Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo treinta
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Capítulo treinta

H oy es el gran día: nuestra tercera y última competición regional, y la última oportunidad de clasificarnos para el campeonato estatal. Estoy tan nerviosa que me despierto con náuseas, y sospecho que no se me van a pasar en todo el día.

Termino de ajustarme la trenza francesa y me observo en el espejo del baño.

La sección ha decidido llevar lazos de satén verde en las trenzas para esta competición, y quiero que el mío esté perfecto.

Abajo oigo el tintinear de los platos y los susurros de mis padres mientras se preparan.

Mis padres y Kelsey van a ir en coche a la competición, aunque se celebra a casi dos horas de casa.

Seguro que me los encuentro con las camisetas de la banda, chapas a juego, la cara pintada y los pompones listos.

—Me encanta tu lazo —dice Kelsey cuando entro en la cocina—. ¿Me haces el pelo igual?

—Eh… vale —respondo, algo sorprendida—. Tengo una cinta de sobra.

Me quito una goma de la muñeca, donde siempre llevo varias, y le paso los dedos por el pelo para dividirle los rizos en tres partes.

—¿A Max le gustan los lazos? —pregunta mirando de reojo hacia atrás.

Ahí está. Ahora entiendo de dónde viene tanto interés por mi peinado.

—Nunca le he preguntado qué opina sobre los lazos.

—¿Cómo te encuentras hoy? —pregunta mi madre, con una taza de café ardiente entre las manos. Va vestida como la típica madre de integrante de banda, tal y como sabía que iría.

—Genial —respondo, intentando parecer segura—. El equipo ha hecho muchísima piña este último mes, así que tengo buenas sensaciones.

Mi padre asiente, también con una taza en la mano.

—Os lo habéis currado y ahora toca disfrutarlo. Salid al campo y pasáoslo bien.

Por un segundo, percibo una expresión molesta en el rostro de mi madre. La verdad es que la entiendo. Ojalá para mí bastara con «pasármelo bien», pero no es así. Llevo muchos años en esta familia como para que la meta sea divertirme.

—Ahora es cuando hay que ir a por todas —añade mi madre—. Mañana ya descansarás. Los ganadores no bajan el ritmo.

—Ya ha conseguido muchísimo, Lauren —la reprende mi padre.

—Lo sé —responde ella—. Pero me daría pena que luego te arrepintieras, sobre todo teniendo tan cerca los premios de la banda. Sé lo importantes que son para ti.

Desvío la mirada a la estantería del salón donde mis padres exhiben sus premios de la banda del instituto y la universidad.

Se pusieron contentísimos cuando añadieron el mío de noveno.

De hecho, apartaron los suyos hacia atrás para que el mío quedara en primer plano.

Nunca he vuelto a ganar nada lo bastante importante como para añadirlo a la estantería, así que ahí sigue, solo y cogiendo polvo.

Pero hoy ya tengo el estómago lo bastante revuelto por la presión de la competición como para pensar en otra cosa.

—¡Cinco, seis, siete, ocho! —grita Faith.

Estamos calentando en el instituto Twin Valley y Faith nos está guiando en una parte dificilísima de la coreografía.

No solo tiene dos lanzamientos horizontales, sino también una serie de giros por la espalda que son complicadísimos.

Yo ya la he repetido tantas veces que me sale sola, así que puedo ensayar mientras, de reojo, busco a Max.

Está guapísimo con ese sombrero. No oigo lo que les dice a los de su sección, pero tiene pinta de estar animándolos.

Por desgracia, esta semana ha sido tan caótica como la anterior y apenas hemos estado juntos.

Tengo ganas de que acabe el día por muchas razones, y una de ellas es que he decidido que, después de hoy, tenemos que decirles la verdad a nuestras respectivas secciones.

No voy a sacar el tema ahora, pero, salvo que la competición salga tan mal como la última, esta tarde pienso hablar con él.

Sé que antes tenía sus dudas, pero ya han pasado dos semanas y quiero aprovechar lo que nos queda en la banda sin escondernos.

Estoy harta de hacer como que no existe cuando lo único que quiero es cruzar el campo y desearle buena suerte con un beso en la mejilla.

—¡Parad un momento! —Faith hace un gesto con las manos—. No todos habéis entrado a tiempo. Repetimos.

