Capítulo 6
Matthew
La música suena a niveles ensordecedores y me pregunto por qué demonios terminé en este lugar, cuando podría estar en mi despacho con un vaso de whisky, en completo silencio y disfrutando de mi soledad. Hasta que recuerdo que no puedo dejar de pensar en ella.
Y que la razón es que aquí al menos el ruido y la música serían una gran distracción.
Pero no lo son.
Suspiro mientras me llevo el vaso de whisky a los labios, ni siquiera sé cuánto he bebido ni cuanto tiempo llevo en el club.
Llegué temprano, demasiado, el reloj no había dado las seis de la tarde y yo estaba aquí.
Para mi suerte no es viernes o sábado, que son los días en que este lugar está a rebosar de personas, estamos a miércoles así que, aunque se puedan ver personas divirtiéndose en grupo o solitarias, son pocas.
Pero nada de eso importa porque la música sigue sonando a niveles peligrosos.
O quizás es que estoy demasiado ebrio.
Me acabo de un solo trago el resto de mi whisky y lo dejo sobre la barra, hace un ruido sordo y el bartender me mira con una ceja alzada.
Me conoce y sabe quién soy, por eso no necesito decirle que debe llenar el vaso de nuevo, como lo ha hecho desde que atravesé las puertas del club un par de horas atrás.
Pero no lo hace, no quito mis ojos del vaso de cristal que sigue vacío hasta que comienzo a impacientarme y alzo la mirada para encontrarme con los ojos oscuros del tipo que sirve tragos y del que recordaba su nombre hace un par de minutos. O quizás horas.
—¿No piensas servirme otro?
Mi voz sale carente de emoción, fría como el hielo, pero es que ni siquiera lo intento, desde mi discusión con Maddox mi actitud ha empeorado e incluso Levi me pidió que me tomara un descanso.
Otra razón por la que terminé aquí.
—Q-quizás fueron suficientes, Matthew.
Alzo una ceja.
—¿Tú me dirás cuando es suficiente? —Esta vez mi tono de voz sale diferente, con un ligero tono a molestia y enojo que no puedo evitar sentir—. No creo que seas capaz de decirme cuando es suficiente.
El tipo me mira con nerviosismo, veo como su nuez de adán sube al tragar saliva y sus ojos parecen los de un cervatillo asustado.
Bien. Me hace sentir bien saber que eso es lo que causo. Así es más fácil que me respeten.
Vuelvo a separar los labios para hablar pero el tipo llena mi vaso con más líquido ambarino antes de que pueda decir algo, sonrío satisfecho antes de acercarlo a mis labios y dejar que el líquido amargo baje por mi garganta quemándola en el camino.
—No era necesario ser tan cruel.
Mi mano se paraliza a cierta distancia de mis labios y desvió la vista hacia un lado, donde la silla se mueve y la expresión neutra de Will toma forma frente a mí.
Le dedico un gruñido por lo bajo antes de volcar mi atención nuevamente a mi bebida, lo escucho suspirar al notar que lo ignoro pero no le doy importancia.
—Porque a decir verdad, yo creo que si ya fue suficiente alcohol por hoy.
Cierro los ojos un segundo, intentando controlarme antes de hablar.
—¿Y tú qué sabes?
—Digamos que te he estado viendo desde que llegaste y no has cambiado la posición, ni dejado de beber un segundo. Incluso toda mujer que se te ha acercado la has ignorado sin dudarlo. Sin mencionar que odias venir a este lugar.
Cierro la mano libre en un puño hasta que los nudillos se ponen blancos, no puedo armar una escena en medio del club de Levi porque él se enteraría y le daría otra razón para que crea que necesito poner distancia para «descansar» .
Pero comienza a molestarme que todos se crean con el poder de opinar sobre mi vida, ¿y qué si llevo horas bebiendo? ¿y qué si estoy aquí en el club? ¿y qué si ignoro a todas las mujeres que se me acercan?
No es como si no lo llevara haciendo hace años.
—Y además, he notado que no has estado presente en la reunión de esta mañana.
Cuando pregunté, Levi mencionó algo de que necesitabas descansar.
Por un momento no le creí, ¿Matthew Hardaway necesita descansar?
Increíble —lo escucho silbar impresionado y pero me niego a dedicarle mi atención así que permanezco con la vista al frente—.
Pero ahora que te veo en este estado, no dudo de las palabras del jefe.
—Cuidado, Will.
Pronuncio las palabras con un tono de advertencia, porque comienza a molestarme cada vez más.
Puedo soportar cuando Jace es quien molesta, ya que es la forma habitual de ser de Jace pero ¿Will molestando a alguien?
La razón por la que él me cae perfectamente y puedo trabajar a su lado es por su personalidad hosca y reticente, porque sabe cuándo hablar y cuando no.
Ahora es un momento en el que no debería hablar.
—Lo siento, te juro que lo intento pero es sorprendente ver como una rubia controla tu estado de ánimo…
Sus últimas palabras mueren en una sonrisa apenas apoyo la punta de mi pistola contra su cuello, justo sobre el pulso que late frenético bajo su piel. Presiono lo suficiente para sentirlo temblar.
La música continúa sonando, grave y elegante, como si el mundo siguiera girando con normalidad.
