Capítulo veinticuatro #2
—Vale, pues pode… —Miro por detrás de ella y me quedo paralizada—.
No te pongas nerviosa, pero voy a necesitar que me prestes tus poderes para la próxima competición de la banda, porque Felix viene andando hacia nosotras ahora mismo.
—Le sonrío y lo saludo con la mano como si estuviéramos teniendo la conversación más desenfadada del mundo—. Tú puedes —le susurro.
Un segundo después, Felix se detiene al lado de Li, mucho más feliz de lo habitual. Suele ser un chico parco en palabras y más parco aún en expresiones faciales, pero ahora mismo está radiante.
—De todos los sitios posibles, no esperaba encontraros a las dos en el edificio de 4-H.
—Justo iba a ir a buscarte —digo—. Estaba pidiéndole perdón a Li por cómo ha ido últimamente la partida de D & D . Y extiendo la disculpa también a ti. Prometo intentar integrar mejor a Elrid y Ellywich en la historia.
Si Felix se sorprende, lo disimula enseguida.
—Ah. Gracias, Hazel. Es un detalle. Y, para que lo sepas, yo no he tenido nada que ver con lo que hizo Brody anoche. Lo siento mucho.
—No te preocupes. Me alegro de que nos hayamos cruzado. —Lo miro fingiendo suspicacia—. Aunque ¿qué haces tú en el edificio de 4-H?
Felix se encoge de hombros.
—Mis dos hermanos pequeños están en un club, así que he venido a ver sus proyectos.
—Mi madre asesora al club de mi hermana —respondo, mirando a mi alrededor—. Ya que estoy aquí, debería ver la exposición o me matan. ¿Queréis venir?
Cada club de 4-H del condado tiene un espacio grande en el que mostrar los proyectos en los que han trabajado sus miembros.
Mucha gente presenta animales en la feria, pero otros, como Kelsey, hacen proyectos de costura, informática, cocina o fotografía.
Caminamos entre las exposiciones hasta que encuentro por fin la de los Bandidos de las Cintas Azules, el grupo que supervisa mi madre.
Por supuesto, incluso en 4-H el objetivo es ganar todas las competiciones.
—Mamá lo ha vuelto a conseguir —murmuro al contemplarla.
Comparado con los demás espacios, que están desordenados o improvisados, el de su club parece una exposición profesional.
Las paredes muestran de una forma muy cuidada las fotografías y los dibujos entregados, mientras que en la base hay dispuesta ropa hecha a mano, robots y productos de repostería.
Y, para sorpresa de nadie, hay más cintas azules 2 en estos proyectos que de ningún otro color.
Solo este año, Kelsey ha conseguido dos.
Suspiro, sabiendo que mi madre espera que rinda al mismo nivel: premio a mejor conjunto auxiliar en la próxima competición, calificaciones máximas en el campeonato estatal y otro premio a mejor integrante.
Cuántas oportunidades para decepcionarla.
—¿Tu madre asesora a los Bandidos de las Cintas Azules? —pregunta Felix, y yo asiento—. Ah. Ahora lo entiendo todo.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué dices eso?
—Todo el mundo conoce a ese grupo. Van muy a por la victoria. Y se nota lo competitiva que eres.
—Ah. —No me hace mucha gracia, pero es verdad. Soy hija de mi madre, me guste o no.
—Que no es malo, ¿eh? —me tranquiliza con una pequeña sonrisa—. Es la razón por la que el color guard va mejor este año. Bueno, eso y Li.
Li mira al suelo y sonríe.
Los observo a los dos. Li no se equivoca: hay algo entre ellos, pero son tan tímidos que quizá no pase nada si no les damos un pequeño empujón. Sé que le prometí a Max que no me metería, pero no puedo evitarlo.
Saco el móvil y finjo fruncir el ceño.
—Ay, lo siento muchísimo, pero les prometí a mis padres que quedaría con ellos en breve para dar una vuelta. —Doy un paso atrás—. Podéis venir, pero creo que lo pasaréis mejor solos. Li, ¿no decías que querías una palmera?
Abre los ojos como platos, pero luego asiente con entusiasmo.
—A menos que tú no quieras, Felix.
—Como si fuera a rechazar comida de feria. Las venden en la avenida principal. ¿Vamos a echar un ojo?
