Capítulo 70
Maddox
El sonido ensordecedor pareció paralizar el tiempo.
Vi cómo el cuerpo de Levi se sacudía violentamente hacia atrás. El impacto en su abdomen lo dobló por la mitad, y cayó de rodillas sobre el concreto frío antes de desplomarse por completo. El rojo oscuro comenzó a manchar su abrigo, expandiéndose tan rápido que me quitó el oxígeno.
Mi mente se quedó en blanco.
El ruido a mi alrededor se apagó, reemplazado por un pitido agudo en mis oídos.
El hombre que me había criado, el hombre que me había engañado, mi padre...
sangrando en el suelo por mi culpa, por mi maldito plan.
Sentía mi cuerpo entumecido, paralizado, ya no notaba el peso de Marcio sobre mí.
No podía respirar. No podía moverme. Estaba atrapada en una pesadilla de la que no podía despertar, viendo cómo su sangre corría hacia mi cuerpo.
El movimiento encima mío me trae de vuelta a la realidad, pero solo un poco, porque mis oídos siguen aturdidos. Marcio me suelta, mi cabeza choca con el piso y noto que se aleja, yo no puedo dejar de ver el cuerpo de mi padre lleno de sangre.
Giro mi cuerpo hasta quedar borra arriba, me alzo sobre mis palmas pero no me muevo, siento que mis piernas tiemblan y no tengo fuerza para levantarme por completo.
Mi padre está en el piso.
Mi padre recibió un disparo.
Mi padre está sobre un charco de sangre.
Sigo congelada. Continúo quieta sin moverme, sin entender qué demonios salió mal. Hasta que una ráfaga de disparos desde el ingreso sur destroza lo que quedaba de las ventanas, y una figura imponente irrumpe en el salón.
—¡Maddox! —rugió Matthew.
Derrapó sobre el concreto, ignorando por completo a Silva para lanzarse de rodillas junto al cuerpo de Levi. Sus manos, manchadas de la sangre de mi padre, comenzaron a aplicar presión sobre la herida al instante.
—¡Maddox! —grita, pero yo seguía mirando la sangre, temblando—. ¡Maddox, mírame!
Levanto la vista hacia él. Sus ojos oscuros parecen arder con una ferocidad que me ancla de vuelta a la realidad. No había pánico en él, sólo una determinación absoluta.
—Yo me encargo de él. Levi va a sobrevivir, te lo juro por mi vida —sentenció con voz dura y autoritaria—. Pero si no te mueves ahora, él escapará. ¡Ve a por Marcio! ¡Tráelo, Maddox!
La voz de Matthew fue el empujón que necesitaba para que mi cuerpo se ponga en movimiento.
Mi respiración se acelera y asiento mientras abandono el suelo, trato de no mirar el cuerpo de mi padre, recojo el arma del suelo sin decir una palabra y echo a correr hacia la salida por la que Marcio había escapado.
Se escuchan disparos, gritos y voces, pero me concentro en seguir los pasos. No pueden ir lejos porque están literalmente rodeados. A medida que camino las imágenes de lo que acaba de suceder aparecen en mi mente como ráfagas y me obligo a concentrarme en el ahora.
Lo alcanzo en el callejón trasero, justo cuando intentaba abrir la puerta de uno de los autos que Will ya había inutilizado. La nieve cae sobre sus hombros mientras maldice, golpeando el cristal.
Me detengo a unos metros de él. Levanto el arma, alineando la mira. No quiero matarlo, disparo y la bala atraviesa la parte posterior de su rodilla derecha, destrozando la articulación.
Marcio soltó un alarido inhumano, desgarrador, y se desplomó sobre la nieve, retorciéndose como un gusano mientras se agarraba la pierna ensangrentada.
Camino con paso lento, dejando huellas sobre la nieve mientras avanzo, cuando llego me agacho y lo miro.
Él se retuerce y me mira, los ojos llenos de pánico, me gustaría sonreír por lo feliz que me pone verlo así pero no puedo, no cuando en mi cabeza aparece la imagen de mi padre sobre un charco de sangre.
—¿Eres creyente, Marcio? —murmuro. Él me mira sin comprender mis palabras—. Espero que lo seas.
—¿De qué hablas? —dice entre dientes y con dificultad.
—Empieza a rezar. Porque si asesinaste a mi padre la tortura será peor de lo que te podrás imaginar —digo entre dientes.
◆◆◆
Esto debió sentir mi padre hace dos años cuando me secuestraron. Un vacío. Un maldito hueco en el pecho lleno de nada y de incertidumbre al mismo tiempo, porque no tengo idea de cómo se encuentra.
Luego de mi enfrentamiento con Marcio lo noqueé con la culata de mi Mossberg, apareció el hombre que le disparó a mi padre, pero antes de poder accionar Lucchese hizo una entrada lanzando un disparo directo al hombro izquierdo del tipo.
