Traidores y mazmorras (Romántica 3) Capítulo diecisiete #2
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Capítulo diecisiete #2

—El nacho perfecto —explico, mientras Max asiente a mi lado—. Con la cantidad justa de ingredientes y un totopo que siga crujiente y sea lo bastante resistente como para aguantar todo el peso sin romperse ni derrumbarse.

—El mejor nacho —decimos los dos a la vez.

—Eh… Yo voy a coger estos y punto —dice Felix, haciendo un montón en un plato de cartón.

Los demás lo imitan, pero Max y yo no tenemos prisa, y nos inclinamos sobre la mesa y la estudiamos como si fuéramos golfistas profesionales analizando el terreno antes del golpe.

Por fin encuentro el nacho perfecto, cargado de carne, queso y todo lo demás, y él hace lo propio. Levanto el mío.

—Por nuestra nueva partida.

Max choca con delicadeza su nacho contra el mío.

—Y por volver a empezar.

A diferencia de la sesión anterior, en la que estaba nerviosa y deseando poder fingir una intoxicación alimentaria de última hora, hoy estoy entusiasmada de verdad.

Me he pasado toda la semana dándole vueltas, leyendo y apuntando ideas para los encuentros.

Como la última vez derrotaron a la zarigüeya gigante y subieron de nivel, lo lógico es que quieran investigar qué estaba pasando, de dónde habían salido esos animales monstruosos y si había más.

Lo que significa que, cuando empiecen a explorar el bosque, puedo guiarlos hasta la guarida de la zarigüeya, que casualmente conecta con túneles subterráneos.

Y eso significa que esta noche podemos empezar a explorar nuestra primera mazmorra.

En ese momento, ya parecerá una partida de D & D de verdad.

—¿Estamos todos listos? —pregunto cuando ya nos hemos sentado todos y Zoinks se ha acomodado junto a la silla de Nova.

Casi estoy botando en mi asiento. Tengo todo el escenario clarísimo en la cabeza (y también un boceto rápido, porque no dibujo tan bien como Li) y sé exactamente cuándo van a encontrar las trampas, los monstruos y el botín.

Va a molar muchísimo. Por primera vez me siento una DM de verdad, como mi madre, y no una novata que finge ser dungeon master .

—Por cierto —dice Felix—, Li y yo hemos seguido tu consejo y hemos trabajado en el trasfondo de nuestros personajes.

Me recuesto en la silla. Sinceramente, con todo lo que ha pasado, casi se me había olvidado. Y me sorprende que Li haya hablado con Felix sin decírmelo.

—Ah, pues qué bien. ¿Qué se os ha ocurrido?

Se miran tímidamente, uno a cada lado de la mesa. En ese momento se parecen un montón, los dos con gafas y moviendo nerviosos las manos, tanto que no puedo dejar de mirarlos.

—Estábamos pensando que Ellywich es jardinera y que a los druidas les importa mucho el equilibrio y la pureza de la naturaleza —dice Felix.

—Y hemos decidido que no queremos ser familia —añade Li.

—Así que hemos pensado que mejor venimos de dos familias distintas que viven cerca y se dedican a proteger la tierra y vivir de ella.

Pero estamos aquí porque una plaga destruyó nuestras cosechas.

Ya no podemos sobrevivir allí, nuestras respectivas familias se marcharon y ni siquiera sabemos dónde están.

Así que hemos venido en busca de respuestas sobre la plaga, para salvar nuestra tierra y volver a reunir a las familias.

Felix y Li se miran y asienten para darse ánimo, mientras yo sigo intentando asimilarlo todo.

—Buen trasfondo —les dice Nova—. Los pasados trágicos siempre son los mejores.

Sí, es verdad, salvo que yo no me entere hasta después de haber preparado la campaña y no pueda integrarlo en la historia.

Pensaba que, como mucho, dirían que eran amigos de la infancia o algo parecido, no que iban a inventarse todo un misterio nuevo que tendríamos que resolver.

Trago saliva y sonrío. No pasa nada. Ya lo arreglaré más adelante.

—Gracias por currároslo tanto —les digo—.

Y con esta nueva información supongo que podemos empezar.

Como recordaréis, la última sesión terminó con el grupo derrotando a la zarigüeya gigante y salvando a todo el mundo.

Sin embargo, el mapache gigante consiguió escapar.

Por suerte, con el tamaño que tenía, dejó un rastro enorme que se interna en el bosque.

—Entonces lo lógico es seguir las huellas, ¿no? —pregunta Nova al resto—. Además, no me importaría adentrarme más en el bosque. Tanta gente me estaba poniendo nerviosa.

Zoinks ladra a su lado y ella le revuelve el pelo.

—Pues lo siento —le dice con voz infantil—. Ya sé que te encanta la gente, pero esto es lo que pasa cuando hay demasiada: que se lía.

—La verdad, yo estoy de parte de Zelda —dice Felix—. Me gustaría explorar primero la ciudad. ¿Cómo se llamaba? ¿Darkthorn?

Asiento con rigidez y noto que me empieza a temblar un ojo.

