Traición y Sangre II (Draghi 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

Maddox

Permanezco inmóvil observando a Will como si hubiera dicho una estupidez increíble.

En cierta forma me encantaría que lo fuera.

—Antes de que salgas de aquí con la intención de asesinar a alguien —la voz de Will suena tranquila y en calma—. Piensa que quizás… no es lo que parece.

—Lucchese sabe lo que sucedió —digo sin aliento.

—Lo sé…

—Sabe muy bien quienes me lo hicieron —trago saliva al ser consciente de lo que digo—. Si deja que ellos hagan negocios en sus calles lo hace a consciencia, Will. No es idiota.

—Exacto. Lucchese no es idiota, Maddox. No se arriesgaría a ponerte en su contra, después de todo es tu socio.

—Es socio de mi padre…

—Tu conseguiste el trato. Pero te lo debe, lo sabes.

—¿Y qué? ¿Entonces no tiene idea de lo que sucede en sus calles? —Will se encoge de hombros—. Es ridículo.

—Solo digo que lo pienses, no te convenzas de que la única explicación ahora es la que tiene más lógica, porque estás molestas y tu cabeza te puede jugar en contra.

Siento como el enojo se apodera de cada fibra de mi ser, me recorre y acaricia como una mano fría. No puedo evitar que estas emociones comiencen a tomar el control, siento que perdí esa batalla hace tiempo.

—Sería muy conveniente, ¿no lo crees?

—Es más conveniente convencerte de que te está traicionando ¿verdad? —le sostengo la mirada y aprieto los puños a mis costados—. No es así, Maddox. No todos mienten.

Pero sí lo hacen, todos mienten. Lo sé mejor que nadie.

Le dedico una última mirada antes de darme la vuelta en dirección a la puerta, no puedo permanecer un segundo más allí a escuchar lo que tiene para decir, porque quizás acabe dándome cuenta que tiene razón.

Pero convencerme que todos son malos, que todos son capaces de utilizarme hasta que consiguen lo que quieren, que pueden traicionarme con facilidad y luego simplemente desecharme como basura, eso siempre resulta mucho más sencillo.

Abro la puerta pero permanezco un momento allí, sin atreverme a girar y mirar la cara de Will, quien de seguro ahora está decepcionado por mi actitud.

Se que no puedo irme así sin más, pero ya no sé cómo lidiar con todo esto que siento, con el tornado de emociones negativas que me invade y me destroza con cada latigazo.

En momentos así solo me queda una cosa por hacer: huir, física y emocionalmente, de todo.

—Gracias por esto, Will —digo en voz baja, pero lo suficientemente alto para que escuche.

No me quedo a escuchar su respuesta, abandono aquel edificio tan rápido como mi cuerpo me lo permite y sin mirar atrás ni una sola vez.

◆◆◆

Cuando regreso a casa ya es pasado el mediodía y en parte lo agradezco porque sé que no me encontraré de nuevo con un Levi insistente para hablar.

Dejo el coche estacionado en el jardín delantero y me dirijo a la entrada, me recorre un escalofrío en cuanto me adentro a la estancia, aún me cuesta aceptar que pasé dos años lejos y que la última vez que estuve entre estas paredes todo salió bastante mal.

Suspiro con pesadez mientras subo los escalones hacia mi habitación y me mentalizo con los pasos a seguir.

La información no fue esclarecedora, todo lo contrario, abrió demasiadas incógnitas, como si alguien dejara salir un millar de piezas de un rompecabezas y yo ahora tenga que ordenarlos sin tener una mínima idea de cómo hacerlo.

Un rompecabezas desconocido que jamás vi completo antes.

Ni siquiera sé cómo seguir después de todo esto, pero de algo estoy segura y es que necesito ir a Nueva York.

Necesito hablar con Lucchese. Aunque primero debo sobrevivir a la cena de esta noche con Levi, ya que no puedo seguir escondiéndome.

A menos que tenga un viaje de última hora.

Sonrío para mis adentros al darme cuenta que tengo la excusa perfecta.

Cuando llego a la puerta de mi habitación y coloco mi mano sobre el pomo frío siento que un escalofrío me recorre la espina dorsal, suelto un suspiro de cansancio mientras me adentro en mi cuarto con la única finalidad de descansar un rato antes de planear el viaje de improvisto.

Toda mi intención se desvanece en cuanto me encuentro a mi mejor amiga aguardando por mí con una gran sonrisa.

—Penny… —murmuro con confusión y la sonrisa de la pelirroja se acentúa—. ¿Q-qué haces aquí?

