Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 59
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Capítulo 59

Maddox

—Juro por Dios que si descubro una mentira más de mi padre, voy a meterle una bala entre los ojos yo misma —murmuro, viendo los números en el panel del ascensor.

—Te entiendo a la perfección. —Clavo la vista en el espejo de las puertas y me encuentro con los ojos negros y divertidos de Jiashu—. Los padres y sus secretos.

—Ya —suspiro con pesadez—. Me tiene harta.

Al parecer, Levi Salvatore decidió que era una idea brillante asesinar a Kai Hiroshi, ignorando —o quizás sabiendo, lo cual sería aún peor— que el tipo era la mano derecha del líder de la Tríada china.

Una parte de mí quiere aferrarse a la idea de que mi padre no tenía idea del rango de Hiroshi, porque me niego a creer que sea tan estúpido como para iniciarnos una maldita guerra con la organización criminal más temida de Asia.

Anoche, cuando Jiashu me soltó la bomba en el callejón, decidí que necesitaba tres cosas con urgencia: un whisky doble, una ducha hirviendo y dormir.

Le dije que tenía una habitación extra en mi departamento y que, siempre y cuando no intentara ninguna estupidez, era bienvenido a refugiarse ahí.

Creo que le doy el suficiente miedo como para mantenerlo a raya; al menos, no parecía tener intenciones suicidas.

Al final, ninguno de los dos durmió.

Tras mi ducha, terminamos en la sala de estar, bajándonos una botella de whisky de malta y hablando sobre la afición que tienen nuestros progenitores por arruinarnos la vida con sus mentiras.

Debo admitir que Sima me cae bien. Es calculador, pragmático, y no intenta fingir que tiene moral.

Quizás me agrade incluso más que Lucchese.

Sonrío de lado al pensar que, si ese idiota de Nueva York me escuchara, se ofendería de verdad.

—¿Qué vamos a hacer? —me preguntó Jiashu esta madrugada, cuando el sol comenzaba a teñir el horizonte y el cristal de nuestras copas estaba vacío—. Porque debemos mover ficha. Zixuan vendrá a por ti.

—Que vengan —respondí, vaciando las últimas gotas—. Los destriparé a todos.

Él soltó una carcajada ronca.

—De verdad eres un puto monstruo, Maddox.

Sí. Al parecer, lo soy.

En cuanto amaneció, supe que el descanso tendría que esperar.

Tenía que desactivar esta bomba antes de que nos volara en la cara.

Y eso implicaba cuidar mi espalda de Zixuan y seguir rastreando a Marcio Silva.

Demasiados frentes abiertos. Si a eso le sumaba que estaba furiosa con mi padre y que la sola idea de ver a mi consigliere me revolvía el estómago… bueno, el cóctel era letal.

Por eso decidí tragarme el veneno y empezar por lo más difícil: encarar a Levi.

El característico campanilleo del ascensor anuncia que hemos llegado al último piso.

Trago saliva. No extrañaba para nada a Levi y hubiera preferido retrasar este encuentro una eternidad, pero la supervivencia de Draghi está por encima de mi rencor.

Jiashu insistió en acompañarme como mi «sombra temporal» , y en el fondo lo agradecía; él tenía las piezas que nos faltaban en este rompecabezas.

Avanzo por el pasillo de mármol a zancadas firmes hasta llegar a la doble puerta de caoba de la oficina principal. La abro sin llamar y me congelo al ver Matthew.

Nuestras miradas chocan y un golpe eléctrico me atraviesa el pecho. Sus ojos oscuros destellan con una mezcla cruda de alivio, desesperación y algo que se parece a la devoción. Separo los labios para decir algo, pero las palabras mueren en mi garganta al ver cómo está.

Parece un cadáver en vida. Está pálido, más delgado.

Tiene los ojos hundidos bajo unas ojeras profundas y moradas, la mandíbula cubierta por una barba de varios días y el cabello revuelto, como si se hubiera pasado las manos por él mil veces.