Miro a mi alrededor, preguntándome quién se habrá adelantado o retrasado esta vez. ¿Yori, quizá? Esta parte le cuesta.

—Hazel, ¿estás lista? —dice Faith, alzando una ceja.

—Claro, como siempre.

Callie se ríe.

—Pues esta vez intenta ir a tiempo.

Abro la boca para protestar, pero entonces veo que Faith está asintiendo. Madre mía. Cierro los ojos un segundo y me obligo a apartar todo lo demás de la cabeza. Ya pensaré en Max después de la actuación, no ahora.

El resto del calentamiento va bien, pero noto la mirada de Faith clavada en mí. Cuando hacemos una pausa, se me acerca directamente.

—¿Todo bien? No te noto como siempre.

—Estoy bien. Lista para lo que se viene.

—Me alegro. Hoy necesito que estéis todos centrados. —Asiente, y la coleta rubia se le balancea sobre el hombro.

—¿Lo dices en serio? —murmuro.

Sé que Faith es mi directora, pero ahora mismo solo veo a una chica un poco mayor que yo que ha faltado a más ensayos de a los que ha venido. No creo que esté en posición de darme lecciones sobre compromiso.

—¿Qué? —pregunta, frunciendo el ceño.

—Nada.

—Parece que quieres decirme algo.

Suelto el aire.

—Faith, no has venido casi nunca. Vale que vienes a los partidos y a las competiciones, pero casi siempre me has dejado sola.

Y, cuando apareces, muchas veces es para ganarte a todo el equipo con comida y halagos que no siempre se merecen.

Siento haber ido a destiempo, pero no creo que me merezca un sermón cuando he sido yo quien ha mantenido unido al grupo.

En cuanto las palabras salen de mi boca, me quedo helada. No puedo creer lo que acabo de decir. Vale que estaba frustrada, pero pensaba guardármelo, no vomitarlo sobre la directora del color guard justo antes de la competición más importante hasta la fecha.

Faith palidece y estoy convencida de que va a decirme que me voy a quedar en el banquillo en vez de salir al campo. Pero, en vez de eso, se encorva.

—Tienes razón —dice en voz baja—. Sé que no he estado cuando me necesitabais.

Niego con la cabeza.

—No, Faith, lo siento. Me he equivocado. Has estado genial.

Faith se ríe con sarcasmo.

—De genial, nada. Pensaba que podría con todo, pero compaginar el trabajo con los ensayos ha sido mucho más difícil de lo que imaginaba.

Cuando me lo pidió Milord, ya sabía que no era buena idea, pero no quería fallaros.

No podía tolerar que Glen Vale se quedase sin color guard. —Niega con tristeza.

Me quedo descolocada.

—¿Qué quieres decir?

—Yo era la última opción de Milord. La última de verdad. Sabía que no era la mejor de las situaciones, pero no queríamos dejaros sin color guard, así que he intentado hacerlo lo mejor que he podido. Siento que creas que os he fallado.

Tardo unos segundos en asimilar lo que acaba de decir. ¿Tan cerca estábamos de quedarnos sin color guard? Intento imaginármelo, pero se me encoge el pecho, así que aparto la idea de mi mente y, en su lugar, la abrazo.

—No tenía ni idea, Faith. ¡Y no nos has fallado! Estamos aquí y hoy lo vamos a petar; te lo prometo.

Ella me devuelve el abrazo.

—Eso ya lo sé. Ahora ve y contagia esa energía al resto.

Me alejo trotando, aún en shock ante la posibilidad muy real de que este año no hubiera podido estar en el color guard .

Pienso en contárselo a los demás, pero no quiero distraerlos justo antes de salir.

Ya habrá momento para hacer algo por Faith.

Ahora toca demostrar que ha merecido la pena mantener el color guard este año.

—¡En corro, chicos! —grito—. ¿Estamos listos?

Pongo la mano en el centro y los demás hacen lo propio. Así, empiezo a gritar el cántico a pleno pulmón.

—¡A dar la cara!

—¡A destacar!

—¡Todos a una!

—¡Vamos a ganar!

—¡Glen Vale color guard!

Nos abrazamos, respiramos hondo y nos colocamos en fila para salir al campo de Twin Valley.

—Instituto Glen Vale —retumba la voz del presentador por megafonía—. Podéis comenzar el calentamiento y la colocación.