Capítulo cuatro #2
—No hagas apuestas que no puedes ganar —susurra.
Me enderezo en una sacudida. Tengo la piel caliente y tensa por sentir su aliento junto a mi oído, pero son sus palabras las que me recorren como fuego por la espalda y las extremidades. ¿Cómo se atreve a darme lecciones? No tiene ni idea de con quién se está metiendo.
—Mejor aplícate el cuento, porque estoy a punto de acabar contigo.
Nos quedamos mirándonos a los ojos, librando una batalla silenciosa.
La energía se escapa por mis poros a la espera de su siguiente movimiento.
Le tiembla la comisura de los labios, como si estuviera conteniendo una sonrisa, y entonces se da media vuelta y se dirige a su línea.
Me quedo paralizada un instante, pero sacudo brazos y piernas y respiro hondo para despejarme.
Casi había olvidado lo competitivos que nos ponemos Max y yo.
—¿Estás bien, Hazel? —pregunta Li en voz baja detrás de mí.
No sé cuánto ha oído exactamente, pero seguro que demasiado. Echo los hombros hacia atrás y le dedico una gran sonrisa.
—Estoy estupendamente, Li.
Los jefes de campo avanzan hasta el césped y centro mi atención en ellos. Aparto de mi cabeza a Max y a Brody y me meto de lleno en situación. Voy a demostrarles que se equivocan.
—A ver, voy a poner orden. —Milord se interrumpe—.
¿Habéis pillado el chiste? Orden. —Se ríe y continúa—: Los jefes de campo van a ir dando órdenes.
Van a empezar por lo fácil, si habéis estado atentos, pero enseguida van a ponerse con órdenes más rápidas y complejas, así que prestad mucha atención.
Si falláis una orden, quedáis eliminados y tenéis que ir a la banda y sentaros.
Gana el último en quedar en pie. —Durante unos segundos reina el silencio en el campo—. Marjorie y Greg, cuando queráis.
—¡Equipo, preparados! —ordena Marjorie, y todos nos colocamos con los pies separados el ancho de los hombros y las manos juntas delante del cuerpo.
—¡Equipo, firmes! —grita, y llevo el pie izquierdo junto al derecho y bajo las manos a los costados.
—¡Equipo, derecha!
Me vuelvo hacia la derecha.
—¡Equipo, izquierda!
Vuelvo a quedar de frente.
—¡Equipo, descansen!
Abro las piernas y coloco la mano derecha delante del vientre y la izquierda en la parte baja de la espalda.
Y así continuamos durante un largo rato.
Por el rabillo del ojo voy notando que la gente va cayendo como moscas mientras los jefes de campo encadenan órdenes sin parar.
Hay músicos muy buenos en la banda, pero basta con perder la concentración un segundo para cometer un error tonto o girar hacia un lado cuando querías hacerlo hacia el otro.
Después de muchas vueltas, acabo mirando hacia atrás y veo que casi todo mi color guard ya ha quedado eliminado.
Solo seguimos Li, Rosa y yo. Aprovecho un segundo para mirar de reojo hacia la percusión, y enseguida veo a Max, de espaldas a mí, y me da un vuelco el corazón al recordar cómo me susurró al oído.
—¡Equipo, en posición!
Titubeo y casi me salto la orden. Más gente queda eliminada a mi alrededor, y me flagelo por estar pensando en Max cuando debería estar concentrada. El corazón me late a toda velocidad y el sudor me resbala por la espalda.
—¡Equipo, derecha!
—¡Equipo, izquierda!
—¡Equipo, media vuelta!
Se oyen quejidos y protestas mientras grupos enteros corren hacia la banda.
Cuando, a mi izquierda, sueltan un taco, me permito la más mínima sonrisa.
Brody ha caído. Por su propio bien, no debería ser tan chulo.
Tras unas cuantas órdenes más, solo quedamos unos pocos.
Aunque no puedo mirar a izquierda ni derecha sin romper el protocolo, sé que Max sigue en el campo conmigo.
Lo noto, y mis ganas de ganarle aumentan con cada nueva orden.
Ya ni siquiera me importa ganar. Solo quiero ganarle a él.
Marjorie y Greg nos lanzan una secuencia absurda de órdenes que me cuesta mucho seguir.
Siempre pasa igual cuando llegamos hacia el final.
Milord se pone nervioso porque aún no hay ganador y los jefes, desesperados, van con todo.
Tras otro giro a la izquierda, descubro que, por ese lado, solo queda Max.
Su postura es perfecta, rígida como una vara, y lo fulmino con la mirada, deseando que sienta cómo mi rabia le perfora el cráneo.
Otra orden de giro a la derecha, media vuelta, descanso y regreso a la posición inicial. Casi fallo en la última, pero al final la clavo.
—Mierda.
Por el rabillo del ojo veo moverse a una figura alta y de pelo oscuro, y estoy a punto de saltar de alegría.
Max ha quedado eliminado, lo que significa que lo he conseguido. He vencido a toda la sección de percusión. Contengo un grito de victoria. Me entran ganas de correr tras él para restregarle el triunfo por la cara, pero quedaría descalificada, y ni de broma pienso hacerlo.
—¡Equipo, firmes!
Vuelvo a la posición de firmes.
¿Quién más queda? Me doy media vuelta y veo que solo estamos Nova y yo. Se me escapa una risita.
—¡Equipo, en posición!
—Vale, lo dejamos aquí o nos quedaremos toda la noche con estas dos —anuncia Milord por el megáfono—. Nova y Hazel, sois oficialmente las ganadoras del drill down de esta temporada. ¡Enhorabuena!
En ese momento, rompemos la formación y corremos gritando la una hacia la otra. La abrazo con fuerza.
—¡Qué fuerte, Nova!
—¡Somos lo más!
El resto de los clarinetistas corre a felicitarla, y el color guard hace lo propio conmigo, con Li encabezando la estampida. Por encima de ellos, cruzo la mirada con Max.
—Ya has oído a Milord. Ganadora oficial. —Meneo los dedos en su dirección, como si estuviera despidiéndome de él—. Gracias por los polos, viejo amigo.