Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 14
20%

Capítulo 14

Maddox

El peso del arma en mi mano es familiar, casi íntimo. Extrañaba esto. La intimidad y seguridad que solo la galería de tiro me ofrece.

La deslizo sobre la mesa metálica frente a mí y el frío del acero se me pega a la piel como una promesa.

Desarmo la Beretta con movimientos precisos, automáticos, como si mi cuerpo recordara lo que mi mente ya no necesita pensar.

El cargador encaja con un clic seco cuando lo lleno bala por bala; cada una cae en su lugar con la exactitud de un latido.

Respiro hondo, dejando que el olor de la pólvora del lugar se instale en mis pulmones, calmándome más que cualquier palabra amable que alguien haya intentado darme.

Cuando vuelvo a ensamblarla, la sostengo frente a mí, alineando la mira como si apuntara a algo más que un blanco de papel. Como si detrás de ese círculo estuvieran todos los nombres que no digo en voz alta.

Empezando por Marcio y acabando por Máximo.

Mis dedos no tiemblan, nunca tiemblan. Aprieto los labios, ladeo apenas la cabeza y sonrío sin alegría.

Porque esto, este instante exacto antes del disparo, es donde vivo realmente.

No en la mansión, no en la mentira pulida que vendo al mundo, mucho menos en las cenas incómodas con Levi.

Aquí, con el dedo rozando el gatillo, es donde soy honesta.

Y lo único que sé con certeza es que siempre doy en el blanco.

Descargo todas las balas sin dejar de apuntar a los blancos frente a mí. Solo cuando la última figura se quiebra ante el impacto de mi bala es que bajo el arma. Sonrío, paso la lengua por mi labio inferior y no puedo evitar sentir una punzada de alivio y necesidad.

Necesito vengarme.

Pasó una semana desde el viaje improvisado a Nueva York. Aún no había tenido noticias sobre el gemelo de mi interés ni tampoco del tal Frank con el que me reuní en la fiesta de Lucchese. Había hablado con Harry pero tampoco tuvo novedades ni nada para informarme.

Suspiro. ¿Acaso estoy equivocada? ¿Acaso debo buscar otro hilo del cual tirar para encontrar a los malditos que quiero ver muertos?

—No —digo mientras dejo el arma sobre la mesa y quito mis audífonos—. No, este debe ser el camino, tiene que serlo…

Mi móvil comienza a sonar y lo busco con rapidez en el bolsillo trasero de mis pantalones. Por un momento tengo la estúpida esperanza de ver el nombre de Matthew reflejado en la pantalla pero sé que no tiene sentido, no luego de las cosas que sucedieron, no de cómo le hablé.

No luego de cómo le mentiste en la cara , me recuerda una vocecita molesta.

Niego y descuelgo la llamada.

—Will —respondo a secas.

—Tenemos un problema.

Me pongo en alerta de inmediato.

—¿Qué? —digo en un susurro y noto cómo duda del otro lado de la línea—. Will…

—¿Dónde estás?

—En la galería de tiro, ¿por qué?

—Bien, paso por ti en cinco minutos.

—Will, ¿qué demonios sucede?

—Espera a que llegue, ¿sí?

—William.

—Cálmate, Maddox. Aún no debes asesinar a nadie —suspira del otro lado—. Creo.

Finalizo la llamada pero antes de poder buscar nuevamente el arma mi teléfono vuelve a sonar. Deslizo la pantalla y otra vez la esperanza de ver un mensaje suyo se cuela por mi mente.

No sucede. Por supuesto, es Penny. Pongo a reproducir el mensaje de voz luego de ajustar el volumen, mientras comienzo a ordenar el arma, las gafas de protección y los audífonos.

—¡Maddie! ¿Cómo estás? Tu mejor amiga está muy bien, gracias por preguntar —pongo los ojos en blanco como si pudiera verme pero no puedo evitar sonreír.

Tomo mi bolso mientras dejo sobre el mostrador el arma que usé—.

Solo quería saber si ya cambiaste de opinión y me hiciste caso, porque sabes… soy genial para los consejos de amor.

Otra vez pongo los ojos en blanco.

Luego de Nueva York, Penny quiso saber qué demonios ocurrió con Matthew.

Le fui honesta, por supuesto, al menos hasta donde mi vergüenza me lo permitió.

Y su respuesta fue lanzarme un cojín con fuerza y maldecir.

Cuando le pregunté qué demonios le ocurría me dijo, y cito: «¿Cómo se te ocurre romperle el corazón a un hombre que mide lo mismo que un oso y tiene cara de psicópata?

