Traición y Sangre I (Draghi 1) CAPITULO 55
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CAPITULO 55

maddox

e ntonces... —Murmuró Penny, deteniendo una cuchara rebosante de helado de caramelo salado a milímetros de sus labios—. ¿Max es algo así como un... Mayordomo con esteroides?

Dejé escapar una risa, la primera que se sentía real en mucho tiempo.

Después de toda mi confesión, Penny no me pidió explicaciones, solo me exigió que me quedara a dormir.

Y yo, por primera vez en mi vida, no puse excusas.

Necesitaba este santuario de sábanas de algodón y olor a hogar para purgar el rastro de la pólvora y el miedo.

Antes de volver a mi realidad, esa donde tengo que planear una guerra y cazar hombres como si fueran presas, necesitaba ser simplemente Maddox por una noche más.

Le había enviado un mensaje a Matthew para pedirle la suficiente comida chatarra para pasar la noche y él fue mi delivery con una sonrisa. Luego elegimos comedias románticas en Netflix.

Ahora, bajo la luz tenue de su habitación, ella navegaba por mi confesión con la curiosidad de quien acaba de descubrir que su mejor amiga es la protagonista de una novela de suspenso.

— Soldati —corregí, robándole un poco de helado—. No es un sirviente, Penny. Es un rango.

—¿Y eso qué significa en el mundo de los mafiosos?

—Significa que es un soldado —expliqué, recostándome contra los cojines—. En la mafia, como en cualquier imperio, hay una jerarquía. Cada pieza tiene un lugar y un propósito. De eso dependen sus libertades y, sobre todo, la consecuencia de sus actos.

—Como en el gobierno, pero con mejores trajes y menos escrúpulos —dedujo ella.

Hice una mueca de asentimiento.

—Te sorprendería lo parecidos que son —murmuro—.

Levi es el Don, el arquitecto de todo. Matthew es el consigliere , su mano derecha y la mente fría detrás de los movimientos —Penny escuchaba con atención, procesando los nombres que siempre conoció bajo otra luz—.

Después vienen los Chefe , los Capos y, finalmente, los soldatis .

—¿Que hay del Chefe y del... Capo? —hace una mueca de duda y sonrío con diversión—. Hey, tenme paciencia...

—Ambos son rangos elevados, quiere decir que tienen la confianza del Don para cruzar ciertos límites.

—¿Cómo cuales?

—Conocerme, por ejemplo —me encojo de hombros—. Marcellino y Donatto, así se llaman. Los conozco desde niña, son mayores que mi padre porque han sido los designados por abuelo.

—De acuerdo —murmura intentando seguir el hilo de confesiones— —¿Y tú? —Preguntó, clavando sus ojos azules en los míos—. ¿Dónde encaja la heredera en este tablero de ajedrez?

Me encojo de hombros con una frialdad que me era innata.

—Yo soy su arma.

Penny arrugó la nariz, confundida.

—Cuando dices arma, ¿te refieres a una metáfora de marketing o…?

—Me refiero a que soy su activo más letal —confesé, y el sabor dulce del helado me pareció de pronto demasiado infantil—. El as bajo la manga. El secreto que nadie ve venir hasta que tiene el cañón en la nuca.

—Pero también eres su hija, Maddie.

—Precisamente por eso. —Le arrebaté el bote de helado por completo—. Fui diseñada para esto. No lo veas como un problema, es mi legado. Mi lugar en la organización es, eventualmente, sentarme en su trono.

El silencio que siguió no fue incómodo, sino denso, cargado del peso de una verdad que acababa de dinamitar nuestra normalidad.

Me sentía ligera al no tener que esconderme más, pero sabía que la honestidad era una calle de un solo sentido: una vez que cruzas, no hay vuelta atrás.

—Penny —murmuré, buscando su mirada—. Siento haberte mentido sobre Jace. De verdad. Sé que es peligroso involucrarse con hombres como él…

—¿Con un mafioso? —Arqueó una ceja, y una sonrisa pícara iluminó su rostro—. Adivina qué, tesoro . Mi mejor amiga es la heredera de un maldito imperio criminal. Creo que puedo manejar a un chico de seguridad.

Le di un empujón juguetón mientras reíamos.

—Hablo en serio, Penny. Esto no es una película.

—Maddox, por favor —resta importancia con un gesto de su mano—. He estado en peligro todo este tiempo sin saberlo, ¿cierto? —Su voz bajó de tono, volviéndose afilada.

Hice una mueca de culpabilidad.

—En realidad… no.

—¿Cómo qué no? ¿Qué más me ocultas bajo esa capa de misterio?

—Eres mi única conexión con el mundo real, Penny. Por supuesto que teníamos que protegerte. —Decidí ir a por todas; sin más mentiras—. Desde el momento en que te convertiste en mi mejor amiga, hay un equipo designado para asegurar tu bienestar. El tuyo y el de tu madre.

Penny se incorporó de golpe, lanzando su conejo de peluche rosa al suelo. El helado estuvo a punto de seguir el mismo destino pero lo tome con rapidez.

—¡Maddox Francesca!

—¿Por qué diablos te dije mi segundo nombre? —Suspiré, cubriéndome la cara.

—¿¡Me estás diciendo que todo este tiempo he tenido guardaespaldas personales a los que podría haber obligado a cargar mis bolsas del centro comercial y no me dijiste nada!?

Puse los ojos en blanco, dándole un toquecito en la frente.

—Es un equipo de vigilancia táctica, no tu séquito personal, Penny.

Ella bufó, dejándose caer de espaldas contra el respaldo de la cama con un dramatismo digno de una diva.

