Capítulo quince
T odos se van sentando alrededor de la mesa: Max y Felix se sitúan a mi derecha; Li y Nova, a mi izquierda, y yo presido desde la cabecera.
Todos se vuelven hacia mí con expectación y yo trago saliva detrás del parapeto de DM, una barrera de plástico plegable colocada frente a mí sobre la mesa.
Un único pensamiento me ronda por la cabeza: voy a ser dungeon master y es posible que haga el ridículo.
—Eh, a ver… Bienvenidos. Gracias por venir. Nova y Li, sé que ya tenéis creados vuestros personajes. ¿Os parece si empezamos presentándolos?
Li se hunde un poco más en la silla, como si quisiera desaparecer, pero Nova se inclina hacia delante con entusiasmo.
—Será un placer. No sabéis cuánto tiempo llevaba esperando este momento ni la lata que le he dado a Hazel para que se decidiera.
Gracias a todos por aceptar jugar. —Apoya las manos en la mesa—.
A ver, yo interpreto a una exploradora gnoma llamada Stump.
Es muy introvertida y no soporta a la mayoría de la gente ni las multitudes.
Prefiere mil veces perderse por la naturaleza antes que ponerse a hablar, aunque hace excepciones con unas pocas personas.
—Me recuerda a alguien que conozco —interrumpo, guiñándole un ojo.
—Sí, puede que tengamos algunas cosas en común. Pero en su vida hay un gran amor: el compañero animal que puede tener como exploradora. Zelda es un perro enorme y Stump viaja montada sobre su lomo porque es muy pequeña.
—¿Zelda? —pregunta Felix, levantando las cejas.
—Era el nombre que yo quería para nuestro perro, pero mis padres me lo vetaron. Estaba obsesionada con ese juego.
—No sabía que los exploradores pudieran tener compañeros animales —dice Li, con un brillo en los ojos de la emoción—. Cómo mola.
—¿Quieres contar por qué llevas tanto tiempo queriendo usar este personaje? —le pregunto.
Nova sonríe.
—Porque Zelda se basa en mi perro del mundo real, Zoinks.
Y no critiquéis el nombre: mis padres son muy fans de Scooby-Doo.
—Saca el móvil y lo pasa para que los demás vean la foto.
Nova quiere a su perro más que a cualquier persona, incluidos sus padres, y no me extraña.
Probablemente Zoinks sea el perro más bonito de la historia de los perros.
Li pega un chillido tan fuerte al ver la foto que me pitan los oídos.
—¡Qué pelazo tiene tu perro!
—Es un bobtail, así que en casa nos pasamos la vida cepillándolo, pero merece la pena. —A Nova se le suaviza la expresión como solo lo hace cuando habla de Zoinks.
—¿Puedes traerlo a las partidas? —Li nos mira a Nova y a mí como si fuéramos sus padres y estuviera pidiéndonos más regalos de cumpleaños.
—Pues… eh… —Nova me mira pidiendo auxilio.
—A ver, tendría que preguntárselo a mis padres, pero siempre les ha encantado Zoinks, así que dudo que pongan pegas. ¿Crees que le gustaría venir?
Nova se ríe.
—Estaría más feliz que nunca. Y no se separaría de vosotros, porque necesita caricias constantes: le encanta conocer gente nueva. Y los olores.
—A mí me encantan los perros —dice Felix.
—Pues decidido —concluye Max, asintiendo—. Nuestra campaña ya es la mejor porque tenemos un compañero animal. Y de verdad.
Con él, todo acaba siendo una competición, pero esta vez estoy de acuerdo. Tener a Zoinks en futuras partidas va a ser divertidísimo. Además, con él en casa, nadie va a poder enfadarse ni discutir. Va a ser como nuestro perro de terapia.
—Ahora me toca a mí, ¿no? —pregunta Li con cautela.
Pasa de nerviosa a ilusionada en cuestión de segundos. Ojalá gane confianza antes de que acabe el año.
Cuando asentimos para animarla, se remueve en la silla y saca una libreta.
—Cuando vine a cenar con Hazel y la sección, todos hicimos personajes de D & D, y yo creé a una druida elfa llamada Ellywich.
—¿Hacéis esas cosas? —pregunta Felix—. Pues sí que es divertido, ¿no?
Normal que le sorprenda que el color guard haga cosas divertidas. Me contengo el enfado, pero Max le da un codazo y Felix se yergue en su asiento.
—No sabía que hicierais cosas así en el color guard —dice Max—. Es una idea muy chula.
Lo miro en silencio, pero no llega el comentario sarcástico que esperaba. Se me hace raro, pero me gusta.
—Desde entonces he seguido pensando en ella —continúa Li— y creo que es jardinera y agricultora.
Le encanta cultivar comida para su familia e invitar a gente a casa para cocinarles.
