Capítulo seis
C uando el equipo llega a casa el miércoles por la noche para la cena de la sección, no me sorprende comprobar que mi madre se ha superado una vez más. El jardín delantero está lleno de letras gigantes que forman un «Bienvenidos, caballeros».
—Adelante. Nos alegramos de teneros por aquí —dice mi padre, haciéndoles señas para que entren y vayan hacia la cocina.
Kelsey saluda desde el salón, pero, para mi sorpresa, está bastante callada. Aunque, claro, es difícil hacerse oír por encima de diez adolescentes ansiosos por comentar los ensayos del día.
—Espero que os gusten los tacos —anuncia mi madre cuando entran—. Tenemos tortillas blandas y crujientes, arroz, pollo desmenuzado en la olla lenta y un salteado de pimientos y cebolla por si hay vegetarianos, además de todos los acompañamientos que queráis. Servíos.
El equipo se queda un segundo mirándolo todo con cara de asombro antes de lanzarse a por la comida.
—Gracias, mamá —le digo en voz baja—. Creo que los has dejado impresionados.
—Me alegro. Es una noche importante y quería ayudarte a que saliera bien. Me acuerdo de lo bien que nos llevábamos en la sección de trompetas; éramos inseparables. Y esa fue una de las razones por las que tuvimos tanto éxito.
Sus palabras me revuelven un poco el estómago. Agradezco que hayan venido todos a cenar esta noche, pero de ahí a ser inseparables… Ya veo a varios mirar la hora en el móvil porque luego tienen otros planes.
—¿Has preparado alguna actividad para que hagáis piña después de cenar? —pregunta mi madre.
¿Actividad para hacer piña? La miro alarmada. ¿No basta con cenar juntos? No sabía que para ser buena capitana tuviera que organizar dinámicas de confianza como si estuviéramos en un retiro de empresa.
—Déjalo —dice mi madre—. Seguro que se te ocurre algo. —Me empuja hacia el grupo—. Y ahora deja de hablar conmigo y vete a hablar con ellos.
Hay que reconocer que el bufé de tacos está siendo un éxito total.
El comedor está decorado con globos, serpentinas, servilletas y platos verdes y blancos.
Todos se apelotonan felices alrededor de la mesa, riéndose y hablando del comienzo de las clases el próximo lunes.
Me siento al lado de Li. Esperaba que alguno de los demás la adoptara, pero por ahora parece quedarse al margen.
—¿Tienes ganas de empezar el curso?
Sonríe, pero enseguida frunce el ceño.
—Sí, pero también me da miedo. El instituto es enorme comparado con el colegio y no sé cuándo voy a ver a mis amigas. Por eso me alegro tanto de estar en el color guard y teneros a todos vosotros.
Se me encoge un poco el corazón al recordar lo difícil que fue mi adaptación al instituto. Tengo que estar pendiente de ella para asegurarme de que esté bien. El resto del instituto no lo puedo controlar, pero la banda tiene que ser un lugar seguro para ella.
En cuanto se acaba la comida, la conversación también empieza a apagarse.
Recuerdo lo que me ha dicho mi madre; igual debería haber preparado algo más para hacer juntos.
No quiero que se marchen tan pronto. Miro a mi alrededor y entonces veo, en una estantería, varios manuales de D son mayores, y tú también lo eres —el grupo se ríe—, y hacen magia. Y sé que esta temporada vas a ayudarnos a hacer magia.
Los demás se ríen, probablemente en plan sarcástico, teniendo en cuenta lo poco que confían en el equipo, pero le doy un abrazo a Li para que nadie vea que su última frase me ha emocionado.