Capítulo veinte
-T engo algunas ideas para cambiar un poco las cosas —les digo a los integrantes del color guard en el ensayo del día siguiente.
Anoche me quedé dando vueltas a los consejos de Max y quiero ponerlos en práctica—.
Lo primero que quiero probar es a ensayar en otro sitio.
—Hago un gesto amplio señalando el escenario del salón de actos.
Madisyn, Addison y Devin miran alrededor con desconfianza.
—¿Por qué? —pregunta Madisyn—. Nunca habíamos hecho algo así.
—Precisamente por eso —respondo, y camino hasta el fondo del escenario. Faith no está porque entre semana trabaja, pero le pedí permiso a Milord para intentarlo—. He pensado que nos vendría bien un cambio de aires, pero en realidad hemos venido aquí por esto.
Con un gesto teatral, descorro las enormes cortinas polvorientas que tapan los espejos de la pared trasera.
—Las coreografías ya nos las sabemos, así que lo importante ahora es ir lo más sincronizados posible. Si pudiéramos vernos en el espejo mientras ensayamos, igual detectaríamos antes los fallos.
Se miran en silencio en el espejo, sin protestar. Ni tan mal, después de los últimos ensayos que hemos tenido.
—Y se me ha ocurrido otra idea: ¿qué os parecería que cada día uno hiciera de DJ en el calentamiento?
Podéis elegir la música que queráis y calentamos con eso.
—Todo el mundo se pone a hablar—. Pero con una condición —continúo—: tenéis que poner música que creáis que le gustaría a vuestro personaje de D & D .
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunta Rosa.
Me encojo de hombros.
—Porque sí. Además, he estado pensando y a los artistas a veces los ayuda tener un alter ego, al que recurrir cuando están actuando.
Es como si se olvidaran de quiénes son de verdad y de sus inseguridades, y dejaran que saliera ese otro personaje.
Vosotros ya tenéis vuestro alter ego , así que ¿por qué no aprovecharlo?
—Camino despacio por la estancia—. Vosotros tres elegisteis guerreros.
—Me dirijo a los mayores con un movimiento de la cabeza—.
Podéis conectar con esa fuerza durante la actuación.
Y tú eras elfa, ¿no? —le digo a Keira—.
Las elfas son elegantes y gráciles, así que puedes trasladar esa energía a la actuación.
—¿Y yo? Yo era una orca bárbara llena de ira. ¿Eso significa que puedo arrollar a la sección de tubas si se me cruzan? —pregunta Yori, y el grupo entero estalla en una carcajada.
Sonrío.
—Tampoco nos vengamos tan arriba, aunque me gusta esa actitud.
—Descarga tu ira contra la sección de percusión —dice Callie.
—Por cierto —intervengo—, no sé si os habéis enterado, pero Brody ya no es el líder de la sección. Ahora lo es Max. Yo que vosotros evitaría a Brody hasta que se le pase el enfado.
Un murmullo recorre el grupo.
—Va a estar dando guerra —dice Devin.
Asiento.
—Puede que nos venga bien. Con todo el caos que va a haber en percusión, seguro que no tienen tiempo de meterse con nosotros. Y creo que Max va a ser más amistoso.
Rosa resopla.
—Sí, claro. Pero si es igual que Brody.
—Peor —replica Callie—. Todo lo que pasó en el campamento fue idea suya. A saber qué se les ocurre ahora que manda él.
Li y yo nos miramos incómodas. Al igual que yo, ella también ha visto la otra cara de Max en nuestras partidas de D & D .
Pero eso es un mundo aparte. Estoy empezando a fiarme de él (por algo estoy proponiendo todos estos cambios), aunque no tengo claro cómo va a comportarse como líder de sección.
¿De verdad van a cambiar las cosas entre las dos secciones? Ya lo veremos.
—Lo mejor que podemos hacer estas semanas es pasar de ellos y centrarnos en dar lo mejor de nosotros mismos.
Así es como de verdad los dejamos en evidencia.
