CAPITULO 19 #2
Me dediqué a observar por la ventanilla, solo echándole miradas discretas, pero parecía que ninguno de los dos daría el brazo a torcer. A él no le gustó como le hablé, y yo estaba harta del papel de niña que debía interpretar.
Quizás era por el vínculo que entre ambos habíamos forjado a lo largo de los años, pero pelear entre nosotros, discutir y confrontarnos no era habitual, por lo que se sentía de forma extraña. Pero en ocasiones el orgullo resulta demasiado pesado, tanto que puede llegar a cegarnos.
Al llegar a mi casa el coche de mi padre se encontraba estacionado en el jardín delantero, cuando atravesé el umbral de alguna forma supe que dependiendo cómo se desarrollaría la charla que seguía a continuación sería lo que condicione mi futuro cercano.
Levi estaba en la cocina, de espalda a nosotros por lo que aún no nos había visto llegar, observaba atento los cristales esparcidos en el piso ya que la noche anterior dejamos todo tal cual estaba.
Cuando mi padre se dio la vuelta y sus ojos encontraron los míos mi corazón comenzó a palpitar con fuerza. Había visto a mi padre en diferentes contextos y situaciones, tenía una mirada muy expresiva, aunque se cuidara en mostrarse frívolo con el resto.
Esta vez no usaba su habitual máscara de hielo, esta vez sus ojos me recorrieron de pies a cabeza buscando algún daño a la vista y luego volvió a verme, en ese instante mi pecho se contrajo, por sus mejillas comenzaron a deslizarse pequeñas lágrimas.
El Don de Chicago estaba llorando.
Extendió los brazos a los costados y corrí hacia él. Me abrazó como si la vida se le fuera en ello, como si por un instante me hubiera perdido en la inmensidad del universo y me encontró sana y salva.
—Mia cara —susurró sobre mi cabello y tuve que contener las lágrimas.
Se alejó un poco para verme a los ojos y enmarcó mi rostro con sus manos— ¿Estás bien?
Dime que lo estás, por favor. Te juro que jamás volveré a dejarte, te lo prometo, aunque deba llevarte obligada a mis viajes lo haré, te juro...
—Estoy bien —dije con un nudo en la garganta—. Estoy bien, Levi.
Volvió a abrazarme con fuerza y su mano se deslizó por mi espalda dándome pequeñas palmaditas.
—Te prometo que averiguaré quien fue el idiota que se atrevió a entrar y lo haré arrepentirse —dijo con voz profunda sobre mi oído—. Lo encontraré, lo encerraré y...
—De acuerdo, está bien —me alejé mientras aclaraba mi garganta—. No necesito los detalles de cómo será la tortura, gracias.
Sonrió y sus ojos adquirieron más brillo, le devolví la sonrisa y permanecimos unos instantes así, observándonos en silencio.
De pronto la expresión de mi padre cambió, un músculo de su mandíbula se tensó y desvió la mirada hacia un punto detrás de mí.
—¿Y tú dónde demonios estabas?
Supe por su tono de voz que lo que se venía a continuación no sería bueno.
Me di la vuelta lentamente, aún cerca de mi padre, pero ya no en sus brazos, para ver a Matthew, estaba serio, con la vista fija en Levi y sin decir nada.
Parecía nervioso, pero lucía lo suficientemente capaz de dominar la situación que de seguro no sería buena para él.
—¿Qué era más importante que cuidar de mi hija? —Levi se acercó un paso más y supe que debía actuar rápido.
—Fue mi culpa —dije lo primero que se me vino a la mente y dos pares de ojos se clavaron en mí, mi padre me observaba confundido y Matthew me lanzaba una mirada asesina que dejaba en claro que lo último que necesitaba era mi ayuda—.
Entré en pánico y llamé a Máximo. Lo siento, no supe qué ocurría y tenía miedo, luego Max llegó y todo ocurrió demasiado rápido, recibió un disparo y...
