Capítulo veintiocho
C on la última competición regional (y, con suerte, el campeonato estatal) a la vuelta de la esquina, Max y yo no tenemos tiempo para más momentos robados durante los ensayos de la banda.
De hecho, apenas nos vemos en toda la semana.
Me apunto a cualquier excusa para estar con él, así que acepto encantada ir el sábado a su casa a pintar las miniaturas de D un deje en su voz que no oía desde el campamento de la banda.
—¿Te pasa algo?
Pero no me mira.
—No. Es que estoy cansado.
Me muerdo el carrillo y vierto un poco de pintura marrón.
Pasan los minutos en silencio mientras trabajamos, y mi tensión va en aumento.
No estaba tan callado conmigo desde agosto.
¿Le estará afectando guardar el secreto?
A mí me está costando más de lo que pensaba.
No dejo de analizar mi conducta, asegurándome de no delatarnos delante de mis padres ni del resto de mi sección.
Ni siquiera me atrevo a mirarlo durante los ensayos por miedo a sonreír sin querer y que me pregunten qué pasa.
Le doy vueltas una y otra vez, intentando decidir cómo deberíamos manejarlo de ahora en adelante.
No me apetece nada escuchar la opinión de los demás, pero no podemos mantenerlo en secreto para siempre.
Los primeros días era lógico porque todo era muy reciente, pero en algún momento se enfadarán cuando descubran que hemos estado mintiendo.
Y sigo pensando que esto podría mejorar la relación entre el color guard y percusión.
Incluso podríamos invitar a los dos grupos a comer pizza juntos o algo así.
Pensar en que Li y Felix puedan estar juntos me hace sonreír.
Si queremos ser buenos líderes de nuestras respectivas secciones, lo mínimo es ser sinceros con ellos.
Me gustaría hablar del tema, pero no si está de mal humor.
Por fin, al cabo de diez minutos, Max suspira y deja caer los hombros.
—Perdona —dice en voz baja—. Es que no paro de darle vueltas a lo de mi padre.
Suelto el aire. No me gusta que lo pase mal de ninguna manera, pero me alivia saber que no está enfadado por lo nuestro.
—¿Qué pasa?
—No sé si te has dado cuenta, pero esta temporada no ha venido a ninguno de los partidos ni a las competiciones esta temporada.
Sé que vive lejos, pero pensaba que al menos vendría a alguna.
Contaba con que estuviera el sábado que viene en el regional.
—Se encoge un poco más—. Pero anoche habló con mi madre y le dijo que no vendrá ni a ese ni al estatal.
Imagino que ya tendrá planes con amigos esos fines de semana.
¿En serio? Me invade la rabia. Una cosa sería que tuviera que trabajar, pero ¿cómo puede priorizar a sus amigos por encima de su hijo?
Max lleva años en la banda; su padre sabe lo importante que es y el esfuerzo que implica la temporada.
Sobre todo, siendo su último año. Será la última oportunidad que tenga su padre de verlo en el campo.
—Mi madre le ha buscado excusas —continúa Max—, pero sé que está enfadado conmigo.
Quería que me quedara con él cuando se separaron.
No entendía por qué me iba si ya tenía allí toda mi vida.
—Echa los hombros hacia atrás, imagino que intentando parecer despreocupado, pero no lo está—.
Cuanto más tiempo paso lejos de él, más cuenta me doy de que mi madre y yo deberíamos habernos marchado antes.
—Max, lo siento muchísimo. Lo que está haciendo es… —Busco las palabras adecuadas que no impliquen insultar a su padre—. No está bien. Es tu padre y debería estar ahí pase lo que pase. Tú no has hecho nada malo.
—Ya.
—¿Tu madre está mejor?
Le arranco una pequeña sonrisa.
—Sí. Sé que mi padre está intentando complicarle las cosas, pero ahora es mucho más feliz.
