Capítulo diecinueve
E l miércoles me quedo por el instituto después de clase aunque no tengamos ensayo.
Sé que es una tontería (tampoco es que mi presencia vaya a influir en la decisión de Milord sobre el líder de la sección de percusión), pero supongo que quiero estar cerca para enterarme cuanto antes.
Me digo que es por el bien del color guard, para estar preparada por si mañana Brody viene con ganas de guerra, pero no es del todo cierto.
Sea como sea, me entretengo fuera enrollando con cuidado las banderas de competición y guardándolas en el almacén, asegurándome de no perder la llave nueva.
No pienso cometer el mismo error otra vez.
Cuando vuelvo a entrar en el edificio, soy de las últimas que quedan.
Brody, Max, Milord y sus ayudantes están reunidos al fondo del aula de la banda.
Milord se vuelve hacia mí.
—Lo siento, Hazel, pero ahora mismo el aula está cerrada.
—Uy, perdón, lo siento. —Señalo una bandera de práctica que se han debido de olvidar apoyada contra la pared—. Solo venía a, eh, ensayar un poco más. Me voy al gimnasio.
—Creo que esta tarde les tocaba ensayar a las animadoras. Pero puedes probar en el salón de actos. No debería haber nadie.
—Ah, vale. Gracias.
Brody me mira con recelo y Max me saluda con un leve movimiento de la cabeza. Cruzo los dedos detrás de la espalda y salgo corriendo.
En realidad, no me hace falta ensayar, pero voy al salón de actos y me pongo a dar vueltas por el escenario.
Nunca había estado aquí porque no ensayamos en este espacio, pero no está nada mal.
Los techos son altísimos, perfectos para lanzar las banderas, y al fondo hay unos espejos ocultos tras unas cortinas pesadas.
Se me hace un poco raro estar sola en un sitio tan grande y vacío, pero decido quedarme por si Max viene a buscarme cuando termine.
Transcurren veinte minutos en los que practico algunos lanzamientos más complicados e intento distraerme pensando en nuestra campaña de D es que… somos rivales, Max. Nuestras respectivas secciones no se llevan bien y me parece mal contarle al líder nada que pudiera darle ventaja sobre nosotros.
Se reclina sobre los codos, frunciendo el ceño mientras mira hacia el patio de butacas.
—No puedo prometer que las cosas vayan a cambiar porque yo sea el líder.
Vamos a seguir peleando por ganar la apuesta.
Los demás se me echarían encima si los obligara a ejecutar vuestra coreografía delante de toda la banda.
Seguiremos queriendo recibir más puntuaciones máximas que vosotros y más halagos de parte de Milord.
Me echo hacia atrás igual que él, copiando su postura. Nada de lo que dice me sorprende, pero aun así me deja un poso amargo.
—Ya.
—Pero eso no significa que vaya a ponerle la zancadilla al color guard .
—Se recoloca ligeramente. El lateral de su meñique apenas roza el mío, y no sé si ha sido sin querer o no—.
Quiero ganar, pero eso solo va a pasar si consigo que la sección de percusión esté unida y demos lo mejor de nosotros mismos, independientemente de lo que haga el color guard.
Lo miro de reojo, intentando descifrar su expresión y si podría estar mintiéndome. Aún me cuesta confiar del todo en él, pero quizá pueda tomármelo como una prueba. Si algún día utiliza esta información en mi contra, sabré la respuesta.
—Es que… no lo estoy pasando bien. Quiero que a la gente le importe tanto el color guard como a mí, que tengan ganas de salir a actuar y que seamos como… yo qué sé, como una familia. Qué cursi ha sonado, perdona.
—De cursi, nada —dice con una expresión amable—. Te entiendo.
Suelto el aire, aliviada.
—Y no sé cómo hacerlo. A veces incluso pienso que me odian un poquito. —La última frase la susurro. Me estoy abriendo demasiado.
—Es imposible odiarte, Hazel. De verdad: lo he intentado.
Me vuelvo hacia él y veo una sonrisa cálida. Y quizá un poco traviesa.
—No sé si soy la mejor persona para darte consejos —continúa, y levanta la vista hacia el techo como si estuviera pensando—.
A mí ahora se me viene una cuesta arriba importante, con Brody aprovechando cualquier ocasión para insultarme.
Pero, al menos en mi caso, ha ayudado que algunos tengamos en común el interés por los videojuegos y no dejemos de citar frases de El Señor de los Anillos .
Hasta hemos empezado a jugar a Helldivers por las noches.
Y hablamos de música. Hay un batería que me tiene obsesionado, El Estepario Siberiano, y no paramos de mandarnos vídeos suyos tocando.
¿Hay algo parecido que podáis hacer en el color guard?
Me encorvo. Es algo muy básico, conectar gracias a los intereses comunes, pero no tengo ni idea de qué le gusta a la mayoría.
Ni siquiera los que llevamos años juntos en el equipo quedábamos fuera de la banda.
Y este curso hemos estado tan volcados en los ensayos que apenas he tenido ocasión de hablar con ellos sobre su vida.
Pero entonces me viene a la cabeza la cena de la sección y cómo nos pusimos a crear personajes. Fue una tontería, pero nos lo pasamos bien. Quizá eso sea justo lo que necesitamos: algo que nos una de verdad.
Asiento despacio.
—Me sirve. Gracias.
—Puedes devolvérmelo invitándome a un helado. —Se pone en pie de un salto—. Aunque, pensándolo mejor, tienes que invitarme de todas formas porque has perdido la apuesta… —sonríe con malicia— contra mí.
—Sabía que iba a perder.
Me mira sorprendido.
—Entonces, ¿para qué la aceptaste?
—Porque es divertidísimo picarte. —Le devuelvo la sonrisa mientras hago con las manos un gesto de titiritera.
—Pues solo por eso me voy a pedir el doble de helado.