Ahora id a descansar a la grada y disfrutad de las actuaciones de las demás bandas.
Y, chicos —añade con una voz más seria—, pase lo que pase, tenéis que estar muy orgullosos.
Habéis representado estupendamente al color guard de Glen Vale.
Subimos a las gradas para esperar la entrega de premios al final de la competición.
Max ya está allí, rodeado de sus amigos.
Me mira a los ojos y vocaliza un «enhorabuena».
Me muero por sentarme a su lado, darle un abrazo enorme y analizar cada minuto de la actuación.
Querría comer nachos rancios a su lado, comentar nuestras posibilidades mientras vemos tocar a las otras bandas y besarlo cada vez que me apeteciera.
Pero, en vez de eso, paso de largo y me recuerdo que muy pronto podremos hacerlo.
Nova sube un par de filas desde donde está con sus amigas clarinetistas y se sienta a mi lado.
—¿Cómo estás?
—Como si se me fuera a salir el corazón del pecho. Pero Faith dice que nunca lo habíamos hecho tan bien, así que me quedo con eso. Tu solo ha sonado increíble, como siempre.
—Gracias. —Se encoge de hombros—. No es una pieza difícil.
Está restándole importancia. Sé que el solo es complicado, sobre todo cuando todas las miradas están puestas en ti, pero Nova peca de humilde, así que la dejo.
—Y, aún mejor —digo—, Brody se ha quedado sospechosamente callado cuando el color guard ha pasado por delante en la grada, así que me da la sensación de que ya hemos ganado.
Nova me aplaude.
—Si consigues que se calle, te mereces todos los trofeos que haya. Eres mi ídolo.
Se oye una carcajada procedente de la sección de percusión y Nova me agarra del brazo y me lo aprieta.
—Tengo buenas sensaciones para esta entrega de premios.
—Yo voy a potar de los nervios, así que no te sientes muy cerca.
Actúan otras cuatro bandas; luego hay una pausa para que los jueces calculen las puntuaciones y, por fin, vuelve a hablar el presentador para anunciar que la ceremonia está a punto de comenzar. Li se sienta a mi otro lado, casi tan nerviosa como yo.
—Y, ahora, lo que todos habéis estado esperando con tanta paciencia: nuestros ganadores.
Me tenso al instante y Li me agarra la mano izquierda mientras Nova se apoya contra mi lado derecho. Los presentadores repasan varias categorías antes de llegar a la nuestra.
—El premio a mejor percusión es para… ¡el instituto Oak Grove!
Por un momento me invade la euforia. Percusión ha perdido oficialmente la apuesta.
Sin embargo, me cuesta alegrarme del todo cuando, unas filas más abajo, toda la sección de percusión se desinfla.
Puede que ahí esté Brody, pero también Max y Felix.
Sé de las ganas que tenía Max y lo mucho que se ha esforzado. No me sale celebrar su derrota.
—A continuación, el premio a mejor conjunto auxiliar. —Me encojo hasta hacerme un ovillo y contengo la respiración. Nova y Li se pegan aún más a mí—. Y el premio es para… ¡el Instituto Glen Vale!
A mi alrededor solo se oyen gritos. Unas manos me agarran de los brazos y los hombros, sacudiéndome con tanta fuerza que casi me caigo de la grada.
—¡Lo hemos conseguido! —chilla Li—. ¡Lo hemos conseguido! ¡Mejor sección!
Nova me abraza y me aprieta con fuerza.
—¡Ah, enhorabuena! ¡Estoy muy orgullosa de ti!
Tardo un segundo más en asimilarlo antes de ponerme en pie y gritar con ellas. El presentador sigue hablando, pero no oigo nada más que alaridos. De pronto, el resto de Glen Vale se levanta de un brinco de sus asientos y nuestra zona del estadio se llena de más vítores.
Me giro hacia Yori, que ahora es la que tengo más cerca.
—¿Qué está pasando? —le grito.
—La banda ha conseguido la calificación de superior. ¡Nos vamos al estatal!
Mis gritos suben otra octava más. Me agarro a cualquier músico que tenga a mano, los zarandeo y los abrazo mientras se me llenan los ojos de lágrimas.
Parece imposible. Claro que quería que fuera así y me alivia muchísimo que vayamos al estatal, pero hemos ganado el premio a mejor sección.
¿Esto está pasando de verdad? ¿Hemos ganado la apuesta? No me lo puedo creer.
Cuando termina la ceremonia, mi equipo baja las gradas medio saltando, medio corriendo.