Deja de sonreír en cuanto nota que no me muevo y la miro con recelo.

—¿Qué hago aquí? —repite mis palabras mientras abandona mi cama para dar grandes zancadas en mi dirección y acaba frente a mí con ambas manos en sus caderas—. ¿No se supone que estaríamos juntas, Maddox? —trago saliva con fuerza—. Porque eso le dijiste a Levi y claro tuve que seguirle la mentira.

La esquivo y me encamino hacia mi armario intentando ignorar la presión en el pecho que siento, no puedo ver a mi mejor amiga a la cara.

No después de lo que sucedió, de lo que hice.

A veces, siento que me sale de maravillas fingir que soy un robot y acabo creyéndomelo.

Hasta que en ocasiones me pesa la consciencia, como ahora.

—No te pedí que mintieras por mí —digo con indiferencia mientras saco mi maleta a medio desarmar y la pongo sobre mi cama.

Los ojos azules de Penny me miran imperturbable.

—No necesitas pedirlo, es lo que hace una mejor amiga…

—¿Entonces por qué el reclamo?

No la miro, me dedicó a ordenar la ropa que ya hay dentro de la maleta y repasar mentalmente qué debo llevar en un viaje a última hora a Nueva York, lo que debo tener listo, lo que puede pasar y lo más importante: cómo llevarlo a cabo.

—Mírame —la voz de Penny es de orden total, pero la ignoro y sigo haciendo lo mío. Hasta que sus manos cubren las mías y me estremezco—. Maddox. No me hagas repetirlo.

Dudo, pero alzo la vista y la miro. Me encuentro de lleno con sus ojos azules, su cabello anaranjado y su tez pálida llena de pecas, ya no sonríe y sé que en parte es mi culpa, por eso el brillo en sus ojos delata preocupación. Porque es así como todos me miran: preocupados.

Porque ya no soy la misma.

Porque ahora soy una Maddox rota.

—Te fuiste por dos años. Y ni siquiera te contactaste.

—Claro que sí, hemos hablado…

—Solo respondías algunos de mis mensajes y cada que intentaba llamarte tenías algo más importante que hacer. ¿Qué sucede?

Suspiro con pesadez y me dejo caer en la cama, ella se sienta a mi lado pero mantiene una distancia prudente. Puedo fingir con muchas personas, pero no con Penny. Prometí hace tiempo que ya no le mentiría.

—Necesito mantenerte alejada, Penny. Por favor, no lo hagas difícil.

La miro de reojo y veo como su labio inferior tiembla, por un momento me arrepiento de mis palabras pero me convenzo de que así es mejor, necesita saber la verdad y respetar lo que quiero; pero toda mi fuerza de voluntad, mi valentía y decisión flaquean cuando sus ojos se llenan de lágrimas.

—No has venido de visita ¿eh? —trago saliva en cuanto escucho su voz que sale algo distorsionada por las lágrimas que no deja salir. Veo como muerde su labio inferior mientras se contiene y niega mientras suspira— ¿Por qué, Maddie?

Inhalo y exhalo despacio.

—Porque lo necesito.

No digo la palabra en voz alta, no es necesario.

«Venganza».

—No tienes que hacerlo sola —murmura.

—El problema es que si tengo que, es más, debo hacerlo sola. Si dejo que estés al tanto, que esto se relacione contigo…

—¿Podría poner tu plan en peligro?

—Podría ponerte a ti en peligro. Y eso es algo que jamás me perdonaría.

Sus ojos azules se clavan en los míos con sorpresa, parpadea un par de veces confundida hasta que vuelve a hablar.

—¿Y te pondrás en peligro? ¿Tú sola?

—Estaré bien…

—¿Matthew sabe de esto? —trago saliva con fuerza—. Porque estoy muy segura que tu padre no tiene idea pero él… él podría ser de ayuda ¿cierto?

—También lo quiero dejar fuera de esto —digo en voz baja.

—Maddox…

—Penny, necesito hacer esto. Por favor.

Nos sostenemos la mirada por lo que parecen horas y puedo adivinar lo que se esconde en el fondo del océano que son sus ojos: incomprensión. Porque está frente a una desconocida que no comprende y no puede hacerlo aunque quiera.

No la culpo por eso. No culpo a nadie por lo que me hicieron.

Bueno, quizás me culpo un poco a mí.

—Maddox Francesca Salvatore, la venganza no te llevará a ningún sitio, no a uno bueno, al menos —intento hablar pero me dedicó una mirada de advertencia así que presiono mis labios—.

Pero no tengo idea por lo que has pasado.