Salen del pabellón con Li casi dando saltitos, y me siento tentada de echar a correr detrás de ellos y pellizcarles las mejillas como si fuera su abuela.
Estoy a punto de escribir a Nova y a Max cuando Li vuelve corriendo sola al edificio y me rodea con los brazos antes de que me dé tiempo a preocuparme.
—¡Gracias! —me susurra al oído—. Eres como la mejor hermana mayor del mundo.
Y vuelve a salir disparada en dirección a Felix sin mirar atrás. Como no tenga cuidado, me voy a poner a llorar.
Les escribo a Max y a Nova para preguntar dónde quedamos.
No he avanzado mucho cuando veo a Max acercándose con un enorme cucurucho de papel lleno de patatas fritas.
Se me encoge el corazón al verlo. Es la mezcla perfecta entre guapo y adorable, con esa sonrisa bobalicona en la cara, y de repente me entran unas ganas tremendas de agarrarle la cara y besarlo.
—Nova y tú no exagerabais con lo de estas patatas —dice, tendiéndome el cucurucho—. Las he cogido para ti, pero creo que vamos a tener que compartirlas.
Cojo unas cuantas encantada, agradecida por la distracción para que pueda volver a controlar mis impulsos.
—¿Cómo ha ido todo con Li? —pregunta.
—Pues muy bien. Gracias por insistirme en que hablara con ella —lo señalo con una patata—, aunque no te pongas chulo por tener siempre razón.
—Yo no he dicho nada. —Levanta la mano libre en señal de rendición.
—Ya, pero no había terminado. También puede que tuvieras razón con lo de que Li y Felix hacen buena pareja. Algo les noto.
Tiene el descaro de ponerse a bailotear, victorioso, junto al puesto de buñuelos.
—¡Cuidado no se te caigan las patatas!
—Qué va. —Su expresión es pura euforia—. Uf, no soportas que tenga razón.
—No es verdad —replico—. No soporto que sepas que tienes razón y te pongas a bailar descoordinado delante de mis narices.
—¿Descoordinado? Ya te vale. Si tengo todo tipo de movimientos. —Hace una pirueta y no puedo evitar reírme de lo ridículo que está siendo.
—¿Dónde está Nova? Aunque, si te viera bailar, igual no querría juntarse con nosotros.
—Nos hemos encontrado con gente en la zona de las atracciones y le he dicho que venía a buscarte mientras ella nos guarda el sitio en la cola.
—A ver que adivine —digo con una sonrisa—. ¿Vamos primero al Zipper?
Nova y yo nos montamos todos los años y nos pasamos el recorrido entero gritando y riéndonos tan fuerte que seguro que se nos oye al otro lado del pueblo. Siempre juro que no volveré a subir, pero al año siguiente acabo cediendo.
—Pues… sí, justo —responde, sorprendido—. Estáis muy sincronizadas.
Me encojo de hombros y cojo más patatas.
—Cosas normales de mejores amigas.
Recorremos la avenida principal mientras los feriantes nos gritan para llamar nuestra atención. Max se acerca un poco más a mi lado.
—Oye, antes de volver con los demás, quería preguntarte una cosa.
Su tono serio me dispara la adrenalina, pero enseguida me regaño mentalmente. Es muy posible que vaya a preguntarme si me importa que se vaya con sus amigos de percusión en vez de estar conmigo. No debería sacar conclusiones solo porque me gustaría que fuésemos algo más que amigos.
Me giro despacio hacia él.
Max aprieta la mandíbula, como si estuviera debatiéndose por dentro.
—¿Tienes planes con Nova esta noche en la feria?
El pulso se me acelera aún más y niego con la cabeza.
—Creo que hay una competición de tractores, pero solemos saltarnos esas cosas. ¿Por?
—Hay un sitio al que me gustaría llevarte. Los dos solos, si te parece bien.
Se me corta la respiración por la forma tan íntima en que me escudriña el rostro.
Hay gente pasando a nuestro alrededor y los feriantes siguen gritando a pocos metros, pero yo solo puedo concentrarme en él.
Podría decirme que quiere ir a bañarse en estiércol de vaca esta noche y aun así aceptaría probarlo.
Estoy tan colada por este chico que me preocupa.
—Vale —susurro, con la voz inestable—. Hecho.
2 En Estados Unidos, se conceden cintas azules en concursos, muestras y competiciones a los ganadores o a los participantes más destacados. (N. de la T.)