Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 66
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Capítulo 66

Matthew

—¿Una emboscada? ¿Ese es el plan?

Cierro los ojos un segundo y cuento mentalmente hasta diez.

La simple pregunta hace que la sangre me hierva en las venas.

El instinto violento de cruzar el despacho, agarrar a Marco por el cuello y reventarle la cabeza contra la madera de caoba por atreverse a cuestionarla me quema las manos.

No ha hecho más que estorbar desde que Maddox dio inicio a la reunión.

Pero me contengo, porque sé perfectamente que, si a ella le molesta, se encargará.

Busco sus ojos verdes al otro lado de la sala. Cuando nuestras miradas chocan por encima del mapa desplegado, ella arquea una ceja y niega de forma imperceptible. Sabe lo que estoy pensando.

—¿Por qué siento que te molesta mi plan? —murmura Maddox. Gira el rostro hacia su derecha y ladea la cabeza—. Jace, ¿mi plan es estúpido?

El rubio se tensa en su asiento.

—Por supuesto que no —responde de inmediato, haciendo un esfuerzo por ocultar una sonrisa burlona.

Marco palidece un tono.

—No quise decir eso…

—¿Will? —lo interrumpe Maddox, ignorándolo por completo.

Will se limita a negar con la cabeza, exhalando un suspiro resignado.

—No.

—Lucchese, ¿te gustaría opinar?

Harry está recostado en la silla de terciopelo detrás del escritorio principal, con las botas cruzadas directamente sobre la superficie impoluta.

—No. Todavía me gusta respirar —murmura, jugando con un encendedor.

—Espera, en serio, no quise… —intenta Marco de nuevo.

—¿Por qué siento que me tratan de estúpida? —lanza Maddox al aire. Se endereza lentamente y deja caer la cadera contra el borde de la mesa ovalada—. Porque, corríjanme si me equivoco, pero me parece que no lo soy.

—Claro que no lo eres. —La arrogancia de Marco ha desaparecido por completo; su voz tiembla ligeramente bajo el escrutinio de ella. Sonrío de lado, incapaz de evitarlo, y él baja la vista al suelo—. Lo siento, no quise decir eso.

—Pero lo dijiste.

—Yo…

—Corrección: lo insinuaste.

Marco traga saliva, alzando la vista lo justo para conectar con los ojos de su jefa.

—Sí. Lo insinué —admite al fin. Maddox arquea una ceja, incitándolo a seguir—. Solo esperaba algo más…

—¿Más?

—Elaborado —suelta despacio.

Maddox chasquea la lengua. Se aparta de la mesa y comienza a rodearla con pasos lentos.

Marco nota el movimiento y se tensa. Cuando Maddox se detiene justo detrás de su silla, él levanta la vista, petrificado.

Ella se limita a sonreírle. Lleva el cabello negro recogido en una coleta alta, tirante, y sus ojos brillan con intensidad.

Aprieto la mandíbula. No hay nada más jodidamente excitante en este mundo que ver a Maddox así: deseosa de venganza, adueñándose de su poder, convirtiéndose en la líder despiadada que nació para ser.

—Marco —murmura ella, inclinándose hasta apoyar ambas manos sobre la mesa, acorralándolo a los lados de sus hombros—. Esto no es una maldita fiesta. Es una misión.

—Lo sé…

—Una donde van a morir muchas personas —advierte en voz baja, arrastrando las palabras—. Y si no quieres ser el primero, más te vale no volver a cuestionarme. ¿Queda claro?

Marco asiente con rigidez.

—Acepto críticas y sugerencias operativas, no soy una dictadora —continúa Maddox, recuperando su postura erguida y alejándose de él—.

Pero no me voy a quedar sentada escuchando cómo dudan de mí.

Porque jamás los vi cuestionar los planes de mi padre.

—Regresa a la cabecera de la mesa—. Pensé que ya había quedado claro, pero lo repetiré para los que tienen mala memoria: si alguien no está de acuerdo con cómo dirijo esto, es libre de irse.

Puede romper la omertà ... y prepararse para pagar las malditas consecuencias.

Lo dice con una sonrisa afilada que hiela la sangre. El silencio en el despacho es absoluto. Marco asiente, derrotado; Pablo mantiene los labios apretados en una línea fina, y el resto del equipo luce perfectamente cómodo con la amenaza explícita.

Esta era la visión de Maddox: reunirnos a puertas cerradas para distribuir las piezas en el tablero.

Yo supervisaría a los soldados que entrarían con Marco y Pablo; Jace abastecería el arsenal pesado, y Will se encargaría de hackear el perímetro.

Si todos aprobábamos la estructura, mañana empezaría el entrenamiento.

Jiashu ya estaba atando cabos con su tío desde mi departamento, encerrado en una de las oficinas libres bajo vigilancia constante.

No le hizo gracia el arresto domiciliario, pero era la única forma de mantenerlo vivo.

Además, la reunión que pautó con el entorno de Marcio fue escoltada por dos sicarios de Lucchese para inyectar credibilidad a la farsa.

Hasta el momento, la red se estaba tejiendo a la perfección.

—En cinco días, Marcio Silva, se reunirá con Zixuan, líder de la Tríada 14K —Maddox rompe el silencio, clavando un dedo en un punto específico del mapa—.

Jiashu organizó la reunión. Zixuan irá flanqueado por los hombres de Lucchese, que se harán pasar por su guardia personal. Y serán los mismos que…

El ruido del picaporte interrumpe su frase. Todos giramos la cabeza al unísono, luego vuelvo a verla y, a pesar de los metros que nos separan, noto cómo su espalda se tensa como la cuerda de un arco. Su expresión se endurece en cuanto su padre cruza el umbral.

