Capítulo veintiuno
E l domingo me despierto con un mensaje de Max en el que me pregunta si puede venir antes de la partida de D sin embargo, no he hecho nada desde entonces.
Podría echarle la culpa a mi agenda, pero la verdad es que he estado postergándolo.
El trasfondo y el misterio nuevos que han añadido Li y Felix me han descolocado.
No sé cómo encajarlo todo con naturalidad, aun así tampoco quiero pedirles que lo cambien.
Retomo la partida donde la dejamos la última vez, con sus personajes explorando la ciudad y lanzando diversas propuestas sobre lo que les gustaría hacer a continuación. No tengo nada planeado para ellos.
Pero, cuando no sabes qué hacer, siempre puedes ponerles un monstruo en el camino.
—¡Ja! —grita Max tras atacar de nuevo a las arpías, nuestro último enemigo—. Trece puntos de daño.
Sus gritos alteran a Zoinks, que apoya las patas en la mesa del comedor y ladra con entusiasmo.
—¡Gracias! ¡Eso mismo pienso yo! —le dice Max.
Zoinks se acerca a él para que lo acaricie y luego pasa junto a cada uno de nosotros en busca de mimos y atención, que le damos encantados.
Me gusta mucho que esté aquí Zoinks. Además de ser una monada, jugar con él hace que pase el tiempo y ayuda a que nadie repare demasiado en lo floja que es esta campaña.
—Ahora entendéis por qué Zelda es tan extrovertido, como Zoinks —dice Nova, medio exasperada, mientras le da un beso en la cabeza. A continuación, es su turno, así que hace que su exploradora le lance una daga a una arpía.
—Li, ¿qué quieres hacer? —pregunto con amabilidad una vez que ha terminado Nova. No ha hablado mucho desde que empezamos a jugar, a pesar de que normalmente es muy entusiasta.
—Pues… —frunce el ceño y hojea el manual que tiene delante— no estoy segura. Supongo que Axolotl necesita curación, ¿no? Puedo curarlo.
—Si quieres… —respondo.
—Me gustaría haber elegido otra clase —dice después de curarlo. Luego picotea de la comida que nos ha preparado mi madre para esta noche—. Creo que no me di cuenta de lo mucho que se pelea en D eso está claro.
Felix se apresura a colocarse a su lado y los dos se marchan hablando en susurros, mientras yo me quedo en el umbral con mis preocupaciones y mis dudas.