Capítulo trece
E l sábado siguiente, por la mañana, la banda de música se sube a los autobuses escolares rumbo al pueblo de al lado, cuyo instituto nos ha invitado al concurso que organiza.
Es la primera de nuestras tres competiciones locales y cruzo los dedos para que hoy consigamos, aunque sea por los pelos, una puntuación de superior; así sabremos que ya estamos clasificados para el campeonato estatal y podremos relajarnos.
Aunque, siendo sincera, me doy por satisfecha con que percusión no gane el premio a la mejor sección.
Podemos sentarnos en el autobús que queramos, así que Nova y yo evitamos a la sección de percusión.
Nos vamos hacia el fondo con los demás alumnos de último curso y nos sentamos juntas, como siempre.
Es curioso, pero creo que viajar en autobús con Nova es de mis momentos favoritos en la banda.
Desde luego, nunca nos aburrimos. Hay gente que cree que los que estamos en la banda somos unos frikis, pero en nuestros autobuses pasa de todo.
No hay ningún otro sitio en el que haya tanta gente besándose, reconciliándose o cortando.
La clave está en sentarse lejos del acompañante adulto y mirar a otro lado.
Nadie quiere saber qué ocurre debajo de las mantas con las que nos tapamos las piernas del frío, sobre todo cuando volvemos de noche.
Durante la siguiente media hora, Nova y yo intentamos predecir cómo va a salir la partida de D préstale mucha atención hoy. Y Yori, tú sueles retrasarte…
—A ver, vamos a hacer una cosa —me interrumpe Faith—. Tenemos que empezar ya con el calentamiento. Chicos, poneos debajo del árbol a estirar. Hazel me va a ayudar con las banderas. No tardamos.
Con un gesto de la cabeza, me indica que vayamos hacia los autobuses, y yo la sigo, algo insegura. Cuando ya estamos lo bastante lejos para que no nos oigan, se detiene y se lleva una mano a la cadera.
—No van a saber qué hacer. —Miro hacia atrás—. Siempre dirijo yo los calentamientos.
—Están estirando, Hazel. Seguro que pueden apañárselas solos.
Voy a replicar, pero Faith levanta una mano.
—Tienes que bajar un poco el ritmo. Sé que para ti es importante que el grupo lo haga bien, pero ¿los has visto? Están muertos de miedo. Para algunas, es la primera vez que compiten. Señalar sus errores en público no va a ayudarlas.
—Pero fingir que solo basta con «hacerlo lo mejor posible» tampoco ayuda. No sé si te has dado cuenta, pero, ahora mismo, con eso no es suficiente.
Faith se pellizca el puente de la nariz y respira hondo.
—Nadie está aún en su mejor nivel. Es la primera competición.
En ese momento, la voz de Max resuena a lo lejos:
—¿Buena suerte?
—¡A muerte! —responde a coro el resto de la sección de percusión.
Contengo un gemido, tanto por su grito de guerra como porque, en cuanto empiezan a tocar segundos después, suenan genial.
Trago saliva, intentando controlar la ansiedad.
¿Y si percusión consigue hoy el premio y gana la apuesta?
No solo tendríamos que limpiar los baños de hombres al final de la temporada (cierro los ojos un segundo para que no me entren arcadas), sino que además se pasarían todo el curso restregándonoslo por la cara.
Tenemos que mejorar ya. Tengo que encontrar la manera de ayudarlas.
—Respira hondo. —Faith me posa una mano en el brazo—. Lo que el grupo necesita ahora mismo es una capitana tranquila y segura. Sé un ejemplo para ellas, ¿vale?
Me muerdo el labio y asiento.
—Sí, vale.
De verdad que lo estoy intentando. Mantengo la calma, sonrío, lo hago todo bien…
, pero no sirve de nada. En el primer minuto, ya sé que hoy no vamos a ganar ningún trofeo.
Los primeros compases de nuestro espectáculo son algo oscuros y un poco caóticos, con la banda imitando el sonido de un vendaval que recorre el campo mientras el color guard agita de forma errática las enormes banderas con forma de relámpago.
Estamos intentando crear ambiente para Una noche en el monte Pelado y mostrar el contraste entre la frenética «tormenta» inicial y el momento en que, un minuto después, nos ponemos firmes.
Cuando la banda toca sus primeras notas con toda su potencia y volumen, es crucial que todo el color guard ejecute la coreografía perfectamente sincronizada.
Pero, por desgracia, ocurre justo lo contrario.
El equipo no está escuchando bien la música y se descuadra, aunque tampoco ayuda que la banda también pierda el compás varias veces.
Con un subidón de adrenalina, empiezo a cantar los tiempos para quien pueda oírme, con la esperanza de que los devuelva al ritmo.