¿Sabes qué hará? Saldrá de aquí e irá en busca de alguien para asesinar».

Claro que me pareció demasiado exagerado. Pero hablábamos de Matthew, quien cazaba a los chicos que intentaban besarme cuando era adolescente, sólo por diversión. Y quizás porque Levi se lo pedía.

Le aseguré a Penny que mi decisión era la correcta, pero su opinión fue que estaba equivocándome demasiado.

Le dejé en claro que nada ni nada se interpondría entre mi venganza y yo.

Creí que había acabado por entenderme pero claro, se la pasa molestándome desde hace una semana para que hable con Matthew.

—Me alegra mucho que te encuentres bien —comienzo a decir mientras grabo un mensaje de voz—. Yo estoy perfectamente bien. Y por supuesto estoy muy segura de mi decisión.

Puedo imaginarla poniendo los ojos en blanco pero no me interesa. No pensaba hacerle caso, si hablaba con Matthew toda mi fortaleza se iría al diablo y entonces estaría vulnerable frente a él. Tendría que retractarme de mis palabras de hace una semana y no podía permitirlo.

«Lo que ocurrió anoche fue un error».

Trago saliva.

Además, Matthew se había portado demasiado bien. Tanto que asustaba. Es decir, no me había contactado en los días que pasaron, no había aparecido por la mansión ni mucho menos me lo había encontrado de casualidad, a excepción de algunas reuniones en el club.

Eso debía alegrarme. Porque estaba claro que de esta forma todo sería más sencillo.

Pero entonces, ¿por qué sentía un vacío en el pecho cuando cenaba con Levi y no lo mencionaba? ¿Por qué esperaba un mensaje suyo en cualquier momento? ¿Por qué no lo había visto últimamente en la mansión?

Basta.

Nada de eso importa. Lo único importante ahora es que Will llamó por problemas y yo quiero asesinar personas. En cuanto veo el jeep alzo una ceja, no recordaba que tuviera uno pero se ve bien. Monto el vehículo y lo miro expectante mientras él pone la marcha y comienza a conducir.

—¿A quién debo asesinar?

Maldice por lo bajo mientras niega.

—Últimamente me he preguntado si siempre fuiste así —dice mientras acelera—. Es decir, ¿siempre tuviste esta sed de sangre o es algo nuevo que trajo París? —pongo los ojos en blanco pero no puedo evitar reír—. ¿No es la ciudad de la moda?

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Uno pensaría que vendrías con aires de Miranda Priestley pero no con el tinte asesino.

Parpadeo.

—¿Acabas de hacer una referencia a «El diablo viste de Prada» ? —digo sin poder creerlo, Will me mira de soslayo y encoge los hombros—. Ni siquiera sé qué decir.

—¿No es acaso la mejor película de los dos mil? —deja escapar un silbido mientras niega—. La mejor, sin duda.

Hago una mueca con mis labios pero no sé qué responder. En su lugar sonrío, dejo escapar una especie de risa suave que se transforma en una carcajada. Will me mira con una ceja alzada y se ríe también.

Me agrada Will. Se podría decir que somos… ¿amigos? Supongo. Es extraño en mi mundo, mucho más luego de que juré no dejarme llevar por los sentimientos. Eso incluye este tipo de vínculos.

Regresé de Francia con la idea de vengarme.

En la ecuación no entra formar vínculos, ni siquiera amistosos, porque todos son debilidades que pueden usar en mi contra.

Por eso quería mantener a Penny lo más lejos posible.

Pero mi mejor amiga siempre fue más cabezota y testaruda que cualquier otra persona en el mundo.

Mis muros no pueden contra ella. Y quizás tampoco contra Will, después de todo es quien sabe toda la verdad y me está ayudando.

«Somos los mejores amigos».

Las palabras de Lucchese aparecen en mi mente y presiono los párpados mientras suspiro.

—Es bueno escucharte reír —me giro para ver a Will son sorpresa—. La última vez que te vi reír así fue hace… bueno, dos años.

—¿Antes de que me secuestren? —pregunto con ironía—. Perdón, he perdido mi toque humorístico…

—Sé lo que se siente, Maddox —dice en voz baja.

Trago saliva. Por supuesto que lo sabe, lo sabe mejor que nadie.

Mierda. Conozco su expediente, su tortura duró meses.

Era una de las razones por las que era honesta con él, sabía que Will me entendería.

Sabía que podía confiar en él. Y sí, quizás quería tener un amigo que entendiera lo que se siente, aunque jamás lo diría en voz alta.

