Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo veintitrés #2
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Capítulo veintitrés #2

—Ya sabemos que Brody es un acosador y un imbécil —digo con firmeza—, lo que significa que solo puede ganar si dejamos que repercuta en nosotros. No quiero darle ese poder. Hemos trabajado muchísimo estas últimas semanas y ha llegado el momento de demostrarles a todos de lo que somos capaces.

Rosa y Deja asienten y Yori aplaude.

—Ya sabéis lo que le haría Uf a Brody.

La señalo.

—Pues vamos a aprovechar para callarles la boca de una vez a todos los que dudan. De hecho, he estado pensando en un nuevo cántico y creo que esta noche es el momento perfecto para estrenarlo.

Pensaba reservar el nuevo cántico del color guard para la tercera competición, pero tenemos que motivarnos. Les susurro la letra y doy un paso atrás.

Grito:

—¡A dar la cara!

Y ellos responden:

—¡A destacar!

—¡Todos a una!

—¡Vamos a ganar!

Pongo la mano en el centro y los demás la apilan sobre la mía.

—¡Glen Vale color guard!

Gritamos la última frase y levantamos las manos al aire, triunfantes.

Nuestra jefa de campo hace sonar el silbato para llamar la atención de la banda. Puede que Brody y los demás crean que saben lo que valemos, pero no tienen ni idea.

Desde el momento en que pisamos el campo, tengo una sensación distinta.

Esta noche interpretamos la última pieza del espectáculo de competición, ya que la mayoría del público no la ha visto y siempre viene bien practicarla.

Desfilo hasta mi posición inicial y compruebo que, efectivamente, Brody y varios percusionistas más se han quedado fuera del campo.

Les dedico una sonrisa serena y miro al público con orgullo.

Empieza la actuación y noto un subidón de energía mientras enlazamos la coreografía, pasando de los molinos a las mariposas.

Hace fresco esta noche y, en medio del silencio, oigo cómo nuestras banderas cortan el aire al unísono.

Cuando llega el solo de percusión, corremos desde nuestros distintos puntos del campo para alinearnos en la yarda cincuenta.

Justo a tiempo, arrancamos una de las partes más difíciles de la coreografía: lanzamientos escalonados que empiezan desde delante y van avanzando hasta el final.

Pero esta noche no necesito marcar los tiempos en voz alta ni contener la respiración por miedo.

Sé que estamos clavando la coreografía, y creo que nunca había estado tan orgullosa.

Cuando terminamos, el público nos regala una fuerte ovación, lo cual tiene mérito tratándose de un partido fuera de casa… y después de habernos visto las caras dentro de inodoros. Chocamos las manos y Faith viene corriendo a abrazarnos.

Milord nos llama al orden desde la línea de banda.

—Enhorabuena a los que habéis salido al campo esta noche.

Pero quiero dejar claro que, aunque hoy no estemos compitiendo como equipo deportivo, no pienso aceptar ninguna conducta antideportiva.

Esperamos mucho más de vosotros y, si volvemos a ver algo como lo de antes de la actuación—desvía la mirada hacia Brody—, habrá personas que dejen de formar parte de esta banda.

¿Entendido? —Nos sostiene la mirada uno a uno—.

Bien. Podéis ir a por comida durante el tercer cuarto, pero quiero veros de vuelta en la grada antes de que empiece el último.

Hoy no estoy para ponerme a buscar a nadie. En cuanto al color guard …

Se me encoge el estómago.

—Enhorabuena por lo de esta noche. —Me mira a los ojos—. Así es como quiero ver mejorar a toda la banda.

Asiento con naturalidad, intentando que no se me note nada. Li, Rosa y Deja me chocan la mano con una enorme sonrisa.

—¡Muy bien! —les susurro, con el cuerpo aún vibrándome entre la euforia y el alivio. Me avergüenza que me escuezan los ojos cuando me asoman las lágrimas. Es solo un cumplido, pero la aprobación de Milord me sabe a premio.

Noto que unos dedos me rozan el brazo y me giro. Tengo a Max a mi lado, con el gesto tenso.

—¿Puedo hablar contigo? —pregunta en una voz baja y crispada—. ¿A solas?

—Los de percusión no se merecen tu atención —me dice Callie.

—Tu sección es lo peor —le gruñe Madisyn.

Miro alternativamente a mi equipo y a Max. Entiendo su reacción, pero necesito hablar con él.

—Tranquilos. Cinco minutos —les digo—. No pasa nada.

Se cruzan de brazos y lo fulminan con la mirada, pero nadie protesta. Max me guía hacia una zona más tranquila detrás de las gradas. No es que sea un sitio íntimo, pero casi todo el mundo está haciendo cola en los puestos de comida, así que, de momento, tenemos un poco de espacio.