—Me alegro. Y no dudes de tu decisión de venirte a vivir con tu madre. Te necesitaba.
—Lo sé. —Se pasa la mano libre por la cara—. Igual es irracional, pero ahora quiero que percusión lo haga aún mejor solo para poder restregárselo a mi padre. Quiero que vea que no hace falta que vaya a animarme para hacerlo bien. Que no lo necesito.
Con cautela, alargo la mano por encima de la mesa y le aprieto la suya. Max me dedica una sonrisa agradecida y entrelaza los dedos con los míos.
—Gracias por venir. Perdona por no ser hoy la mejor compañía.
—No pasa nada —respondo—. Me alegro de estar aquí ahora que necesitas hablar. Últimamente casi no hemos tenido ocasión.
—Ya —dice—. Los ensayos han sido muy intensos esta semana.
—Justo quería hablar contigo de esto. Llevo toda la semana pensando en lo de ocultarles lo nuestro a todos.
Max se incorpora.
—¿En serio? Yo también he estado pensando en eso.
Suspiro aliviada. Menos mal que pensamos igual. Seguro que para él también está siendo difícil. Cuando lo contemos, podremos estar juntos durante los ensayos. Hasta podríamos ir en el mismo autobús de la banda a la competición del sábado que viene.
Me aprieta la mano otra vez y acerca la silla un poco más.
—Me alegro muchísimo de que propusieras mantenerlo en secreto.
Se me queda el cuerpo helado.
—Al principio no lo tenía muy claro, pero entiendo que estabas siendo mucho más lógica que yo. Imagínate cómo se habrían puesto nuestras secciones. Lo que menos nos interesa ahora mismo es distraerlos.
Me mira expectante. Estoy tan sorprendida que no sé ni cómo responder.
—Las cosas en percusión… no van bien, Hazel.
—Se recuesta, soltándome la mano—. Estamos divididos.
Estoy haciendo todo lo posible por unir la sección, pero si Brody, Kyle y algunos más se enteraran de lo nuestro, les estaría dando otro motivo para meterse conmigo.
De verdad que me alegro de que hayamos acordado centrarnos en lo más importante por ahora.
«Lo más importante».
Sus palabras son como puñales diminutos que se me clavan hasta el fondo.
Sé lo competitivo que es Max; lo competitivos que somos los dos.
Y vale que fui yo quien decidió que no quería contarle a nadie lo nuestro…
, pero no porque el color guard fuera más importante para mí que él.
Lo hice porque no quería estropear lo nuestro dejando opinar a todo el mundo.
—La verdad es que no me veo con muchas ganas de pintar hoy.
¿Te importaría que lo dejáramos para otro momento e hiciéramos otra cosa?
—Se levanta y se despereza—. A mi madre aún le quedan cuatro horas de trabajo, así que podemos ver una peli si quieres.
Si vemos El Señor de los Anillos, prometo no bombardearte con más anécdotas.
Me mira con tanta ternura que mis preocupaciones parecen infundadas.
Ojalá pudiera sentirme totalmente segura en esta relación.
¿Se puede llamar relación cuando nadie sabe que estamos juntos y apenas nos vemos?
No creo. Pero tenemos tan poco tiempo para estar juntos que no quiero estropear la tarde.
—No hagas promesas que no puedes cumplir —le digo, esforzándome por mantener la voz firme—. Sabes que no vas a poder evitar comentar toda la película.
Max baja la mirada a mis labios y sonríe con picardía.
—Se me ocurren un par de cositas que me callarían la boca.
Con eso basta para que se me acelere el pulso.
Por muchas dudas o preocupaciones que tenga, es imposible negar lo que me hace sentir Max.
Podría perder la apuesta, el premio a mejor integrante o incluso el campeonato estatal, pero sería feliz mientras él estuviera conmigo.
Pero ¿podría decir Max lo mismo? Sé que le importo de verdad. Pero la banda le importa más.