Lleva la misma ropa de la última vez que lo vi.

El impecable y estoico Matthew Hardaway es ahora un desastre andante.

Pero entonces, Jiashu entra a la oficina detrás de mí.

El cambio en Matthew es instantáneo, casi demoníaco. La vulnerabilidad en sus ojos se evapora, devorada por una furia tan posesiva y letal que el aire de la habitación se vuelve pesado.

Bien , pienso con saña. Se lo merece.

—¡Maddox! —La voz de mi padre me arranca del trance.

Avanzo hacia el centro del despacho, obligándome a apartar la vista de Matthew. Trato de que su estado deplorable no agriete mi fachada de hielo.

—Ahórrate las bienvenidas, Levi —lo corto, con la voz seca y autoritaria—. Vine porque tenemos un problema de los grandes.

—Claro, hija, sí... —murmura, asintiendo, un poco descolocado por mi frialdad. Cuando está a punto de continuar, su mirada recae en mi acompañante. Frunce el ceño—. Disculpa, ¿tú quién eres?

—Jiashu Sima.

El nombre flota en la oficina durante un microsegundo. Los ojos de mi padre se abren de par en par, brillando con incredulidad. Pero antes de que Levi pueda articular palabra, el inconfundible clic metálico de un arma quitándose el seguro corta el silencio.

Me giro despacio. Matthew tiene su Glock alzada, apuntando directo a la cabeza de Jiashu, con el dedo rozando el gatillo y los músculos del brazo tensos como cables de acero.

—Por Dios —murmuro, poniendo los ojos en blanco—. Matthew, ¿qué demonios haces?

—¿Qué hace un Sima pisando territorio de Draghi ? —pregunta él. Su voz es un gruñido bajo, áspero y territorial.

Jiashu, lejos de inmutarse, esboza una sonrisa ladeada. Sin apartar la vista de mí, da un paso al frente hasta que el cañón del arma de Matthew casi le roza el esternón.

—¿No le enseñan a los consigliere que deben mostrar respeto a los que están por encima de ellos en la cadena alimenticia? —El tono de Jiashu es suave, educado, pero destila veneno. Gira el rostro hacia mí—. Es un perro guardián bastante intenso. Me gusta.

Chasqueo la lengua, hastiada de la testosterona.

—Maddox, ¿qué significa esto? —exige saber mi padre.

Lo ignoro. Me giro hacia Matthew y acorto la distancia entre nosotros hasta que quedamos a medio metro. Huelo su colonia mezclada con alcohol.

—Lo diré una sola vez, y espero que te quede grabado en el maldito cerebro —siseo, mirándolo a los ojos—. Baja el arma, Hardaway.

—Maddox, él...

—¿Qué? —lo desafío, alzando la barbilla—.

¿Me largo tres días y ya pierdo mi autoridad aquí?

Hasta donde sé, sigo siendo la Regina de Draghi .

—Los ojos de Matthew me escanean con ferocidad, buscando una fisura en mi armadura.

Su pecho sube y baja de forma errática. Finalmente, traga saliva, aprieta la mandíbula y baja el arma milímetro a milímetro.

Satisfecha, me giro hacia mi padre—. A menos que en mi ausencia hayas decidido hacer cambios, Levi.

—No tengo interés en hacer cambios —responde mi padre con voz grave, mirándome con respeto—. Draghi es tuyo. Eso no se discute.

Asiento. Me aparto hacia la pequeña mesa de licores que descansa junto a un cuadro abstracto. Mi instinto pide whisky a gritos, pero necesito mis sentidos afilados como cuchillas. Tomo una botella de agua y me sirvo en un vaso de cristal grueso.

—Bien —murmuro, dándole un trago largo para mojarme la garganta antes de girarme hacia ellos—. Entonces, que alguien me explique qué carajos le hicieron a Kai Hiroshi.

