Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 31
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Capítulo 31

Maddox

El corazón me golpea las costillas con tanta violencia que amenaza con fracturarlas.

Me encuentro con los ojos oscuros de Matthew justo en el instante en que se aparta de mí con una elegancia escalofriante.

Las puertas del ascensor se abren con un suave tintineo y él se acomoda la chaqueta, luciendo impecable, como si no acabara de devorar mis labios.

Salgo casi huyendo, buscando el aire helado de la mañana como un salvavidas. Llego al BMW antes de que él siquiera termine de quitar el seguro, me subo al asiento del copiloto y clavo la vista en la ventanilla.

¿Cómo demonios se supone que lo mire sin temblar? ¿Cómo le sostengo la mirada sin rogarle que me arrastre al asiento trasero y vuelva a besarme?

El trayecto transcurre en un silencio pesado y asfixiante.

Lo observo de reojo un par de veces; conduce con una tranquilidad que me enferma.

Sus nudillos ni siquiera están blancos sobre el volante.

¿Acaso su pulso no está desbocado como el mío?

¿No siente la urgencia letal de encerrarnos en una puta habitación para terminar lo que empezamos?

Maldita sea. ¿Dónde quedó mi estricta regla de no dejarme llevar?

En sus labios, por supuesto . Se hizo cenizas en el mismo instante en que me reclamó con esa posesividad salvaje. Matthew me besó para recordarme que le pertenezco y que todo lo que soltó anoche era una promesa, no una amenaza.

Basta, Maddox , me ordeno a mí misma, clavando las uñas en mis palmas. Concéntrate .

Levi no especificó el motivo de esta reunión, pero convocó a toda la organización a primera hora. Por lo que me atrevía a pensar que era muy importante.

En cuanto el coche estaciona frente al edificio de la empresa, no lo espero. Cruzo el lobby con mis tacones resonando contra el porcelanato, asintiendo a los guardias de seguridad con mi típica máscara de hielo. Pero la presencia de Matthew a mi espalda se siente como una sombra al acecho.

Entramos al ascensor privado y trago saliva en cuanto las puertas se cierran, son siete pisos hasta la oficina de mi padre. Me obligo a cerrar los ojos y respirar hondo. Necesito centrar mis pensamientos, arrancar de mi cabeza la memoria de su boca y de sus manos...

Y entonces, sucede.

Los dedos de Matthew se hunden en la nuca de mi cabello, tirando con la fuerza exacta para obligarme a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo mi garganta. Su mano libre me atrapa la mandíbula con firmeza.

—Me estoy muriendo por besarte de nuevo —confiesa.

El tono ronco y oscuro de su voz me cae directo en el vientre como plomo derretido. La humedad se dispara en mi centro. Quiero que lo haga. Quiero sentir la dureza de su cuerpo aplastándome contra el espejo y sus labios reclamando los míos.

—Estamos en el edificio de Levi —le advierto, con la respiración entrecortada—. Nos pueden ver...

—Me importa una mierda.

Sus ojos me devoran sin piedad. Su lengua traza el borde de su labio inferior y mi mente viaja directo a lo que esa lengua podría hacerme a puerta cerrada.

—Solo pienso en lo bien que se siente tenerte así —Su voz baja una octava, rozando mi oído y erizándome la piel—. En cómo encaja tu cuerpo con el mío, y en lo mucho que deseo escucharte suplicar.

El aire en la cabina se vuelve denso, casi inflamable. Si alguien enciende un fósforo ahora mismo, volaríamos por los aires. Y una parte oscura de mí quiere exactamente eso.

—Matthew... —jadeo cuando sus pulgares presionan mis mejillas.

—¿Me vas a suplicar, tesoro ? —murmura, inclinándose hasta que su erección presiona contra mis glúteos a través de la fina tela de mi traje. El calor me traspasa—. Dime. ¿Me rogarás que te folle con fuerza?

Mi cerebro hace cortocircuito. Quiero decirle que sí, que le suplicaría de rodillas. Pero antes de que pueda articular una palabra, él sonríe de medio lado y me acaricia el labio con el pulgar.

—¿O me pedirás que sea suave? —añade, acercándose a mi cuello—. Porque necesito que sepas algo: cuando por fin te tenga en mi cama, no voy a tener ningún puto control, Maddox. Y mucho menos seré cuidadoso.

No quiero que lo seas.

Las palabras mueren en mi garganta en el segundo en que el ascensor emite el pitido de llegada. Matthew suelta una maldición gutural, soltándome y dando un paso atrás justo cuando el metal se desliza.

Llevo mi mano a mi cabello para peinarlo, trago saliva intentando quitarme el nudo en mi garganta y me aliso el saco negro del traje a la velocidad de la luz, recompongo mi expresión inescrutable y salgo al pasillo.

Atravieso las puertas dobles de la oficina y todos los ojos caen sobre mí. Un escalofrío me recorre la espina dorsal, pero no vacilo.

—Buenos días —saludo con frialdad, tomando asiento a la derecha de la cabecera.

—Princesa —Jace me dedica una media sonrisa divertida desde el otro extremo.

Will asiente en silencio, mientras Marcellino y Donato me miran con el respeto solemne de siempre.

Matthew no toma asiento, en su lugar permanece de pie a mi espalda, Levi se aclara la garganta y junta las manos sobre la enorme mesa de caoba.

Hay un par de carpetas gruesas frente a él, contratos que superan fácilmente las cien páginas.

Arrugo la frente un tanto confundida, nada de esto me da a pensar qué podría querer hablar mi padre hoy. No saber me saca un poco de quicio.

—Buenos días. Sé que no esperaban una convocatoria hoy —mi padre da inicio—. Pero, como todo a partir de este momento, es parte de los inminentes cambios en la familia, principalmente en la organización.

Analizo los rostros en la mesa. Tienen la misma expresión de alerta calculada que yo.

Por un lado, me aventuro a creer que algo malo ha sucedido.

La paz en las calles de Chicago ha durado demasiado, y no me extrañaría que mi padre haya decidido cambiar eso.

Pero al mismo tiempo, nada me asegura que tenga que ver con Marcio.

Sí, hablamos de mi venganza y ahora está al tanto, al menos un poco, de lo que podría suceder.

Pero no creo que esta reunión improvisada tenga relación alguna.

—Hoy damos por iniciada la última reunión presidida por mí.

Miro a mi padre casi de inmediato. Arrugo la frente y formo una mueca con mis labios, me encuentro absolutamente desconcertada. Levi gira el rostro y me guiña un ojo de forma casi imperceptible antes de volver a su máscara de Don.

—A partir de hoy, quien tomará el control absoluto de estas reuniones y de todas las operaciones de Draghi , será Maddox.

El oxígeno abandona mis pulmones. Mi corazón da un vuelco tan violento que debo clavar las yemas de los dedos en la madera bajo la mesa para evitar temblar. ¿Qué demonios?

—Levi —murmuro—. ¿Qué estás diciendo?

—Siempre supiste que algún día heredarías Draghi , Maddox. —Sus ojos me atraviesan con intensidad—. Esto no debería sorprenderte.

—Sí, pero...

Me silencia con una mirada y vuelve a dirigirse a los hombres de la mesa.

—Esto es puramente informativo. No es un consejo directivo y no habrá votación, porque todos los presentes aceptarán a Maddox como mi sucesora.

—La voz de mi padre retumba en mis oídos, pero la siento distante, como si estuviera bajo el agua—.

A partir de esta noche, Levi Salvatore se retira como Don de Draghi y asume su heredera.