Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 80
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Capítulo 80

Maddox

Ha pasado una semana.

Una. Maldita. Semana.

Le hago un gesto al bartender para que llene el vaso de whisky, se acerca sin mirarme demasiado y hace lo que le pido. Cuando se aleja vuelvo a beberme todo de un solo trago. Siento una presencia a mi lado y dejo caer mi cabeza en el hombro fuerte de Will.

—¿Debería buscarme un nuevo consigliere ? —murmuro con la voz rasposa.

—Solo pasó una semana —susurra en mi oído.

Emito un quejido y busco otra vez el vaso de whisky.

La música del club hoy está particularmente diferente, se escucha más baja y tranquila, incluso el maldito lugar aparenta estar en calma.

Lo cual es ridículo teniendo en cuenta que, ahora mismo, Jace está cerrando un negocio en el sector VIP.

Por suerte se deshizo del estúpido fentanilo que ingresó a las calles de Chicago, pero debimos aumentar la producción de cocaína para cubrir esos baches, al parecer el fentanilo es fuerte y adictivo, pero de la misma forma puede asesinarte en un segundo.

Lo había consultado con Levi y le pareció bien mi opinión: debíamos quitar de las calles esa maldita droga. A ver, la cocaína no era mejor, pero al menos no te mataba de solo probarla una vez.

—Exacto —repito y cierro los ojos, siento como mis párpados pesan—. Una semana, ¿entiendes eso? Está claro que me detesta.

—Asesinaste a su hermano —murmura. Me alejo y lo miro con los ojos entrecerrados—. A ver, tenías razón, en eso no hay discusión. Pero es su hermano, debe hacer un duelo… o algo por el estilo. No sé, nunca tuve hermanos —se encoje de hombros.

Tomo el vaso de vidrio y lo miro mientras muevo el líquido ámbar.

—Yo tampoco —murmuro y luego vuelvo a verlo— ¿Tú quieres ser mi consigliere ? —me inclino hacia él con media sonrisa y él ríe mientras se lleva su botella de cerveza a los labios—. Te prometo que no es una condición que follemos, Matthew fue… una linda excepción.

—Ya —pone los ojos en blanco—. Tampoco eres mi tipo, Maddox.

—Mmh —asiento y bebo un poco de whisky— ¿Y cómo debería ser para ser tu tipo, Greymson? —alzo ambas cejas varias veces y él ríe— ¿Hombre y llamarme Jace? —susurro.

Deja de reír y me mira de soslayo.

—¿Fui demasiado brusca? —pregunto en un susurro.

—¿Fui demasiado obvio?

—Un poco —me encojo de hombros y bebo whisky—. Solo lo suficiente para que yo lo note, ya sabes… cuando estábamos en Nueva York…

—Ya —me interrumpe.

—Es decir, rompiste un maldito vaso —murmuro.

—Entendí, Maddox.

Niego con una sonrisa y miro hacia mi costado, Jace está bebiendo con Marco, Pablo y otra chica. Cuando me giro hacia Will sus ojos grises están fijos con él y puedo ver un brillo de tristeza.

—¿Por qué no has intentado nada?

Sonríe con melancolía.

—Porque Jace es muy heterosexual y yo todo lo opuesto —pongo los ojos en blanco y él niega—. Déjalo, Maddox. Me gusta mi soltería.

—Ya, está claro —murmuro—. Pero quizás…

—Maddox.

—¿De qué hablan? —nos sorprendemos cuando escuchamos a Jace, quien nos rodea a ambos con sus fuertes brazos y se coloca en el medio—. ¿Maddox sigues llorando por Matthew?

Pongo los ojos en blanca.

—Ya pasó una semana, ¿cuántas veces debo decirlo? —murmuro.

—Regresará, Regina —choca su cabeza contra la mía de forma suave y dejo escapar una risa—. El tipo no puede vivir sin ti, solo dale tiempo.

—Claro, tiempo —murmuro y suspiro—. En fin, por hoy planeo divertirme… es decir, no me puse este vestido para quedarme así —me señalo y ellos comparten una mirada—. Y ustedes no están de guardia, así que…

—A bailar —dice Jace y toma mi mano.

Caminamos a la pista de baile y nos dejamos llevar por la música baja del club, llevo encima muchos vasos de whisky, creo que perdí la cuenta luego del número diez así que no me importa si me miran y susurran.