—Para mi sorpresa, varios asienten con determinación.
Igual debería recurrir más veces a motivarlos aprovechando el rencor—.
Sé que aún nos queda mucho para poder optar al premio a mejor conjunto auxiliar, pero tenemos todo lo necesario: un espectáculo creativo, banderas preciosas, una coreografía divertida y, lo más importante, un grupo con muchísimo talento.
—Extiendo las manos hacia ellos—. ¿No creéis que al menos deberíamos intentarlo?
Algunos asienten y sonríen débilmente mientras se miran entre sí.
—Ya os digo yo que Lyra Stormclash jamás se dejaría intimidar por unos percusionistas enclenques como Brody o Max —dice Madisyn.
—¿Eh? —pregunta Rosa.
—¡Es mi guerrera! —responde Madisyn poniendo los ojos en blanco.
—Mi orca los aplastaría fácilmente —añade Yori.
—Y mi elfa podría bailar con elegancia sobre sus cadáveres aplastados —remata Keira.
Siento cierta culpabilidad al oírlas hablar mal de los percusionistas, pero intento no pensar en ello. Sea cual sea su motivación, mi equipo parece entusiasmado. Yo diría que hasta decidido. Es justo lo que quería
—¡Qué bien! —exclamo—. Lo de aplastar a la gente mejor no lo comentamos delante de Milord ni de Faith, pero me encanta que tengáis tantas ganas. Podemos ganar: solo tenemos que comprometernos. Así que vamos a empezar. ¿Qué personaje empieza hoy como DJ?
Yori se apresura a levantar la mano.
—Yo ya he encontrado en Spotify una lista para mi orca. Creo que Rage Against the Machine es perfecto para empezar.
Asiento, agradecida.
—Una elección impecable, Uf.
Los cambios no surten efecto de inmediato, pero cada día noto pequeños avances: correcciones sin que yo diga nada cuando se ven desacompasados, giros perfectamente sincronizados, e incluso a Callie y a Keira practicando los lanzamientos por su cuenta.
Cuando llega el partido en casa del viernes siguiente, estoy ilusionada de verdad.
Y, lo más importante, los demás también.
Aunque puede que tenga que ver con que el partido de esta noche se celebra durante el festival de otoño.
El alumnado está volcadísimo: ropa con los colores del instituto, caras pintadas y pasillos decorados con globos y guirnaldas.
Nuestra actuación de esta noche es sencilla: básicamente, mantener la formación y tocar mientras suena Ariana Grande y los reyes del festival cruzan el campo.
—Hazel, ¿vas a ir mañana al baile? —me pregunta Li cuando salimos del aula de música durante el descanso entre las clases y el partido.
Niego con la cabeza.
—Este año no. A Nova no le apetecía y yo no tengo pareja, así que pasamos. Mañana vamos a aprovechar para irnos de compras, ver una peli y empacharnos a comer.
—¡Qué bien! —Se recoloca las gafas, nerviosa—. Yo voy a ir con unas amigas.
—Te lo vas a pasar genial.
—¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Puedo ir contigo?
—Pues la verdad es que había quedado con Max para tomar un helado. Pero solo porque he perdido una apuesta y tengo que invitarlo —añado cuando la veo alzar una ceja.
—¿No decías que no lo aguantabas?
—Normalmente no.
Li me escudriña con la mirada. Siempre la he visto como una chica joven e inocente, pero quizá sea más perspicaz de lo que pensaba.
—Entonces, el que no vayas al baile no tiene nada que ver con que Max haya decidido no ir, ¿verdad?
—¿Qué? Pues claro que no. —Me da un vuelco el corazón. ¿Max no va? Hasta este mismo segundo no me había planteado si Max pensaba ir al baile o no, pero ahora quiero saberlo todo—. ¿Y tú cómo sabes si Max va a ir o no al baile?
Li se encoge de hombros.
—Lo he oído por ahí. Por lo visto hay chicas que no paran de pedírselo y él les está diciendo que no a todas. Ni siquiera ha querido quedar con Erika para ir a tomar un batido.