—¿Qué? ¿Él está bien? ¿Tú estás bien?
Asentí mientras lo tomaba de los brazos y podía sentir los ojos oscuros de Matthew sobre mí.
Ahora sí podría decir que lo estaba engañando.
—Si, estoy bien. Y él también lo está, le disparé al atacante y luego de eso escapó.
—¿Le disparaste en la cabeza?
—No, en el brazo.
Me miró como si le hablara en un idioma extraño.
—¿Y por qué no en la cabeza?
—¡Papá! —lo regañé—. Ese no es el punto, lo importante es que estoy bien.
Pareció volver al tema principal en un segundo y asintió muchas veces antes de acercarse y envolverme en sus brazos de nuevo.
—Sí, eso es lo importante —murmuró—. No dejaré que te hagan daño— asiento contra su pecho y trago saliva —. Ahora ve a tu habitación a descansar, si necesitas algo estaremos en mi despacho —le lanzó una mirada a Matthew—. Y si llegases a sentirte mal puedo llamar a un doctor, tú solo dímelo ¿sí?
Sin decir nada más se dirigió escaleras arriba lanzándole una mirada a Matthew que este captó de inmediato. Él lo sigue, pero al llegar al pasillo se gira un segundo para verme, suavicé mi expresión y le dediqué una sonrisa de disculpas, él se limitó a asentir y seguir su camino.
Más tarde en la noche, luego de darme una ducha de media hora tras una sesión de palomitas y películas de los ochenta que solo a mi padre podían divertirle, busqué mi móvil entre las cosas de mi bolso y tras pensarlo un buen rato busqué su contacto para enviarle un mensaje.
Escribí y borré cinco veces sin saber muy bien si enviar el mensaje o no, no nos habíamos escrito jamás y conseguí su número gracias a James, pero no sabía si era adecuado hacerlo.
Al mismo tiempo las imágenes de lo que sucedió el viernes se arremolinaban en mi mente junto con lo que había sucedido la noche anterior, formando un rompecabezas imposible de descifrar.
Lo cerca que estuvimos otra vez de cruzar el límite, la forma en que se preocupó porque estuviera bien cuando fue él quien recibió un disparo. Necesitaba saber si estaba bien y, al mismo tiempo, saber si su mente era un caos como la mía cada vez que pensaba en mí. Si es que lo hacía.
MADDOX
Solo quería saber cómo estás.
Pensé que querías hablar de lo que ocurrió.
Su respuesta pareció tardar una eternidad.
MAXIMO
¿Hablar del disparo que recibí?
No te preocupes, es mi trabajo.
Observé la pantalla sintiéndome la idiota más grande del universo. ¿De verdad tenía que comportarse de esa forma? ¿En serio habíamos tenido un encuentro tan íntimo en mi baño luego de besarnos la noche anterior y él volvería a ser el imbécil arrogante de siempre?
MADDOX
¿Haremos de cuenta que la
noche del viernes jamás ocurrió?
MAXIMO
Yo no dije eso.
MADDOX
¿Entonces...?
MAXIMO
¿Qué esperas que te diga, Maddox?
Fue solo un beso.
Miré incrédula el mensaje, por supuesto que fue solo un beso, pero al mismo tiempo no fue solo un beso y sabía que él lo sabía.
Conté hasta cinco y tomé una gran bocanada de aire. Pero antes de poder teclear una respuesta otro mensaje llegó y esta vez algo pesado se instaló en mi pecho: vergüenza, enojo, tristeza.
MAXIMO
Maddox, entiendo que puedas pensar
que por un beso los tipos caerán rendidos
por ti. Pero no tengo ningún interés en lo
que pienses que podría ocurrir.
MAXIMO
No eres más que la hija del jefe.
Aunque te pase, que seas una Salvatore
no me interesa en absoluto.
MAXIMO
Lamento haberte dado falsas esperanzas.
Lancé el móvil lejos para evitar responder y me envolví en las sábanas deseando que el día acabara de una vez.