La tensión en la oficina se dispara al mil por ciento. Mi padre traga saliva, visiblemente incómodo, y cruza una mirada tensa con Matthew. Arqueo una ceja.

—Levi —digo entre dientes, perdiendo la poca paciencia que me queda—. ¿Tú lo asesinaste?

—Fui yo.

La voz de Matthew es profunda y firme.

Me quedo paralizada. La furia me sube por las venas como magma.

Aprieto la mano alrededor del vaso con tanta fuerza que el cristal grueso no soporta la presión y estalla.

El ruido ensordecedor de los cristales rompiéndose inunda el silencio.

Fragmentos afilados salen disparados; el agua se mezcla con las finas líneas de sangre que brotan de mi palma.

—Joder, sí que tienes fuerza —murmura Jiashu, impresionado.

Sacudo la mano con desdén para deshacerme de los trozos más grandes.

El dolor es eclipsado por la ira. Mi padre observa la costosa alfombra persa arruinada, pero Matthew no mira la sangre.

Clava sus oscuros ojos en mí. Hay un brillo doloroso en su mirada, una súplica silenciosa, una disculpa que me niego a aceptar.

—¿Ustedes dos no saben hacer otra cosa que actuar a mis espaldas? —siseo, negando con la cabeza—. ¿Qué ocurrió?

—Yo...

—¿Qué importancia tiene el cómo ahora, Maddox?

—lo interrumpe Levi, intentando recuperar el control.

Lo fulmino con la mirada y él suspira—. Apareció en Chicago días antes de tu llegada.

Los sistemas de rastreo de Will lo detectaron.

Lo trajimos, simplemente queríamos interrogarlo, saber si soltaría algo...

—¿Para encontrar a Marcio? —adivino, cruzándome de brazos, ignorando el escozor en mi mano. Mi padre asiente lentamente—. Y como no abrió la boca, decidieron ejecutarlo. Así de simple.

Matthew da un paso al frente, asumiendo toda la culpa.

—Fue más complejo que eso. Pero sí, le volé la cabeza. No nos servía vivo y, según las rutas que estaba trazando, estaba intentando hacer negocios en nuestra ciudad para traficar con niñas otra vez. No iba a permitirlo.

Un nudo se me forma en la garganta al escuchar su justificación retorcida, pero la aparto a la fuerza. Miro a Jiashu. Él asiente con calma, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones de diseñador.

—Así es —confirma Jiashu—. Zixuan lo envió a recuperar su línea de mercancía. Ya sabes... niñas.

—¿Zixuan? —La voz de mi padre suena genuinamente perdida—. ¿De qué coño están hablando?

Matthew y yo compartimos una mirada que dura apenas un segundo, pero es suficiente. Él es brillante, siempre lo ha sido, y las piezas encajan en su cabeza en tiempo récord.

—Kai Hiroshi era la mano derecha de Zixuan —revela Matthew, con la voz cargada de fatalidad—. El líder de la tríada.

—Mierda. —Levi se deja caer pesadamente en su silla de cuero. Apoya ambas manos en el escritorio, con la mirada perdida en el vacío—. Santa mierda. No teníamos ni puta idea.

—Hiroshi operaba como una sombra. Básicamente, era el fantasma personal de Zixuan. Hacía el trabajo sucio sin dejar rastro.

—Exactamente igual que los consigliere , ¿verdad? —disparo, mirando fijamente a Matthew.

Él recibe el golpe sin inmutarse, pero baja la vista, encajando el reproche.

—El problema inmediato —prosigue Jiashu, rompiendo la tensión entre nosotros— es que Zixuan sabe que está muerto y quiere venganza.

El seguro del arma de Matthew vuelve a sonar, apuntando directo a la cabeza de Jiashu otra vez.

—Matthew, por el amor de Dios... —gruño, cerrando los ojos.