El cotilleo de Li me sienta igual de mal que desfilar bajo una lluvia helada.
¿Que hay chicas pidiéndole salir? No sé de qué me sorprendo.
Max es el nuevo de la banda y está bien bueno.
Y, aunque tenga nuestra edad, saber que por las mañanas asiste a clase en la universidad lo hace parecer mayor y más interesante que los demás chicos con los que hemos crecido.
Aun así, no me imaginaba que habría tanta gente interesada en él.
Me horroriza sentir cómo los celos se me agarran a la garganta con solo pensarlo.
—Yo no hablo de esas cosas con él.
Li sonríe con picardía.
—Pero sí que quedáis a tomar helado. Aunque él no quede con nadie más.
—Venga, no empieces. Se lo debía por una apuesta, nada más. —Tengo las mejillas coloradas y Li sabe que me ha pillado—. Por cierto, que llego tarde.
Li se ríe por lo bajo.
—Claro que sí.
—Madre mía —protesto—. Oye, por favor, no digas nada ni exageres las cosas con los del equipo, ¿vale? De verdad que no significa nada, pero no creo que les hiciera gracia enterarse.
—Seguro que les sentaría fatal. Pero te prometo que no voy a decirles nada. —Me guiña un ojo con complicidad y me arden aún más las mejillas.
No consigo quitarme de la cabeza las palabras de Li cuando, unos minutos después, me subo al coche de Max.
Ya estaba algo confundida con las implicaciones de esta quedada y ahora la cabeza me da vueltas con todas las posibilidades.
Intento no pensar en mis dudas. Puede que las chicas que le pidieron salir no fueran su tipo y por eso dijo que no.
O quizá siga colgado de alguien de su antiguo instituto.
Hay un millón de explicaciones que no tienen nada que ver conmigo y no me hace ningún favor darle vueltas.
Max conduce hasta una heladería que hay junto a la carretera, a unos diez minutos del instituto. Ni siquiera se puede entrar: es una simple caseta diminuta con una ventanilla para pedir. Solo hay una persona trabajando: una chica llamada Hayley, que va conmigo a clase de Historia.
—¿Qué os pongo? —pregunta, dirigiéndole una sonrisa exagerada a Max.
—Pues a ver… —Se da unos golpecitos en la barbilla, pensativo, antes de mirarme sonriente—. ¿Cuál es el helado más caro que tenéis?
Hayley entorna los ojos, confundida. En esta heladería no hay muchas opciones: solo hay helado de máquina y punto.
—Eso no estaba en el trato —le recuerdo, cruzándome de brazos—. No soy rica.
—Vale, vale. Pues uno de vainilla y chocolate. Pero el tamaño más grande que tengas, por favor.
Niego con la cabeza y me acerco a la ventanilla.
—Yo igual, pero pequeño.
—Qué muermazo eres —susurra.
Un minuto después, regresa Hayley con mi cucurucho normal y otro que mide casi igual que mi antebrazo.
—Ostras —dice Max.
—Me has pedido el más grande —responde Hayley guiñando un ojo—. Tus deseos son órdenes. Avisad si necesitáis algo más.
Parece que no solo las chicas de la banda se han fijado en Max.
—Te vas a poner malo —le digo cuando ya he pagado y nos sentamos en una mesa de plástico junto a la ventanilla.
—¿Cuándo vas a dejar de subestimarme? —Le da un mordisco enorme—. Me lo voy a terminar sin problemas.
—Es imposible que te acabes eso. Ha debido de vaciar la máquina entera de helado.
—Ha sido muy amable.
—Estaba ligando contigo.
Se gira para mirar hacia la ventanilla.
—¿Sí? No me he dado cuenta.
—¿Vas a ir mañana al baile? —se me escapa antes de poder frenarme.
Max se queda inmóvil justo antes de dar otro bocado.
—Eh… no. —Me observa—. ¿Y tú?
—No. Nova y yo vamos a quedar por nuestra cuenta.
