Traición y Sangre I (Draghi 1) CAPITULO 20 #2
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CAPITULO 20 #2

—Maddox —gemí cuando sus caderas empezaron un movimiento lento, tortuoso, sobre mi centro.

—Shh. Cálmate —susurró ella, desafiante.

—Ni de coña. Quiero escucharte —digo entre gemidos—. Quiero que los vecinos sepan que eres mía, aunque sea solo por esta noche.

En un movimiento depredador, giro sobre nuestros cuerpo y la inmovilizo debajo de mí.

Ella se aferró a mis hombros mientras yo hundía mi peso entre sus muslos, reclamando mi territorio.

Permanecí un segundo quieto, esperando que me aleje o me de permiso para continuar, cuando la veo asentir mientras se muerde el labio sé que ya perdí.

Resbalo por su cuerpo de forma lenta, mis manos delinean la curva de su cuerpo y la siento temblar. Acaricio sus piernas y acerco mis labios a su piel para dejar un rastro de calor y humedad a mi paso. Se arquea, gime en voz baja y tiembla. No hay nada más placentero.

No acostumbro a hacer las cosas así. Entre menos intimidad y contacto siempre es más fácil. Pero mierda, no dejaría que Maddox salga de este departamento sin probarla desde la punta de su cabeza hasta el dedo del pie.

No dejaría rastro de su cuerpo sin ser reclamado por mí.

Llevo mis manos hasta la cinturilla de su pantalón, veo sus ojos nublados y me dedica una sonrisa que acaba por desarmarme. Lo desabotono de forma suave y me deshago de él con una lentitud tortuosa para ambos pero necesito llevar esto con calma o explotaré en un segundo.

Lleva ropa interior roja, por supuesto. Y nada es más excitante que el encaje fino y delicado sobre su piel tersa y brillante.

Sin dejar de acariciar su piel subo por su cuerpo y me encargo de quitarle su polera, ella me deja hacer a mi antojo. Totalmente entregada y sin dejar de temblar por la anticipación. Cuando solo queda en ropa interior me alejo un poco para observarla y sonrió.

—Eres jodidamente sexy —confieso y tomo mi bulto por encima de mi ropa para presionarlo.

Ella capta ese movimiento y la veo suspirar—.

Me estás matando Maddox —digo aún lejos de ella.

La veo en el medio de mi cama semidesnuda y es una imagen que me vuelve loco—.

Así que dime qué hacer antes de que pierda todo el control.

La veo tragar saliva y dudar. Me inclino hasta quedar de rodillas frente a ella. Maddox se alza clavando los codos en mi colchón y se muerde el labio inferior.

—Quiero esto —murmura—. Pero necesito ir despacio.

Asiento. Me acerco como el depredador que ella sabe soy y vuelvo a acariciar sus piernas mientras trepo por su cuerpo.

A medida que me acerco ella vuelve a acostarse y cuando estamos frente a frente acaricio su mejilla con delicadeza mientras que con mi otra mano bajo por su cuerpo.

Su piel se eriza a medida que la toco y no quito mis ojos de los suyos, atento a cada una de sus reacciones.

Mis dedos acarician el borde de su braga antes de perderse dentro de su ropa interior.

—Princesa —gimo al sentir su humedad. Aun no introduje un dedo y no me es necesario para saber lo lista que está para recibirme. Pero me pidió ir despacio y es lo que haré—. Maddox...

Una de sus manos viaja a mi rostro y acaricia mi piel antes de bajar a mi cuello y presionar un poco. No puedo evitar sonreír.

Acaricio su entrada con mi dedo índice haciendo que sus labios se separen y la escucho jadear.

—Máximo —gime.

—¿Ya te dije lo mucho que me gusta cuando dices mi nombre así? —Susurro mientras introduzco la punta de mi dedo con lentitud—. La forma en la que me miras es peligrosa, princesa. Vas a hacer que pierda todo mi control.

—Quizás necesite que lo pierdas —dice y trago saliva—. Solo un poco...

Introduzco mi dedo con fuerza y se arquea sin dejar de gemir. Mierda. Está apretada y húmeda. Escondo mi rostro en la curva de su cuello y suspiro, la noto temblar otra vez y muevo mi dedo en su interior de forma lenta.

—Máximo, por favor —clavo mis dientes en su cuello y deja escapar un quejido—. Quiero más.

