Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo veintitrés
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Capítulo veintitrés

-¿ Q ué estáis haciendo? —pregunta Faith el viernes por la tarde cuando entra en el salón de actos, que hemos convertido prácticamente en nuestra segunda casa. Esta noche jugamos fuera, así que nos estamos preparando antes de subir a los autobuses y salir hacia el instituto de Coshocton.

Yori levanta la vista con una sonrisa enorme.

—Hemos pensado en hacernos trenzas y pintarnos las uñas juntos antes del partido.

—Ah. —Faith me mira con sorpresa—. Pues suena genial.

Le doy la última pasada de esmalte verde al meñique de Devin, que lo examina con atención y asiente, satisfecho.

—Gracias, Hazel.

—De nada. —Me levanto y me acerco a Faith.

Esta se inclina hacia mí.

—Menuda… sorpresa.

Me cruzo de brazos y observo la escena. Aún hay pequeños grupos de dos o tres (no creo que jamás consiga separar a Madisyn, Addison y Devin), pero se mezclan más que antes.

Me alegro de ver que Rosa y Yori están con Li, para que no esté siempre sola dentro del grupo.

Están pintándose las uñas, haciéndose trenzas y hablando sin parar.

La voz de mi conciencia insiste en que estamos perdiendo el tiempo, que deberíamos repasar la coreografía antes de salir, pero la acallo.

Quiero comprobar si este método funciona antes de descartarlo.

—Milord lleva días diciendo que nota algo distinto en el color guard, y ahora entiendo a qué se refería —comenta Faith en voz baja.

—¿Hablas con Milord?

Alza una ceja.

—Sé que no vengo todos los días, pero sigo siendo la directora del color guard . Me manda un resumen diario.

—Ah.

—Tranquila. Como te he dicho, son comentarios positivos. Ayer hasta me dijo que, como sigas así, me voy a quedar sin trabajo.

Se me calientan las mejillas, pero intento que no se me vea demasiado satisfecha.

—He estado pensando en lo que me dijiste y he estado observando a los demás líderes de sección. He decidido cambiar un poco la estrategia.

—Buen cambio. Así es como se consiguen las calificaciones máximas. —Asiente en señal de aprobación—. Y los premios a mejor sección.

La mera posibilidad saca mi espíritu competitivo.

Esta vez creo que puede que tenga razón.

El grupo se ha tomado muy bien lo de pinchar música en los calentamientos y hasta se llaman entre sí por el nombre de sus personajes.

Esas dos novedades han mejorado mucho el ánimo, pero lo que más se ha notado ha sido ensayar delante de los espejos.

Apenas tengo que señalar correcciones cuando ensayamos en el salón de actos porque ya lo ven por sí mismos.

Me vuelvo hacia Faith.

—¿Crees que vas a poder venir a los ensayos de la semana que viene? Seguro que tu presencia los motivaría aún más.

—Lo voy a intentar —dice, aunque no suena convencida—. Pero, como te he dicho, no tengo claro que os haga falta.

Contengo un suspiro. Sé que este acuerdo con Faith tiene sus ventajas: me da bastante margen de control no tener a un adulto encima todo el rato, pero, si queremos cerrar la temporada con éxito, la responsabilidad es solo mía.

Ojalá la presión no fuera asfixiante, pero a veces me cuesta hasta respirar.

Media hora después, sale la banda entera para subir a los autobuses. Nova viene directa hacia mí.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—He tenido una conversación frustrante con Faith.

Miro a mi alrededor para asegurarme de que Faith esté lejos antes de seguir hablando, pero solo veo a Max reírse con Felix y varios percusionistas más.

Como siempre, parece contento y relajado.

Se ha metido en el papel de líder de sección con una naturalidad que parece que llevara años en la banda.

Noto una punzada en el pecho al verlo tan cerca, pero no puedo acercarme a hablar con él sin que resulte raro.

Puede que a Felix no le importara que me acercara a ellos, pero a los demás seguro que no les gustaría.

—Oye, Hazel, ¿hola? —Nova me pasa la mano por delante de los ojos y luego mira en la misma dirección que yo—. Tía…

Me giro y le doy la espalda a Max.

—Perdón. No es lo que parece.

—¿Que estás loquita por él? Porque te aseguro que es exactamente lo que parece.

—Estaba pensando que es una pena que Max y yo seamos amigos pero que en la banda casi no hablemos.

—Espero que no estés pensando en echarme de mi asiento del autobús.

—No, claro que no —me apresuro a responder.

Si Max y yo nos sentáramos juntos, probablemente nos pasaríamos todo el trayecto discutiendo.

O quizá nos quedaríamos en silencio porque ya no sabríamos qué decirnos.

Aunque, bueno, muchas parejas no aprovechan los viajes largos en autobús precisamente para hablar…

Noto cómo me arden las mejillas y corto los pensamientos de raíz.

Nova niega con la cabeza.

—Mira, me alegro de que ya no estéis a la gresca, pero tienes que ir con cuidado con Max. Creo que deberías limitarte a jugar a D & D con él y dejarte de otros juegos.

