Capítulo 7
Maddox
Rechazo la llamada en cuanto mi móvil vuelve a sonar y suspiro con impaciencia mientras fijo la vista en la ventana a mi lado.
Un silbido llama mi atención. Me obligo a apartar la mirada del paisaje que dejamos atrás para observar a mi mejor amiga. Penny no puede despegar los ojos del exterior del coche.
Sonrío para mis adentros al ver la emoción que irradia. Sé que es su primera vez aquí y me habría gustado que este fuera un viaje cualquiera, uno de esos que se hacen solo para pasar tiempo juntas. Pero este estaba muy lejos de serlo.
No podía olvidarlo.
—¿Impresionada?
Los ojos de Penny brillan y muerdo mi labio inferior para contener la sonrisa.
—¿Impresionada? ¡Más que eso! ¡Este lugar es increíble!
—Solo lo estás viendo desde un coche, Penny.
—¡Exacto! Sí me parece increíble ahora, imagina cuando salgamos a recorrer…
—No saldremos. —La detengo antes de dejar que su ilusión crezca—. Recuerda, Penny. Esto no es un viaje de diversión.
Sus hombros bajan un poco y su postura se tensa, perdiendo todo el deje divertido y alegre de unos segundos atrás.
—Lo sé, pero jamás hemos hecho viajes así. Me emociona —se encoge de hombros—. ¿Regresaremos mañana?
—Regresaremos esta noche.
Me mira con los ojos desorbitados.
—¿¡Qué!? —Alzo ambas cejas sorprendida por su tono y su reacción. Incluso Jace, quien se encuentra en el asiento del copiloto nos mira de reojo—. P-pero… acabamos de llegar.
Bajamos del avión privado tan solo media hora atrás, y ya teníamos un coche de alquiler aguardando por nosotros junto a otro con dos hombres que nos escoltarían al hotel.
Cortesía de Lucchese, por supuesto.
Esto era algo simple: reunirme con él para saber la verdad detrás de lo que está sucediendo y en base a lo que me diga decidir si me engaña o no.
A partir de ahí veré que puedo hacer, si asesinarlo como hice con su tío dos años atrás o dejar que siga respirando.
Todavía no lo había decidido y claro que debía esperar a escuchar la historia completa, pero aun así…
el sentimiento de usar un arma de nuevo no me desagradó en absoluto.
—Y así como llegamos nos iremos, sabes que esto es solo por una reunión de improvisto. Nada más.
A Lucchese no le agradó que lo llame de la nada y le exigiera vernos, pero tras unos minutos de charla tensa acabó aceptando y dijo que me estaría esperando en su despacho para hablar.
Solo hablaríamos, decidiría qué hacer y luego me iría.
Con algo de suerte, Lucchese tendría información que podría ser de ayuda y le daría un giro a lo que Will había descubierto.
De lo contrario, habría hecho el viaje en vano, pero al menos lo habría enfrentado para recordarle con quién hace negocios.
—Ni siquiera me dijiste con quién venimos a hablar —escucho como murmura Penny.
—Con un socio.
—Sí, pero ¿quién es? ¿cómo se ve? ¿Se ve tan amenazante como Matthew? ¿Tienes esa vibra de psicópata americano que tanto te gusta?
Le dedico una mirada de advertencia pero antes de poder replicar escuchamos como Jace deja escapar una risa y ambas lo observamos.
—¿Lucchese amenazante? Por favor, Penny —dice entre risas.
—¿Tú lo conoces? —pregunta con entusiasmo—. ¿Me dirás como se ve? ¿Es amable?
—Se ve como un adolescente malcriado de treinta años.
—Jace —advierto con voz fría y veo cómo se revuelve incómodo en su asiento.
—De acuerdo, lo siento —murmura—, pero no puedes negar que el tipo es raro.
—Es verdad, no podía negarlo pero esa era una razón por la que me caía bien, sería una lástima dispararle como a su tío—.
Es decir, a simple vista no parece intimidante, pero tampoco amable.
Simplemente… divertido, sí. Siempre está sonriendo, como si todo en la vida fueran cotilleos y chismes.
—Oh —los labios de Penny forman una «o» y luego sonríe con picardía—, creo que me agrada. ¿Es guapo?
Esa pregunta va dirigida a mí, la miro de soslayo y finjo que lo pienso unos segundos para luego asentir, volviendo la vista y la atención a mi móvil.