—Yo pensaba lo mismo —dice Li—. Felix y yo… O sea, Elrid y yo queremos buscar pistas sobre lo que puede estar causando la plaga. Por eso hemos venido a esta región.

—A mí me parece bien —dice Max, y yo me retuerzo las manos bajo la mesa—. Yo solo voy buscando el oro, así que no pienso internarme más en el bosque sin un buen incentivo. Pero, como los cuatro hemos ayudado tanto, seguro que podemos negociar una recompensa si encontramos a alguien en la ciudad.

—Vale —responde Nova, algo contrariada—. No me gustan las ciudades, pero Zelda va a estar encantado. —Entonces me mira—. Bien, el grupo entra en la ciudad para investigar.

Todos se vuelven hacia mí, sonrientes y expectantes, y yo me quedo completamente bloqueada. ¿Y ahora qué hago? Lo tenía todo preparado tras mencionar el rastro y el mapache que huyó hacia el bosque, disponía de las pistas para empujarlos a seguirlo. Lo tenía todo listo para esa trama.

Me pongo a darle vueltas a la cabeza a toda velocidad.

—¿Seguro? Vale, la ciudad. A ver…

Bajo la vista a mis apuntes y los dados como si se me fuera a presentar la solución. Si ni siquiera sé cómo es la ciudad. Me aclaro la garganta.

—A ver, el grupo entra en la ciudad. Y cuando llegáis veis, eh, edificios. Edificios altos. Bueno, no muy altos, de dos plantas, más o menos. Y con jardineras.

Miro de reojo a Max y a Felix, convencida de que estarán poniendo caras o conteniendo la risa, pero solo están a la espera. Li asiente, seguramente pensando que voy a añadir algo útil o profundo, pero no.

—Vale. A ver. ¿Quién manda en esta ciudad? —pregunta Max al cabo de un momento.

—Pues… eh… el duque. El gran duque de la ciudad.

Max frunce el ceño y se vuelve hacia el grupo.

—Creo que deberíamos ir a verlo, para exponerle nuestro caso y pedir una recompensa.

—¿Y si vas tú a buscarlo mientras Elrid y yo nos ponemos a preguntar por la plaga? —propone Li, y se me vuelve a encoger el estómago. ¿Ahora quieren separarse? ¿Y hablar con más personajes no jugadores, que ni siquiera he creado ni sé interpretar?

—Zelda y yo te acompañamos, Axolotl —dice Nova.

—Encantado.

—No —espeto, y Li da un respingo, probablemente por lo brusco del tono—. A ver, creo que deberíais permanecer todos juntos.

—Pero ¿cómo vamos a averiguar qué está pasando en nuestras tierras si no nos ponemos ya a preguntar? —dice Felix.

—Pues igual tendríais que haberme contado antes vuestro trasfondo en vez de soltármelo a última hora —espeto, y al instante me entran ganas de esconderme debajo de la mesa. La estoy liando parda.

Felix me mira atónito.

—Pero tú nos dijiste que inventáramos un trasfondo, y eso hemos hecho. —Mira a Li para que lo confirme.

El corazón me late a toda velocidad y la culpa se me mezcla con los nervios hasta dejarme completamente perdida, sin saber qué hacer con el grupo.

—¡Ahí va! Se me había olvidado por completo que mi madre había traído tarta para esta noche.

—Max arrastra la silla para levantarse.

Los demás se miran, sorprendidos, pero enseguida se levantan también—.

En realidad, es para los adultos, pero dice que podemos coger si llegamos antes de que se la terminen. Vamos ahora antes de que no quede nada.

—¿De qué es? —pregunta Felix.

—De chocolate.

—Aparta —responde Felix entre risas, y sale volando hacia la cocina. Li y Nova corren tras él, y Zoinks se suma enseguida al grupo. Sin embargo, Max permanece rezagado, hasta que nos quedamos solos en el comedor.

—¿Quieres un trozo? —pregunta en voz baja.

Ladeo la cabeza, confundida.

—¿Qué haces? Si nunca te ha gustado la tarta.

—No me disgusta si tiene mucha cobertura, aunque es verdad que no es mi comida favorita. Pero esta la tolero.

—Entonces, ¿por qué…?

Me interrumpo cuando me dedica una leve sonrisa cómplice.

Ahora mismo me vendrían muy bien unos cuantos minutos para recomponerme y decidir cómo seguir.

Sé que podría explicárselo a todos, pero no quiero reconocer que ya estoy fracasando como dungeon master .

Se supone que debo ser la líder, quien mueve los hilos y lo sabe todo.

No quiero que pierdan la confianza en mí tan pronto.

Max podría haberme dejado en evidencia en cuanto notó que lo estaba pasando mal, pero, en lugar de eso, ha encontrado la forma de darme justo lo que necesitaba sin que los demás se diesen cuenta. Al comprenderlo, se me hace un nudo en la garganta.

—¿Desde cuándo te has vuelto tan sacrificado? —pregunto con una voz débil—. ¿Comer tarta por mí?

—Solo quiero proteger a mi dungeon master .

Su dungeon master . Me da un vuelco el corazón. Así, de repente, esas tres palabras significan tanto que me dejan sin voz.