Es decir, soy Regina de Draghi , nadie se atrevería a reírse o decir algo frente de mí porque saben de lo que soy capaz.

Me gusta sentir esto: el poder sobre todos, el miedo que experimentan cuando me ven e incluso la sorpresa en su rostro.

Es decir, Levi jamás salía al club para divertirse, quizás solo cuando era joven pero no cuando era Don.

Yo soy diferente, poco importa que me vean con un vestido de satén negro, con escote y la espalda descubierta hasta casi rozar mi trasero, con un par de tacones a juego.

No debería sentir este vacío en el pecho, debería estar feliz porque soy dueña de toda la maldita ciudad, porque estamos expandiendo Draghi a la Costa Este gracias a Lucchese, porque he conseguido mi venganza, porque he forjado vínculos con la Tríada 14K , porque yo mando y tengo el poder.

Pero, aunque tenga todo eso, no tengo a Matthew.

Me siento un poco patética, es decir, soy la mujer más poderosa de este maldito lugar y me siento incompleta sin un hombre.

Pero Matthew no es un hombre cualquiera, Matthew es la persona que ha jurado protegerme, que me ha jurado amor, lealtad y devoción.

Es el mismo que estuvo a punto de asesinar a su propio hermano cuando escuchó la grabación. Y no lo hizo porque yo se lo pedí.

Porque yo quería hacerlo, quería arrebatar esa vida y ver cómo se apagaban esos malditos ojos traidores.

Y ahora… Ahora Matthew no está.

Cierro los ojos con fuerza intentando apartar esas ideas, quizás, después de todo, Matthew y yo no teníamos un destino juntos, quizás esto debía ser así. Soy dueña de Chicago y eso debe ser suficiente.

Así que bailo, me dejo envolver por la música, escucho las voces de todos a mi alrededor y puedo sentir la mirada de los presentes. Nada de eso importa, nada…

—Maddox —esa voz y esas manos enormes que se posan en mi cintura a mi espalda me hacen abrir los ojos—. ¿De verdad tienes que bailar enfundada en este minúsculo vestido en un club lleno de hombres?

Sonrío sin poder evitarlo y sin dejar de moverme.

—Es mi club —respondo y siento su aliento en mi oreja cuando se inclina.

—Y tú eres mía —gruñe.

Ladeo un poco la cabeza para verlo, lleva la barba prolijamente cortada y por lo que veo cambió su corte de cabello, lleva rapado los costados, solo un poco. Lo hace ver jodidamente bien.

—¿Lo soy? —lo provoco.

—Por supuesto —susurra y luego siento la punta de su lengua rozar mi oreja—. ¿No lo parece?

Me encojo de hombros.

—No lo sé, desapareciste…

—Tenía cosas que resolver —murmura—. Lo siento, necesitaba…

—¿Un tiempo lejos de mí?

—No, por supuesto que no —murmura y besa mi hombro descubierto—. Necesitaba estar seguro de que soy el hombre que quieres.

Me giro entre sus brazos y coloco mis manos en su pecho.

—¿De qué hablas?

—Tenía miedo —confiesa con un brillo en sus ojos—. Tenía miedo de que me veas y solo pienses en mi hermano, en que llevo la sangre de quien te traicionó. Me aterraba que no soportes verme, que pienses que soy como él…

—No lo eres —digo de forma tajante.

—Lo sé —susurra y apoya su frente en la mía, cierra los ojos y suspira—. Pero debía estar seguro, esos eran mis propios miedos. Cuando lo entendí no quise perder más tiempo.

—Entonces me buscaste…

—Y te encuentro bailando en un club de forma provocadora en un vestido que te hace ver jodidamente excitante, como si eso fuera más posible.

Dejo escapar una risa y subo mis manos a su cuello.

—Mi club —le recuerdo—. Nadie se atrevería a molestarme…

—Ya —gruñe—. Pero todos pueden mirarte y no me gusta.

—Matthew…

—Te amo —sus palabras me dejan sin aliento y, antes de que pueda entender qué sucede, se arrodilla frente a mí, noto las miradas de todos—. Te amo, Maddox. Por favor, perdóname por ser un maldito cabrón y acéptame otra vez.

Trago saliva, acaricio su nuca con mis dedos y sus manos bajan hasta apretar mi trasero.

—¿Como mi consigliere ?

—Como lo que quieras —susurra—. Soy tuyo.

Me inclino y lo beso.