—Si, es atractivo.
—¿Más que Matthew?
—No, ni un poco.
No soy consciente de mi respuesta hasta que siento dos pares de ojos posarse sobre mí con intensidad y muerdo mi labio inferior, conteniendo la letanía de insultos que amenazan con salir desbordados. Insultos dirigidos a mí, por supuesto.
A ver, ¿admitir que Matthew es más atractivo es un problema? Para nada, no puedo mentir y además, no lo estaría admitiendo en su presencia lo que sí sería un problema, pero tampoco es bueno admitirlo frente a las dos personas más insufribles y chismosas: Jace y Penny.
Aparto mis ojos de la pantalla de mi móvil para verlos sonreír con malicia.
—Si piensas eso… ¿por qué lo tratas así? —pregunta Jace.
—¿Así cómo? ¿Cómo lo trata? —Penny lo mira y luego vuelve a concentrarse en mí—. ¿Qué hiciste, Maddox?
—Yo no hice nada…
—¡Exacto! Le hace la ley del hielo al pobre Matthew…
—De pobre nada —murmuro.
—Y él agoniza por su atención.
—Eso no es cierto —le lanzo una mirada incrédula—. Deja de decir tonterías.
—No lo sabes porque no lo has visto —resopla y vuelve la vista al frente—. El pobre Matthew parece un fantasma desde que te fuiste hace dos años, y ahora es peor porque pensaba que te comportarías como siempre, pero…
—¿Como siempre? ¿Cómo sería eso? —Penny vuelve a interrumpir y ya comienzo a impacientarme—. ¿Por qué no sé de estos chismes, Maddie?
—No son chismes, Penny —digo entre dientes—. Marco, ¿cuánto falta para llegar?
—¿Intenta escapar de esta conversación, alteza?
El tono de Marco destila pura diversión.
Penny no aparta los ojos de mí ni un segundo y ni siquiera necesito mirar a Jace para saber que está completamente fascinado con la escena.
No puedo evitarlo: siento cómo el calor me sube por el cuello hasta incendiarme las mejillas.
Y, por Dios, no debería estar reaccionando así.
—¿Debo recordarles que todos trabajan para mí? —El silencio que le sigue a mis palabras es tenso, la expresión de diversión se borra del rostro de todos y eso de alguna forma me llena de adrenalina—. No les conviene hacerme enojar.
Nadie habla. A excepción de Penny, por supuesto.
—Yo no trabajo para ti, querida —me giro a verla y ella sonríe como un angelito—. Lo lamento por ustedes chicos, pero yo sí tendré el chisme completo.
Pongo los ojos en blanco y vuelvo la atención a mi móvil, ignorándolos por completo hasta que llegamos al hotel de Lucchese. Pero antes de abandonar el coche, puedo escuchar como Jace le murmura a Penny.
—Después me pondrás al tanto, ¿verdad?
Mi amiga le guiña un ojo como única respuesta. Yo finjo seriedad, aunque por dentro me estoy muriendo de risa por lo ridícula que es la situación.
Cuando bajamos del coche, los hombres de Harry ya nos esperan en la entrada del hotel.
Me acerco con paso firme, consciente de la presencia de todos a mi espalda.
No hace falta que diga una sola palabra: intercambian una mirada y se apartan para dejarnos pasar.
Caminamos hasta el ascensor que conocí dos años atrás.
Nos lleva al penúltimo piso, donde están nuestras habitaciones y la suite que una vez ocupé.
En cuanto pongo un pie en la suite, una oleada de recuerdos me golpea de lleno. El equilibrio me abandona por un instante. El suelo bajo mis pies parece tambalearse. ¿O soy yo?
En esta habitación Máximo me esperaba al otro lado de la puerta. Contra esa misma puerta tuvimos sexo sin importarnos quién pudiera encontrarse del otro lado. Fue ahí donde empezó a susurrarme palabras al oído mientras sus manos recorrían mi cuerpo.
Me decía que era preciosa. Que le encantaba. Que le consumían los celos al pensar que era su hermano quien pasaba tanto tiempo conmigo. Que no podría dejar de tocarme. Que podría pasar horas besándome, recorriendo mi cuerpo hasta aprendérselo de memoria.
Mentiras.
Todo fue una gran mentira.
