Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 62 #2
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Capítulo 62 #2

—Créeme, me encantaría estar sola —le devuelvo el susurro, avanzando hacia la cocina mientras ignoro las miradas inquisitivas del trío—. Pero Jiashu no tiene un lugar seguro donde quedarse en la ciudad, así que...

—¿Qué? —Matthew la frena a mitad de camino, dejando las cajas sobre la isla con un golpe seco—. ¿Ese tipo va a dormir bajo tú mismo techo?

—Tuve la misma maldita reacción, amigo —interviene Lucchese desde el sofá, cruzándose de brazos.

—No soy tu amigo —lo fulmina Matthew con una mirada que podría matar a un hombre común. Luego, vuelve a encararme—. Maddox, ¿qué significa esto?

—Tengo hambre —sentencio con voz cansada, presionando los labios—. Y acordamos una tregua abajo, Hardaway, así que compórtate.

Matthew aprieta la mandíbula, pero cede.

—De acuerdo —murmura.

Asiento y comienzo a sacar los platos y vasos de las alacenas.

Matthew se encarga de abrir las cajas de pizza mientras tanto.

Nos movemos por el espacio con una sincronía perfecta, como si estuviéramos en nuestra propia burbuja.

Al darnos la vuelta, descubrimos que los tres de la sala nos observan fijos, analizando cada microgesto.

—¿Todo bien por ahí? —pregunta Penny, entornando los ojos tras la capa de arcilla.

—Sí, es decir... ¿corremos el riesgo de que Maddox te rebane el cuello en mitad de la cena? —añade Lucchese.

Matthew me mira de reojo con una sonrisa ladeada. Yo me limito a encogerme de hombros.

—Correré el riesgo —me guiña un ojo.

Niego con la cabeza, incapaz de contener una pequeña sonrisa.

—De verdad que ustedes dos están jodidamente locos —suspira Jiashu, acercándose a la isla para tomar una porción de pepperoni—. Pero me agradan.

—Te terminas acostumbrando —murmura Penny, imitándolo y sentándose en uno de los taburetes.

Harry se apresura a arrastrar otra silla para colocarse justo al lado de mi amiga. Ella le sonríe de lado y luego regresa su atención al asiático.

—Entonces, ¿un matrimonio arreglado por la Tríada ?

—¿De qué están hablando? —pregunta Matthew, confundido, mientras se sirve una porción de pizza de piña. Al notar mi mueca de absoluto asco, rueda los ojos—. Deberías darle una oportunidad, Maddox. Es un manjar.

—Ni en tus sueños, Hardaway.

—Jiashu está comprometido en un matrimonio concertado —le informa Penny antes de darle un mordisco a su porción.

—¿En serio? —Matthew arruga la frente, masticando—. ¿Eso todavía ocurre?

—De dónde vengo, las tradiciones no cambian tan fácil —responde Jiashu con un suspiro—. Aunque, para ser honesto, no me molesta.

—¿Y cómo es tu prometida? —indago, apoyándome en la barra mientras como.

—Joven y normal —confiesa, provocando que todos lo miremos con extrañeza—. La conozco lo suficiente para aceptar el trato, no quiero formar vínculo aun. No hasta que resuelva mis... asuntos pendientes aquí en Chicago.

—¿Con «asuntos pendientes» te refieres a pegarle un tiro a tu tío? —pregunta Matthew, yendo al grano.

—Wow —suelta Penny, entusiasmada—. Definitivamente esta es la cumbre de la mafia. —Se gira hacia Lucchese—. ¿Y tú? ¿Cuál es tu papel en esta invasión?

—Extrañaba a mi rubí, por supuesto —le susurra Harry con voz melosa. Penny rueda los ojos, pero un evidente rubor carmesí empieza a teñirle el cuello—. Pero también estoy aquí porque quiero respaldar a Maddox.

—¿Por qué necesitas involucrarte en esto, Harry? —le pregunto, seria.

—¿No necesitas un ejército para aplastar a la Tríada y a Marcio? —Abre los brazos con arrogancia—. Pues aquí me tienes. Mis hombres y mis armas están a tu entera disposición. Y yo también.

Trago saliva, bajando la vista hacia mi plato. Siento la mirada intensa de Matthew quemándome la piel y noto cómo se desplaza sutilmente hasta quedar pegado a mi costado.

—¿Qué pasa? —me susurra, su tono cargado de una nota protectora.

Alzo los ojos hacia él antes de desviar la mirada hacia Harry.

—Esta no es tu guerra, Lucchese. No tienes por qué arriesgar a tu familia en esto.

—Lo sé —me corta Harry, perdiendo toda la fachada de payaso y mirándome con una seriedad absoluta—. No lo hago por obligación, Maddox. Lo hago porque quiero. Quiero pelear a tu lado.

—Harry, ¿eres consciente del mensaje político que darías a las otras familias si Nueva York se mete en Chicago? Esto no es un asunto de tu organización...

—Es un asunto tuyo —sentencia con firmeza—. Es tu venganza. Y yo voy a estar ahí para respaldarte porque eso es lo que hace un mejor amigo.