Se levanta temprano y pasa todo el tiempo que puede en el huerto, y solo vuelve a casa para preparar lo que ha cultivado.
Pero, si no encaja en la partida, puedo cambiarlo y hacer otra cosa.
Nova y yo negamos con la cabeza al instante.
—No, no lo cambies. Está genial —le digo.
Se le sonrojan las mejillas.
—Y, bueno, es así.
Li deja un dibujo en el centro de la mesa y todos nos inclinamos para verlo: es una elfa preciosa, de pelo morado, con un peto naranja y una enorme cesta llena de verduras.
—Ostras —dice Nova.
—¿Lo has dibujado tú? —pregunta Felix.
—Sí. También dibujé todos los personajes del color guard . Puedo dibujar los vuestros también. O sea, si os apetece.
—Pues claro —responde Nova al instante—. Aunque lo que de verdad quiero es que dibujes a Zelda.
—Qué pasada, Li. Gracias —digo—. Felix, ¿y tú? ¿Te ha dado tiempo a pensar en un personaje?
—Pues… —Mira el móvil y luego levanta la vista—. He escrito algunos apuntes, pero tengo que rehacerlo. O puedo saltarme esta sesión si me lleva mucho tiempo.
—Pero si me has dicho que estabas superilusionado con tu personaje —replica Max.
Felix se frota la nuca.
—Es que… Es curioso, porque yo también he creado un druida elfo. —Mira a Li y entre ellos salta una chispa, como si hasta ahora no se hubieran visto de verdad—. Pero no podemos tener dos personajes iguales cuando solo somos cuatro, y a Li se le ha ocurrido antes.
—No pasa nada —digo.
—Puedo hacerme otro personaje si es necesario —añade Li.
—No hace falta que nadie cambie de personaje —la interrumpo—.
No es lo habitual, pero los druidas son una clase muy versátil.
Al grupo le van a venir bien usuarios que hagan magia y curen.
Creo que puede funcionar. De hecho, puede darle una dinámica interesante al grupo.
Igual… —Dudo, consciente de que es mucho pedir—.
Solo si os apetece, pero igual podríais hablar un día de estos sobre el pasado de vuestros personajes. O escribiros, si os es más fácil.
—Es una buena opción —dice Nova—. Vuestros personajes podrían tener un pasado en común o conocerse.
Li y Felix se miran, uno a cada lado de la mesa, y yo aguanto la respiración. Sé lo nerviosa que ha estado Li. Pero Felix asiente y ella le dedica una sonrisa tímida.
—Sí, es una posibilidad —dice.
Uf. De momento, todo bien. Miro a Max e intento tragarme los nervios.
—Y, por último, pero no menos importante, ¿qué has traído tú, Max?
—Yo voy a interpretar a Axolotl.
Me da un vuelco el corazón y me giro del todo hacia él.
—¿El… personaje que creamos hace unos años?
—No sabía que os conocierais de antes —dice Felix.
—Quedábamos cuando éramos más pequeños, antes de que él se mudara a otro pueblo —me apresuro a explicar, antes de volverme hacia Max—. ¿Cómo es que aún te acuerdas?
Su expresión es de incredulidad.
—Igual que tú. Tú tenías a Axolittle y yo a Axolotl. Están entre mis creaciones favoritas. No pienso jugar con un personaje cualquiera cuando puedo ser Axolotl, el guerrero dracónido que empuña sus dos… —Me señala con el dedo.
—Hachas —le digo al resto del grupo.
Los demás se ríen, pero a mí me deja descolocada que aún se acuerde pasados tantos años.
Nunca me habría imaginado que le importara tanto.
Vale que aquel día Max casi se cae del sofá de la risa cuando inventamos los personajes, pero tenía trece años y, en aquella época, el listón de lo que le hacía gracia estaba muy bajo.
—Vale, pues se ve que ya tenemos grupo, así que… diría que podemos empezar.
Me recorre otra oleada de ansiedad. Todos me miran con ilusión y caigo en la cuenta de que todo esto depende de mí. Sí, ellos tienen que interpretar a sus personajes, pero, si yo no doy la talla, la partida no va a avanzar. Menos mal que el parapeto me tapa las manos, que no paran de temblar.
Nos aseguramos de que todos tengan completas las hojas de personaje y las características, y entonces comenzamos la campaña propiamente dicha.
—Muy bien, empezamos en un campo abierto a las afueras de la ciudad de Darkthorn. Formáis parte de una multitud reunida en torno a un gran escenario de madera. Habéis venido para asistir al festival de música de Darkthorn, uno de los más famosos de estas tierras.
—¿Hemos venido a un concierto? —pregunta Max—. ¿Y todas las artistas son mujeres?
Me sonrojo.
—La verdad es que sí.
Cuando pensé en el comienzo, decidí tirar por algo que conociera bien. No he ido a muchos conciertos ni festivales, pero siempre he pensado en lo mucho que habría molado asistir al Lilith Fair, una gira de conciertos solo con artistas femeninas en los noventa. Así que lo he tomado como inspiración.
