Capítulo 69
Maddox
Chicago amaneció cubierta de la blancura de la nieve.
El aire helado se colaba por las rendijas del depósito portuario abandonado, trayendo consigo el olor a sal y óxido. Desde mi posición en las vigas del techo, en la parte trasera del edificio, tenía una vista perfecta del salón principal. Era exactamente como lo habíamos planeado.
La temperatura está por debajo de los cero grados pero no siento frío, todo lo contrario, la adrenalina y la expectación hace que mis venas se mantengan calientes. Anoche no dormí, no he podido hacerlo estos últimos días, a veces dormitaba una o dos horas por la noche, no más que eso.
Sé que, cuando todo esto pase, podré descansar.
No creo poder hacerlo en paz, pero al menos lo haré sin el peso de esta venganza que empieza a carcomer mis huesos poco a poco.
Mi terapeuta no mentía cuando me dijo que la venganza es un maldito veneno dulce, sucede algo muy similar con las drogas: se sienten jodidamente bien mientras tanto, pero cuando ya no hay el vacío en el pecho te hace querer más.
Cuando te das cuenta, eres un monstruo que empieza a morir por dentro.
Bueno, yo no me consideraba muerta de forma literal, pero poco a poco algunas emociones humanas, estaban desapareciendo.
Lo había demostrado hace dos noches en la terraza contigua al departamento de Máximo.
Estuve a punto de apretar el gatillo, no lo hice no porque él haya tocado alguna fibra sensible sino porque disfruto del miedo de mis enemigos casi tanto como de la sensación de tortura que imparto sobre ellos.
Es una mezcla fascinante y peligrosa en partes iguales.
Ahora estoy a minutos de conseguir lo que llevo queriendo, deseando y planeando desde hace dos años, estoy a metros de iniciar la venganza que he soñado todo este tiempo. Estoy a minutos de convertirme en el monstruo que, al parecer, siempre he sido.
Dante, mi abuelo, asesinó a muchas personas para iniciar, consolidar y mantener Draghi . Levi, mi padre, siguió con su legado, creó un imperio sobre la sangre de los enemigos de los Salvatore, pero continuó asesinando, manipulando y engañando. Yo no sería diferente, al menos no de esta forma.
No seré igual a los hombres de mi familia, seré peor.
Mi auricular emite un chasquido suave.
—Vehículos inutilizados. Comunicaciones externas bloqueadas —murmura Will.
Asiento, como si pudiera verme.
—Sector sur asegurado —la voz grave de Matthew recorre mi la espina dorsal.
Me muerdo el labio inferior y cierro los ojos un segundo esperando escuchar la siguiente voz, cuando no llega me preocupo, pero es una falsa alarma.
—Pasillo oeste despejado y bloqueado —dice Lucchese.
Abajo, el teatro se desarrollaba a la perfección.
Jiashu Sima y su tío Zixuan estaban frente a Marcio Silva.
Al principio todo parecía ir demasiado tenso, Jiashu se notaba ansioso por encargarse de su tío pero debí pedirle, por favor, que siguiera el plan, cualquier cosa que mostráramos sería una maldita alerta para ellos. No podían escapar.
Jiashu aceptó, al parecer era buen actor porque fingía estar feliz de los negocios aunque sabía lo mucho que lo repugnaba. Ahora que lo pienso, tener lazos con la Triada 14K sería algo bueno para Draghi , ocuparemos más territorio y podríamos expandir el negocio. Lo que implicaría más poder…
Niego mientras alejo esos pensamientos, no es momento de fantasear con más poder. No ahora.
Entrecierro los ojos para agudizar mejor la vista, observo la sonrisa de Marcio y trago saliva, estoy deseosa por borrarla de una maldita vez. Mi ubicación no solo me permite ver todo con detenimiento, también puedo escucharlos a la perfección.
—Es una lástima lo que le ocurrió a Hiroshi —niega Marcio mientras bebe un trago, parece más viejo de la última vez, también ha perdido la forma que alguna vez tuvo, al parecer estar de baja no le sienta bien.
Pero esto me asegura que un combate cuerpo a cuerpo sería sencillo para mí—.