Solo en ese momento noto la forma en que Penny contempla a Harry. Su labio inferior tiembla ligeramente y se lo muerde con fuerza para disimular la emoción; sus ojos brillan con una devoción evidente. Sonrío de lado, conmovida por la lealtad de ese idiota.

—Todavía no he decidido si eres mi mejor amigo, Lucchese —murmuro.

—Como dije, son jodidamente raros —apunta Jiashu entre bocados—. El plan base es simple: concretar un encuentro diplomático entre Marcio y mi tío Zixuan.

—¿Y ustedes los emboscan por la espalda? —Penny lo mira, fascinada.

—Algo así —asiente Sima—. Yo me encargo de ejecutar a mi tío y Maddox liquida a Marcio. Si nos coordinamos, nada debería salir mal.

—O todo podría convertirse en una masacre —corrijo, soltando un suspiro—. Zixuan aún no responde el mensaje. En cuanto mueva ficha, trazaremos la estrategia final.

—Hecho —asiente Harry, devorando otra porción.

Lo observo detenidamente, ladeando la cabeza al caer en la cuenta de un detalle.

—Espera... ¿pretendes quedarte a vivir en mi departamento hasta que ejecutemos la misión?

—Esa es la idea, sí. ¿Por qué?

—No, de ninguna manera —niego rotundamente—. No puedes quedarte aquí. Jiashu ya está ocupando la única habitación de invitados que tengo.

—¡Oye! Yo llegué a tu vida mucho antes que este tipo —me reclama Harry, ofendido.

—Lucchese, por el amor de Dios, madura.

—Se pueden quedar en mi departamento.

La profunda voz de Matthew zanja la disputa. Lo miro de inmediato y él me devuelve una sonrisa de labios presionados, con los ojos entornados.

—Tengo un sofá bastante amplio y una habitación libre con la que no hago nada.

—Tú me detestas, Hardaway —lo acusa Harry, apuntándolo con un trozo de pizza.

—Y sospecho que a mí tampoco me tienes especial afecto —añade Jiashu, divertido.

Matthew exhala un suspiro pesado, cruzándose de brazos.

—Es verdad. Los detesto a los dos. Pero prefiero soportar sus patéticas caras en mi propia casa antes que pasarme la noche imaginando que están aquí durmiendo cerca de Maddox —gruñe, su tono destilando esa posesividad oscura y territorial que me debilita las piernas.

Me muerdo el labio inferior, desviando la mirada. No, sus celos enfermizos no deberían provocarme absolutamente nada... pero me encienden por dentro.

—Bien, asunto arreglado —concluyo, limpiándome las manos con una servilleta antes de arrojarla sobre la isla—. Recojan todo cuando terminen. Yo me voy a...

—¡Alto ahí! Espera un momento, Maddie —me frena Penny—. Dijimos que esta era una noche de chicas. Yo no me voy a mover de este sofá.

—De acuerdo —suspiro—. Tú te puedes quedar en mi cama...

—Yo también me quiero quedar —anuncia Harry.

—¿Puedo acampar aquí también? —se suma Jiashu—. Ese tipo de ahí —señala a Matthew— tiene una mirada de psicópata que me da bastante miedo.

Matthew arquea una ceja, manteniendo los brazos cruzados, implacable.

—No se van a quedar todos en mi departamento. No hay espacio para...

—¡Una pijamada mafiosa! —exclama mi mejor amiga, dando aplausos.

—Esto tiene que ser un maldito chiste —murmuro, frotándome las sienes—. De acuerdo. Nosotras dormimos juntas en mi habitación y...

—No, ni hablar. Penny duerme conmigo —dictamina Lucchese.

Con una velocidad felina, agarra a mi amiga de la cintura y la sienta de golpe sobre su regazo; lo hace con tanta fuerza que me sorprende que el taburete no haya salido volando—.

Tú puedes dormir con tu guardaespaldas en tu cuarto y Sima se queda con el sofá.

—A mí me viene de maravilla el sofá —apoya Jiashu, acomodándose los cojines.

No, no, no.

Abro los ojos de par en par, sintiendo el pánico y la anticipación mezclarse en mi sangre.

—No, ¿qué clase de...?

—A mí no me parece una mala idea —murmura Matthew a mi lado.

Hago una mueca de protesta, pero él simplemente se encoge de hombros. Antes de que pueda articular palabra, me agarra de la mano y me tira hacia él con firmeza.

—Acordamos una tregua, ¿recuerdas? —me susurra al oído, su aliento cálido erizándome la piel—. Prometo mantener las manos quietas. Si tú quieres.

—Ya... —Intento zafar mi agarre, pero antes de que mi cerebro procese el movimiento, Matthew se inclina, me sujeta por los muslos y me levanta en vilo. Mis pies abandonan el suelo y, en un parpadeo, me encuentro suspendida sobre su hombro musculoso—. ¡Matthew! ¡Bájame ahora mismo!

—¡Que descansen! —gritan los tres idiotas desde la sala.

Lo último que logro ver antes de que Matthew gire por el pasillo directo a mi habitación son las expresiones de absoluta diversión de mi mejor amiga, Harry y Jiashu.

Los voy a asesinar a todos , pienso, mientras el calor del cuerpo de Matthew me invade por completo.