Los demás preguntan detalles sobre cómo es el lugar y qué tipo de gente hay, pero ya contaba con eso y puedo responder a todo.
—El último grupo sale al escenario y el público avanza hacia delante —digo, poniendo tensión en la voz—. En ese momento, se oye un ruido en el bosque e irrumpe una zarigüeya, corriendo hacia la gente. Mide igual que una persona y tiene los ojos rojos brillantes y unos dientes largos y afilados.
Todos se echan hacia atrás, sorprendidos, y sonrío para mis adentros. Había visto usar como monstruos a tejones gigantes y he partido de esa base.
—La gente se pone a gritar y a huir en todas las direcciones.
—Yo no —dice Max con seguridad—. Soy dracónido. No me va a asustar una vulgar zarigüeya.
Sabía que reaccionaría así.
—La zarigüeya le da una bofetada a un asistente que se le ha acercado demasiado y lo lanza por los aires. ¿Os quedáis donde estáis o salís corriendo?
—Nos quedamos —responde Nova.
—Me lo imaginaba. Pues toca nuestra primera tirada de iniciativa para ver quién empieza en este combate.
Todos tiramos un d20, la primera vez que lo hacemos juntos, con una sonrisa en el rostro.
—Bien, es hora de estrenar las hachas —anuncia Max cuando vemos que le toca a él primero. Saca un 19 en la tirada de ataque, así que impacta sin problemas y, además, obtiene un daño alto.
Hago algunos cálculos detrás del parapeto mientras Max y Felix chocan la mano.
—Con ese daño, la zarigüeya cae muerta al suelo —anuncio.
—¡Toma! —grita—. Con un golpe mío basta. Oye, ¿las zarigüeyas no tienen bolsa? ¿Crees que podría guardar algo de valor? Quiero saquear el cadáver.
—Puedes probar.
Nova me mira con suspicacia.
—¿Estamos seguros de que está muerta de verdad?
Vaya por Dios. Qué bien me conoce.
—De hecho, de repente se levanta de nuevo y fija sus ojos rojos en ti, Max.
—¡Pero si has dicho que estaba muerta!
—Se estaba haciendo la muerta —dice Felix entre risas.
—Otro motivo más para usarla como monstruo. —Me vuelvo hacia Max—. Creo que la zarigüeya está desquiciada y va a por ti.
El grupo se pasa el resto de la partida luchando contra la zarigüeya y, a continuación, contra el mapache gigante que aparece después, aunque este consigue escapar y huye de nuevo al bosque.
También interrogan a varios personajes no jugadores para averiguar si habían visto antes criaturas así y por qué podrían estar atacando.
Para mi alivio y alegría, a medida que va avanzando la sesión no queda ni rastro de tensión ni rencor entre ellos.
El grupo está totalmente metido en la historia, sobre todo cuando el mapache consigue escapar, lo que me permite centrarme en mi papel en lugar de analizar cada palabra que digo.
Estoy especialmente orgullosa de haber hecho que el mapache huyera, porque así van a querer seguir su rastro hasta el bosque y llegar a nuestra primera mazmorra, la aventura de D & D por antonomasia.
Se nota que les gustaría seguir, pero no vamos a tener tiempo para avanzar mucho más antes de que mis padres terminen su partida y echen a todos de casa, así que lo dejamos ahí y recogemos.
Li me da un abrazo junto a la puerta antes de marcharse.
—Hazel, me lo he pasado mejor que nunca.
—Sí, gracias —añade Felix—. Me alegro de que me hayáis incluido. —Es menos efusivo que Li, pero parece decirlo de verdad.
Nova es la siguiente en abrazarme.
—Lo has hecho genial. Me alegro muchísimo de que por fin lo hayamos organizado. —Baja la voz y me susurra al oído—. Y has conseguido no pelearte con nadie en toda la noche. Enhorabuena.
—Más me sorprende a mí.
Me despido del resto mientras Max se acerca a mi lado.
—Ha sido una nueva experiencia. Creo que hoy los dos hemos perdido la apuesta.
Me sorprende la amabilidad de su expresión. Si no lo conociera, diría que me está mirando como si fuéramos amigos.
—O igual hemos ganado los dos.
—Me gusta más esa versión. Aunque no sabemos a quién le toca traer comida el domingo que viene. —Se mete las manos en los bolsillos—. Eso si va a haber otra sesión.
—El grupo tiene que averiguar qué ha sido del mapache. No os puedo privar de ese momento.
—Genial.
Su sonrisa tiene repercusiones en mi química cerebral que prefiero no analizar.
Después de este último mes, no pensaba que fuera posible, pero es absurdo negarlo: acabo de pasar una tarde divertida con Max. Se ve que D & D influye mucho más de lo que creía.