El silencio que se instala es tenso, pesado, pero solo para mí. Will no pierde su postura relajada, lo cual es extraño pero a la vez no. Porque así es él: tranquilo, serio, taciturno… ¿Siempre fue así?

—¿Cómo lo superaste? —pregunto en voz baja.

El me mira cuando se detiene en un semáforo rojo y sus labios se curvan en una sonrisa triste.

—Creo que jamás podré hacerlo —confiesa. Trago saliva—. Pero he aprendido a vivir con ello.

Bajo la vista a mi regazo. Junto mis manos y estrangulo mis dedos entre sí hasta que duelen y no sé qué más hacer. ¿Qué esperaba que me dijera? ¿La maldita solución a las pesadillas? ¿A los ataques de pánico? ¿Algún día podré ver mi reflejo en el espejo sin sentir lástima y repulsión por mí misma?

Si. Me gustaría que alguien pudiera darme esas respuestas. El problema es que ya sé cuál es y no me gusta.

—¿Cómo? —mi voz es un susurro doloroso.

—No permití que se llevaran todo de mí —lo miro. Algo brilla en su mirada gris y vuelve a sonreír—. Me convertí en una sombra luego de aquellos meses. Pensé en muchas ocasiones acabar con mi vida.

Trago saliva. Toda su confesión era… demasiado.

—Will, no tienes que hablar de esto si no quieres…

Chasquea la lengua y vuelve a conducir.

—Yo creía lo mismo —confiesa—. Luego supe que, si quería vivir, debía aceptar que no podía cambiar lo que me habían hecho —siento mis párpados picar y parpadeo con fuerza para alejar las lágrimas—. Ellos querían exactamente esto, Maddox.

Arrugo la frente.

—¿De qué hablas?

—Habrían querido que dejaras de ser tú —mi corazón se acelera ante sus palabras.

Will estaciona pero no alejo mis ojos de los suyos, no me interesa dónde demonios estamos—.

El fin de la tortura es hacernos creer que nos pueden romper hasta que nos olvidamos de nuestra esencia.

La verdadera venganza es demostrarles que no lo lograrán jamás.

Mi corazón palpita con fuerza y siento un temblor leve en mis manos que reprimo al presionarlas nuevamente sobre mi falda.

Alejo la vista y clavo mis ojos en el galpón frente a mí, del otro lado del vidrio polarizado.

Presiono los párpados para contener mis lágrimas y me aclaro la garganta antes de hablar.

—¿Cuál era el problema? —digo mientras me giro hacia él otra vez. Will alza una ceja y niega de forma leve, entiende lo que necesito: cambiar de tema. Porque no soporto lo que esconden sus palabras—. ¿Qué era tan urgente?

—Me pediste que me encargue de conseguir el depósito en el lado Oeste de la ciudad pero tuvimos un problema con mi contacto —alzo una ceja—. No es necesario que asesines a nadie, cálmate.

—¿Seguro? —digo entre dientes.

—Sí, porque lo he solucionado: conseguí este de aquí —señala el depósito a un lado y vuelvo la vista a donde estaba hace un momento.

—Pero me gustaba el otro —digo en voz baja.

Will pone los ojos en blanco.

—Maddox, no hagas berrinches —alza una mano cuando intento hablar—.

Sí, el otro era el adecuado para tu sala de tortura, lo sé —asiento.

Era exactamente lo que me interesaba—. Pero comparé los planos y podemos adaptar el diseño que habías pensado —hace una mueca—.

Me encantaría estar hablando de una casa —murmura.

—Ya, es parecido —me defiendo—. En la mansión tenemos una habitación para eso.

Alza ambas cejas y me encojo de hombros. Era cierto, después de todo. Pero yo no pensaba utilizar la sala de tortura de los Salvatore, porque mi idea era que solo yo supiera exactamente lo que quería hacer de vuelta en Chicago.

—En fin, te traje para que lo veas y des el visto bueno —alzo una ceja ante sus palabras—. El arquitecto puede empezar mañana.

Sonrío y asiento. Me agrada. Quiero tener el lugar listo para cuando los encuentre.

—De acuerdo, vamos —digo antes de buscar el seguro de la puerta pero Will me detiene con su mano en mi brazo. Lo miro con sorpresa— ¿Y ahora qué ocurre?

Lo veo tragar saliva y dudar un segundo.

—¿Estás bien? —dice en voz baja.

Sé exactamente a qué se refiere.

Pero no tengo tiempo para eso ahora.

—No —confieso—. Pero lo estaré en cuanto los encierre en este maldito lugar y escuche sus gritos mientras los torturo.

Le guiño un ojo antes de salir del coche, lo escucho suspirar pero me sigue.