La única persona que me eligió fue Penny. Me conoce desde antes de descubrir quién soy realmente y, aun después de saberlo, decidió quedarse. Permaneció a mi lado pese al peligro que implica formar parte de mi vida.
Máximo no.
Él jamás me miró como yo lo miré a él.
Lo nuestro fue una fantasía en la que decidí creer porque necesitaba sentirme querida. Necesitaba pensar que, por una vez, alguien podía verme más allá del apellido Salvatore.
La verdad acabó con esa ilusión.
Lo único que me queda son recuerdos que ahora sé que fueron una mentira... y la cicatriz que atraviesa mi rostro. Una marca permanente que me recuerda, cada vez que me miro al espejo, que confiar en alguien siempre tiene un precio.
—¿Estás bien? —La voz de mi mejor amiga me trae de vuelta a la realidad.
Estoy de pie en medio de la suite mientras ella me mira con el ceño fruncido, sentada sobre el colchón y de brazos cruzados.
Fuerzo una sonrisa y asiento pero no le inspiro la confianza suficiente para que la preocupación desaparezca de sus facciones—. ¿Qué ocurre?
—Nada ocurre —le miento y luego me arrepiento. Dejo escapar un suspiro mientras me acerco—. Estaba pensando que…
—¿Qué?
—No volveré a confiar en nadie más.
Los ojos azules de Penny se abren demasiado.
—¿De qué hablas? —hace una mueca de desconfianza—. Puedes confiar en mí, lo sabes ¿cierto?
—No me refiero a eso —digo en un murmullo y ella presiona los labios en una fina línea mientras baja los ojos hacia su regazo—.
Puedo confiar en ti, te confiaría mi vida, Penny.
Aunque me parezca ridículo que tú confíes en mí cuando ni siquiera puedo asegurar tu protección; pero yo estoy segura de ti, de que eres mi mejor amiga.
—Pero no confiarás en nadie más —murmura—. ¿Ni siquiera en tu padre y tu madre?
—Ellos no pueden saberlo, Penny.
—Tu padre no es idiota, Maddie. Es el Don de la mafia, dudo que algo se escape de su control.
—Yo me escapé de su control por mucho tiempo…
—No estoy segura de que lo permita otra vez. No puedes planear y llevar a cabo una venganza sin que él lo sepa.
—Penny…
—No puedes salir a asesinar a todo aquel que te haga enojar sin esperar represalias o consecuencias.
—¿Crees que no lo sé?
—Pues no parece que lo sepas —clava sus ojos en mí y vuelve a cruzarse de brazos mientras cuadra los hombros.
Con una actitud seria y enojada, me da a entender que no es una conversación de la que podré escapar con facilidad.
Pero está bien, quise tener la conversación ahora para sacar todo esto de mi interior—.
Te estas poniendo en peligro, pones a otras personas en peligro…
—Te pongo a ti en peligro —la interrumpo y alzo una ceja, ella comienza a negar pero antes de darle oportunidad a que responda me acerco un poco más.
Debe inclinar la cabeza hacia atrás para verme bien—.
Lo último que quiero es que te pase algo, o a Levi o a Nora.
Por Dios, ni siquiera soportaría que algo le ocurra a Matthew —digo las últimas palabras en voz baja y un escalofrío me recorre, mi amiga no dice nada pero alza una ceja—.
Pero debo hacerlo, necesito hacerlo, Penny. Lo necesito.
—¿Necesitas con tal desesperación vengarte?
Trago saliva, se forma un nudo en mi garganta que parece imposible de deshacer.
—Sí.
—¿Aunque te pierdas a ti en el proceso?
Sostengo su mirada y me obligo a no mostrar ninguna emoción. Entiendo lo que intenta decirme. Entiendo su preocupación. Y quizá, en otro momento de mi vida, todo esto me habría parecido ridículo. Innecesario.
La Maddox de hace dos años jamás habría permitido perderse a sí misma. No habría sacrificado su esencia por algo tan mezquino como la venganza.
Sí...
Pero esa Maddox ya no existe.
La mujer que soy ahora dejó de reconocerse hace mucho. Lleva dos años caminando por un infierno que ella misma alimenta, consumiéndose un poco más con cada paso.
Quizá la venganza no sea la respuesta.
O quizá sea lo único que me queda.
—Yo me perdí hace tiempo, Penny. Es hora de que todos comiencen a aceptarlo.