Capítulo veintinueve
E l domingo, todo el grupo de D no había ninguna que se pareciera a él, con la lengua fuera todo el día —añade Max.
—Ni ese pelaje.
—Ya la busco yo —responde Nova.
—En fin, vamos a tener que ir empezando. Tenéis que seguirle la pista al mago —digo.
Nos reunimos alrededor de la mesa, y estoy casi emocionada por poder usar parte de lo que he preparado para la mazmorra.
—Tras avanzar por el bosque en la última sesión, ahora os encontráis ante una cueva enorme.
La entrada es tan alta como dos pisos de la ciudadela de la que acabáis de salir.
Hay huellas en el suelo, varios montículos que desprenden olor a carne podrida y poco más. Todo está en un silencio inquietante.
—¿Qué tipo de huellas? —pregunta Max.
—Zelda olisquea la cueva, como si sospechara de algo. ¿Puedo hacer una tirada de supervivencia para averiguar más sobre las huellas? —pregunta Nova.
—Claro —respondo, y continúo cuando supera la prueba de habilidad—. Stump, descubres que son el mismo tipo de huellas que las de la zarigüeya gigante contra la que luchasteis en el festival de música.
—Entonces vamos a meternos en la cueva oscura y siniestra, ¿no? —dice Felix.
—¿No se supone que los elfos son valientes? —replica Nova.
—Los demás no lo sé, pero yo no. A mí me gusta tocar música y comer bien. Por eso me afectó tanto lo de la plaga.
—¿No porque perdieras tu hogar y a tu familia? —pregunta Li, alzando una ceja.
—Ahí es donde estaba la buena comida—responde Felix, riéndose.
—Cuando solucionemos este tema, recuérdame que no quiero que mi familia se relacione con la tuya.
—Ni hablar. Espero que las dos familias pasen mucho tiempo juntas cuando encontremos la forma de salvar nuestras tierras. Me gustaría presentarte a mis padres.
Felix y Li se quedan sonriéndose un momento, como si no hubiera nadie más en la mesa, y casi puedo notar la felicidad de Li desde donde estoy. Nota mental para las próximas sesiones: buscar la manera de que sus personajes se relacionen aún más. En esta partida va a haber amor.
Me vibra el móvil al recibir un mensaje de Max:
TE LO DIJE
Me río sin poder evitarlo y me muerdo el labio. Felix y Li se recolocan en sus sillas.
—Zelda y yo iremos delante y nos adentraremos en los túneles para seguir el rastro por el olor —anuncia Nova.
—Te acompaño —dice Max al instante, y los dos, uno enfrente de la otra, se dirigen una media sonrisa.
—¿No deberíamos ir todos? —pregunta Li.
—Vosotros dos podéis quedaros aquí vigilando la entrada —sugiere Nova.
Casi me siento mal, porque me gustaría darles a sus personajes un poco de tiempo a solas antes de pasar a lo que tengo preparado. Pero, al fin y al cabo, uno de los aspectos más divertidos de ser la DM es poder trastocar sus planes y sus momentos especiales, igual que hacen ellos con los míos.
—Cuando procedéis a adentraros en la cueva, escucháis el raspar de unas garras contra la piedra.
Se miran todos.
—Es mi momento —dice Max, haciendo el gesto de blandir sus hachas gigantes.
Felix me mira.
—No nos vas a dejar acercarnos al mago tan pronto, ¿verdad?
Sonrío con picardía.
—Si lo hiciera, la campaña se acabaría enseguida. Y no queréis, ¿verdad?
Niegan con la cabeza.
—Que venga lo que sea. Me irá bien ganar algo más de experiencia —dice Felix.
Resulta que las garras pertenecen a un oso lechuza, uno de mis monstruos favoritos. El combate es difícil y el oso lechuza casi logra imponerse al grupo, porque aún tienen un nivel bajo. Menos mal que tanto Li como Felix pueden curar, porque buena falta les hace.
El resto de la sesión sale redondo. Los llevo por una serie de pasadizos, les presento otro encuentro y hasta meto el clásico cofre del tesoro que en realidad es un mimeto. Puede que esté muy visto, pero yo nunca lo había usado.
Esta noche, a diferencia de lo habitual, Melanie y Max se marchan pronto porque ella entra temprano a trabajar el día siguiente. Li y Felix también se van juntos, así que Nova y yo nos quedamos solas, algo que no pasa casi nunca.
—¿Están saliendo? —pregunta Nova mientras se sienta en el sofá del salón. Zoinks la sigue y se tumba en el suelo a su lado.
—¿Li y Felix? No creo. O al menos Li no me ha dicho nada oficialmente.
—Entonces, conociendo a este grupo, llevarán semanas juntos y también lo estarán ocultando. La verdad, me estáis convenciendo de que no salga con nadie hasta la universidad. O incluso el máster. Ya veré.
Me dejo caer en el otro extremo del sofá.
—No exageres, que tampoco es para tanto.
—Puede, pero se me hace raro. Pensaba que Max y tú ibais a contarlo hoy. Entiendo que la semana pasada no quisierais hablar del tema en la partida: apenas llevabais veinticuatro horas juntos. Necesitabais asimilarlo. Pero ya ha pasado más de una semana y seguís ocultándoselo a todo el mundo.
Jugueteo con el pelo para no mirarla a los ojos.
—Si lo contamos, todo se va a complicar. Nuestras respectivas secciones se odian.
—¿Y qué? Ellos no deciden sobre tu vida.
—Ya, pero nos ha costado un montón que el color guard haga piña. Ahora que por fin estamos unidos, no quiero ser yo la que cree división o distracciones.
Nova arquea una ceja.
—Estoy segura de que a Max le parece estupendo mantenerte en secreto.
Se me revuelve el estómago de lo fácil que le resulta dar en el clavo. Aun así, no me gusta cómo lo ha dicho.
—¿Qué estás insinuando?
—No insinúo nada. Solo me preocupo por ti. Sé que ya te has pillado por él, digas lo que digas, y este acuerdo me pone nerviosa. No me gusta que pueda besarte a escondidas y luego, en público, negar que estéis juntos.
—Pero es cosa de los dos —replico, terca. Siento la necesidad de defender lo nuestro, aunque yo misma tenga dudas—. Yo hago exactamente lo mismo.
—¿Seguro que es lo mismo? —pregunta en voz baja. Se incorpora un poco y me mira a los ojos—. A ti te gusta de verdad.
Me desinflo. Queda claro lo que está dejando caer: que quizá Max no sienta lo mismo que yo.
Quiero llevarle la contraria, pero una vocecita me recuerda nuestra conversación de ayer.
La percusión sigue siendo su prioridad. Me recuesto y me quedo mirando al techo, deseando saber con certeza si él se toma lo nuestro tan en serio como yo.
La solución obvia sería preguntárselo, pero me da pánico.
Levanto la cabeza para mirar a Nova.
—Que sepas que no me está gustando nada esta conversación, pero gracias por preocuparte, aunque sea de esta forma cínica y pesimista tan habitual tuya. —Pongo los ojos en blanco, en broma.
—A mí tampoco me gusta. Y de nada. —Me da una patadita en la pierna—. Ahora vamos a asaltar la cocina en busca de postre antes de que me tenga que ir.