Pero no puedo cantar todos los movimientos: la coreografía nos obliga a desplazarnos constantemente por el campo, a menudo separados por grandes secciones de la banda.
Y entonces, para mi horror, veo que, detrás del biombo de atrezo, Keira ha cogido por error la bandera que no es.
Hemos practicado este cambio mil veces, pero ahí está, interpretando la segunda pieza con una bandera dorada y roja, mientras que todos los demás llevamos la morada.
Estoy gritando por dentro, pero mantengo la sonrisa como si fuese intencionado.
Aunque ya estoy imaginándome los urinarios.
Los siguientes cuarenta y cinco minutos en la grada son un suplicio.
Toda la banda espera a que anuncien los resultados al final de la competición.
No tengo ninguna esperanza para el color guard , pero rezo para que percusión también haya tenido un mal día.
Max cruza la mirada conmigo mientras sube las gradas con sus compañeros.
Ninguno de los dos dice nada, pero tampoco nos miramos con odio ni nos lanzamos pullas, así que me doy por satisfecha.
Por fin, el presentador procede a anunciar los premios.
Nova apoya el hombro contra el mío mientras esperamos.
En esta competición, solo hay cuatro bandas en la categoría AA (la de institutos grandes), así que deberíamos llevarnos al menos un trofeo.
Pero, conforme siguen anunciando los resultados, nos damos cuenta de que hemos quedado cuartos.
¿Cuartos de cuatro? A mi alrededor se oyen murmullos y quejas.
Puede que el color guard tenga fama de flojear en las competiciones, pero la banda siempre lo hace bien.
—Y el premio a mejor conjunto auxiliar es para… ¡el Instituto Oak Grove!
Nova protesta a mi lado, pero yo apenas siento una leve decepción.
Si ni siquiera conseguimos sacar las banderas correctas al campo, estaba claro que hoy no íbamos a ganar ningún premio.
Además, Oak Grove ha ganado en casi todas las competiciones en las que he participado.
No es ninguna sorpresa que también ganen hoy.
—Y el premio a mejor percusión es para… ¡también el Instituto Oak Grove!
A nuestra izquierda, los de Oak Grove chillan de alegría, y, por un momento, hasta me entran ganas de levantarme y celebrarlo con ellos.
Por lo menos, aún no hemos perdido la apuesta contra Max y Brody.
Dudo un segundo antes de mirar hacia atrás, a donde está sentado Max.
Tiene los hombros caídos y cara de absoluta decepción.
Casi me da pena, hasta que recuerdo lo poco que me apetece limpiar baños.
Max levanta la cabeza y me sorprende mirándolo.
Entonces aprieta los labios y asiente despacio, y yo le devuelvo el gesto.
No nos decimos nada, pero sé lo que está pensando: para la próxima.
El presentador continúa hasta llegar al anuncio de las bandas que se han clasificado para el campeonato estatal al obtener una puntuación de superior. Aunque sé que mi equipo no se lo merece por nuestra actuación, aún podríamos clasificarnos si la banda obtiene un superior en el resultado global.
—Las bandas clasificadas para el campeonato estatal en esta competición son River View, Laurelburg, Twin Valley y Oak Grove. Enhorabuena por vuestro trabajo y gracias a todos los institutos por participar. ¡Buen viaje de vuelta!
Un momento. ¿En serio? ¿No nos hemos clasificado?
A nuestro alrededor, la gente empieza a hablar, levantarse y dirigirse a la salida, pero los de Glen Vale nos quedamos sentados.
Tras unos segundos, Milord nos hace señas para que lo sigamos.
Veo a mis padres y a Kelsey entre el público, llamándome, y los saludo con pocas ganas.
Me duele ver sus expresiones tensas, como forzando una sonrisa que no les sale.
Ha sido una pérdida de tiempo que vinieran hoy.
—Sabíamos que este era un año de reconstrucción —dice Milord cuando nos agrupamos junto a los autobuses.
El resto de la banda murmura a mi alrededor, mitad enfadados, mitad deprimidos—.
Parece que algunos jueces no han quedado tan impresionados con nuestra musicalidad como esperábamos, y por eso nos han dado un excelente.
Pero eso solo significa que vamos a tener que esforzarnos más que nunca en los ensayos para clasificarnos para el estatal.
Nos quedan dos competiciones, incluida una dentro de una semana. Lo vamos a conseguir.
Esforzarnos.
Ya. Pero ¿hasta dónde vamos a llegar? No dudo de que la banda conseguirá la puntuación máxima la próxima vez. Lo han hecho un millón de veces y lo volverán a hacer. Pero, en cuanto al color guard, no sé cómo vamos a arreglarlo a tiempo.