Pero a nuestro alrededor todo se ha detenido.
Las conversaciones murieron. Las copas quedaron suspendidas a medio camino.
Cada maldito par de ojos en la sala está clavado en nosotros, observando el espectáculo que jamás debería estar dando.
Y aun así, no puedo detenerme.
Porque Will tiene razón.
—Tranquilo, no necesitas armar una escena —su voz está cargada de diversión y presiono más la pistola.
—¿Qué ocurre? ¿No tienes nada mejor que hacer que molestarme?
—Oh no, el que parece no tener nada mejor que hacer eres tú —presiono más pero parece no inmutarse—.
Bebiendo solo en un club que detestas, porque una chica no te presta atención.
Ignorando a las mujeres que se acercan, porque una chica no te presta atención.
Funcionando pésimo en el trabajo, porque…
—¿Cuál es tu maldito problema, Will?
Su sonrisa se desvanece, toma con fuerza mi muñeca hasta hacer que aleje la pistola de su cuello y en respuesta doy un paso atrás al mismo tiempo que él da uno hacia adelante, lo suficientemente cerca para escucharnos y que los demás entiendan que deben meterse en sus asuntos.
—Mi problema, Matthew. Eres tú —alzo una ceja un tanto sorprendido, quizás esté ebrio pero mi mente aún funciona y no consigo entender lo que dice. Para mi suerte sigue hablando—. No necesitamos a un inoperante como tú, así que vete del club, ahora.
—¿Disculpa? ¿Me estás dando órdenes? —me acerco un poco más, con la furia y el enojo agolparse en cada fibra de mi ser—. Ten cuidado Will.
—Te estoy dando un consejo —dice entre dientes—.
Vete de aquí, date una ducha y duerme. Y cuando despiertes mañana trata de volver a ser el antiguo tú porque así no le sirves a nadie.
Descansa todo lo que necesitas, pero recapacita porque te necesita, Matthew.
Pero al verdadero tú, no a esta copia insulsa.
—Un escalofrío me recorre al entender sus palabras—.
Despéjate y vuelve a ser el maldito hombre que Maddox necesita. Porque estás muy lejos de serlo.
Se aleja de mí sin dudarlo, como si jamás hubiéramos tenido aquella conversación en la que casi le disparo y el resto del mundo parece retomar su cauce.
Permanezco un segundo observando el vacío, o quizás es más de un segundo pero para ese momento ya no tengo noción de la hora y el tiempo es un concepto abstracto que tiene sus propias reglas, y yo parezco perdido en ellas.
Como si me hubieran encerrado en un reloj de arena, cuando pienso que por fin logro estabilizarme lo giran y vuelvo a empezar, así me siento desde lo que ocurrió con Maddox.
O mejor dicho, desde lo que ocurrió con mi hermano.
Cualquiera pensaría que no debería afectarme. Después de todo, para el resto del mundo solo éramos dos hermanos unidos por sangre, no por afecto visible. Nunca fuimos de abrazos ni palabras reconfortantes.
Para quienes apenas me conocen, no soy más que el mayor de los Hardaway: el hosco, el hombre de pocas palabras, el que aprendió a ensuciarse las manos desde demasiado joven. Pero nadie se pregunta por qué. Nadie conoce la razón detrás de cada cosa que hice, de cada límite que crucé.
Siempre fue Max.
Mantenerlo a salvo. Cargar con la parte más podrida de este mundo para que él no tuviera que hacerlo. Porque desde lo que les ocurrió a nuestros padres entendí que alguien debía convertirse en el monstruo dispuesto a hacer lo necesario cuando el peligro volviera a encontrarnos.
Preferí guardarme la verdad en un rincón oscuro de mi mente, porque si hay algo que aprendí desde niño es que hay verdades que a veces es mejor permanezcan ocultas, porque no solucionan nada, sino que oscurecen todo aún más.
Lo que ocurrió con mis padres era una de esas verdades.
De nada sirvieron mis intentos de mantenerlo oculto, él llegó a sus propias conclusiones y actúo en base a eso, se dejó convencer y manipular. Y en el camino me traicionó.
¿Pero lo que más me jodía? ¿Aquello que me hizo trizas y abrió una brecha entre Máximo y yo? No fue su traición hacia mí, fue su traición hacia ella.
Quizás estaba mal, quizás la sangre debería significar mucho más y en cierta forma lo hace, la sangre es pesada. Por eso hice lo que hice, por vengar a mis padres.
Y desde aquello tengo una deuda demasiado grande con la única persona en que confío, en la única que cuidó de mí.
Quizás debería molestarme más la traición de mi hermano y quizás debería pensarlo mejor antes de decidir, de forma definitiva, que si tengo que asesinarlo por lo que le hizo a ella, no lo dudaré un segundo.
Porque a Levi Salvatore le debo la vida, y su hija la razón por la que abro los ojos cada mañana.
En cuanto salgo del club constato la hora y veo que son apenas las siete de la tarde, el invierno está empezando por lo que el sol ya se ha escondido.
En cuanto monto mi coche no me dirijo a mi apartamento sino que hago el recorrido opuesto hasta terminar en el barrio privado al otro lado de la ciudad.