—¿Qué demonios haces aquí? —sisea entre dientes.

—Vengo a ayudar —responde Levi con calma, alzando ambas palmas en señal de paz—. En lo que necesites…

—Yo lidero esto, Levi —corta Maddox.

—Lo sé. Solo vengo a servir como soldado.

Me giro hacia ella de inmediato. Nuestros ojos se encuentran.

Le ofrezco una sonrisa de apoyo. Ella exhala un suspiro cargado de agotamiento, niega con la cabeza y termina señalando una silla vacía en una esquina.

Su padre lee perfectamente la concesión y toma asiento a dos metros de distancia, sin decir una palabra más.

—En fin —retoma Maddox, deslizando sus uñas oscuras sobre el plano hasta golpear un edificio marcado en rojo—. La reunión será aquí. Un depósito portuario abandonado que Marcio utilizaba hace años para lavado y distribución, bajo la estúpida ilusión de que nadie más conoce su existencia.

—¿Cómo encontraron ese lugar? —pregunta Jace, genuinamente sorprendido—. Es decir, cuando la ruta se enfrió hace dos años, ¿no destruyeron los registros?

—Así es —concede Maddox, desviando la mirada hacia Will—. Pero gracias a una buena fuente externa, conseguimos las coordenadas exactas.

Cierro los puños sobre mis muslos hasta que las uñas se me clavan en la piel.

Máximo. Me doy cuenta al instante. No tengo idea de si ella y ese bastardo han vuelto a hablar a mis espaldas, y sé que ahora mismo no tengo el maldito derecho a exigir explicaciones, pero los celos me devoran el estómago como ácido.

—Jiashu vendió el encuentro de manera que Zixuan parezca desesperado por entrar al mercado estadounidense a través de Marcio —continúa ella—.

Tráfico de personas, rutas ilegales y distribución portuaria.

Exactamente la misma red que intentaron montar con Hiroshi hace dos años y que nosotros arruinamos.

Silva está convencido de que va a cerrar el negocio de su vida.

—La atmósfera del despacho se vuelve asfixiante—.

Los hombres de Marcio llegarán primero para barrer el perímetro.

Encontrarán exactamente lo que esperan: cargamentos falsos y un edificio aparentemente seguro.

—Espera —irrumpe Levi, mirándola con horror mal disimulado—. ¿Habrá... literalmente niñas en los contenedores?

Maddox pone los ojos en blanco, pero es Harry quien se adelanta.

—No. Habrá una celda de seguridad sellada donde se supone que están. Pero adentro no habrá nadie.

—Pero si van a revisar...

—Se estará reproduciendo un bucle de audio hiperrealista desde el interior —Lucchese se encoge de hombros, restándole importancia—. ¿Qué? Lo saqué de «Misión Imposible» . Va a funcionar.

El equipo asiente, dándolo por bueno. Maddox exhala por la nariz.

—Jiashu se encargará de que se sientan cómodos.

Lo suficiente como para que bajen la guardia, pero no tanto como para que huelan la trampa —sus dedos trazan una línea hacia otro cuadrante del plano—.

Mientras tanto, Marco y Pablo tomarán posiciones aquí y aquí.

Cuando Marcio cruce las puertas del salón principal, sellarán las salidas externas.

Nadie entra y nadie sale sin una orden directa mía.

—¿Y si intentan una extracción por el sector norte? —cuestiona Jace.

—Imposible —declara ella con tranquilidad—. Will va a interferir los sistemas eléctricos de todos sus vehículos diez minutos antes de la reunión. Sin autos. Sin señal. Sin vía de escape.

Will esboza una media sonrisa desde su rincón.

—Además, Jiashu aislará a Silva de su guardia personal en cuanto empiece la negociación.

Zixuan exigirá privacidad total para discutir los márgenes de ganancia.

Y el ego de Marcio hará el resto. Así funcionan los hombres como él —se encoje de hombros—.

En el instante en que Silva quede aislado en la oficina, Lucchese y sus hombres bloquearán el corredor oeste.

Matthew liderará el asalto principal desde el flanco sur, destrozando su seguridad. Y yo entraré por la puerta trasera.

Levi frunce el ceño, enderezándose en la silla.

—¿Tú sola?

Maddox gira el rostro hacia él y una sonrisa le curva sus labios.

—No necesito compañía para destruir a un monstruo.

El silencio cae otra vez y noto a Levi dudar.

—Déjame acompañarte —suplica su padre. Maddox tuerce el gesto—. Por favor, Maddox…

—No —corta en seco—. Puedo hacerlo yo sola.

Levi no insiste. Aprieta los labios y se limita a asentir.

Pensé que intentaría pelearlo, pero sabe que, al igual que yo, está caminando sobre una maldita cuerda floja con ella y debe respetar sus límites o arriesgarse a perderla del todo.

A mí tampoco me hizo gracia cuando me comunicó esta mañana que enfrentaría a Marcio a solas, pero cuando quise rebatirle, su mirada de advertencia lo dijo todo.

—Jiashu se encargará de evacuar a su tío en medio del fuego cruzado. Yo me encargaré de Marcio. Un coche acondicionado nos estará esperando en el callejón trasero.

—¿Lo llevarás a la celda de Draghi ? —pregunta Levi.

Maddox suelta una risa baja.

—No. Tengo un lugar especial para él.