—¿Y para qué quiero un equipo militar si no pueden traerme un latte o ayudarme con las rebajas?

—Eres increíble —murmuro sin poder creerlo—. Pero lo digo en serio: voy a tener que asignar más hombres. A ambas.

Me recosté a su lado, compartiendo el techo como tantas otras noches.

—¿Por qué más hombres ahora?

Tragué saliva, y el frío del helado se convirtió en un nudo de hielo en mi estómago.

—Porque si fueron capaces de llegar a mí, pueden dar contigo con mucha más facilidad. Si no lo han hecho es porque no han querido usar esa carta todavía. Pero ahora las reglas han cambiado.

—¿Estamos en guerra, entonces? —Preguntó, y por primera vez, el miedo real asomó en sus ojos.

—Se podría decir que sí.

—¿Y cuál es el plan, cerebro? —Trató de bromear, aunque su voz temblaba un poco.

—Los voy a cazar —murmuré, y sentí la mirada de Penny quemándome la piel—. Uno por uno. Voy a cobrarme cada segundo, cada cicatriz y cada gota de sangre. No voy a parar hasta que el apellido de esos bastardos sea solo un recuerdo borroso en una lápida.

El silencio se volvió denso, casi asfixiante. Penny soltó un silbido bajo, lleno de asombro. Me giré para verla de perfil y, por un momento, la mafiosa y la mejor amiga fueron una sola persona a sus ojos.

—Ahora sí que pareces una verdadera princesa de la mafia. Hasta me das un poco de miedo —murmuró Penny con una sonrisa traviesa. La empujé suavemente, sintiendo cómo el ambiente se aligeraba por un segundo—. Dime una cosa... ¿Cómo es salir con un soldati ?

Arrugué la frente. No me esperaba esa pregunta.

—¿A qué te refieres?

—Bueno —dudó ella, trazando círculos en el borde de su vaso de helado—, técnicamente él está... Por debajo de ti en la cadena alimenticia, ¿no?

—Hablas exactamente igual que Levi —acoté con un deje de amargura.

—Ya, ya, déjame terminar —bufó ella. Dejó el envase casi vacío sobre la mesa de noche y se giró para quedar frente a frente conmigo—.

Lo que quiero decir es que él trabaja para tu familia.

Lo de ustedes es un romance prohibido en toda regla.

Una heredera y su guardián. Es muy... cliché, pero de una forma pecaminosa.

No pude evitar que una pequeña sonrisa tirara de la comisura de mi labio.

—¿Romance prohibido? —Repetí, saboreando las palabras—. Supongo que sí. A Levi le daría un infarto si lo supiera. O algo peor.

—¿Se lo vas a decir?

—Algún día lo sabrá. En este mundo, los secretos tienen fecha de caducidad. No lo sé...

—¡Espera! —Penny se detuvo en seco y sus ojos se abrieron como platos—.

¿Me estás diciendo que tu primera vez fue con un soldado de tu padre?

Qué intenso, Maddie... —Me mordí el labio inferior, sintiendo un calor repentino en las mejillas—.

¡Y ni siquiera me lo contaste! —Me acusó con un dedo acusador.

Presioné los labios en una línea fina. Penny, con esa intuición de mejor amiga me dedicó una mirada inquisidora—.

Maddox... ¿qué me estás ocultando ahora?

—No soy virgen, Penny. Eso ya lo establecimos.

—Obvio, estás con Max —dijo ella, como si fuera la conclusión lógica de una ecuación—. Pero hay algo más en esa cara de «no rompí un plato» .

—De acuerdo, me corrijo: no era virgen antes de Max —murmuré.

Los labios de mi mejor amiga se separaron en una expresión de absoluto shock. Si no fuera por la gravedad del asunto, me habría reído de su cara.

—Digamos que tuve un... desliz hace un año. Una aventura de una noche.

—¡Maddox Francesca! —Gritó, y esta vez el nombre completo sonó como una bofetada—. ¿Tuviste una aventura y nunca me lo dijiste? ¿A mí? ¿Tu confidente oficial?

—Penny, estaba intentando protegerte de mí realidad...

—¡Eres la peor mejor amiga del mundo!

—¿De verdad? —Me crucé de brazos, arqueando una ceja con elegancia—. ¿Soy la peor por ocultarte un revolcón de una noche y no por haberte escondido que mi padre es el Don de Chicago?

—¡No me interesa la genealogía criminal de tu padre! —Puso los ojos en blanco—. ¡Pero esto es chisme de alto nivel! ¡Es importante para nuestra salud emocional!

—Ya —murmuré, intentando restarle importancia—. No fue nada. Una estupidez de una noche para sentirme viva.

—¿Y por qué me entero ahora de esa estupidez?

—Porque, querida Penny, si alguien se hubiera enterado de quién era ese chico, su final habría sido... permanente.

Mi mejor amiga alzó una ceja, captando el peligro latente en mi tono.

—¿Tu padre lo habría asesinado? —Negué con la cabeza—. ¿Entonces quién?

—Matthew.

—¿El hermano de Max? ¿El consigliere serio y aterrador? —Asentí, y la sonrisa de mi amiga se volvió casi felina. Puse los ojos en blanco antes de que pudiera decir nada—. Eso es... Muy revelador, Maddie.

—No —la corté de inmediato—. No es lo que crees. Matthew solo cumple órdenes. No hay lugar para distracciones en mi vida, y mucho menos para vínculos sentimentales. Tú eres mi mejor amiga y eso ya te convierte en mi mayor debilidad. De la misma forma que yo soy el talón de Aquiles de Levi.