Capítulo cinco
-K elsey, necesito las orejas y la cola de gato de tu disfraz de Halloween del año pasado —digo mientras bajo las escaleras de casa el domingo por la tarde.
Aún sigo en una nube después de haberle ganado a Max en el drill down del viernes. Fue increíble y sonrío cada vez que lo pienso, pero mi victoria no le sirve de nada al color guard . Necesito que se impliquen de verdad para que podamos ser un equipo cohesionado.
Lo que, naturalmente, significa que vamos a disfrazarnos de gatos.
Kelsey pone el marcapáginas en el libro sobre dragones que se está leyendo y me mira con desconfianza.
—¿Para qué quieres mi disfraz?
—Para el color guard .
—¿Os disfrazáis de gatos en la banda?
—¿Vais a llevar un disfraz grupal? —pregunta mi madre desde el comedor—. A mí me encantaba.
Para sorpresa de nadie.
—No quiero que me sudes el disfraz —dice Kelsey, y sigue leyendo.
¿Por qué todo es tan difícil? Me acerco al umbral que separa el salón del comedor. La mesa está ocupada casi al completo por manuales y cuadernos de D tienes muchas cosas en la cabeza.
El miércoles tengo poco trabajo. ¿Por qué no les dices que se pasen después del campamento a cenar?
Os vendrá bien para relajaros a mitad de semana.
Ah, y el disfraz de Kelsey está en el armario del pasillo, arriba del todo. Ni se dará cuenta si lo coges.
—Gracias, mamá. Me has salvado la vida.
Se lo agradezco, pero aun así me invade la tristeza. Ojalá no tuviera que acudir siempre en mi rescate. Quería que este fuera el año en el que pudiera apañarme con todo yo sola, pero de momento está siendo lo contrario.
Llego al campamento el lunes por la mañana sintiéndome un poco ridícula.
He hecho lo que he podido con el modesto disfraz de Kelsey: he sujetado las orejas de gato con horquillas, me he enganchado la cola a los shorts grises y me he pintado bigotes en las mejillas con lápiz de ojos.
No voy a ganar ningún premio con mi disfraz, pero al menos se entiende.
En cambio, Li se ha volcado por completo con el disfraz. No solo lleva orejas y cola, sino también una camiseta con estampado de leopardo y maquillaje a juego.
—¡Estás monísima! —exclamo.
Li sonríe de oreja a oreja y da una vuelta sobre sí misma al cruzar la puerta del aula de la banda.
—He rebuscado en el armario de mi madre y he encontrado esto. Tú también estás genial.
Para mi sorpresa, las de décimo (Callie, Deja y Keira) también vienen con unos disfraces estupendos. De hecho, hoy todo el color guard se lo ha currado muchísimo.
—Me encanta tener una excusa para disfrazarme —dice Callie cuando reúno al grupo para empezar el ensayo de la mañana.
—Esto es divertidísimo —añade Deja—. Ojalá pudiéramos disfrazarnos todos los días en vez de estar todo el rato preocupándonos por los ensayos y las actuaciones.
Me cuesta oírla entre las carcajadas que llenan la sala. Al fondo, un grupito de percusionistas, incluidos Max y Brody, están formando un corro y se parten de risa. Uno está intentando hacer el pino y no deja de caerse.
—Es una pena que la sección de percusión nos tenga tanta manía —dice Keira con anhelo—. Se les ve divertidos.
—Y guapos —añade Deja.
—Es mejor evitarlos como la peste —digo, lanzando una mirada rápida hacia ellos.
Por desgracia, justo en ese momento, Max mira en nuestra dirección y me pilla ojeándolo. Se me acelera el pulso y aparto la vista enseguida. Lo que me faltaba ya: que piense que estoy hablando de él.
—¿Igual que hiciste el viernes en el drill down? Te vi hablando con Max y Brody. ¿Y eso? —pregunta Madisyn.
El grupo entero forma un corro a mi alrededor. Me da la impresión de que buscan que les cuente cotilleos.
—Pensaban que iban a ganarme en el drill down, así que tuve que ponerlos en su sitio. No soporto los aires que se gastan.
—Está claro que sacas lo peor de Max. Se le veía cabreadísimo —responde Addison.
—Nos conocemos de antes y nuestros padres son amigos, así que la cosa es un poco… rara —explico—. No me puedo creer lo imbécil que es ahora.
Devin se vuelve para mirarlo.