Saco mi dedo y vuelvo a introducir dos esta vez, lo que la hace lanzar la cabeza hacia atrás con los ojos en blanco. Está demasiado apretada pero dudo mucho que esta sea su primera vez. No me interesa. A partir de esta noche es tan mía que jamás dejaré que otro la toque.

Comienzo a bombear su interior despacio y lento, escucho sus quejidos y jadeos como música para mis oídos.

Recorro la piel sensible de su cuello con mis labios dejando una estela de calor hasta que llego a sus pechos.

Con la mano libre me deshago de su brasier y observo sus picos duros y rosados. ¿Por qué tiene que ser tan perfecta?

Sus dedos se hincan en mi nuca hasta hundirse en mi cabello. La siento tirar de mis raíces con fuerza y envuelvo su pezón con mi lengua, sacándole otro jadeo. Sin dejar de mover mis dedos en su interior succiono su pico duro una vez antes de pasar a su otro pezón.

—Maddox Salvatore, serás mi perdición —murmuro sobre la piel sensible de sus pechos. Vuelvo a lamerlos otra vez antes de seguir bajando—. Y estoy seguro de que podría morir por ti —confieso.

Me alejo otra vez para volver a arrodillarme, extraigo mis dedos de su interior palpitante y la escucho quejarse. Antes de que pueda moverse tomo su tobillo y la atraigo más cerca del borde de la cama.

Vuelvo a meter dos dedos y ella hunde otra vez sus dedos en mi cabello para empujarme a su centro. Sonrío a centímetros de sus labios y paso mi lengua por ellos.

—Mierda —gime—. Máximo...

—¿Mmh?

—Lo que tienes de arrogante lo tienes de bueno en esto —sonrío, pero no puede verme, tiene la cabeza hacia atrás y su cuerpo se arquea producto de mis dedos jugando en su interior—. Si tan solo dejaras de ser un imbécil podría disfrutar de esto más seguido... Oh.

Extraigo mis dedos y vuelvo a embestirla con fuerza.

—¿Eso soy para ti, princesa? —le reprocho con diversión— ¿Algo para divertirte?

La escucho reír y antes de que pueda contestar saco mis dedos y acerco mi rostro a su centro.

Recorro sus labios con mi lengua probando su dulce coño y siento mi polla a punto de explotar en mis pantalones.

Vuelvo a hacer el mismo movimiento y esta vez acabo en su clítoris, lo que le saca un grito más que un gemido.

—Tienes el coño más dulce del mundo, nena.

—Dios —murmura.

—Y es todo para mí —la embisto otra vez con mis dedos—. Dilo.

Bombeo su interior con un rápido movimiento y noto como se contrae, en ese momento aminoro la velocidad y se queja.

—Vamos nena, dilo.

—Eso está por verse aún.

—¿Ni siquiera así puedes dejar de discutir? —le digo. Acerco mi lengua a su clítoris y le doy una probada otra vez sin dejar de mover mis dedos—. Con lo lista que estás para mí...

—Shh —me chista—. Deja de hablar. No es eso lo que quiero ahora.

—No, claro que no —digo—. Quieres que te enseñe como te hace venir este soldati , ¿verdad?

—Lamo su clítoris otra vez y muevo mis dedos con fuerza, rapidez y violencia ganándome un gemido de placer que me hace temblar—.

Quieres que te deje bien en claro lo mucho que me pones. Y cómo me vuelves loco...

—S-si —dice entre gemidos—. Si, por favor...

—A tus órdenes, princesa.

Dejo que todo mi autocontrol se desvanezca en un segundo.

Acerco mis labios a su centro y la provoco con lentitud, sin perder el ritmo de mis manos.

La siento temblar, palpitar, aferrarse a mí como si el mundo se hubiera reducido a este instante.

Sé que está a punto y, aunque me tienta prolongar su espera, si continúo haciéndola arder yo también voy a quebrarme.

Su respiración se vuelve errática, mi nombre se le escapa entre sus labios y eso es lo que termina de empujarme al borde. Me separo apenas, lo justo para mirarla, para que sepa que tengo el control incluso cuando estoy perdiéndolo. Sus ojos brillan, oscuros, rendidos.

El clímax la golpeó como una ola, su cuerpo se tensó y mi nombre escapó de sus labios en un grito que llenó cada rincón de mi piso. La sentí colapsar entre mis dedos, ordeñándolos y haciéndome delirar por sus gemidos.

En ese momento, lo supe. Ya no había planes, ni misiones, ni lealtades. Solo existía el hambre. Y yo estaba dispuesto a morir por ella.