Capítulo cuatro
-¿P odemos hacer un descanso? —se queja Rosa el viernes, durante el ensayo de la mañana—. Llevamos siglos con lo mismo y estoy sudando tanto que se me está encrespando el pelo.
Es verdad que Rosa tiene un pelazo largo y brillante digno de envidia, pero puedo asegurar que no le va a durar mucho tiempo así en el color guard .
—Pero si ya paramos hace veinte minutos —digo.
Yori suspira y apoya la cabeza en el hombro de Rosa.
—Pero estoy cansada.
Algunos de los demás asienten, derrotados y agotados.
Los entiendo. Mucha gente cree que el color guard es fácil, pero no lo es.
No paramos de movernos y el ritmo y la sincronización tienen que salir perfectos.
La cuestión es que, si no ensayamos, no van a mejorar las cosas, sino todo lo contrario: cuando llegue el otoño y haga peor tiempo, casi seguro tendremos partidos y competiciones con tormenta o viento.
Esto no es nada comparado con tener que mover una bandera empapada que pesa un montón y te lanza barro a la cara.
—A ver qué os parece —digo, intentando sonar animada—. Repasamos una vez las órdenes, luego pasamos a la primera pieza de competición y después hacemos un descanso. ¿Vale?
Me parece un trato razonable, pero nadie se muestra especialmente entusiasmado.
—¡Hola! —exclama una voz, y todos nos giramos para ver a Faith.
Está tan impresionante como siempre: melena rubia larga, lisa y con la raya en medio, un vestido precioso y zapatos planos. En comparación, yo llevo la camiseta de la banda de mi primer año y el pelo más encrespado que rizado. Faith suelta un gritito al vernos.
—¡Pero mirad qué grupo! Cuántos recuerdos. He traído café con hielo y dónuts.
Todos chillan de alegría y corren a rodearla. Faith deja en el suelo una garrafa grande y una bolsa de papel y va saludando al grupo, abrazando a todos uno por uno.
—¡Faith!
—Dios, has llegado en el momento perfecto.
—¡Eres la mejor!
Yo me quedo aparte, intentando contener la irritación que empieza a nacerme por dentro.
Normal que estén encantados de verla: trae comida gratis y un descanso.
Pero habría estado bien saber que iba a venir hoy y que pensaba traer tanta comida.
Así yo habría podido colaborar o, al menos, organizar el ensayo de otra forma. Ahora parezco aún más borde.
—Quería haberos traído cafés de verdad, pero soy pobre.
—Se ríe y los demás hacen lo propio, totalmente cautivados.
Solo Li se vuelve un momento para mirarme, y yo le doy permiso con un gesto para que coja un dónut—.
He intentado hacer café con hielo en casa y he comprado unos dónuts. Espero que haya suficiente para todos.
—¡Hay de sobra! —dice Keira—. En el campamento no hacemos nada divertido. Me he enterado de que los de percusión van a pedir pizza para comer hoy y que los flautistas se van luego a por un helado.
Cierro los ojos con fuerza. Pues claro. Eso explica por qué hoy están todos tan desanimados.
Ahora que lo pienso, Nova ha comentado que los de viento-madera tienen una cena esta noche.
Y los trompetistas han venido hoy disfrazados de superhéroes.
Genial. Soy la peor capitana del color guard de la historia.
—¿Qué toca esta tarde? —pregunta Faith.
—El drill down —responde Devin.
—Ostras, ¿es hoy el drill down? —A Faith le brillan los ojos de la emoción—. A mí me encantaba.
—¿Qué es el drill down? —pregunta Callie.
—Un concurso para ver quién se sabe mejor las órdenes —contesta Madisyn, con tono de aburrimiento.
—Espero que dejéis el pabellón bien alto —continúa Faith—. Y, hagáis lo que hagáis, no dejéis que os ganen los percusionistas. No podéis empezar la temporada así.
Asiento con energía. Al menos ella se graduó hace poco y lo entiende perfectamente.
—Gracias por traer cosas para todos —le digo en voz baja mientras los demás devoran los dónuts—. He metido la pata por completo.
—Encantada de escaparme un rato del trabajo y pasarme por aquí. —Mira la pantalla del móvil—. Aunque no puedo quedarme mucho más. ¿Quieres enseñarme lo que lleváis preparado?
«No me apetece mucho», pienso, pero no lo digo en voz alta. Faith llama al grupo y, para mi sorpresa, nadie protesta.
—Venga, antes de irme quiero ver en qué habéis estado trabajando. Sé que lo vais a bordar.
No parecen muy convencidos, pero sonrío levantando el pulgar.
—Confío en vosotros.
Pongo la música y pasamos la primera pieza. Faith la ve entera con una sonrisa, animándolos aunque se caigan banderas y se pierdan todas las posiciones. Cuando terminan, todos se agrupan a su alrededor, y yo intento tragarme los nervios. Las dos sabemos que ha sido un desastre.
Faith recorre el grupo con la mirada.
—Solo puedo decir una cosa: ¡enhorabuena!
Me vuelvo hacia ella para mirarla.
—Es una coreografía difícil y solo lleváis unos días con ella, así que no os vengáis abajo. Si seguís con esa energía y esa confianza, sé que la vais a sacar. Y no os olvidéis de sonreír: a los jueces les encanta.