—¿Qué dices? Si ahora somos amigos.

—Puedes engañar a los demás, Hazel, incluso a Max y quizá a ti misma, pero a mí no me engañas.

Estás empezando a pillarte por él tanto o más que cuando erais pequeños, y negarlo no va a conseguir nada.

—Nos mira alternativamente—. No veo cómo podría salir bien lo vuestro si apenas sois capaces de miraros en público. No quiero verte sufrir.

Apoyo la cabeza en su hombro.

—Eso no va a pasar —susurro. Pero mi voz no suena tan segura como me gustaría. Nova me conoce demasiado bien.

Espero a que Max se ponga en la fila de uno de los autobuses y me subo al otro, para evitar posibles momentos incómodos.

Cuando llegamos, no hay tiempo para pensar en nada que no sea prepararnos para el partido.

Siempre resulta desconcertante estar en un instituto que no es el tuyo.

Vale que los campos de fútbol americano siempre miden lo mismo, pero no parecen iguales.

Es reconfortante pisar la línea de las treinta yardas recién pintada y saber que es exactamente el mismo césped que ya has pisado cien veces. Aquí, en cambio, no estoy tan a gusto.

Los dos primeros cuartos van bien, pero me entra el nerviosismo cuando nos dirigimos al campo para el espectáculo del descanso.

Faith recorre el grupo apretándonos los hombros al pasar.

Busco la mirada de algunos integrantes y les sonrío para animarlos, aunque me doy cuenta de que Li, cada vez que me giro hacia ella, parece estar mirando a otra parte.

No es el momento de hablar en serio sobre la partida de D & D, pero no puedo seguir posponiéndolo mucho más.

Avanzamos junto a la línea de banda, entre el público y el foso, donde están los instrumentos grandes de percusión.

Más adelante, las demás secciones se jalean con sus propios cánticos.

Los clarinetes y las flautas gritan el suyo, y luego los saxos entonan: «¡Nos gusta el saxo! », seguido de risas y grititos.

—Tendría que haber sido saxofonista solo para poder ir por ahí gritando eso —nos dice Callie con una sonrisa traviesa.

Por el rabillo del ojo veo a Brody en el foso con tres o cuatro chicos más de la sección de percusión. Es raro que esté ahí parado, porque él no toca ninguno de esos instrumentos. Aquí hay algo que no me gusta. Busco a Max con la mirada, pero no lo veo por ninguna parte.

Reduzco el paso cuando Brody y Kyle despliegan un rollo de papel y lo levantan por encima de sí. Empiezan a oírse murmullos y risas por toda la banda y hasta en las gradas a medida que la gente se va fijando.

Es una pancarta en la que se lee:

«Color guard de Glen Vale: limpiadores de retretes».

Y a ambos lados del texto se ve la imagen de un inodoro… con nuestras caras dentro. Han retocado las fotos de cada uno de los integrantes del color guard para que parezca que somos zurullos flotantes.

Keira grita, igual que Madisyn y Addison.

Se me tensa todo el cuerpo, aprieto los puños y me giro para captar las reacciones del resto.

La banda entera se ha quedado clavada leyendo el cartel.

Algunos se ríen, mientras que otros fulminan con la mirada a los de percusión.

Todos están cuchicheando, y ya hay gente del público sacando el móvil para hacer fotos.

—Queríamos hacer algo especial para animaros lo que queda de temporada —grita Brody en nuestra dirección.

Doy un paso al frente. Voy a dejarlo inconsciente de un golpe con el mástil de la bandera. Me da igual que haya testigos.

Devin me sujeta del brazo para retenerme justo cuando la señora Lewis, el señor Jenkins, Faith y Milord se abren paso entre la banda hacia Brody y los demás percusionistas.

—¡Todo el público acaba de ver mi cara dentro de un váter! —grita Rosa, horrorizada.

—Tu cara y la de todos—añade Yori—. Sabéis que todo el mundo va a subir fotos, ¿verdad?

Addison se lleva las manos a la cara.

—Justo cuando pensaba que ya no podía odiarlos más, consiguen superarse.

Los profesores de la banda están que trinan.

Milord les arranca la pancarta de las manos y se la pasa a Faith, que la hace una bola.

Sigo temblando, con la adrenalina disparada, pero la furia de Milord y Faith me tranquiliza un poco.

Estoy demasiado lejos para oír lo que dicen, pero tiene pinta de que ese grupo no va a actuar esta noche.

Me sacudo y me doy media vuelta. No voy a dejar que Brody me afecte. Y tampoco voy a permitir que afecte al resto del equipo.

—¿Crees que Max sabía algo? —susurra Li a mi lado.

Niego con la cabeza. Brody solo estaba con unos pocos, y Max no estaba presente. Lo más probable es que haya sido cosa suya.

—No lo creo —le digo, antes de llamar a todo el grupo—. Chicos, ¿podéis acercaros un momento?

A regañadientes, los demás se acercan y forman un corro a mi alrededor. Algunas, como Li, aún están afectadas, pero a los demás se les ve dispuestos a amotinarse.