Capítulo 23 #2
Mi padre arqueó una ceja y una sonrisa de puro orgullo apareció en su rostro.
—Están sobre el escritorio de tu nueva oficina, la primera puerta a la derecha por aquel pasillo. Están los diagramas de todo el edificio y el sistema de ventilación.
—Perfecto. Te tomaste bastante en serio esto de conseguirme un búnker.
—Por supuesto. También sé exactamente quiénes son tus vecinos en los pisos inferiores, así que no te preocupes...
Me detuve en seco y me giré para mirarlo.
—Me lo imaginaba. ¿Hace cuánto tiempo llevas preparando este lugar a mis espaldas?
Él hizo una mueca, atrapado.
—¿Fue demasiado evidente?
—Puedes amueblar un pent-house a base de billetes en dos horas, Levi. Pero no puedes hacer un escaneo de antecedentes de todo un edificio en ese tiempo.
Él se encogió de hombros, perdiendo la postura por un segundo.
—Siempre supe que algún día querrías vivir sola —admitió en voz baja—. Así que lo compré a tu nombre hace cuatro años.
Algo cálido y punzante se agitó en mi pecho.
—¿Alguien más sabe de la existencia de este lugar?
—Absolutamente nadie.
—¿Ni siquiera…?
—Ni siquiera Matthew. —Asentí, aliviada. No tenía la energía mental para lidiar con su intensidad ahora mismo—. Maddox, no seas tan dura con él.
—No soy dura —me defendí de inmediato, a la defensiva.
—Él también te ha extrañado estos dos años.
Un nudo se me formó en la garganta al escuchar esa verdad en boca de mi padre.
—Pues él también debería dejar de buscar desesperadamente a la antigua Maddox en mí —repliqué en un murmullo frío—. Quizás ustedes dos podrían fundar un club de apoyo mutuo.
Vi a Levi poner los ojos en blanco, pero no me rebatió.
—De acuerdo, piccola —suspiró, resignado—. Sigue inspeccionando tu territorio.
Me giré hacia la cocina. Era un sueño de diseño minimalista y oscuro: electrodomésticos empotrados, copas de cristal alineadas y una inmensa isla de mármol de granito negro que me fascinó al instante.
El diseño era de concepto abierto, uniendo la cocina, el comedor y el salón en un espacio enorme bañado por la luz de la ciudad.
Toda la pared frontal estaba hecha de cristal blindado de piso a techo, ofreciendo una vista panorámica de Chicago.
En contraste con la mansión, donde Levi vive casi en penumbras como un maldito vampiro mafioso, esto se sentía vivo. Acaricié la superficie de granito, dejando que el frío me calmara la sangre. Fui hacia la nevera de acero inoxidable, la abrí y parpadeé sorprendida.
—¿En serio? —lo miré de soslayo.
—¿Qué? —Intentó ocultar una sonrisa y fracasó—. Supuse que no tendrías tiempo de ir de compras antes de planear tus asesinatos.
—¿Así que hiciste mi primera compra? —Me reí.
—Espera. Aún no has visto la mejor parte.
—¿Hay algo mejor que verte actuar como un amo de casa?
—Sígueme —dice entre risas.
Caminé tras él por el pasillo de paredes inmaculadas.
Pasamos la puerta del despacho y la del cuarto de invitados.
Al final, el pasillo desembocaba en la habitación principal.
Era el doble de grande que mi suite en la mansión.
No pude ocultar la sorpresa, pero mi padre no me dio tiempo a asimilarlo.
Tomó mi mano y me guió hacia otra puerta doble.
—¿Un vestidor? —murmuré, cruzando el umbral.
Pero no era un simple armario. Maderas oscuras, espejos sin marco que ampliaban el espacio y una lámpara de cristal y diamantes colgando.
De niña siempre odié tener vestidores gigantes; me resultaban intimidantes.
A los cinco años obligué a Levi a mudarme a la habitación de invitados porque no soportaba el espacio inmenso de la suite original.
Esto era… abrumadoramente perfecto.
—Levi, esto debió costar una fortuna.
—Siempre odiaste los armarios grandes de niña, así que compré el departamento contiguo y tiré una pared para hacer este vestidor a medida. Con la iluminación adecuada para que no te sientas en una cueva —Se encogió de hombros, restándole importancia a la locura logística—. ¿Qué opinas?