Nadie puede darse una idea del infierno que te han hecho vivir así que, aunque no lo entienda, lo voy a aceptar.

Comienzo a emocionarme y le dedico una sonrisa.

—Gracias…

—Pero no me dejarás fuera de esto.

—No funciona así Penny.

—Tampoco como tú crees, pero no estoy aquí para discutir —abandona su lugar a mi lado para pararse frente a mí, me dedica una sonrisa y luego su atención pasa a mi equipaje a medio hacer—. ¿Nuevo destino, alteza?

Me contengo para no poner los ojos en blanco.

—Creía que tú y Jace ya no se hablaban —murmuro.

—Pasaron dos años, tienes que actualizarte, Maddox —se encoge de hombros mientras comienza a ordenar la ropa—. Dime, ¿a dónde piensas escapar ahora?

—Nueva York —su sonrisa se eleva hacia arriba y arquea ambas cejas, comienzo a negar en respuesta—. No, no, no…

—Me fascina Nueva York.

—Ni siquiera lo conoces… ¡ouch! —me golpea con una de mis prendas y le lanzo una mirada de furia—. ¿Y eso que fue?

—¡He visto cientos de películas! ¿Sabes dónde transcurren la mayoría de las comedias románticas? ¡Exacto! ¡En Nueva York! —me esfuerzo por no poner los ojos en blanco ante su pensamiento—. Así que esta es la oportunidad perfecta para conocer el lugar en vivo y en directo.

—No es un viaje de diversión, Penny.

Su sonrisa se acentúa más.

—¿Es de «negocios» ? —pronuncia la última palabra con un tono más grave y profundo, esta vez sí que no puedo evitar poner los ojos en blanco.

Intenta en vano golpearme otra vez pero la esquivo y escucho como se ríe, haciendo que su risa sea contagiosa—.

Vamos, te acompañaré. Será genial verte en acción, como toda una princesa de la mafia.

¿Eres de las que usa ropa de lujo o más bien trajes de cuero negro? Porque ambos te sentarán excelente…

—Penny, hablo en serio.

—¿Qué? ¡Yo también! Necesito saber que ropa usarás para ir combinadas, no puedo desentonar…

—Esto es serio, Penny.

Toda su diversión se desvanece de repente al comprender que no estoy jugando. Suspiro con pesadez y me coloco a su altura, le quito de las manos mi prenda de ropa y la vuelvo a colocar en la maleta para cerrarla y dejarla en el suelo.

—No te pondré en peligro, no puedes venir a este viaje.

—Pero tendrás protección, ¿cierto? Y yo no pienso dejarte sola, no de nuevo, no…

—Penny, no es tan sencillo… —suspiro—. A ver, solo es un viaje de improvisto para una reunión improvisada, y sí, conozco el lugar y llevaré protección. Pero será complicado si te llevo, tu no conoces el lugar y no podré mantenerte a salvo porque no podré estar concentrada en ti.

—Maddox, no debes ser mi niñera.

—Hablo en serio, puedo protegerme a mí misma si voy armada pero nada me asegura que pueda mantenerte a salvo, si algo te sucede…

—¡Ya! Deja de decir esas cosas —pone los ojos en blanco y coloca ambas manos por encima de mis hombros—.

Tu encárgate de los negocios y de protegerte, yo puedo protegerme —alzo ambas cejas—.

De acuerdo, quizás no pueda protegerme; pero no me separaré de ti ni de la seguridad que nos acompañe. Me portaré bien.

—Penny…

—Seré un angelito —sonríe de forma angelical y por un momento me hace dudar, pero alejo esos pensamientos. Es totalmente irresponsable que la lleve conmigo a un viaje así—. Maddie…

—No, no lo haré. Ya lo decidí.

Penny presiona los labios en una fina línea y alza una ceja, por la forma en que me mira sé que no dará el brazo a torcer y una parte de mi… una parte de mi quiere dejar que me acompañe. Porque quizás, todo es más sencillo cuando no estás sola para lamerte las heridas.

—Esto es simple Maddox, puedes aceptar que iré o puedes no hacerlo, pero iré de todas formas.

La primera opción te asegura que estemos bien, la otra no tanto pero a decir verdad no me interesa.

Donde tú vayas, iré yo. Soy tu maldita mejor amiga, ya no puedes alejarme —intento tragar el nudo que se forma en mi garganta y la emoción que comienzo a sentir se acrecienta al darme cuenta del peso de sus palabras—.

No hay distancia, física ni emocional, que puedas poner entre nosotras que no sea capaz de saltar.