—Lo siento, Hazel —dice de golpe—. Sé que no tienes por qué creerme, pero te juro que no sabía que lo estuvieran planeando.

—No pasa nada. Sé que no lo sabías.

Me mira, desconcertado.

—Pero… pensaba que…

Está rígido como una tabla. Se nota que estaba asustado por mi posible reacción. Li fue la primera en preguntarse si él estaba detrás de todo; sería lógico que yo hubiera pensado lo mismo, pero ni se me pasó por la cabeza. En cuanto vi a Brody, supe que Max no tenía nada que ver.

Me encojo de hombros, tratando de pensar cómo explicarle mi reacción.

—No he dado nada por sentado. Se ve que ahora confío en ti.

Max respira hondo.

—Hazel, tengo que… —Se interrumpe, tirándose del uniforme y apretando y relajando los puños.

—¿Qué? ¿Pasa algo más?

—No, nada. —Se pasa una mano por el pelo—. Solo que me alegro de que no estés enfadada.

—No puedes controlar a Brody, y menos si ni siquiera estabas con él.

—Le dedico una pequeña sonrisa—. Además, nada motiva tanto como la rabia.

Creo que ha sido nuestra mejor actuación de la temporada, y ahora sabemos de lo que somos capaces de hacer.

Casi debería darle las gracias a Brody por habernos hecho mejores.

Claro que no lo voy a hacer, pero podría.

—Si vas a darle las gracias, déjame que esté delante para verlo. —Niega con la cabeza de incredulidad—. Ostras, pensaba que íbamos a tener una bronca monumental. Ya me había preparado un discurso entero sobre por qué deberías perdonarme.

—Me habría gustado oírlo.

Max da un paso más hacia mí y su cercanía hace que salten chispas en mi interior.

—Aún puedo dártelo. Incluye bastantes súplicas, por si te interesa.

Siempre me interesa, pero aún estoy asimilando que le importe tanto. ¿Un discurso? ¿Súplicas? Está claro que mi opinión le preocupa más de lo que me había atrevido a imaginar. ¿Soy la persona más ingenua del mundo por confiar así en él? Puede, pero lo cierto es que confío, sin reservas, deba o no.

—Oye, si no vamos a discutir, ¿vamos a por algo de comer? —propone Max.

Dudo sobre si abandonar la seguridad que me ofrecen las gradas con Max aún a mi lado. No quiero llamar más la atención ni que mi equipo piense que soy una traidora, pero tengo hambre y quiero estar con él. Si alguien se enfada, le explicaré que él no ha tenido nada que ver.

Nos ponemos a la cola del puesto de comida y echamos un vistazo al rótulo con la carta mientras esperamos.

—Guárdate el discurso para la próxima vez que Brody haga alguna idiotez —le digo—.

A ver si podemos programarla para justo antes de la tercera competición, ya que motiva un montón a mi equipo.

Aunque no creo que necesitemos ayuda para arrasar con vosotros y llevarnos el trofeo a mejor conjunto auxiliar.

—Ahí están las ganas de guerra que tanto he estado esperando —responde con una media sonrisa. Es increíble lo atractivo que está con un uniforme verde y blanco y un sombrero con un enorme penacho blanco—. Ahora me estás motivando tú a mí. Igual tengo que convocar un ensayo extra.

—Yo ya he convocado dos.

—Entonces, quizá más cenas de sección para reforzar el compañerismo.

—Yo he reservado un crucero de cinco noches por las Bahamas para nuestras sesiones de equipo.

Max se ríe.

—Pues pásame una bandera, que me cambio oficialmente al color guard .

Por fin llegamos al mostrador. Yo pido una porción de pizza y, cómo no, Max pide unos nachos. Cuando nos apartamos con la comida, me tiende la bandeja de plástico.

—Creo que los dos estamos de acuerdo en que hoy te toca elegir primero.

No son tan espectaculares como los que hicimos juntos antes de nuestra primera partida de D & D, pero el queso caliente sobre los totopos tiene muy buena pinta. Examino el montón y cojo uno del borde que parece bastante decente.

—No. —Me lo quita de la mano—. Nada de nachos tristes. Coge uno de arriba del todo. —Me mira como si estuviera impartiendo sabiduría—. El mejor nacho, Hazel. Nunca olvides que eres el mejor nacho.

Es una tontería, pero aun así siento mariposas en el estómago. Es peligroso lo mucho que prefiero comer nachos revenidos con él antes que cualquier otra cosa en el mundo.