—¿Es por eso que estás aquí? —sisea Matthew, ignorándome, con los ojos inyectados en sangre y celos—. ¿Te enviaron como emisario? ¿Vienes a declarar la guerra a Draghi ?

Jiashu arquea una ceja, claramente divertido por la inestabilidad de mi guardaespaldas.

—Técnicamente, el tiro en la cabeza se lo dieron ustedes, así que ustedes la iniciaron —se encoge de hombros con elegancia—. Pero respondiendo a tu pregunta: no. No me interesa la guerra con Draghi .

—¿Entonces qué coño quieres? —gruñe Levi.

—Mi relación con mi tío es... inexistente. Es un tirano y necesito deshacerme de él.

—Quieres asesinarlo y tomar su lugar —lo corrijo, yendo al grano.

Jiashu hace una leve reverencia, aceptando la corrección.

—Podríamos llamarlo un cambio de administración proactivo. El problema es que primero debo ganarme su confianza plena. Envió a Kai, desapareció, y Zixuan comenzó a atar cabos.

—Y en lugar de venir él mismo, te envió a ti a investigar —deduce mi padre.

—Lo convencí de que yo era la mejor opción para rastrearlo desde aquí.

—¿Y cuál es tu plan? —insisto, perdiendo la paciencia.

—Como dije, no quiero una guerra con ustedes —aclara, mirando de reojo a Matthew—. Por eso he estado cuidando a Maddox...

—No me has estado cuidando —lo corto de inmediato—. Llevas siguiéndome como un puto perro faldero desde hace cuatro días.

—Cinco, de hecho —corrige él con suficiencia.

Matthew aprieta los dientes y da un paso adelante, levantando más el arma, le lanzo una mirada asesina que lo paraliza en el sitio.

—El punto —retoma Jiashu— es que Zixuan no tardará en enviar un ejército entero para masacrar al Don de Draghi . Y visto que, en realidad, Draghi está bajo el control de Maddox...

—Tendrán que pasar por encima de mi maldito cadáver antes de que alguien la toque.

La sentencia de Matthew es tan oscura, tan ronca y cargada de una posesividad enferma, que un calor traicionero me sube por el cuello hasta las mejillas. Aparto la vista, obligándome a recomponerme antes de que alguien note el efecto que todavía tiene sobre mí.

—Espera —interviene mi padre, frotándose las sienes—. Si Zixuan te envió a buscar respuestas, ¿qué has estado haciendo exactamente? ¿Engañarlo?

—Básicamente. No podía decirle que Kai desapareció por arte de magia. Sabe que está muerto. Pero lo he convencido de que aún estoy intentando confirmar si fue obra de Draghi o...

—Marcio —intervengo, y alzo la vista de golpe, la estrategia formándose en mi mente—. Podemos hacerle creer a la Tríada que él fue quien mató a Hiroshi.

Jiashu hace una mueca.

—¿Quién crees que ayudó a Marcio Silva a huir cuando lo acorralaron? —pregunto, y Jiashu asiente lentamente—. Exacto. Zixuan jamás se pondrá del lado de Draghi , el negocio no se llevó a cabo por culpa de ustedes.

—¿Entonces a qué viniste exactamente, Sima? —El volumen de la voz de mi padre va en aumento, y cuando se pone de pie, empuja la silla pesada hacia atrás con brusquedad—. ¿A llevarte a mi hija? Porque te advierto una cosa...

—No, no quiero llevarme a su hija —responde Jiashu, alzando ambas manos en un gesto de paz genuino. Se gira para mirarme directamente, y toda la diversión abandona sus ojos—. Lo que quiero es unir fuerzas.

Hace una pausa y alzo una ceja.

—Yo quiero asesinar a mi tío y tomar mi trono. Ustedes quieren masacrar a Marcio Silva. Nuestros enemigos son aliados. Trabajemos juntos y matémoslos a todos.