Espero a que llegue la parte crítica del comentario; ya sabes, el típico sándwich de elogios. Pero, en vez de eso, recoge la caja vacía de dónuts y vuelve a sonreírles.
—Siento no poder quedarme al drill down de esta tarde, pero volveré a veros en cuanto pueda, y pienso pedirme el día libre para ver la exhibición final del campamento la semana que viene. Tengo las esperanzas puestas en vosotros.
Faith se dirige hacia el coche y yo tardo en reaccionar, sorprendida, antes de salir corriendo tras ella.
—¿Ya está? —le susurro mientras la sigo hasta el aparcamiento—. Pero si ha salido fatal.
—A ver, no ha sido ninguna maravilla, pero aún estamos en la primera semana.
—Tú y yo nos aprendíamos la coreografía en un solo día.
—Y por eso hemos sido capitanas del color guard .
—Pero yo creo que, si les hablaras claro, igual se asustarían un poco y trabajarían más.
—No creo que la primera reacción de una capitana deba ser asustar a su equipo.
—Me pone una mano en el hombro, como si fuera una consejera anciana en vez de una chica de veintipocos recién salida de la universidad—.
Sé que te estás metiendo mucha presión este curso, Hazel, pero no puedes dejar que se note cuando estás con el grupo.
Relájate. La vida no se acaba después de la banda del instituto.
Vuelve a asomar la misma frustración de antes, pero lo último que necesito es discutir con mi directora en la primera semana de campamento.
—Ya. En fin, gracias por venir con los dónuts. Les has levantado bastante el ánimo.
—De nada. Nos vemos la semana que viene. —Sonríe de lado—. Y arrasad con el resto de la banda esta tarde.
—Muy bien, ha llegado el momento que todos estabais esperando: ¡el drill down!
—resuena la voz de Milord por todo el campo de fútbol americano a través del megáfono, y yo intento tragarme la mezcla de emoción y nervios—.
Clarinetes, a la línea de cincuenta yardas.
Color guard, a la de cuarenta y cinco. Percusión, a la de cuarenta.
Sigue dando instrucciones, pero yo dejo de escuchar. Genial, nos ha tocado al lado de los de percusión.
Me remuevo en mi sitio y respiro hondo. Nova pasa a mi lado y levanta la mano para chocarla conmigo, y lo hago sin pensarlo.
—Voy a por ti, Buchanan —dice con una sonrisa.
—Ándate con ojo, Walsh —le respondo riendo. Normalmente no competimos entre nosotras, pero en los concursos por secciones todo vale.
Una sombra se cierne sobre mí y, al girarme, veo que Max ha invadido mi espacio personal. Me ruborizo al tenerlo tan cerca. Aún no me he acostumbrado a lo mucho que ha crecido.
—La línea de cuarenta está ahí —le digo, señalando a su espalda—. Aunque, si no sabes ni eso, no creo que vayas a durar mucho en lo que viene ahora.
—No me hace ninguna gracia que hayas ido a chivarte de mí a tu madre —dice con una voz grave y áspera.
—¿Qué? Yo no me he chivado de nada.
—¿Y por qué mi madre me ha echado la bronca por no haber sido amable contigo?
—¿Y yo qué sé? —Me cruzo de brazos, con la esperanza de que me haga parecer indiferente y oculte lo nerviosa que me pone tenerlo tan cerca—. Igual porque es verdad.
—¿Ves? Sabía que habías estado hablando de mí. Y tu madre ha tenido que meterse en los asuntos de mi familia, como siempre.
Me da un vuelco el corazón.
—¿Como siempre? Si mi familia lleva años sin ver a la tuya.
Brody se acerca a Max.
—Sé que eres nuevo, tío, pero aquí no hablamos con pringados. Y menos con pringados que ni siquiera están en la banda.
Max se vuelve hacia él, confundido.
—Está en el color guard —continúa Brody—. Hay una gran diferencia. Lo entenderás en cuanto empiece el drill down .
—Cállate, Brody —espeto—. Esto no va contigo. —Tiene suerte de que no le coja una de las baquetas y se la meta por donde yo me sé. Así seguro que no podría desfilar.
Brody niega con la cabeza y deja escapar un silbido.
—No la tomes con nosotros solo porque no estéis a nuestra altura. Mira, igual deberías ir sentándote ya en la línea de banda, que es donde vas a acabar dentro de unos segundos. Así te ahorras el ridículo.
—Seguro que duro más que vosotros. —Fulmino a Brody con la mirada antes de descargar mi ira contra Max—. De hecho, apuesto a que voy a ser la que más aguante.
—¿Apuestas? —pregunta Max, con un destello de interés en los ojos que hace que se me acelere el pulso—. ¿Y qué ganamos cuando pierdas?
—Tiene que traer postre para la sección de percusión la semana que viene —dice Brody al instante—. Polos. Va a hacer más de treinta grados.
—Y, cuando gane yo, vosotros vais a tener que traer polos para el color guard . Uno por persona —añado, porque sé lo tramposo que es Brody.
—Vale. Pero trae de los azules, que son los únicos que están buenos. —Brody se dirige a su línea.
Espero que Max vaya detrás de él, pero, en vez de eso, da un paso más hacia mí. Se inclina como si fuera a contarme un secreto, y no puedo evitar contener la respiración.