Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo veintidós #2
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Capítulo veintidós #2

Miro hacia donde está Max, intentando averiguar qué está haciendo, y veo que está hablando con otro chico. Lleva unos sobres de cartas en la mano, pero no distingo cuáles. La chica me entrega una bolsita.

—Oye, ¿sabes qué cartas están mirando?

Entrecierra los ojos.

—Son cartas de Yu-Gi-Oh!

Me echo a reír y niego con la cabeza. Me acerco a Max, y la chica sale de detrás del mostrador para acompañarme.

—¿Me has estado escondiendo cosas? —le pregunto—. ¿Sigues jugando a Yu-Gi-Oh! en secreto?

Max tuerce el gesto.

—A ver, puede. Un poco. Y me saco algo de dinero vendiendo cartas por internet. —Levanta la bolsa con las pinturas y las miniaturas, como justificando cómo ha podido pagarlas.

El chico que está a su lado se ajusta las gafas negras.

—Se puede ganar bastante dinero. Siempre pienso que debería probar.

—¿Con todo el tiempo libre que te sobra? —dice la rubia en tono burlón—. Recuerda que este curso el equipo técnico va a tener mucho trabajo.

—Sobre todo contigo de directora. —Se inclina y le da un beso en la sien antes de volverse hacia nosotros—. A propósito, si os interesa, organizamos un torneo semanal y sois más que bienvenidos. Me llamo Nathan, por cierto. Debería haber empezado por ahí.

—Yo soy Riley —dice la chica, saludando con la mano.

Max mira las cartas con anhelo.

—Somos de fuera, así que va a estar complicado venir todas las semanas. Hemos venido a por las miniaturas de D no me lo preparé lo suficiente. Ni siquiera pensaba que fuerais a entrar en la ciudad.

—¿En serio? —Aparta la vista de la carretera una décima de segundo—. ¿No era hacia allí hacia donde nos llevabas? Si pusiste el festival justo a las afueras.

Me río.

—Al contrario. Tenía preparada una mazmorra en el bosque, con puertas secretas y cofres del tesoro. —Me clavo las uñas en las palmas—. Soy demasiado rígida para ser DM. Cuando no me funcionó el plan, me quedé… bloqueada. Y estoy cabreándolos a todos.

Max niega con la cabeza con tanta energía que no sé cómo sigue viendo la carretera.

—¿Te lo ha dicho Nova?

—No, pero Li y Felix no parecen estar pasándoselo bien. Pasé por completo del trasfondo que se inventaron para sus personajes.

—Estás siendo muy dura contigo misma. Si no fuera por ti, ni siquiera estaríamos jugando. —Golpea el volante con los dedos—. ¿Puedo ayudarte de alguna manera?

—¿Quieres sustituirme como DM? —pregunto, medio en broma.

—A ver, podría intentarlo. Pero sería una pena perder a Axolotl del grupo. Y perder a una DM tan buena. No creo que debas rendirte.

Me cubro los ojos con las manos.

—O, escúchame, ¿y si me paso a Yu-Gi-Oh!? No quiero ni pensar la de temporadas que me he perdido desde que dejé de verlo.

—Ni hablar. Deberías hablar con Li. Parece bastante abierta; seguro que podéis encontrar la manera de encajarlo.

—Uf. —Me aparto un rizo rebelde de la frente soplando—. Gracias por el consejo. No soporto que sea tan lógico.

—No hay de qué. Gracias por confiar en mí para contármelo. —Me mira de nuevo—. Me alegro de que no te hayas rendido conmigo.

El pulso me late con fuerza.

—No creo que pueda rendirme contigo, la verdad. —Me muerdo el carrillo—. Aunque ha habido momentos en los que me han entrado ganas de vaciarte encima un polo derretido.

Max se pasa la mano por el rostro.

—No vas a dejar de echármelo en cara, ¿verdad?

—Hay muchas cosas que no voy a dejar de echarte en cara, pero esta tarde ha sido un paso en la buena dirección.