No es la primera vez que queríamos hacer negocios, pero aquí es difícil…
—Sí, eso me resulta extraño —Zixuan se ve…
aterrador. Es como Jiashu pero las arrugas están marcadas en profundidad, aunque no es eso lo que me da escalofríos sino los tatuajes que tiene: tiene líneas rectas en sus manos y su rostro, una por cada víctima cobrada.
Así son los Sima. Noté que Jiashu no tiene muchas, algunas pocas en sus manos—.
Si Chicago es un problema por Draghi , ¿qué haces tú aquí?
Zixuan está vestido de negro de pies a cabeza, se ve mayor, pero no creo que tenga más de cincuenta años, solo sus facciones son duras.
Sus manos están sobre un bastón negro que en la punta tiene una estatuilla con forma de triangulo, pequeño y dorado, no me hace falta ver las letras para saber que es el símbolo de la tríada china.
Trago saliva. Se ve como un maldito monstruo, y habla como uno.
Silva parece incómodo ante el cuestionamiento de Zixuan, Jiashu parece aburrido por la interacción pero sé que es fingido.
—Chicago siempre fue de los Silva, mi abuelo fundó la organización cuando se asentaron desde Portugal…
—No necesito una clase de historia —dice Zixuan con voz queda. Marcio traga saliva—. Está claro que Chicago ya no les pertenece.
—Los Salvatore se hicieron con todo lo que era nuestro —dice entre dientes.
—Si, y en lugar de largarse a buscar otro lugar son tercos, por lo que veo.
—¿Usted se iría de Hong Kong? —lo desafía.
Zixuan sonríe apenas y se inclina ligeramente hacia él. Marcio está sentado en una silla de madera con un brazo sobre el escritorio, sosteniendo su vaso de whisky. No me pasa desapercibido el cambio tenso en su postura. Está intimidado por Sima.
—Yo jamás habría permitido que me lo quiten —susurra.
Sonrío. Lástima.
—Tío, ¿te parece que antes de terminar el acuerdo veamos… la mercancía? —Jiashu le sonríe con suficiencia y Zixuan asiente antes de acercarse con paso lento—. Mientras tanto, Silva puede aguardar aquí, ¿cierto?
Marcio asiente y alza el vaso de whisky.
—Por supuesto, siéntanse cómodos para revisar los productos —pongo los ojos en blanco cuando escucho la expresión.
Zixuan llega frente a Jiashu y coloca una mano en su hombro.
—Es un placer para mi tenerte a mi lado, sobrino —le dice en voz baja y noto un brillo en sus ojos, como si estuviera conmovido de alguna manera—. Tu padre estaría orgulloso.
Jiashu sonríe, noto la falsedad desde aquí, espero que su tío no lo note.
Un segundo después se retiran de la oficina, dejando a Marcio en soledad bebiendo whisky.
Si todo marcha según el plan, Jiashu estaría conduciendo por un pasillo a su tío hacia la celda donde estaría el producto , de solo pensar en el término se me revuelven las tripas.
Pero el lugar estaría vacío, allí lo asesinaría.
Marcio lleva la cabeza hacia atrás y suspira con tranquilidad, lo veo buscar su móvil y hace una mueca de confusión, sé que nota que está sin recepción aquí.
Los pocos hombres que habían logrado ingresar con él se quedaron en el perímetro exterior, ignorantes de que Lucchese y Pablo ya los estaban cazando en silencio.
El siguiente paso era simple: me acerco, le disparo para incapacitarlo y me lo llevo a rastras.
Pero nada es tan sencillo por supuesto, así que debo prepararme para cualquier escenario posible.
Me deslizo por la estructura metálica, descendiendo hacia las sombras del nivel inferior sin hacer un solo ruido.
El sonido del mar chocando contra los pilares del puerto ahoga mis pasos.
Siento mi corazón palpitar con fuerza y solo espero que tampoco lo escuche, sé que no son nervios, es ansiedad y adrenalina. Una mezcla peligrosa y traicionera.
En la oficina de al lado estaría la supuesta celda donde estaban las niñas, para Marcio, mientras que para Zixuan la celda estaba a dos oficinas de distancia, la idea era que no supieran exactamente dónde estarían por si algo salía mal.