Asiente levemente y nos quedamos en silencio. Vale, ha sido rarísimo, pero al menos ahora sé seguro que no va. Aunque me da lo mismo, ¿eh?
—Hoy te ha quedado muy bien el pelo —dice, y le da otro bocado exagerado al helado.
Me sobresalto con lo inesperado de sus palabras.
—¿Eh? Qué va.
—Es verdad.
—Casi nunca me queda bien el pelo —replico—. Es imposible de domar.
—Eso es porque estás condicionada contra él.
A mí me encanta, incluso cuando está… encrespado.
—Con la última palabra, marca las comillas en el aire, como si lo del encrespamiento fuese una invención mía.
Pero ya te digo yo que no—. Me recuerda a cuando éramos pequeños y tenías que apartártelo de la cara cada dos por tres mientras jugabas a los juegos de mesa.
—Sí, otra ventaja de los rizos. Parece que sigo teniendo trece años.
Max clava la mirada en mi boca antes de devolverla a mis ojos.
—Ya no parece que tengas trece años, Hazel.
Sus palabras hacen que me arda el cuerpo entero. ¿Qué está pasando entre nosotros? Al menos, cuando nos lanzábamos al cuello, sabía a lo que atenerme: él decía alguna bordería, yo respondía igual de borde, y listo. Así de fácil. Pero ahora apenas sé mantener una conversación normal con él.
Le doy un mordisco al helado para volver a centrarme.
—Oye, ¿cómo está llevando Brody lo de la destitución?
Max pone los ojos en blanco.
—Más o menos como te imaginas. Ha decidido que le da igual la sección de percusión, pero, a la vez, no deja de señalar todos mis fallos delante de los demás.
Cree que está siendo sutil, pero es evidente que está intentando poner a la sección en mi contra.
Sin embargo, los demás están siendo bastante majos.
A principios de semana estuve con algunos de los más jóvenes después del ensayo y practicamos un poco más.
Creo que ayudó bastante. ¿Y tú? ¿Tienes mejores sensaciones con tu equipo?
—Sí, un poco.
—¿Vas a contarme más secretos del equipo? —pregunta con una leve sonrisa—. Tranquila, que no voy a insistir. —Da otro bocado—. En realidad, tengo curiosidad por saber lo que opinas de Felix y Li.
Niego con la cabeza, confusa.
—¿A qué te refieres?
—A ver, igual no debería decir nada, pero me parece que Felix está muy… pendiente de Li. Ha habido varias veces en las que he pensado que estaba mirando al vacío en los ensayos y luego me he dado cuenta de que la estaba mirando a ella.
—Ahí va. ¿En serio?
Menudo día de sorpresas. Me alegro de que Felix no haya sido borde con Li ni con las demás, pero jamás se me habría ocurrido que pudiera interesarle.
Max ladea la cabeza, pensativo.
—No sé, no he hablado con él. Igual es casualidad. Pero podrían hacer buena pareja. Deberías mandarles más deberes de D & D para que tengan una excusa para hablar.
Me echo a reír de la sorpresa.
—¿Estás haciendo de celestino?
—Lo dices como si viviéramos en la Edad Media. No estoy haciendo de celestino. Solo digo que tienen intereses en común y que los dos son de los más jóvenes de la banda. Además, dices que Li se sentía un poco fuera de lugar en tu sección, igual que Felix.
—Eso es hacer de celestino —repito, sonriendo. Me resulta enternecedor que se le haya pasado por la cabeza.
—Olvídalo. No he dicho nada.
—Me parece muy tierno, pero no voy a meterme en la vida sentimental de nadie. Si hay algo entre ellos, ya lo descubrirán.
—Puede. —Se inclina hacia delante—. Pero a veces la gente no lo descubre nunca, aunque tenga todas las pruebas delante.
De repente ya no me queda claro que sigamos hablando de Li y Felix. En vez de contestar, le doy otro mordisco al helado, con la esperanza de que me enfríe un poco, porque juraría que tengo la temperatura por las nubes.