—Me fascina. Levi, de verdad…
—Sigue sin ser la mejor parte.
Puse los ojos en blanco, sonriendo.
—¿De qué hablas? ¿En qué más gastaste nuestra fortuna?
—Ven aquí, exagerada.
Me arrastró hasta la pared del fondo del vestidor. A un costado, justo donde terminaban las estanterías de zapatos, el panel de madera parecía continuo, pero detecté una ligera anomalía.
—Interesante —murmuré.
—El vestidor es increíble, sí —dijo Levi, levantando mi brazo derecho hacia la pared vacía.
—¿Qué estás haciendo?
—Pero sé perfectamente que esto te va a gustar mil veces más.
Dejó mi mano suspendida en el aire frente a la madera. Afiné la vista y detecté una ranura minúscula, casi imperceptible.
—Un escáner biométrico —susurré, sintiendo cómo la adrenalina se disparaba.
Un haz de luz verde barrió la palma de mi mano en absoluto silencio. Un segundo después, un clic sordo resonó en la habitación y el panel de madera se deslizó hacia la izquierda, revelando una bóveda oculta.
El aire abandonó mis pulmones.
—Levi…
—Lo sé. Feliz mudanza, cariño.
Mis dedos se extendieron por inercia hasta acariciar el metal negro y frío de una Mossberg 500 que descansaba en la pared iluminada. Era un arsenal. Mi propio maldito arsenal.
Había al menos quince armas de fuego de distintos calibres perfectamente alineadas. Cajas de munición, silenciadores de última generación y una colección de cuchillos de combate que me hizo sonreír como una desquiciada. Este era el retorcido lenguaje de amor de mi padre.
Levi Salvatore acababa de regalarme un cuarto de guerra.
—Acabas de ponerme un arsenal a mi entera disposición.
—Eres la heredera de Draghi . No mereces menos.
—¿No te preocupa que mañana me despierte impulsiva y decida volar media ciudad solo porque alguien me miró mal?
—Eso es algo que ya haces sin mi permiso, Maddox.
—Cierto —concedí, acariciando la empuñadura de una Glock 19.
Sentí la presencia de Levi a mis espaldas, imponente y protectora.
—Quiero que te quede algo grabado a fuego en la cabeza: te apoyo. Aceptaré la ruta que decidas tomar, la sangre que decidas derramar, pero no me pidas que me quede al margen si veo que te superan en número. Eres mi hija.
Una oleada de orgullo puro, tóxico e inquebrantable corrió por mis venas.
—¿Quieres tu venganza? Tómala. Pero vas a necesitar el peso de Draghi para aplastarlos.
Me giré despacio hacia él, apoyando la espalda contra la pared de armas.
—Levi… —Me aclaré la garganta, sintiendo el peso de su revelación—. Nunca quise pasar por encima de ti...
—Por eso planeabas hacerlo todo a mis espaldas —Sonrió de lado. Me tensé. ¿Lo sabía por Matthew? No, Matthew jamás me traicionaría así—. Te conozco, Maddox. Yo era exactamente igual a tu edad. Yo te crie. Sé de los horrores de los que eres capaz.
Bajé la vista hacia el suelo un instante antes de volver a clavar mis ojos en los suyos.
—Y aun sabiendo el monstruo que soy… ¿lo vas a permitir?
Él asintió con una firmeza que no admitía debate.
—Te daré cada arma, cada bala y cada hombre que necesites, Maddox. Eres mi hija y mi heredera.
Otra vez, la presión húmeda amenazó detrás de mis ojos. Era el escenario más atípico, bizarro y retorcido del mundo para ponerse emotiva, pero, ¿qué otra cosa se podía esperar de una familia de asesinos? Este era nuestro equivalente a un abrazo.
—Levi, tú eres el Don. Pero me quedaría quieta mientras tú intentabas hacer la paz.
Él asintió, redujo la distancia y tomó mi barbilla entre sus dedos grandes y ásperos, obligándome a mantener el contacto visual.
—Eso no será un problema, mia cara . Porque planeo hacer cambios drásticos en Draghi . —Alcé una ceja, sorprendida por la intensidad oscura en su mirada—. Mañana he convocado una reunión extraordinaria en la empresa. Te quiero ahí.