—Con lo buenísimo que está.
Estoy tentada de volver a mirar a Max, pero me resisto.
—Que esté bueno no significa que sea buena persona.
—Si tú lo dices… —responde Callie.
Justo en ese momento, la sección de percusión empieza a gritar su cántico de las narices:
—¿Buena suerte? ¡A muerte! ¿Fracaso? ¡Ni caso!
Pongo los ojos en blanco y les doy por completo la espalda. Odio ese cántico con toda mi alma. Es absurdo, no es creativo y se lo he oído gritar a pleno pulmón tantas veces que he perdido la cuenta.
—Solo quiero interactuar con ellos cuando nos traigan los polos.
Fuera de eso, tenemos que centrarnos en nosotros —les recuerdo—.
Por cierto, me gustaría organizar una cena con todo el color guard .
¿Qué os parece este miércoles? Podríamos quedar en mi casa para estar todos juntos y comer un montón de cosas ricas.
Se hace el silencio, y de pronto se me pasa por la cabeza que podrían negarse. ¿Hay algo más humillante que el que rechacen una cena gratis conmigo? No podría ni contárselo a mi madre. Igual tengo suficiente dinero ahorrado como para poder sobornarlos si hiciera falta.
—Pues… —Madisyn mira a sus amigos—. He quedado a las ocho, pero puedo pasarme antes a cenar.
Addison y Devin asienten.
—A mí me encantaría ir —dice Li con entusiasmo.
—Yo creo que también puedo —añade Rosa.
Las demás también aceptan y por fin puedo respirar tranquila.
—Genial. Pues venga, a ensayar, que tenemos que llevarnos el gato al agua. —Agito la cola peluda.
—Nooooo —protesta Callie, mientras varios integrantes más me abuchean, pero lo hacen sonriendo. En este punto, con eso me vale.
Hace un calor abrasador durante el ensayo vespertino en el campo.
Agosto en Ohio puede ser insoportable, con el calor y la humedad, y Milord nos está concediendo más descansos de lo normal para que bebamos agua y nos pongamos más protector solar (aunque la mayoría pasa bastante del tema).
Los chicos, sobre todo, parecen competir por ver quién acaba el campamento más quemado.
—Tendría que haberme traído yo los polos para el color guard —le digo a Nova durante el último descanso.
Ella ha traído una nevera llena de hielo y polos de colores para todos los clarinetistas.
Aunque, por lo general, no le guste mucho la gente, no se puede negar que como jefa de sección es buenísima.
Doy un trago de agua. Está del tiempo, qué triste—.
¿Cómo he podido pensar que los de percusión iban a cumplir con su parte de la apuesta?
—Ojalá hubiera traído suficientes para las dos secciones.
—No, ha sido culpa mía. Siempre me pasa igual; tendría que haber sido más desconfiada. Tengo que aprender de ti.
Estoy planteándome seriamente pedirle un poco del hielo derretido de la nevera cuando Max se acerca corriendo hacia nosotras.
—Qué bien os vendrían unos polos ahora, ¿eh? Voy a por ellos. Y no, no me he olvidado. Si me apuesto algo, lo cumplo.
Y entonces me sonríe. Lo siento hasta en los dedos de los pies.
Apenas me da tiempo a parpadear antes de verlo echar a correr hacia el instituto.
Me giro hacia Nova.
—¿Acaba de sonreírme?
—Le he visto los dientes, así que diría que sí.
—Pues ahora sí que me estoy empezando a preocupar. —Le lanzo una mirada asesina a su espalda y le doy otro trago al agua.
—Igual quiere volver a llevarse bien contigo. —Le da un mordisco al polo—. O se ha quedado impresionado con lo del drill down .
—Puede…
—En fin, sea lo que sea, espero que dure mucho. A Max parecía interesarle de verdad D sois un fracaso. Vamos a daros un buen repaso.
Nos echamos a reír y chocamos la mano. Para mi sorpresa, a Max no parece molestarle nuestro nuevo cántico.
De hecho, parece como si se estuviera esforzando por no reírse.
Es normal: solo lleva seis días en la sección de percusión de Glen Vale.
Los demás, en cambio, están que arden. Brody se ha puesto rojo como un tomate y sé que no es por el sol.
Llevan años repitiendo ese cántico. Para ellos es casi sagrado.
¡Vaya, hombre! Se lo tienen merecido por intentar dejarnos en ridículo.