Entonces Marcio empezó a escuchar la grabación de Lucchese y percibo la forma en que sonríe.
A medida que me acerco entre las sombras, él abandona la silla en dirección a la puerta que da a la supuesta celda, cuando está a punto de tomar la manija la grabación tuvo un microsegundo de estática. Un salto imperceptible para un oído inexperto.
Se queda rígido. Su mano se aleja de la manija y la baja lentamente hacia el interior de su chaqueta.
—Demasiado tarde, Marcio —murmuro, saliendo de las sombras a diez metros de él.
Silva gira sobre sus talones, sacando su arma con una velocidad que no me esperaba. Pero yo ya tenía mi arma en alto.
—Maddox —escupió mi nombre como si fuera veneno—. Debería haberlo imaginado.
Mis labios forman una sonrisa excesivamente grande y en respuesta, él deja de sonreír, se pone serio y creo que es consciente por primera vez de lo que significa mi presencia.
—El lugar está rodeado —susurro—. Tus hombres están muertos, o a punto de estarlo —me encojo de hombros—. No hay mercancía… y tú no tienes escapatoria.
—Siempre habrá escapatoria, lindura —murmura y se acerca un paso, por instinto me alejo y camino hacia un costado sin dejar de apuntarle—. Te falta mucha experiencia en este mundo, Maddox. Si piensas que moriré en manos de una niña…
—¿Quién dijo que morirás ahora? —lo interrumpo y él alza una ceja—. Tengo una celda que lleva tu nombre, tengo herramientas que usaré solo contigo, y todo eso, lo haré frente a los ojos de tu pobre hijo…
—Luc —dice sin aliento y palidece— ¿Aún… vive?
Dejo escapar una risa.
—¿Ya te olvidaste de él?
—Eres una perra…
—Sí, tu hijo opina algo parecido —me encojo de hombros—. En fin, te llevaré a tu celda, a su lado, para que se hagan compañía mientras…
—¡No! —ruge—. No iré contigo a ningún lado, perra. Si tú crees…
—Marcio —lo interrumpo y dejo de sonreír—. Vendrás conmigo, por las buenas o…
Marcio le quita el seguro a su arma y dispara. Vuelve a disparar, aprieta el gatillo una, dos, tres veces. Nada sucede, por supuesto.
Su expresión es oro puro, su palidez es total y me mira sin poder creer lo que sucede, mira su arma y luego sus ojos vuelven a mí.
—Siempre me llamó la atención que los hombres como tú, tan acostumbrados al uso de las armas, no puedan reconocer el peso de un arma cargada o vacía —sonrío y dejo escapar una risa—. Es una lástima.
Disparo directo a su hombro y el grito es música para mis oídos.
Por supuesto que todo estaba perfectamente planeado, el guardia de Lucchese que tomaría el lugar de Tomas se encargó de esto, necesitábamos estar un paso adelante, en todo sentido.
Marcio cae al piso y me acerco, mis pisadas resuenan en el piso junto a sus alaridos de dolor. Llego y apunto directo a su pierna pero antes de poder reaccionar escucho la puerta abrirse de par en par, visualizo a un hombre que no reconozco y esquivo por poco el disparo que arremete contra mí.
Momento en el que Marcio aprovecha para patearme y yo caigo al piso, en el segundo siguiente siento su cuerpo encima del mío intentando detenerme, entonces empezamos a luchar, mi pistola cae a un costado y arremeto con un golpe en su mandíbula, lo que lo desestabiliza pero no es suficiente.
Es mucho más pesado pero eso no me detiene.
—¡Ayúdame! imbécil —Marcio grita al otro hombre.
Por el rabillo del ojo observo cómo camina hacia mí pero entonces todo se va a la mierda. Alguien más ingresa en escena de la misma forma que yo lo hice, cuando lo veo pierdo fuerza, mi padre rompe mi única regla sin ver que hay alguien más en la oficina.
—No —murmuro y mis manos pierden fuerza alrededor del cuello de Marcio, momento que él también alza la vista y lo ve—. No… ¡Levi!
Un disparo.
Lo último que observo son los ojos de mi padre.