Me ayudó a llevar a ambos a la camioneta que estaría esperando por nosotros, Will y Jace la conducirán, habían escuchado por los micrófonos lo que había pasado pero les dije que el plan debía seguir.
Así que se limitaron a escuchar mis órdenes y se fueron a mi depósito, la idea era que Marcio y su guardia sean atendidos por un par de enfermeros para que no mueran antes de que yo me encargue de ellos.
Luc, mientras tanto, estaba sedado completamente.
Solo despertaría para encontrarse con su padre.
Pero todo eso debía esperar, ahora mismo necesitaba ver a mi padre.
Lucchese me dijo que Sima se había encargado de su tío, estaba arreglando unas cosas más y pronto partiría de vuelta a China. También dijo que estaba comunicándose con Matthew, que nos esperaba en el Hospital Northwestern a ambos, donde estaban atendiendo a Levi.
Matthew actuó rápido, como siempre.
Pero llevo dos malditas horas aquí y no hay respuesta.
Mi campo de visión se nubla, cierro los ojos y cuando los abro está arrodillado frente a mí, con sus manos grandes y pesadas sobre mi regazo. Se lavó las manos pero aún hay restos de la sangre de mi padre.
Trago saliva.
—¿Por qué aún no dicen nada? —digo sin aliento, la voz me sale estrangulada y niego—. Matthew…
—Hey —susurra y lleva una mano a mi rostro, acaricia mi mejilla con suavidad y siento una lágrima caer por mi piel, él la atrapa en un segundo—. Hablamos de Levi Salvatore, estará bien.
Sorbo por la nariz y trago saliva, niego y cierro los ojos.
—Pero pasaron dos horas…
—Recibió un disparo, tesoro —me recuerda y presiono los labios—. Quizás es algo complicado, pero está bien —un sollozo escapa de mis labios y acuna mi rostro ahora con ambas manos—. Escúchame, deberías descansar…
—No —niego—. No me moveré de aquí.
—Maddox…
—Le dije que lo odio —digo sin aliento y cuanto más soy consciente de eso mi llanto aumenta—. Le dije que lo detesto, yo…
—Esa no fue la última conversación —dice entre dientes.
—No importa, Matthew —respiro con dificultad—. Mi padre piensa que lo detesto, puede morir creyendo que…
—Ni siquiera lo digas —dice con voz seria.
Hago una mueca y estoy a punto de replicar pero entonces escucho pasos venir del pasillo y un hombre con una bata blanca manchada aparece en mi campo de visión.
—¿Salvatore?
—Si —me apresuro a decir y camino hacia él, siento la presencia de Matthew a mi espalda— ¿Cómo está mi padre?
El doctor deja escapar un suspiro y niega. Todo mi mundo se reduce a nada.
—Fue una cirugía complicada, la bala comprometió órganos imprescindibles y…
—¿Y qué? —digo entre dientes, Matthew se acerca más.
—Pudimos quitar la bala —dejo escapar el aire de mis pulmones pero continuo temblando al ver la expresión del doctor—. La cirugía salió bien, pero… —duda—. Ahora depende de él.
—¿Qué? ¿Eso qué quiere decir?
—Quiere decir que está en coma. Solo nos queda esperar para ver si despierta o…
—Ni siquiera lo diga —digo entre dientes y el hombre traga saliva cuando me acerco a él— ¿A dónde está?
—Lo siento, aun no es posible verlo…
—Claro que puedo.
—Maddox —susurra Matthew.
—Dónde. Está.
—Está en observaciones, señorita. No lo podrá ver…
Deja de hablar en cuanto mis manos se cierran sobre el cuello de su bata, me mira horrorizado, el hombre me saca dos cabezas de altura pero poco me importa.
—Maddox —gruñe Matthew.
—El próximo en estar en coma será usted si no me dice dónde demonios está mi padre —sentencio.
Noto como traga saliva y asiente.
—Habitación ciento diez, ala oeste.
Lo suelto y el hombre trastabilla hacia atrás, no me quedo a verlo, camino en dirección al ascensor para subir, las habitaciones están arriba así que no me detengo. El ascensor está a punto de cerrarse pero Matthew aparece con cara de pocos amigos.
—¿En serio, Maddox?
—No me jodas.
Me cruzo de brazos y dejo caer mi cuerpo sobre el espejo, Matthew se acerca un poco pero no demasiado.
—Es el doctor que seguirá tratando a tu padre —me recuerda y sé que tiene razón—. No deberías amenazarlo de muerte.
Bufo.
En cuanto las puertas del ascensor se abren otra vez casi corro en dirección a las habitaciones, observo cada puerta hasta que encuentro la que mencionó el doctor. Lleno de aire mis pulmones y entro con lágrimas en los ojos.