Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 6 #2
10%

Capítulo 6 #2

Aparco al borde de la acera y apago el motor, pero permanezco allí sin moverme y sin apartar los ojos de la estancia que se extiende frente a mí.

Todo parece estar a oscuras, a excepciones de unas cuantas luces cálidas que Levi suele dejar encendidas en el jardín delantero, pero por lo demás la casa incluso parece deshabitada.

Dejo que mis ojos se desvíen hacia arriba, a donde sería el segundo piso y doy de lleno con la ventana de la habitación de Maddox. Trago saliva y considero bajar, pero sé que es una mala idea porque ella no quiere verme, porque estoy ebrio y su padre me mataría, pero aun así…

¿Qué pasaría si golpeo la puerta y me abre con su lindo pijama rojo? ¿Se daría cuenta de que estoy ebrio? Sin duda. Ella siempre lo nota todo.

Y yo debería dejar de estar tan obsesionado con ella, pero cada día que pasa me resulta más difícil.

Como si hubiera cruzado un punto de no retorno.

Resulta casi doloroso poner distancia e incluso evitar fantasear con que me reciba ahora.

Parece imposible; ni siquiera puedo contener el gesto que amenaza con apoderarse de mis labios.

No te recibiría con una sonrisa porque te quiere lejos, muy lejos.

Aparto la voz lógica de mi consciencia y cierro los ojos mientras echo mi espalda hacia atrás, hasta dar con el respaldo de mi asiento.

Intento controlarme y olvidar la idea de bajar del coche para buscarla y hablar, intento recordar cada una de sus palabras para poder mentalizarme de una vez por todas…

Unos golpes en la ventana me hacen abrir los ojos y todos mis sentidos se ponen en alerta.

Del otro lado, el último par de ojos verdes que quiero ver me devuelve la mirada.

Trago saliva mientras acerco mi mano al botón de la puerta y el cristal comienza a descender con un leve murmullo.

Levi cruza los brazos a la altura del pecho y me mira con una ceja alzada, pero aunque intente simular molestia puedo notar lo cansado que está.

No lleva ropa cómoda, sino el habitual traje que usa para ir a la empresa, lo que llama más mi atención.

—¿Qué haces aquí, Matthew?

Trago saliva mientras pienso en una excusa. Es un mal momento para estar ebrio porque mis neuronas adormecidas no parecen tener la intención de ayudarme.

—Solo… pasaba a ver que todo estuviera bien — si claro —. ¿Y tú? ¿Dónde estabas?

—En la empresa, hubo un aviso dentro del sistema de seguridad así que debí ir a ver que todo estuviera bien.

Mi cuerpo se tensa de pies a cabeza. Llevo mis ojos hacia la casa y tengo un déjà vu con la última vez que Levi dejó a Maddox sola, pero él parece adivinar mis pensamientos porque suspira con pesadez antes de volver a hablar.

—No la dejé sola, Matthew —dice con irritación.

—¿Y dónde está? —no debería hablarle así, pero estoy ebrio y sí, quizás un poco molesto— ¿Está con Penny?

Ruego internamente que responda con un sí.

—Está en Nueva York.

Con Lucchese. Es lo que él no dice pero lo que está más que claro y me encantaría ignorar el escalofrío de incomodidad que me recorre al darme cuenta que está lejos y con él, pero no puedo. Porque está lejos y con él.

¿Qué demonios hace en Nueva York?

No soy consciente de la fuerza que ejerzo al presionar el volante con mis manos hasta que noto mis nudillos ponerse blancos y las palmas comienzan a molestarme.

—¿Y qué hace allí? —trato de que mi voz se escuche lo más neutral posible pero siento que fallo—. ¿Fue sola?

—Claro que no, se llevó a Jace y Marco. Jamás la dejaría ir sola —suspira mientras niega—. Aunque no me agradó la idea del viaje improvisado, Maddox asegura que fue Lucchese quien la contactó convocando una reunión de forma urgente.

Inhalo y exhalo con profundidad.

—¿Y no crees que sea así?

Veo por el rabillo del ojo como niega y se pasa una mano por su cabello rubio, sus ojos brillan y sé que su cansancio parece acentuarse al hablar de su hija.

—Ni siquiera sé que pensar o creer, Matthew. Solo sé que la Maddox que se bajó de ese avión hace dos días no es la misma que se fue hace dos años.

Un nudo se forma en mi garganta al escucharlo.

Conozco a Levi Salvatore hace tiempo y sé que no hay nada más importante para él que Maddox, haría cualquier cosa por ella, incluso abandonar la mafia aunque le cueste la vida.

Por eso me puedo hacer una idea de lo desesperado que debe sentirse él, yo me siento igual pero sé que no es lo mismo.

Ella es su hija, después de todo.

Y Maddox es… nada. No es nada mío, como ella lo dejó en claro.

—Quizás hace tiempo dejó de ser esa Maddox que recuerdas, Levi.

—¿Me lo estás diciendo a mí? ¿O te lo dices a ti, Matthew? —aparto la vista y presiono más las manos sobre el volante, lo escucho suspirar otra vez—. Vete a casa, Matt. Te necesito sobrio por la mañana.

Con un leve gesto de cabeza me despido de él y pongo el coche en marcha.

Conduzco hacia mi apartamento con un vacío enquistado en el pecho, uno que lleva demasiado tiempo creciendo en silencio.

Sé que no debería hacerlo, pero saco el móvil sin apartar la vista de la carretera. Lo desbloqueo con el reconocimiento facial y marco su número casi por instinto. Maddox podría denunciarme por acoso. La idea debería detenerme. No lo hace.