Capítulo 47 #2
La orden corta el aire como un látigo. Contrario a mi naturaleza dominante, obedezco sin dudar.
Me dejo caer; el impacto contra el porcelanato me hiela las rodillas pero lo ignoro.
Mantengo el agarre en su polla y aprieto levemente.
Matthew suelta un gruñido tan animal, tan gutural, que mi entrepierna palpita, empapándome por completo en cuestión de segundos.
Enreda su mano en mi cabello, tirando de las raíces con la fuerza suficiente para obligarme a mirarlo desde abajo.
—Vas a abrir esa boca para mí y vas a tragarme entero sin chistar —ordena, con una voz que reverbera en mi pecho—. Cero quejas, Maddox. Vas a recibir cada maldito centímetro y no te detendrás hasta que yo lo diga.
Asiento. La anticipación me tiene temblando. Necesito sentirlo, necesito llenarme de él de todas las formas posibles.
—Me importa una mierda si te duele —gruñe, arrastrando las palabras—. Me importa una mierda si te ahogas. No voy a parar hasta reventar dentro de tu garganta. ¿Entendido?
Vuelvo a asentir, pero él da un tirón brutal de mi pelo que me arranca un jadeo ahogado.
—Te hice una puta pregunta. Responde con palabras.
—Sí —jadeo, mirándolo con adoración oscura—. Haré lo que me ordenes.
—Abre la boca.
Separo los labios e, inmediatamente, invade mi espacio.
Jadeo cuando su magnitud me llena, deslizándose hasta golpear el fondo de mi garganta.
El sabor salado y almizclado de su líquido preseminal inunda mi paladar.
Cierro los ojos, rindiéndome a él. La mano de Matthew afloja un poco la presión en mi cabello.
Abro los ojos y noto que duda por una fracción de segundo, evaluando si podré soportar su tamaño.
Mierda. Jamás he hecho esto, pero voy a destrozarme la mandíbula si es necesario para complacerlo.
Relajo los músculos de la garganta y la lengua, acomodando su grosor en mi interior. Matthew apoya su mano libre contra la puerta, buscando anclaje. Acaricio su glande con la lengua en un movimiento torpe pero hambriento. Le arranco un gruñido ronco que vibra contra mis labios.
Asiento lentamente, dándole luz verde.
Entiende el mensaje. Sus caderas se disparan hacia adelante y me embiste con una fuerza descomunal. El impacto estrella mi nuca contra la madera y un gemido de dolor mezclado con éxtasis se ahoga en su carne.
Vuelve a embestir. Entra y sale, marcando un ritmo brutal.
Retira su polla lo justo para dejarme tomar una bocanada de aire antes de volver a profanar mi boca hasta el fondo.
Jadeo y trago, luchando con mis propios reflejos, mientras él maldice por lo bajo.
Me aferro a sus caderas musculadas para no perder el equilibrio; siento que las piernas se me vuelven de gelatina.
—Mierda, tesoro —jadea, echando la cabeza hacia atrás, con las venas del cuello marcadas—. Esa boquita solo me pertenece a mí, ¿lo entiendes? —Vuelve a mirar hacia abajo y gruñe cuando asiento sumisamente—. Fuiste hecha para mí, Maddox.
Clavo las uñas en sus muslos. Deslizo una mano hacia abajo, apartando por completo la tela de su ropa, y acuno sus testículos pesados, masajeándolos. Sus embestidas pierden un poco de agresividad, pero sigue frotando la punta contra mi paladar.
Aprieto la base con firmeza.
—Joder… —ruge. Hunde las caderas con violencia, obligándome a saborearlo en su totalidad—. Más fuerte, Maddox.
Aumento la fricción. Aprieta su agarre en mi pelo y empieza a dictar el ritmo, moviendo mi cabeza al compás de sus empujes. Me ahogo, mis ojos se llenan de lágrimas por la fricción constante, pero es un dolor tan jodidamente embriagador que no quiero que se detenga jamás.
—Mírame —exige. Levanto la mirada, con los ojos empañados y las mejillas húmedas. Su sonrisa se vuelve demoníaca al verme arrodillada, desbordada por él—. Eso es. Mírame mientras te ahogas con mi polla.
Gimo a su alrededor. El sonido gutural y obsceno dispara su lujuria al límite.
Rodeo su miembro con la mano libre, masturbándolo en conjunto con el succionar de mis labios, aplicando presión exactamente donde ordenó.
Se sacude violentamente. Ver el deseo, el salvajismo y esa devoción enfermiza brillando en su rostro me acelera el pulso.
Lo que sea que arda en mi pecho por este hombre, es peligroso y absoluto.
—Oh, joder… sí… —repite como un mantra.
Se vuelve frenético. Aprovecha el tirón de mi cabello para someter mi boca a su antojo, perdiendo por completo el control. La imagen de mis lágrimas deslizándose por mi piel pálida es el detonante final.
—Estoy… me corro, tesoro —gruñe, perdiendo el aliento.
Aprieto mis labios alrededor de él y aspiro con fuerza.
El cuerpo de Matthew se arquea como si hubiera recibido un disparo.
Lanza un rugido ensordecedor y su líquido caliente estalla contra mi lengua, bajando por mi garganta en oleadas espesas.
Trago obedientemente cada maldita gota, saboreando el desastre en mis labios.
Continúo succionando incluso cuando su ritmo muere en un par de espasmos finales.
Se siente tan adictivo que mi propio cuerpo exige más.
De pronto, su calor me abandona. Jadeo en busca de aire pero antes de que pueda recomponerme, las manos de Matthew se cierran sobre mis costillas y, de un tirón limpio, me carga sobre su hombro.
—¡Matthew! —Suelto una carcajada incrédula mientras él maldice y camina hacia la cama. Un segundo después, mi espalda impacta contra el colchón negro.
Con un movimiento voraz, me arranca los pantalones, arrojándolos al suelo y dejándome completamente expuesta. No me da tiempo a articular palabra; me voltea de un empujón, aplastando mi pecho contra las sábanas de seda y obligándome a alzar las caderas.
Escucho el sonido sordo de sus rodillas chocando contra el piso al borde de la cama.
—Matthew…
—Mira lo empapada que estás solo por haberme chupado la polla —ronronea, rozando sus labios contra mi intimidad hinchada.
Un escalofrío me recorre la espina dorsal.
Hundo los puños en las sábanas, desarmada ante esta posición vulnerable y peligrosamente excitante, él toma mis glúteos con fuerza y me abre más—.
Ahora deja que me encargue de ti, tesoro .