La gente nos felicita al pasar y Milord nos detiene una vez abajo para decirnos lo orgulloso que está.
No podemos dejar de chillar y reír mientras volvemos hacia los autobuses.
Incluso Callie, que siempre ha sido la más apática, está fuera de sí de la emoción.
—¡Hazel!
Me giro y veo a mis padres y a Kelsey corriendo hacia mí.
—¡Dios mío, Hazel! ¡Lo habéis conseguido! —exclama mi madre, y me envuelve en un abrazo.
—Gracias, mamá —murmuro contra su cuello—. Estamos todos histéricos de la emoción.
—¡Normal! ¡Y os lo merecéis! Oak Grove ha estado espectacular hoy, pero no tanto como vosotros. —Me abraza otra vez antes de dejarme con mi padre y Kelsey.
—Enhorabuena, cariño —dice mi padre, más tranquilo—. Estoy muy orgulloso de ti.
—Habéis estado mucho mejor que la otra vez —me dice Kelsey.
Me echo a reír.
—Gracias, supongo.
—¡Pero es verdad! —exclama mi madre—. Y esto no ha hecho más que empezar.
Hoy habéis ganado el premio a mejor conjunto auxiliar, pero aún queda el premio a mejor integrante de último curso y la calificación máxima en el campeonato estatal.
¡Ya lo estoy viendo! —Está tan emocionada que literalmente está dando saltitos.
Por desgracia, su entusiasmo me provoca el efecto contrario. Aún no he procesado la victoria y mi madre ya está hablando de los siguientes premios.
Mi padre me frota la espalda y me dedica una pequeña sonrisa.
—Ya habrá tiempo de pensar en eso. Ahora ve a celebrarlo con tus amigos.
Me marcho corriendo, encantada de poner un poco de distancia con mi madre y de estar con Nova.
Aunque, ahora que lo pienso, se me ocurre una idea aún mejor.
Max y yo deberíamos contárselo a nuestras respectivas secciones ahora mismo, antes de subir a los autobuses.
Así podríamos sentarnos juntos, además de con Felix, Li y Nova, y dejar de escondernos.
Sería el final perfecto para un día increíble.
Me despido de mi familia y me dirijo a buscar a Max para contarle mi plan.
Pero, mientras examino la multitud y asomo la cabeza por cada fila de autobuses, se me ocurre otra posibilidad.
¿Y si esta noche no quiere verme? Seguro que está disgustado, quizá incluso un poco enfadado, porque el color guard haya superado a percusión.
Dudo. A lo mejor debería darle un poco de espacio.
—¡Hazel!
Me giro al oír la voz de Max. Estamos entre dos autobuses, fuera de la vista de los demás. Por el momento, estamos solos.
—Hola. Te estaba buscando —le digo, caminando hacia él—. Siento lo de percusión…
Pero no termino la frase porque Max echa a correr hacia mí. Cuando llega, me rodea la cintura con los brazos y me hace girar en el aire, hasta que los pies se me despegan del suelo.
—¡Hazel, lo habéis conseguido! —grita—. ¡Habéis ganado!
Me vuelve a posar en el suelo y doy un pequeño traspié. Se me cierra la garganta de la emoción y consigo decir, con esfuerzo:
—No me lo puedo creer.
—Yo sí. Siempre he sabido hasta dónde podíais llegar.
—Y… ¿no estás enfadado?
Max tuerce el gesto.
—No es culpa tuya que no hayamos podido ganar. Ahora mismo, percusión está hecha polvo, pero nos recuperaremos. Seguro que algunos hasta nos lo pasamos bien aprendiendo vuestra coreografía.
Qué alivio.
—Oye, Max, he estado pensando y… ¿qué te parece si se lo contamos ya a nuestras secciones? Esta noche. No quiero seguir guardando el secreto.
Max se echa un poco hacia atrás.
—¿Quieres decírselo?
—Sí. —Le tomo las manos—. ¿No estás harto de fingir que no somos nada? Sé que a mi equipo le va a sorprender, pero lo superarán.
—¿Max? —se oye a alguien preguntar—. ¿Qué está pasando?
Max me retira las manos de golpe. Los dos nos giramos y vemos a un grupito de percusionistas de Glen Vale, que están acercándose. Delante van Jamila, que toca la caja con Felix, y Niko, que toca los platos. Detrás vienen algunos más. Por suerte, Brody no está con ellos.
Max da un pasito hacia atrás. No son más que unos centímetros, pero para mí es como si fuera un kilómetro.
—Hola, chicos. ¿Qué pasa? —dice con naturalidad.